Trabajar más y cobrar menos: la desigualdad salarial que sigue marcando el futuro de millones de mujeres en España

Un informe sobre discriminación salarial confirma que la brecha baja lentamente, pero las mujeres siguen concentradas en los empleos peor pagados.

La desigualdad salarial entre mujeres y hombres en España ya no puede explicarse como una anomalía puntual ni como una herencia del pasado. Hoy podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que constituye un fenómeno estructural que atraviesa sectores económicos, tipos de contrato, jornadas laborales e incluso niveles de responsabilidad profesional.

La distancia retributiva, sin bien es cierto que se reduce lentamente, continúa condicionando el presente y el futuro económico de millones de trabajadoras en nuestro país.

El Informe sobre Discriminación Salarial hacia las Mujeres, elaborado por UGT con motivo del Día sobre la Igualdad Salarial que se celebrará como cada año el 22 de febrero, confirma una realidad incómoda: los avances existen, pero siguen siendo insuficientes para corregir una desigualdad profundamente arraigada en el funcionamiento del mercado laboral español.

Menos brecha, pero todavía lejos de la igualdad real

Los datos más recientes sitúan la brecha salarial en España en el 15,74%, lo que supone una leve reducción respecto al año anterior. Sin embargo, detrás de ese porcentaje se esconde una diferencia económica muy concreta: las mujeres perciben de media 4.781 euros menos al año que los hombres.

Esto se traduce en que el salario medio femenino representa únicamente el 84,3% del masculino, una distancia que demuestra que la igualdad retributiva sigue siendo un objetivo pendiente y está lejos de resolverse.

La reducción progresiva registrada durante la última década no elimina el problema de fondo: la desigualdad continúa formando parte de la estructura del empleo.

Porque no se trata únicamente de cuánto se cobra, sino de quién ocupa cada espacio dentro del mercado laboral, esa es una de las grandes discriminaciones que sufrimos las mujeres, el llamado “Techo de cristal”.

El suelo salarial tiene rostro femenino

Uno de los elementos más reveladores aparece al analizar los salarios más bajos. La mayoría de las personas que perciben ingresos equivalentes al salario mínimo o inferiores son mujeres. Incluso cuando se observan exclusivamente empleos a jornada completa, nosotras seguimos siendo mayoría en los tramos retributivos más reducidos.

Esto indica que la desigualdad no se limita a los altos cargos o a las diferencias en puestos directivos. Se encuentra, sobre todo, en la base del sistema productivo, donde trabajar no siempre permite alcanzar estabilidad económica.

La mejora estadística de la brecha salarial convive así con una realidad persistente: una elevada presencia femenina en empleos con menor remuneración y menor capacidad de progresión profesional.

El tiempo parcial: una desigualdad estructural

Uno de los factores más determinantes es el peso del trabajo a tiempo parcial. Lejos de responder a una elección personal generalizada, esta modalidad suele estar vinculada a la imposibilidad de acceder a un empleo a jornada completa o a la necesidad de asumir responsabilidades de cuidado.

La organización social del cuidado continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. La consecuencia es directa: menos horas trabajadas implican menores ingresos, menores cotizaciones y una mayor vulnerabilidad económica futura.

La desigualdad salarial comienza así mucho antes de la jubilación. Se construye a través de trayectorias laborales interrumpidas, reducciones de jornada y oportunidades profesionales limitadas.

Sectores feminizados, salarios más bajos

El análisis sectorial muestra un patrón constante: las actividades con mayor presencia femenina presentan también las remuneraciones más reducidas. Hostelería, servicios auxiliares o cuidados concentran algunos de los salarios medios más bajos del mercado laboral.

Por el contrario, los sectores mejor remunerados mantienen una mayor presencia masculina. Incluso cuando mujeres y hombres trabajan dentro de la misma actividad económica, las diferencias salariales persisten.

En determinados ámbitos profesionales altamente cualificados, la distancia económica anual puede superar varios miles de euros, lo que evidencia que la formación o la especialización no eliminan automáticamente la desigualdad retributiva.

El techo salarial sigue existiendo

Si en la base del empleo aparece el llamado suelo pegajoso, en la parte alta del mercado laboral permanece el techo de cristal. Los puestos de dirección y gerencia, los mejor remunerados, presentan diferencias salariales superiores a la media nacional.

Esto revela que la desigualdad no desaparece con la promoción profesional. Al contrario, en muchos casos aumenta a medida que crece la responsabilidad y el nivel salarial.

La infrarrepresentación femenina en posiciones de liderazgo y la diferente valoración económica del trabajo siguen actuando como barreras invisibles que limitan la igualdad efectiva.

Desigualdad presente, pobreza futura

La brecha salarial tiene además un efecto acumulativo. Menores ingresos durante la vida laboral implican menores bases de cotización y, en consecuencia, pensiones más bajas.

La desigualdad salarial actual se transforma así en desigualdad económica en la vejez. No es únicamente una cuestión de justicia inmediata, sino un factor determinante en el riesgo de pobreza futura.

La diferencia salarial no termina al finalizar la carrera profesional; se prolonga durante décadas.

Avances legales que aún no corrigen el problema

En los últimos años se han desarrollado instrumentos destinados a detectar discriminaciones retributivas, como registros salariales o auditorías de igualdad en las empresas. Estas herramientas permiten visibilizar diferencias que anteriormente permanecían ocultas.

Sin embargo, la existencia de normativa no garantiza por sí sola la igualdad material. La segregación ocupacional, la penalización asociada a los cuidados y la infravaloración histórica de determinados trabajos continúan reproduciendo diferencias salariales.

La igualdad formal avanza más rápido que la igualdad real.

Una cuestión económica y social de primer orden

La desigualdad salarial no afecta únicamente a las mujeres. Tiene consecuencias directas sobre la economía en su conjunto: reduce el consumo, limita el desarrollo profesional de una parte esencial de la población activa y debilita la cohesión social.

Una economía que mantiene diferencias salariales persistentes desaprovecha talento, productividad y capacidad de crecimiento.

El diagnóstico que se desprende del Informe sobre Discriminación Salarial hacia las Mujeres es claro: la brecha salarial disminuye, pero sigue lejos de desaparecer. España avanza, aunque todavía convive con un modelo laboral donde el género continúa influyendo en cuánto se cobra, cómo se trabaja y qué futuro económico puede construirse.

La igualdad salarial, por tanto, no es solo una aspiración ética. Es una condición necesaria para una sociedad más justa, más eficiente y verdaderamente igualitaria.

María Iglesias Domínguez

Redacción de Tribuna Socialista