Rosa Luxemburgo, mujer y socialista

En esta etapa final del invierno, en la que tras una última lucha terminará aflorando inevitablemente la primavera, se nos presenta una fecha de vital importancia en la historia del movimiento obrero, en la narración de la lucha de clases; y esa fecha no es otra que la del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un día en el que los socialistas conmemoramos que la lucha por la igualdad entre todos los hombres y mujeres sigue vigente. La firme batalla por la abolición de toda explotación del ser humano, ya sea este hombre o mujer.

Es en el preludio de este día conmemorativo donde queremos evocar la figura de una mujer que dedicó su vida por completo, en el sentido literal del término, a tan noble lucha: la compañera Rosa Luxemburgo (1871-1919). Todo un ejemplo de lo que supone ser socialista y mujer, y todo un exponente de la mejor tradición socialista, tanto a nivel práctico como teórico, aún hoy en pleno siglo XXI.

Como ella diría: “quién no se mueve, no siente las cadenas”. Un enunciado que prueba la actualidad del pensamiento y la lucha que guiaron a esta socialista hace ya más de un siglo. Y es que, la conmemoración del día 8 de marzo debe de servir para que la clase trabajadora, y en especial las mujeres, sacudan sus pies y sus manos, sean capaces de observar dichas ataduras y, finalmente, tengan conciencia de lo que suponen las mismas para su igualdad, su libertad y su emancipación de toda clase de opresión y explotación.

Por tanto, dos son los motivos por los que hemos creído conveniente escribir estas líneas.

En primer lugar por la importancia que ha tenido, y que sigue teniendo la movilización popular en la cronología de la lucha de clases, y que el día 8 de marzo se nos presentara en nuestras calles.

En segundo lugar, porque Rosa Luxemburgo observó y estudió con gran preocupación intelectual esta materia en algunas de sus obras, y por lo tanto, la lectura y examen de las mismas puede ser de vital importancia para despertar el interés de los socialistas de hoy.

En definitiva, porque nos puede servir para poder comprender mejor el mundo que nos rodea y sus problemáticas más profundas, una característica que debe imperar entre todo socialista que se considere como tal.

Puesto que, como Luxemburgo señalaría, citando unas palabras de Ignaz Auer: “Porque en esto (…) consiste la política socialdemócrata, en ver las cosas claramente como son, a diferencia de la política vulgar de otros, que se inclinan ciegamente ante cada victoria coyuntural” (2017: 48-49).

Dicho esto, podemos iniciar ya un breve pero sugestivo análisis sobre los hechos políticos relativos a la lucha de clases que han venido sucediendo en España desde hace una década, ayudándonos como no podía ser de otra forma de los escritos de la mencionada socialista.

Desde el inicio de la crisis económica mundial allá por el 2008, las movilizaciones y protestas populares no han dejado de llenar las calles de nuestras ciudades. Movilizaciones que han acontecido en algunos casos de formas ya conocidas, pero en otros muchos de maneras distintas, diversas e incluso totalmente novedosas y desconocidas hasta el momento. Las huelgas clásicas llevadas a cabo por el movimiento obrero a lo largo de la historia de su lucha parecen estar tomando otras formas.

Esta es una de las primeras cuestiones que nos pone sobre la mesa Rosa Luxemburgo, tras su análisis del periodo revolucionario ruso acaecido a principios del siglo XX y de la experiencia vivida en Alemania. Tras hacer su particular narración y análisis de los hechos terminó argumentando que “(…) las huelgas de masas (…) se presentan bajo formas tan variadas que es absolutamente imposible hablar de «la» huelga de masas, de una huelga esquemáticamente abstracta” (2015: 31). A lo que añadirá una lista amplia de tipologías en las que se desarrollarían dichas huelgas:

Huelgas económicas y políticas, huelgas de masas y huelgas parciales, huelgas de demostración o de combate, huelgas generales que afectan a sectores particulares o a ciudades enteras, luchas reivindicativas pacíficas o batallas callejeras, combates de barricadas: todas estas formas de lucha se entrecruzan o se rozan, se atraviesan y desbordan una sobre la otra; es un océano de fenómenos eternamente nuevos y fluctuantes” (2015: 57-58).

Nos encontramos por tanto, con que la movilización popular y las huelgas de masas se manifiestan de maneras totalmente diferentes: en función del contexto, las relaciones de fuerzas existentes en la sociedad, los motivos que llevan al estallido de dichos actos revolucionarios, o en base a los objetivos y necesidades perseguidas. Actos que nos dan fe de la vigencia de la lucha de clases y de los continuos intentos del pueblo por reformular las tácticas empleadas para ese fin: el fin de toda explotación y opresión de todos los hombres y mujeres.

Con un rápido vistazo podemos observar esta heterogeneidad en España, pero que confluyen en un punto común de lucha contra la desigualdad. El “15M”, las “mareas” de educación y sanidad, las protestas contra los desahucios, las protestas contra las “preferentes”, las movilizaciones de trabajadores ante el cierre de factorías, la huelga de los taxistas, la de los estibadores, etc. Y en estos momentos las movilizaciones por la defensa del sistema público de pensiones y de la Seguridad Social o las movilizaciones que se darán el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Todas ellas son momentos de la lucha de clases, que se presenta ante nosotros de formas totalmente distintas, pero con un objetivo común: acabar con los abusos y la depredación capitalista que acecha a todos los pueblos.

Pero, ¿Por qué razón estallarían dichas movilizaciones? Para Luxemburgo (2015) la explosión de estas protestas sería fortuita. Las causas de un periodo de movilización revolucionaria muchas veces ni se conocerían, o serian puramente económicas (de salarios). Y es aquí donde según ella debería de estar presente el partido.

Si traemos a la experiencia española de los últimos años las palabras de Luxemburgo, podemos argüir que “(…) el movimiento  [no] es iniciado a partir de un centro, según un plan preconcebido: se desencadena en diversos puntos, por diversos motivos y bajo formas diferentes para confluir luego” (2015: 36). Y es en esta tarea de confluencia donde tiene que afanarse el partido socialdemócrata, convirtiendo así protestas parceladas o meramente económicas en actos de protesta y acontecimientos políticos de primer orden (2015: 33-34). En sus propias palabras:

(…) la socialdemocracia está llamada a sumir la dirección política. La tarea de «dirección» más importante en el periodo de la huelga de masas consiste en dar la consigna de la lucha, en orientar, en regular la táctica de la lucha política de manera tal que en cada fase y en cada instante del combate, sea realizada y movilizada la totalidad del poder del proletariado ya comprometido y lanzado a la batalla, y que este poder se exprese por la posición del partido en la lucha (…). Una táctica socialista consecuente, resuelta, avanzada provoca en las masas un sentimiento de seguridad, de confianza, de combatividad; una táctica vacilante, débil, fundada en una sobreestimación de las fuerzas del proletariado, paraliza y desorienta a las masas” (2015: 68).

En resumen, ella ve en la espontaneidad popular y en causas aisladas (económicas fundamentalmente, es decir necesidades de vida materiales) el germen de las movilizaciones, y para que estas protestas confluyan en un postulado político de primer orden debe ser el partido socialdemócrata el que haga de estandarte para todas ellas. Puesto que por el contrario toda esa fuerza se disipará. La gente se ira al sofá de su casa, y luego nos lamentaremos de que la participación política desciende, o argüiremos como excusa que la gente simplemente no está interesada en participar activamente. Seguirá reinando la desigualdad y la barbarie creadas por el capitalismo.

En conclusión según nuestra socialista, la Socialdemocracia debe dar una consigna política y claridad respecto a los problemas políticos (2017: 143). Y el Parlamento puede ser un lugar donde dichas consignas políticas adquieran una gran resonancia (2017: 144). Sin embargo, parafraseando a Rosa Luxemburgo (2017: 112), para dicho fin, la Socialdemocracia no debe olvidar bajo ningún concepto, ni bajo ningún excusa, postergar su papel como partido político activo que representa la política de la clase trabajadora, no debe olvidar cuál es su razón de existir, cuál es su aliento vital: la lucha de clases. La lucha por el advenimiento de la sociedad socialista frente a la barbarie capitalista.

 Unai -TS Euskadi

 

Notas:  Las citas aquí recogidas forman parte de las siguientes obras:

 

LUXEMBURGO, ROSA (2015). Huelga de masas, partido y sindicatos. Madrid: Siglo XXI.

LUXEMBURGO, ROSA (2017). La crisis de la socialdemocracia. Madrid: Akal.

Los partidos socialdemócratas en la encrucijada

En los últimos años se han escrito miles de páginas sobre la  crisis de la socialdemocracia.

En Grecia, estando el PASOK en el gobierno griego empezó a aplicar y a defender las políticas de austeridad dictadas desde las instancias financieras internacionales, que nada tenían que ver con las necesidades de la mayoría social griega. En muy poco tiempo pasó de tener el 41%  al 6% de los votos.

En Francia, el Partido Socialista Francés, con Francois Hollande en el gobierno, después de levantar muchas esperanzas entre el electorado, respondió mejor a las exigencias de las entidades financieras que a las necesidades de la sociedad francesa: decretó la reforma laboral (ley El Khomri) con la oposición de los sindicatos mayoritarios y la mayoría social, provocando movilizaciones de protesta por toda Francia, y en las elecciones francesas pasó de estar en el gobierno a ocupar un lugar residual en la Cámara Legislativa francesa, con un 6% de votos.

En  El Reino Unido, el Partido Laborista, que mantiene históricamente una estrecha relación con el sindicato británico, con el gobierno de Tony Blair, dio continuidad a las políticas de Margaret Thatcher. Sus políticas neoliberales, su compromiso con el capital financiero y con los gobiernos más de derechas, se reflejó a modo de triste colofón de su mandato, en la “foto de las Azores” de quienes apoyaron la guerra de Irak, es decir junto a Bush y Aznar.

Tony Blair pasó en ocho años del 33%  al 22% de representación parlamentaria y la posterior pérdida del gobierno. Puso en peligro al propio partido, perdiendo la mitad de su militancia hasta que las bases, principalmente juventud y sindicalistas, se rebelaron contra el sector más conservador, recuperaron mas de cien mil afiliados y apoyaron a Jeremy Corbyn con el 60% de los votos, cuando éste defendía recuperar derechos perdidos, garantizar los convenios de la OIT, eliminar los contratos “cero euros” instituidos por Blair, eliminar progresivamente las tasas de inscripción en la universidad (que ascienden hoy a más de 10.000 y fueron instaurados por Blair). Es decir, Corbyn marca una línea de actuación enfrentada a la llevada a cabo por la dirección anterior, lo cual abrió nuevas posibilidades de recuperación para el Laborismo, hasta que, en cierta forma, la ambigüedad ante el Brexit vio truncadas esas posibilidades.

En Alemania, lo sucedido en el SPD es de vital importancia, por la dimensión política de Alemania  y por la influencia de este partido.

Después de meses de debate en el interior del PSD, acerca de la participación en un gobierno de Gran Coalición con Angela Merkel que ha trascendido a toda la sociedad alemana. De los 463.723 militantes que tiene en la actualidad el SPD, 239.948 han dado su voto afirmativo a la Gran Coalición, es decir el 51,74%. El 48,25% o han votado en contra o se han abstenido,  123.609 han votado no, es decir, un 10% más de militantes que en el año 2013 se ha opuesto al pacto con la derecha alemana y 100.161 se han abstenido.

En paralelo la cadena pública ARD apunta que el 52% de los alemanes se aponen a la Gran Coalición. La misma encuesta destaca que el declive del SPD se traduce en una paupèrrima intención de voto del 15,5 % .

La dirección del SPD que salía del congreso en enero con un voto formalmente mayoritario para el Sí a la gran coalición, sabía que había salido derrotada, en tanto que el No representaba un movimiento alto de las bases del partido y de la mayoría social alemana. El sí en el referéndum no saca al SPD de su crisis ni abre buenas perspectivas para el partido socialdemócrata alemán. El sí  significa un debilitamiento no solo para el SPD, sinó también para la Gran Coalición.

Los partidarios del No, sobretodo jóvenes y los sectores obreros del SPD temen que la Gran Coalición no aporte nada a la mejora de los asalariados, sino al contrario: se teme que la política del Gobierno continúe como hasta el momento, con la política de austeridad y del déficit cero, arruinando hospitales, escuelas y que aumente el déficit en los servicios públicos. Fue esta política la que provocó la derrota en las últimes elecciones y el pacto nacional, reclamado por los principales sectores financieros, hunde aún más al viejo partido socialista alemán.

En Italia, Matteo Renzi se ha visto obligado a dimitir del gobierno tras obtener un 19% de los votos. Al Partido Demócrata se le augura un futuro incierto.

En España, las bases socialistas iniciaron una autentica rebelión en apoyo a Pedro Sánchez con el “NO es NO”, que concentraba el rechazo que la mayoría social de nuestro país manifiesta hacia el gobierno de Rajoy e infundió la esperanza de recuperar el PSOE para defender todas las reivindicaciones pendientes para los trabajadores, jóvenes, autónomos y pensionistas.

Las encuestas publicadas recién acabadas las primarias reflejaban un aumento en la intención de voto y una tendencia a recuperar la confianza que durante años se había perdido. Hoy, cuando cientos de miles de ciudadanos se manifiestan en todas partes en defensa de las pensiones, en defensa de la democracia, de la libertad de expresión o contra la brecha salarial y en defensa de los derechos reales de la mujer trabajadora,  el rechazo al gobierno de Rajoy se hace todavía más evidente. Dejar en manos del gobierno de turno las pensiones, con el supuesto impuesto finalista, no supone solución alguna, ya que se entra en el juego de la reforma del actual sistema y lo debilita. El apoyo incondicional a la política que Rajoy aplica en Cataluña hace que nuestro partido no aparezca como una alternativa creíble ni en Cataluña ni en ninguna parte.

En todos los partidos socialistas mencionados ha habido y hay amplios sectores de militantes que quieren recuperar a sus partidos para defender los derechos y las libertades que nos quieren arrebatar. No quieren que sus partidos sean un instrumento más en manos de quienes imponen la reforma del Sistema Público de la Seguridad Social para acabar con las pensiones.

A la mayoría social le es difícil de entender como un gobierno minoritario sigue agrediendo con su política a la mayoría y no tiene una oposición firme y contundente que lo impida.

Comité de Redacción