“BILLY” Torturas, impunidad, silencio

El martes 3 de Noviembre se inició el Festival de Cine de Sevilla, en su transcurso se estrenó “Billy” Torturas, impunidad, silencio”, una película-documental del cineasta Max Lemcke, en la que he colaborado dando mi testimonio.

Reconozco que aún no he visionado el montaje completo, lo dejo para la emoción que ese día experimentaré en la sala de proyección de su estreno. Eso si el dichoso coronavirus lo permite y si no desde casa telemáticamente.

Espero que sí, porque de alguna manera ese trabajo de Lemcke supone pagar una parte de la deuda que la sociedad española tiene, con las gentes que sufrimos a ese siniestro personaje.

Antonio González Pacheco fue (digo bien porque el coronavirus se lo llevó el pasado mayo), un miembro relevante de la brutal Brigada Político Social BPS, que durante el tardo franquismo persiguió con saña,  a los demócratas que luchábamos para finiquitar aquel régimen de opresión y  terror.

Su actividad se centró fundamentalmente en el ámbito universitario, aunque no sólo, donde se convirtió en una oscura leyenda como su apodo; “Billy, el niño”, supongo que debido a su forma aniñada y la crueldad que le caracterizaba.

La BPS cumplió el papel de perro de presa del régimen y allí se dieron cita policías profesionales que querían lanzar sus carreras, adictos a la ideología dominante y también psicópatas como “Billy” que disfrutaban haciendo sufrir, humillando a sus víctimas.

Su misión al ejercer sus interrogatorios y sus torturas, no fue tanto conseguir información como destrozar física y psicológicamente a sus víctimas. 

La película trata sobre eso y recoge los testimonios de una veintena de demócratas, entre ellos el mío que en diversas ocasiones he relatado en mis artículos, que durante los años setenta fuimos detenidos, interrogados, sufrimos malos tratos y torturas a manos de ese canalla.

Entre otros  José María “Chato” Galante, al que las paradojas del destino  arrebató también el virus justo unas semanas antes que “Billy”. Víctima y victimario unidos por la pandemia, justicia a medias.

Ese día 11 de Noviembre será uno de esos que se consideran históricos, porque quienes asistan a su visionado no solo estarán observando una pequeña parte de nuestra historia, también escucharán a quienes dejaron una parte de su vida para que ahora podamos disfrutar de esta democracia.

Un sistema imperfecto, defectuoso en algunos aspectos, con elementos a corregir, pero democracia al fin y al cabo.

No se hablará de gentes ya fallecidas, sino que serán testimonios en primera persona de víctimas vivas. Es probable que también hablemos en nombre de otras que no pueden hacerlo. En mi caso además de en “Chato” pensaré en Enrique Ruano.

Ojalá ese día acuda mucha gente joven, porque necesitamos que las nuevas generaciones conozcan lo que aquí ocurrió hace apenas 50 años.

Es probable que al ver y escuchar nuestros testimonios, puedan apreciar con nitidez las diferencias que existen entre la dictadura de la que disfrutó “Billy” y la democracia de ahora.

Les pediría que después extiendan por doquier su experiencia de ese día, para que más y más jóvenes lleguen a verla y escucharnos. Lo necesitamos, será así una  labor didáctica de higiene democrática imprescindible.

Entonces te perseguían, te detenían, te apaleaban o torturaban, por el “delito” de luchar por las libertades en nuestro país, por el sólo motivo de opinar diferente que el poder establecido.

Para ello utilizaron a sus perros guardianes de la BPS, a gentes como “Billy”, para garantizar su perpetuación.

Los que escucharéis allí, sólo y nada menos demandamos memoria, justica, reparación.

Memoria para que jamás se olvide lo que ocurrió, que quede en la memoria colectiva de nuestro pueblo, justicia para que quienes lo perpetraron de alguna manera lo paguen y reparación para que la sociedad, nuestros dirigentes, reconozcan el sufrimiento que padecimos.

Por ejemplo que la próxima Ley de Memoria Democrática recoja la retirada de cualquier condecoración o reconocimiento de quienes nos maltrataron y torturaron y en concreto de “Billy” a manera póstuma.

Desde estas líneas animo a que se acuda al estreno de “Billy” Torturas, impunidad, silencio” el próximo 11 de Noviembre en Sevilla y que después se haga un esfuerzo para distribuirla en los cines y las televisiones a lo largo y ancho del país, con el fin de  que sea vista por la mayoría de la ciudadanía. Nos lo deben, nos lo debéis.

Que en este país nunca jamás existan torturas, ni impunidad, ni mucho menos silencio. El 11 nuestra voz retumbará como un grito a favor de todo ello.

Veremos………..

José Luis Úriz Iglesias

(Ex parlamentario y concejal de PSN-PSOE)

Villava-Atarrabia

Once de Septiembre: Homenaje a Andreu Nin

     Once de Septiembre: Homenaje a Andreu Nin

 El 11 de septiembre, Diada Nacional de Catalunya, en el acto institucional de la Diada Nacional de Catalunya en el cementerio del Vendrell, y en el que tradicionalmente se realiza una ofrenda floral ante la tumba de Pau Casals, este año, el Ayuntamiento socialista del Vendrell ha querido rendir homenaje a cuatro personajes, vendrellencs ilustres, que han sido ejemplo de catalanidad: Pau Casals, Ángel Guimerá, Apeles Fenosa, y Andreu Nin.

Sobre estos personajes gira la exposición: “El Vendrell, la época Dorada”, que se puéde visitar en el Palau Robert de Barcelona hasta el próximo 4 de octubre. A continuación, reproducimos la glosa realizada por Ernest Benito, militante histórico del PSC, hoy día dedicado íntegramente a su faceta como historiador de la figura de Andreu Nin, y con posterioridad se realizó una ofrenda floral en la tumba de Olga Tareeeva, viuda de Andreu Nin, que reposa en este cementerio del Vendrell.

A Andreu Nin se le conocio por muchas cosas: por su proyección internacional, por su muerte, y quizás no tanto, por su catalanidad. Hoy nadie puede negar la catalanidad de Andreu Nin, igual que nadie puede negar su proyección internacional. Andreu Nin aunaba catalanidad e internacionalismo. Déjenme que les ponga un ejemplo: 

Olga Tareeva, su mujer, una moscovita que es la que reposa hoy en este cementerio del Vendrell, consciente de que Andreu Nin no podría ser enterrado nunca aquí en el cementerio de su pueblo, quiso manifestar su amor no solo al hombre, sino que quiso manifestar también el amor a esta tierra que Andreu amaba. 

Andreu Nin, luchó siempre en defensa de la libertad, por la libertad de las personas, para eso puso su propia vida al servicio de la clase obrera, la de aquí y la de todo el mundo. De la misma manera, Andreu fue siempre defensor y partidario de la libertad de los pueblos para poder escoger su destino, de todos los pueblos de la tierra.

Andreu Nin fue un ejemplo claro del nacionalismo que no es exclusivista, nos lo ejemplifica cuando estaba en Moscú como Secretario de la Internacional SIndical Roja, y recibía, de la misma manera, a Francesc Macià que a Josep Pla, personajes de ideología bien diversa que, probablemente, solo compartían, como hoy lo podemos hacer los que vivimos y trabajamos aquí, su catalanidad.

Con estos antecedentes, seguramente se entenderá mejor a Andreu Nin, cuando escribe las siguientes palabras en su libro “Los movimientos de emancipación nacional”:

Cuando la burguesía de una nación oprimida lucha contra su opresora, estaremos siempre de su parte, en todos los casos, y de manera decidida, puesto que somos los mayores enemigos de la opresión.

Cuando la burguesía de una nación oprimida no hace otra cosa que defender, solo, su nacionalismo burgués, nosotros estaremos, claramente, en contra”.

Bona Diada a tothom! Ernest Benito

Historiador de la figura de Andreu Nin

Baltasar Santos. TS Tarragona

Marsé, el obrero que escribía.

Marsé, el obrero que escribía.

Por Martín Lozano

Recibo con alborozo, alegría y jolgorio por mi parte esta nueva sección en Tribuna Socialista. ¿Sección Cultural? Sí. De siempre he sabido que si quería escapar de la esclavitud, que como trabajador me imponían, debía aumentar mis conocimientos y mi cultura. Objetivo conseguido. ¿Soy un liberto? ¡No! Pero soy más culto, por lo menos que cuando empecé a trabajar con dieciséis años. Y además van y me invitan a colaborar. ¿Están locos los editores de Tribuna? Creo que sí. Nunca pertenecería a un club en el que me admitieran. 

¿Cultura obrera o cultura burguesa? En mis irregulares, os lo anticipo, colaboraciones no haré ascos a ninguna de las dos o de cualquier otra clase, en el caso de que la Cultura se pueda sectorizar, pese a esta declaración de principios, siguiendo con el Marxismo: «Si no le gustan mis principios, tengo otros», procuraré priorizar que mis escritos tengan alguna conexión con el lado social, político, obrero y obrerista (quítale la connotación peyorativa al término si la tiene), porque, sintiéndolo mucho, me sigo considerando de la inexistente Clase Obrera, o cualesquiera de los sinónimos o eufemismos que se han usado a lo largo de la historia en nuestro idioma (trabajadora, proletaria, económicamente débiles…). 

Por eso quiero empezar por rendir un homenaje al considerado último escritor obrero que ha alcanzado lo que cualquier juntaletras sueña. Añado en este homenaje a los trabajadores y trabajadoras, nacidos aquí o fuera (guiño internacionalista) que han muerto en este trozo de tierra que tiene forma de piel de toro (guiño ibérico), por supuesto en esa lista están los que han muerto por razón del dichoso virus, o con síntomas compatibles o por cualquier circunstancia, incluida la vejez, por la que nos hayan dejado en lo que va de este annus horribilis 20/20. Nombro únicamente a los que, en el sentido más amplio de la palabra, sean o hayan sido obreros, trabajadores, asalariados, proletarios…, en algún momento de su vida. Al resto ni los desprecio, ni los humillo, ni quiero faltarles al respeto que merecen, simplemente no los incluyo.

Juan Marsé, nació con otros apellidos, fue adoptado, y como si fuera el personaje de una de sus aventis, pasó de apellidarse Faneca a Marsé, estas circunstancias ni están plenamente explicadas ni a él le gustaba ahondar en el tema. Sin formación académica fue acogido por la intelectualidad literaria y editorial barcelonesa como ‘escritor obrero’, la ‘gauche divine’ necesitaba un proletario en sus filas, tal vez sus taras fueron sus mejores armas y desde sus primeras obras los personajes obreros y sus ocupaciones deambulan por sus páginas, los tostaderos clandestinos de torrefacto, las traperías, el aprendiz del taller de joyería, el paleta, el periodista, ejerciendo los oficios que el propio Marsé había realizado, mezclados con delincuentes, con o sin pasado de represaliados políticos, ex convictos, charnegos y catalans sufren las consecuencias de la posguerra, la miseria, el hambre, la desolación de una sociedad que pelea contra la sarna y la cárcel, mientras elude a los chulos miserables que controlan los barrios enfundados en una camisa azul, escudados en un yugo y unas flechas, protegidos por unas fuerzas de seguridad, como si fueran de ocupación, vencedoras en la guerra. Su universo gravita en el barrio: el Guinardó, pero es toda Barcelona la que aparece enfocada línea tras línea y el constante intento del chico suburbial (posiblemente él mismo) por alcanzar el paraíso entrevisto a través de las verjas de las Torres de la burguesía. Mejor que leer estás palabras sumérgete en ese mundo de niños cuentacuentos como Sarnita o Rosita, jóvenes buscavidas como Java o Pijoaparte, putas, anarquistas, atracadores, creado por el que a mi juicio es el más completo, a veces complejo a veces sencillo, escritor en castellano de los últimos noventa años.

Puede que la obra cumbre de este periodo sea ‘Si te dicen que caí’, aunque te recomendaría que le leyeras cronológicamente, aprovecha que se acaba de publicar su ‘Viaje al Sur’ escrito en 1962 y tal vez pronto aparecerá una inacabada e inédita última novela. Gracias por todo Maestro.

Salud Compañero.