25J Resolución de urgencia aprobada por unanimidad

Resolución de urgencia aprobada por la unanimidad de los delegados y delegadas el “Encuentro contra la Guerra, la OTAN y la Explotación”, celebrado en Madrid el 25 de junio de 2022.

No menos de 23 han sido los inmigrantes muertos en la frontera de Melilla. Es la barbarie organizada por los gobiernos español y marroquí

Las imágenes son espeluznantes. Decenas de inmigrantes heridos, y, según las distintas fuentes de información, entre 18 y 46 muertos, en un intento desesperado de cientos de inmigrantes, que huyen del hambre, de la miseria y de la guerra, de cruzar la valla criminal de Melilla. Le llaman “asalto”, para criminalizar a las víctimas, los mismos que piden la libre acogida a los refugiados de Ucrania.

Es el resultado de la destrucción de África, cuna de la Humanidad, por la política del imperialismo y de los gobiernos que se someten a él. Destrucción acelerada por la guerra y la hambruna que ésta anuncia. Y el resultado, también de la alianza criminal entre los gobiernos del reino de España y el reino de Marruecos, sellada recientemente por el cambio de postura del Gobierno español sobre la cuestión del Sahara Occidental, que sigue la estela de la decisión al respecto del amo yanqui.

Denunciamos la política del gobierno español de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, que eleva vallas de más 6 metros, erizadas de cuchillas que desgarran la carne de quienes intentan atravesarlas, para cerrar el paso a quienes sólo quieren huir de la destrucción de sus países.

Sin ninguna solidaridad o compasión por los muertos y heridos, Pedro Sánchez alababa la “cooperación” de la gendarmería marroquí, declarando que se trataba de un “asalto violento, bien organizado y bien resuelto por parte de los dos cuerpos de seguridad”. ¡Bien resuelto cuando hay más de 100 heridos y decenas de muertos!

El presidente de Melilla –enclave colonial español en Marruecos- Eduardo de Castro, ha declarado que la OTAN debe implicarse en la defensa de Ceuta y Melilla. Como si se hiciera eco de sus palabras, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaraba, con respecto a Ceuta y melilla, que estaba “absolutamente convencido de que los aliados de la OTAN estarán al lado de España si se enfrenta a amenazas y desafíos”. Y el gobierno español, pide, ante la cumbre de la OTAN, mayor implicación de este aparato militar en el norte de África

Los cuerpos de seguridad heredados del franquismo reclaman “mano dura”. La prensa recoge declaraciones de los guardias civiles de Melilla, que se quejan de que “sólo nos dejan utilizar gases lacrimógenos y con ello no podemos frenarles”. El secretario general del pseudosindicato SUCIL, mayoritario en la Guardia Civil, Ernesto Vilariño, ha declarado que “la plantilla de guardias civiles resulta escasa, solicitamos de nuevo la intervención de unidades del Ejército”.

Nos repugnan estos hechos. Exigimos la libre acogida de todos los inmigrantes, el fin del saqueo de África por las multinacionales, el reconocimiento de todos los derechos a los trabajadores inmigrantes que viven en España, incluyendo al millón de trabajadores marroquíes, el derribo de las vallas de la infamia de Ceuta y Melilla y la devolución a Marruecos de todos los enclaves coloniales. Y justicia para las víctimas de la masacre de Melilla.

Nuevo Orden Mundial

Esta expresión se ha escuchado y leído muchas veces a lo largo del siglo XX y de lo que llevamos del siglo XXI. Cada vez que se producen las crisis recurrentes inherentes al sis- tema económico hegemónico, liberal, ya sean económicas, bélicas, o políticas, se considera que la «salida» configura un nuevo equilibrio con nuevas potencias políticas, económicas y militares, y sin embargo las causas de la crisis no se alteran, simplemente aparecen nuevos actores como ocurrirá tras la miserable guerra en Ucrania que repite los mismos crímenes contra la humanidad que anteriores conflictos. No sólo no conseguimos que Naciones Unidas sirva para algo, o que los tribunales internacionales de derechos humanos tengan capacidad de actuar, sino que además se revitalizan organizaciones militares como la OTAN que ni resuelven, ni evitan otros conflictos… nunca lo han hecho, cuando no los provocan.
«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie» (Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa).
Y lo propio ocurre en el ámbito laboral cuando tras una crisis económica, una pandemia y ahora la guerra, se muestra que este modelo neoliberal lejos de enfrentar las causas recurre de nuevo al Estado para resolver los problemas que él mismo crea. Y lo hace pidiendo sacrificios siempre a los mismos, a los trabajadores.
Nunca han sido ni salarios ni condiciones laborales los causantes de alguna crisis, antes bien, al contrario, cuando han mejorado se ha recuperado la economía y su sociedad. Nunca han generado inflación, ni caídas del mercado de va- lores, ni cierre de empresas o sectores… en ninguna época ni país. Y, sin embargo, para los economistas al servicio del liberalismo son el nudo Gordiano, de todo son culpables y con ellos todo se arregla. Este es el gran sofisma de la época contemporánea y la gran mentira que a fuerza de repetirse
aparece como una verdad. Ya han olvidado, o les es indiferente mientras la ciudadanía trague, que fue la red social: servicios públicos y los pensionistas, los que evitaron que en el periodo de crisis económica de 2008 y siguientes años, no hubiese un estallido social en nuestro país.
Lo más curioso es que crisis tras crisis solo se ha producido recuperación del consumo, motor de la economía, con medidas que devuelven a la Negociación Colectiva la capacidad de incrementar salarios y condiciones de trabajo. Capacidad que no puede ser alterada a favor de una de las partes como hizo la reforma laboral del 2012, y sí permita soluciones con garantías de Justicia Social.
En este punto he de decir que en mi opinión son positivos los pactos de rentas, que aunque siempre suponen un esfuerzo mayor para los trabajadores permiten aunar voluntades y repartir esfuerzos para salir mejor de las crisis, obligando a la otra parte a corresponder y a trasladar estos acuerdos a la negociación colectiva, aunque haya ejemplos escandalosos en sentido contrario: ahí tenemos el caso de la banca:
100.000 millones de euros públicos para estabilizarla y su parte del “pacto” ha sido destruir más de 120.000 puestos de trabajo y abocar a la mayoría de la sociedad a la exclusión financiera.
En las democracias avanzadas son los agentes sociales quienes tienen la legitimidad para encauzar esas negociaciones y dar las soluciones; los gobiernos deben respetar su autonomía recordando los nefastos resultados de la legislación laboral de parte, de arriba hacia abajo, y asumir los acuerdos interconfederales, trasladándolos a la labor legislativa desde abajo hacia arriba. Esto es combatir las causas, esta es la esencia de la Democracia en el ámbito laboral


Eduardo Hernández.
Militante socialista. Madrid

Encuentro Europeo contra la Guerra, la OTAN y la Explotación

El CATP, comité del que Tribuna Socialista es miembro, ha convocado un encuentro europeo para el próximo 25 de junio. La invitación a participar en el mismo que encontrareis seguidamente, resalta la necesidad del mismo para organizar un frente político y sindical común “contra la guerra, la OTAN y la explotación”. El encuentro se realizará cuatro días antes de la anunciada cumbre de la OTAN en Madrid. Al mismo asistirán militantes y cuadros sindicales y políticos de varios países y delegados de organizaciones y colectivos que apoyan el encuentro. En próximas fechas se publicará el listado de los apoyos a la organización del encuentro.

POR UN FRAGMENTO DE DESIERTO: EL IMPERIALISMO ESPAÑOL EN EL NORTE DE MARRUECOS

¿Dónde está ahora el todopoderoso hombre blanco? Vino, comió y se fue.

Chinua Achebe

La relación histórica entre el noroeste del Magreb y la Península Ibérica se remonta a miles de años, año arriba año abajo, desde que el Homo sapiens hizo presencia en la región. Romanos, vándalos, beréberes, árabes y un sinfín de pueblos y religiones han conectado culturalmente ambos lados del estrecho. Sin embargo, en el presente y breve opúsculo histórico nos centraremos en la relación más contemporánea entre ambas regiones, donde los procesos de nexo básicos son la colonización, el imperialismo y la descolonización. Pero para la primera referencia colonial, empero, debemos remitirnos a finales del siglo XV, a la época final de la colonización medieval europea que llevó a Colón a las Indias Orientales en 1492 tras un largo proceso de expansión y exploración del Atlántico. Con los Reyes Católicos, la Corona de Castilla se apoderaba entre 1496 y 1497 de las islas Canarias y Melilla. Ceuta se incorporaría más tarde, ya en la época de la Monarquía Hispánica de los Austrias, hacia 1580, cuando Portugal pasó a ser parte del patrimonio de Felipe II.

En el largo siglo XIX, aquel siglo del liberalismo, la construcción del Estado-nación y el imperialismo, España se lanzó a conquistar algunos enclaves africanos para resarcirse de la pérdida de los territorios americanos a finales del primer tercio de siglo. En 1845 España ocupaba Bioko, posteriormente conocida como Fernando Poo, y entre 1859-1860 el general O´Donnel, como parte de sus campañas de prestigio, impulsaría un acto de conquista sobre algunas regiones al sur de Ceuta y Melilla. La denominada Guerra de África entre España y Marruecos terminó con el Tratado de Wad-Ras, el cual reconocía la soberanía española sobre Ceuta, Melilla, islas Chafarinas y Sidi Ifni, además de reconocer la ocupación temporal de Tetuán. Ahí se quedó el imperialismo español sobre África, pues España, en palabras del primer ministro británico, lord Salisbury, era una nación moribunda, y en la conferencia de Berlín de 1885 creada con el fin de repartir África entre las potencias europeas, se conformó con el Sahara Occidental, Ifni, Guinea Ecuatorial y norte de Marruecos. De aquella época imperialista quedan de recuerdo los leones de bronce que hoy guardan el Congreso de los Diputados, creados a partir de cañones fundidos que se usaron en un fragmento de desierto. A principios del siglo XX, en el contexto de las denominadas crisis marroquíes entre Francia y Alemania por controlar la región como protectorado colonial, se decidió en la Conferencia de Algeciras (1906), confirmado más tarde en la Conferencia de Fez (1912), que el territorio quedaría dividido en un doble protectorado español-francés. Los españoles pronto conocieron la resistencia de los rifeños nativos, quienes negaban tanto la soberanía española como la del sultán marroquí. Las incursiones militares más desastrosas de España, como la Barranca del Lobo (1909) y el desastre de Annual (1921), sangrarían a familias de las clases trabajadoras cuyos hijos eran llamados a quistas y golpearon a la facción más orgullosa y tradicionalista del ejército español.

En la época del franquismo, en concreto después de la segunda guerra mundial, se produjo la descolonización de los países afroasiáticos del dominio europeo. Era el fin definitivo del dominio mundial europeo y el inicio de un nuevo orden internacional bipolar, la guerra fría, y flexible, donde la ONU hacía de organismo internacional de arbitraje. Paralelamente a la lucha entre capitalismo y comunismo, la descolonización provocaría la gestación del Tercer Mundo, según lo denominó el demógrafo francés Alfred Sauvy en su artículo Tres mundos, un planeta (1952). El punto de partida de la acción internacional del Tercer Mundo fue la Conferencia de Bandung de abril de 1955, cuyo espíritu se fue extendiendo geográficamente a través del Movimiento de los Países No Alineados, el cual nacía en la Conferencia de Belgrado de 1961. En este contexto, el protectorado francés sobre Marruecos se independizó en 1956 y la vecina y revolucionaria Argelia lo hacía en 1962. Guinea Ecuatorial, colonia que le vino como agua del cielo al hambre de posguerra bajo la autarquía franquista, lo haría en 1968, y en 1975, un dictador moribundo y enfermo abandonaba el protectorado español sobre Marruecos, excepto Melilla y Ceuta. Estas dos ciudades quedarían integradas en la nueva España democrática y se convirtieron en ciudades autonómicas hace apenas veintisiete años. El territorio de Sidi Ifni fue reclamado por Marruecos desde su independencia en 1956, el cual quedaría integrado en el reino magrebí en 1969. El rey Hassam II de Marruecos no se lo pensó dos veces en unos momentos agonizantes del régimen franquista. En 1975 lanzó sobre la provincia española la Marcha Verde, que culminó con unos acuerdos tripartitos que repartieron el territorio entre Mauritania y Marruecos sin haberse celebrado un referéndum de autodeterminación. La respuesta nativa fue inmediata, y un fuerte movimiento nacionalista saharaui surgido en 1973, el Frente Polisario, mantendría una lucha constante por la liberación del Sahara Occidental.

En 1991, la ONU puso fin a los enfrentamientos entre Marruecos y los revolucionarios saharauis, pero no se alcanzó ninguna solución definitiva a la situación. El Sahara Occidental se había convertido en un fragmento de desierto en el limbo internacional: ni colonia ni Estado independiente. Según la ONU, era un territorio fideicomiso, es decir, en proceso de descolonización, donde la responsabilidad de impulsar su emancipación recaía en manos de la antigua metrópoli, es decir, España. Hace apenas unas semanas, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, pactaba con el rey de Marruecos, Mohammed VI, una solución al enquistado conflicto al reconocer la propuesta marroquí de autonomía del Sahara Occidental como parte integrante de Marruecos. En una situación internacional tan compleja y poco previsible como es el actual mundo multipolar, con fuertes fracturas dentro de la Unión Europea y con una importante crisis migratoria en el sur de España, intentar llevarse bien con Marruecos es un acto lógico de la realpolitik. ¿Cómo se resolverá la situación? España fue, comió y se volvió con un fragmento de desierto en el estómago.

Rodrigo Muñoz Martínez

Profesor de Geografía e Historia en IES Alagón (Coria-Cáceres)

Francia: derecha frente a extrema derecha

Así se ha presentado la segunda vuelta de las elecciones en Francia: Macron, líder de un partido creado “ad hoc”, en abril de 2016, y Marine Le Pen, heredera del partido fascista que creó su padre, Jean-Marie Le Pen, junto a fascistas reconocidos como Jacques Doriot o André Dufraisse.

La respuesta del electorado francés ha sido muy educada; 17 millones de electores no han ido a votar, han votado en blanco o han hecho voto nulo, en total casi un tercio del electorado. Esto, a pesar de las presiones y las amenazas que los medios de comunicación de masas han lanzado, incluso más allá de las fronteras francesas.

Las instituciones oficiales se han llevado un buen susto; un susto que en España debe ser que no asusta, porque el Partido VOX, hermanado con el de Le Pen, está en los gobiernos de Murcia y Castilla y León y sustenta con sus votos a los de Madrid y Andalucía. Permítaseme una digresión: Es curioso que VOX haya incluso enviado a la señora Olona a la fiesta de cierre electoral y en apoyo de Le Pen, un partido en cuyo programa aspira a restringir las importaciones de los productos agrarios, entre otros países, de España. ¿Qué les dirá el señor Abascal o la misma Sra. Olona a los agricultores españoles cuando vayan a las manifestaciones a intentar hacer su “caldo gordo”, por ejemplo, el 1º de mayo en Cádiz, donde VOX convoca a los trabajadores de todos los sectores de la producción?, y más curioso aún si cabe ¿qué les dirán a los dirigentes de VOX los agricultores españoles?

Todos quieren hacer responsables a los que no tenían una posición definida, a los obreros y a las rentas bajas. Bueno, no sé si el control del voto llega tan lejos como para saber el nivel de renta de cada elector/a y lo que votan, pero, en todo caso, los únicos culpables, en Francia como en España o en cualquier otro país, de que la extrema derecha ocupe cada vez mayor espacio político, son los partidos que renuncian a sus políticas, son los que hacen programas electorales que duran exactamente lo que comienza y acaba la campaña electoral, los partidos que se reclaman de la izquierda pero que se han transformado en máquinas electorales presidencialistas y que celebran congresos para cubrir el expediente, en los que se aprueban las resoluciones que dicta el aparato…

La mayoría social, muchos de ellos “educados en el apoliticismo”, no es la culpable de las irresponsabilidades de las direcciones de los partidos que dicen representar los intereses de los más desfavorecidos, pero que no pasan de ser meros gestores de los intereses de la minoría.

La sensación de tener que votar entre “lo malo” y lo peor” es un efecto que tiene su origen en el cansancio de la mayoría social defraudada porque en cada crisis, tenga ésta el origen que tenga, ven como siempre el coste se carga en las mismas espaladas, mientras la minoría privilegiada sigue a lo suyo; el enriquecimiento por todas las vías y cada vez más rápido, sin miramiento.

El resultado de las elecciones francesas del domingo 24 de abril es que ha ganado el mal menor; Macron ha perdido 2 millones de votos en comparación con las elecciones de 2017. Es el resultado de políticas permanentes de ataque a los derechos sociales y laborales de la clase trabajadora francesa, ataques al sistema público de pensiones, privatizaciones, etc. Agresiones contestadas con huelgas generales y revueltas como la de los chalecos amarillos. Movilizaciones que dieron sus frutos pues obligaron al Gobierno de Macron a dar marcha a tras en su pretensión de reformar el sistema público de pensiones, a pesar de que, en su arrogancia, el señor Macron les etiquetaba de fascistas.

Las presidenciales van a tener un segundo capítulo en cuestión de mes y medio, en las elecciones legislativas. Veremos. Pero Macron, como todos los gobiernos europeos, y de la OTAN, están sometidos a utilizar la excusa de la Guerra para “repartir” los esfuerzos económicos y continuar con las contrarreformas.

Próxima parada Junio: legislativas en Francia y cumbre de la OTAN en Madrid, veremos las novedades que trae Biden, el verdadero jefe de la OTAN, ¿incremento del gasto en armamento para alimentar su industria de guerra?

Roberto Tornamira

Militante Socialista de Madrid

Ni Putin, ni OTAN ni señores de la guerra

La invasión de Ucrania por parte del ejército Ruso, y el papel que están jugando los principales bloques implicados en el conflicto marca bien a las claras que asistimos a épocas de militarización, de auge de los autoritarismos, los populismos y las autocracias, y asistimos a cambios profundos en la construcción de la Unión Europea post brexit, pero lo que está claro es que los trabajadores del mundo entero decimos No a la guerra, no a la vuelta de las políticas imperialistas y no a la carrera armamentística que solo podrá ser financiada con nuevos recortes en los derechos sociales.

La escalada que ha dado lugar al conflicto en Ucrania, dista mucho de ser simple. La complejidad es enorme, y en el entramado de causas juegan un papel importante los intereses de las oligarquías, dueñas del petróleo y del gas en el mundo, y la configuración de un nuevo orden geopolítico al servicio de esas oligarquías que pretende una nueva carrera armamentística en la que siempre pagamos los mismos: la clase trabajadora del mundo entero.

Las sociedades avanzadas necesitan de energía para la producción de bienes y servicios y para la satisfacción de las necesidades más básicas de la sociedad. Esa energía siempre estuvo en manos de oligarquías (el petróleo, el gas, la electricidad…), que pugnan por un mismo “mercado”. En un mundo que ha decidido realizar una transición energética de las fuentes no renovables, como el petróleo o el gas, a la electricidad.

De hecho, la pelea por el suministro europeo de gas, que se disputan Rusia y Estados Unidos, está en el epicentro del conflicto bélico de Ucrania. Europa entera se ha convertido en dependiente del suministro energético y de materias primas, como el cereal y el grano… cuyo suministro mundial depende de Ucrania y Rusia en un alto porcentaje.

La guerra está produciendo un encarecimiento de los productos en toda Europa, cuando no desabastecimiento.

Está claro que la única víctima de este conflicto es la clase trabajadora. En Ucrania, En Rusia, en Europa, en España y en todas partes. Muertos de guerra, refugiados, hambruna, pobreza energética, precios por las nubes. Hemos de decir basta a esa barbarie, basta a los imperialismos y a los especuladores. Basta a los señores de la guerra que juegan al monopoly con las vidas de millones de personas.

La guerra causa muertes y destrucción, por lo que es necesario invertir en paz, en una distribución racional de los recursos naturales, sin especulación, y en un comercio internacional basado en la solidaridad entre pueblos.

Las sanciones contra Rusia, golpean a los oligarcas rusos que apoyan a Putin, y buscan desestabilizar Rusia, pero sobre todo, golpearán dramáticamente a los pueblos de Rusia ya empobrecidos por la política de Putin.

Los pueblos no quieren la guerra: ni el pueblo ruso ni el pueblo ucraniano. Aún estando prohibidas por la Covid, ha habido manifestaciones en varias ciudades de Rusia contra la guerra. El 24 de febrero, 1800 ciudadanos rusos fueron detenidos por la policía de Putin: sabían qué corrían ese riesgo, pero el hecho de que, en tales condiciones, varios miles de personas se atrevieran a manifestarse es un indicativo de ese rechazo a la guerra, también en Rusia.

Rusia no es el enemigo. Tampoco lo son los pueblos americanos, africanos, asiáticos o europeos. El enemigo de la clase trabajadora es Putin y todos los que como él sostienen oligarquías en todos los continentes. También Biden, quien ha instigado hasta la saciedad el posicionamiento de tropas de la OTAN en los territorios fronterizos de Rusia. Todos ellos son los señores de la guerra.

Por cierto, La OTAN es una alianza militar formada en 1949 cuyo objetivo primario era contrarrestar la amenaza de la expansión de la URSS en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En 1955, la URSS respondió a la OTAN creando su propia alianza de países comunistas de Europa del Este, con el llamado Pacto de Varsovia. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, varios países del antiguo Pacto de Varsovia se convirtieron en miembros de la OTAN. Ucrania es la nueva perla que se quiere integrar en la OTAN. De momento, esta antigua república soviética es un “país socio”, lo que significa que se le puede permitir unirse en el futuro. Rusia quiere garantías por parte de las potencias occidentales de que esto nunca sucederá, pero, como ya he dicho, ya ha sucedido:12 países del antiguo pacto de varsovia se han unido a la OTAN.

Cuando los ucranianos depusieron a su presidente prorruso a principios de 2014, Moscú se anexó la península de Crimea y respaldó a los separatistas prorrusos que capturaron grandes extensiones del este de Ucrania. La OTAN no intervino, pero respondió colocando tropas en varios países de Europa del Este por primera vez. La Alianza cuenta con cuatro grupos de batalla multinacionales del tamaño de un batallón de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia; y una brigada multinacional en Rumania. También ha ampliado su vigilancia aérea en los estados bálticos y Europa del Este, y recientemente ha anunciado la instalación de nuevos batallones.

El presidente Biden ha dicho que hay “unanimidad total” con los líderes europeos sobre Ucrania, pero ha habido diferencias notables y matices considerables en el apoyo que han ofrecido los diferentes países. Algunos miembros de la OTAN, incluidos Dinamarca, España, Francia y Países Bajos, están enviando aviones de combate y buques de guerra a Europa del Este para reforzar las defensas en la región. Sin embargo, Alemania ha rechazado la solicitud de armas defensivas de Ucrania en línea con su política de no enviar armas letales a las zonas de conflicto.

Mientras EEUU y Rusia siguen enzarzados, utilizando a la OTAN como excusa, los pueblos de Ucrania viven la barbarie de una guerra, y el resto de Europa tiembla por los efectos económicos en el precio de la energía y los cereales.

El precio de la luz y del gas se han incrementado al doble de su valor al inicio de la invasión. La gasolina también se ha incrementado, y la inflación supera el 7% en España, y amenaza con perpetuarse más de lo previsto.

La cesta de la compra de cualquier familia trabajadora se ha disparado, pero para frenar la escalada inflacionaria se dispone un “Pacto de Rentas”, o lo que es lo mismo, contención de los salarios, o lo que es lo mismo, que los sueldos y pensiones pierdan poder adquisitivo. Si los sueldos y pensiones sirvieron para salvar la banca; Si los sueldos se vieron recortados por los ERTES de la Pandemia…ahora su poder adquisitivo volverá a mermar para pagar los efectos de la guerra.

Y si el presupuesto europeo debe contemplar en los próximos años un aumento significativo en defensa y en “hard power”, los estados miembros de la UE, entre ellos España deberán ajustar el gasto público: ¿en sanidad? ¿en educación? ¿en pensiones?… de momento, está claro…que en bajada del poder adquisitivo de los salarios. Llueve sobre mojado, y la respuesta se está empezando a ver en forma de movilizaciones en la calle.

Un pacto de rentas nunca es buena noticia para los trabajadores, en primer lugar, porque no es cierto que haya un pacto ya que quien soporta la pérdida de poder adquisitivo son las rentas del trabajo, no las del capital. Además ya vemos como peligran los puestos de trabajo como consecuencia de la transición energética: SEAT ya ha anunciado un excedente de 2800 trabajadores, la multinacional francesa Schneider Eléctric (entrevistamos en este número al presidente del comité de empresa) ya ha despedido a la mitad de su plantilla, y grandes empresas ya están anunciando cierres patronales por el alto precio de la energía. ¿cuánto más nos costará esta guerra?

Se está creando el caldo de cultivo perfecto del que la ultraderecha se nutre.

Cuando el sistema capitalista mundial entra en colapso su salida es la industria de la destrucción: la guerra. Solo la unión de la clase trabajadora a nivel mundial es el antídoto de la paz. En Rusia, en USA, en Europa y en todo el mundo: exijamos el fin de la guerra, defendamos los puestos de trabajo y los derechos sociales basados en un reparto justo de la riqueza en el mundo. Eso , me dijo mi padre fallecido hace tres meses que era el socialismo: no a la guerra, redistribución de la riqueza, solidaridad entre los pueblos y justicia social.

Baltasar Santos

Ucrania: Historia de un conflicto

¿De dónde viene el conflicto en Ucrania?

El conflicto de Ucrania no es nuevo. Es muy antiguo. En la mayoría de nuestras retinas solo existe un Estado democrático pro-europeo que ha sido invadido por un autócrata como Putin que pretende recuperar la grandiosidad del imperio ruso. Pero…¿Es esto así realmente?. Sin duda, las imágenes de bombardeos, refugiados y muertos nos hacen odiar a Putin y se extiende la idea de que Europa y la OTAN deberían intervenir de una manera más firme para defender al pueblo ucraniano. Les invito a que analicemos juntos lo que sucede sin dejarnos llevar por el apasionamiento al que nos conducen las imágenes y las noticias de prensa.

La historia común de Rusia y Ucrania se remonta al siglo X, cuando se fundó el primer imperio ruso en Kiev. Como otros muchos países de la región, los territorios ucranianos fueron ocupados por los mongoles, los polacos, más tarde el imperio ruso, el imperio austro-húngaro, el imperio otomano se disputaban regiones de lo que hoy conocemos como Ucrania a golpe de guerras, en las que también intervinieron Gran Bretaña, Francia o Grecia.

Tras nueve siglos de conflictos, ocupaciones y sentimientos identitarios y nacionalistas divergentes, en el inicio de la I guerra mundial, el pueblo ucraniano occidental estaba situado entre Austria-Hungría y Rusia, los ucranianos se dividieron en dos ejércitos separados y opuestos. 3.5 millones lucharon con el Ejército Imperial Ruso, mientras que 250,000 lucharon por el Ejército Austrohúngaro. Muchos ucranianos terminaron luchando entre ellos. Se puede encontrar a los ucranianos participando en ambos lados del conflicto.

La revolución Bochevique y el posterior régimen stalinista (1917-1989)

La revolución Bolchevique de octubre de 1917 fue el acontecimiento mundial con más influencia política que se haya producido hasta nuestros días. La revolución de Octubre, liderada por un ucraniano de nacimiento, Leon Trotsky, al atreverse a expropiar al capital, permitió acabar con la «prisión de pueblos» que era el imperio zarista, situando a todos los pueblos en igualdad. Se colectivizó la tierra para los campesinos, se introdujo la jornada laboral de 8 horas… hasta que a principios de los años 30, ya con Lenin muerto y Trosky desfenestrado, las políticas del comunismo Stalinista emprobrecieron el país causando lo que se conoció como el Holodomor, una hambruna que acabó con la vida de más de 1,5 millones de ucranianos, y que los nacionalistas ucranianos definían como un genocidio ordenado por Stalin, mientras que los prorusos defendían que la hambruna se debió a las malas condiciones históricas del campo ucraniano y a los sabotajes emprendidos por los campesinos ricos, llamados kuláks, que habrían acaparado y destruido las cosechas y ganados, como método de oponerse al proceso de colectivización.

Como escribía Trotsky en 1939 respecto de la situación de Ucrania:

« Lenin reconoció el derecho a la autodeterminación (…), tanto a los polacos como a los ucranianos: no reconocía naciones aristocráticas. Consideraba como una manifestación de chovinismo gran ruso cualquier tendencia a eliminar o a diferir el problema de las nacionalidades oprimidas (…). Según la concepción del viejo partido bolchevique, la Ucrania soviética estaba destinada a convertirse en un poderoso eje en torno al cual se unirían las demás fracciones del pueblo ucraniano. Es incontestable que, durante el primer periodo de su existencia, la Ucrania soviética ejerció una poderosa atracción también desde el punto de vista nacional y que despertó a la lucha a los obreros, campesinos e intelectualidad revolucionaria de Ucrania occidental, sometida a Polonia».

Pero la burocratización de la URSS, la constitución de la casta burocrática dirigida por Stalin, trajo consigo una política reaccionaria, en la que las restricciones, las depuraciones y la represión se generalizaron en toda la URSS, y de forma especialmente violenta, en Ucrania.

La reacción estalinista restableció, en nombre del nacionalismo gran ruso, la «prisión de pueblos» en el territorio de la URSS.

La caída del Muro de Berlín (1989-2000)

Dos años después de la caída del Muro de Berlín, la URSS, de la que Ucrania formaba parte, se desintegró. Los años noventa fueron una etapa difícil para la Ucrania recién independizada. Recién salido del abrazo totalitario de la Unión Soviética, el país se sumió en el caos económico y social, y las tiendas se llenaban de estantes vacíos, las cartillas de racionamiento estaban a la orden del día y la economía de mercado se abría paso: el totalitarismo de la URSS dio paso al imperio del crimen organizado y el desgobierno.

La revolución naranja

En el año 2000, el asesinato del periodista de investigación, Georgiy Gonzadze, conmocionó al país. Las sospechas de que el entonces presidente Leonid Kuchma había ordenado el asesinato desataron protestas multitudinarias con el lema “Ucrania sin Kuchma”, que finalmente dieron paso a la Revolución Naranja en 2004.

La revolución naranja, liderada por el duo Yushenko/Tymoshenko, tomaba la Plaza de la Independencia en Kiev. Los opositores se componen de proeuropeos como la ex primera ministra Yulia Timoshenko, entonces detenida, el boxeador Vitali Klitschko y también nacionalistas del partido de extrema derecha ‘Svoboda’. Ese día, se levantan barricadas en la plaza y el ayuntamiento cae en manos de los manifestantes.

Tras meses de resistencia y tres elecciones, Víktor Yushenko se convertía en Presidente y Yulia Tymoshenko en Primer Ministro respectivamente. Ucrania cambiaba su política exterior para acercarse a Occidente con el objetivo de integrarse en la Unión Europea y en la OTAN. Sin embargo, los problemas económicos, la dependencia energética de Rusia y la división del país entre rusófilos y nacionalistas ucranianos difi-cultaron dicha tarea.

Este periodo generó grandes tensiones entre los occidentalistas de Tymoshenko y los Eslavófilos de Yanukovich quien en 2010 se convertiría en el nuevo Presidente de Ucrania.

El gobierno de Yanukovich giró hacia Moscú frenando los avances de integración en la OTAN y en la UE. En diciembre de 2013, Yanukovich optaba por firmar un acuerdo comercial con Rusia descartando el acuerdo de cooperación con la UE lo que generó protestas que fueron sofocadas con represión, que a su vez, provocó una radicalización de las protestas. Los manifestantes reunidos en la Plaza de la independencia ya no se centraban en quien debía ser el socio comercial de referencia (la UE o Rusia) sino que ahora querían la dimisión de Yanukovich como Jefe del Estado.

La UE fue muy contundente con la represión ejercida por Yanukovich y, de hecho, Catherine Ashton visitó personalmente a los manifestantes en la Plaza de la Independencia en más de una ocasión. Si bien es cierto que Francia, Suecia, Reino Unido, Polonia etc… se mostraron partidarios de tomar medidas duras contra Yanukovich, Alemania no lo tenía tan claro. De hecho, el entonces responsable de exteriores alemán Stein meier del SPD se mostró muy cauto a la hora de decantarse por alguna de las partes.

La revolución naranja acabó con la destitución de Yanukovich. Su destitución fue sólo el principio de uno de los periodos más turbulentos de la historia de Ucrania. Rusia ocu-pó la península de Crimea y, en marzo de 2014, se anexionó el territorio. El movimiento separatista prorruso se levantó en el este del país y se desató un conflicto armado que ya se ha cobrado más de 14.000 vidas. Ambos bandos se acusan mutuamente de co-meter ejecuciones extrajudiciales y otros abusos contra los derechos humanos.

En mayo de 2014 se celebraron elecciones en Ucrania, en las que no participaron casi 6 millones de electores prorrusos, que se negaron a abrir los colegios electorales. El magnate Petró Poroshenko venció en la primera vuelta de las elecciones, con el 54,70 % de los votos. En segundo lugar se posicionó Yulia Timoshenko, con el apoyo del 12,81 % de los sufragios, seguida por el candidato del Partido Radical de Ucrania, Oleh Lyashkó, que obtuvo un respaldo del 8,32 %.

El presidente ruso Vladímir Putin reconoció los resultados de la elección. El presidente de Estados Unidos Barack Obama felicitó a Petró Poroshenko con su victoria por teléfono 2 días después de la elección, igual que el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, así como otros líderes de la Unión Europea como la canciller alemana, Angela Merkel y el presidente francés, François Hollande.

El gobierno de Poroshenko estuvo inundado de casos de corrupción, incluyendo un aumento de su fortuna personal de 400 millones de dólares mientras la población ucraniana se sumía en una crisis económica y social que arrastra hasta nuestros días. Eso sí, siempre se mostró partidario de la integración en la OTAN y en la UE. Hace unos días, en una entrevista concedida a la TV France24 a principios de marzo de 2022, en plena invasión Rusa a Ucrania, mostró su satisfacción con el “creciente” apoyo occidental a su país, así como la decisión de la Unión Europea de proporcionar unos 450 millones de euros en armas al Ejército ucraniano, agradeciendo a los líderes de la UE su apoyo y por demostrar que “no le tenemos miedo a Putin”.

Zelensky: de la tensión a la guerra

En marzo de 2019, se celebran nuevas elecciones y el candidato Volodímir Zelenski, humorista sin ninguna experiencia política previa, pero apoyado por el oligarca Ihor Kolomoisky, obtuvo una contundente victoria con el 73.22 % de los votos, derrotando al presidente titular Petró Poroshenko que está siendo investigado por Alta traición y corrupción.

El presidente polaco, Andrzej Duda (ultraconservador) fue el primero de los líderes europeos en felicitar a Zelenski. El presidente francés, Emmanuel Macron, recibió a Zelenski en París el 12 de abril de 2019. El 22 de abril, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, felicitó a Zelenski por teléfono su victoria. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también emitieron una carta de felicitación conjunta y declararon que la Unión Europea (UE) trabajará para acelerar la implementación del resto del Acuerdo de Asociación UE-Ucrania, incluidos los acuerdos sobre el Área de libre comercio profunda y completa.

El 12 de junio de 2020, La OTAN concedió a Ucrania el estatus de ‘socio con oportunidades mejoradas’, lo que permite la cooperación entre las fuerzas de la OTAN y el ejército ucraniano.

El 1 de abril de 2021, Volodímir Zelenski acusa a Rusia de concentrar tropas en las fronteras de Ucrania. Rusia dice que el ejercicio es una respuesta a las «provocaciones» ucranianas, y el 6 de abril de 2021, Volodímir Zelenski pone fin a su política de diálogo, declara abiertamente que la pertenencia de su país a la OTAN es la única forma de acabar con la guerra en el Donbass y se declara a favor de la adhesión de su país a la Unión Europea.

En noviembre, Rusia realiza otro ejercicio a gran escala cerca de la frontera ucraniana, los países occidentales temen una escalada. Vladimir Putin anuncia sus exigencias, entre ellas la garantía de que Ucrania nunca entrará en la OTAN, para lo que está preparando dos tratados, uno dirigido a la Alianza Atlán-tica y otro a EE. UU.

Joe Biden agita la amenaza de sanciones en caso de invasión: el gasoducto Nord Stream 2, muy estratégico para la exportación del gas ruso, podría utili-zarse como palanca. De fondo, también está el interés americano en el “mer-cado” del gas que se suministra a Europa. De hecho las exportaciones de Gas Licuado a Europa crecerán más si Europa decide no depender del gas ruso.

El 20 de febrero de 2022, en un comunicado de prensa, el Palacio del Elíseo indica que los presidentes ruso y estadounidense han aceptado el principio de una cumbre Putin-Biden, acción calificada por el Kremlin como prematura. Por la noche, en un discurso televisado de más de una hora, Vladimir Putin anunció finalmente que reconoce la independencia de los territorios separatistas pro-rrusos y ordena a su ejército que entre en los territorios separatistas del este de Ucrania.

El 24 de febrero comienza la invasión con fuerzas rusas entrando en territorio ucraniano por varios frentes.

Baltasar Santos

¿Es esta la Europa que queremos?

El martes 1 de marzo se celebró un pleno extraordinario de la Eurocámara para explicar las medidas tomadas y debatir sobre la invasión Rusia en Ucrania. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, se dirigió a los miembros del Parlamento Europeo y enunció las claves de la construcción europea en base al fortalecimiento de una “nueva Europa geopolítica” mediante el poder coercitivo financiero y el aumento de las estructuras de defensa y el poder coercitivo armamentístico. ¿Es esta la Europa que queremos?

Seguidamente, la transcripción del discurso de Josep Borrell:

Estimados miembros del Parlamento Europeo,

Intentaré compartir con ustedes mis reflexiones sobre el significado de los trágicos acontecimientos que estamos viviendo y las lecciones provisionales que podemos extraer de ellos, especialmente para la Política Común de Seguridad y Defensa, que tengo el honor de intentar desarrollar y que sigue siendo una política intergubernamental. Una política que sigue estando en manos de los Estados miembros, pero que no puede aplicarse eficazmente sin la fuerte cooperación de las competencias de la Comisión. Creo que este es el momento en que la Europa geopolítica está naciendo.

Esta es la partida de nacimiento de la Europa geopolítica. El momento en el que tomamos conciencia del reto al que nos enfrentamos. El momento en que Europa debe hacer frente a sus responsabilidades. El momento en que nos damos cuenta de que, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un país está invadiendo a otro y ese país tiene armas nucleares, lo que aumenta su capacidad de intimidación. Me pone enfermo pensar en la analogía histórica con los acontecimientos del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, en realidad, es el retorno de la tragedia, a lo que Europa se enfrenta hoy. El retorno de la tragedia, lejos de asustarnos, debería galvanizarnos.

En primer lugar, desecha la idea de que el proyecto europeo había perdido su impulso porque el horizonte de la guerra se había desvanecido. Por desgracia, no es así. Esto nos recuerda que el mal, la tragedia y la guerra nunca se desvanecen. Y se trata de la relación con la guerra, con el uso de la fuerza, con la violencia, sobre la que llevamos años debatiendo, para saber si Europa puede contrarrestarla. Por eso en los últimos años hemos hablado más que en el pasado de cuestiones de defensa y hemos empezado a establecer programas militares conjuntos. Por eso el propio Parlamento Europeo ha votado la creación de este Fondo Europeo de Defensa, y los Estados miembros han creado este Fondo Europeo de la Paz que ahora estamos movilizando para proporcionar armas a Ucrania.

El Consejo Europeo, en las próximas semanas, adoptará la Brújula Estratégica. Y con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, debemos ampliar nuestra reflexión, ajustar nuestros medios y anticipar nuestras respuestas. Porque una de las lecciones que hemos tenido que aprender con la invasión de Ucrania es que, más que nunca, Europa debe pensar estratégicamente sobre sí misma, su entorno y el mundo. Ya no es un lujo, es una necesidad. Europa debe ampliar su reflexión sobre las cuestiones de seguridad, y el Parlamento Europeo ha tenido un papel importante en este sentido. Hay que reflexionar sobre el instrumento de coacción, de represalia y de contraataque frente a adversarios temerarios, porque lo único que hay que entender es que para hacer la paz hay que ser dos, pero para hacer la guerra basta con ser uno. Esto es exactamente lo que nos dice Putin. Y por eso tenemos que aumentar mucho nuestra capacidad de disuasión. Tenemos que aumentar nuestra capacidad de disuasión para evitar la guerra. Y está claro que nuestra disuasión no ha sido lo suficientemente fuerte como para detener la agresión de Putin. Y desde que comenzó esta agresión, hemos reaccionado en los últimos días de una manera que Putin no esperaba. Y le estamos demostrando que nunca sacrificaremos nuestra libertad, y la de los demás, en el altar de nuestro bienestar y prosperidad.

Siendo presidente de este Parlamento en 2007, tuve la oportunidad de decirle a Putin, cara a cara, tras el asesinato de una periodista, Anna Politkovskaya: «No vamos a cambiar los derechos humanos por su gas». Y este es el momento de repetírselo, y de actuar en consecuencia. No vamos a compartir, no vamos a abandonar la defensa de los derechos humanos y de la libertad porque seamos más o menos dependientes de Rusia. Y tenemos que empezar a trabajar rápidamente, como ha propuesto la Comisión, para anular esta dependencia.

El sábado pasado, después de haber celebrado otro Consejo de Asuntos Exteriores y de asistir al debate del Consejo de la Unión Europea, estuve hablando con usted, presidente Michel, y me dijo: «¿Estamos haciendo todo lo que podemos? ¿Hay algo más que podamos hacer? ¿Es suficiente? ¿Somos tan impotentes?» Y usted me dijo: «Piensa, haz, actúa. Tenemos que presionar a los Estados miembros para que adopten decisiones sobre el SWIFT y saquen a Rusia del sistema financiero. Piensa en cómo podemos armar a Ucrania. No país por país, uno tras otro de forma descoordinada». Y me animó a volver a hablar con los Estados miembros, y en pocas horas acordamos utilizar este Fondo Europeo para la Paz con el fin de aportar ayuda financiera y coordinar a los Estados miembros para armar al ejército y al pueblo ucranianos. En menos de 24 horas, otro tabú había caído.

Y la presidenta de la Comisión mostró inmediatamente un fuerte liderazgo y empezó a trabajar para conseguir un acuerdo con nuestros socios internacionales, con el fin de hacer posible desconectar a Rusia del sistema financiero. Y, ¿saben qué? Ahora la mitad de las reservas del Banco Central de Rusia están completamente fuera de su control, están congeladas. ¿Se lo pueden imaginar? Esto es capacidad de coerción. Hace tres días era imposible, y ahora es posible, y Rusia empieza a sentir las consecuencias en términos de inflación y caída de su moneda.

Sí, tenemos capacidades. Hemos movilizado esas capacidades y tenemos que seguir haciéndolo, poniendo en común las capacidades de los Estados miembros y de la Unión Europea.

Quiero recordarles que el Fondo Europeo para la Paz no forma parte del presupuesto que ustedes votan. Es otro presupuesto. Es un fondo intergubernamental, gestionado por los Estados miembros. Porque afirmamos que nosotros, la Unión Europea, somos una fuerza de paz y que no podemos proporcionar armas a nadie más. Sí, podemos. Sí, lo hemos hecho. En el próximo presupuesto, piensen en ello. Cuando voten su próximo presupuesto, utilicen la capacidad presupuestaria de esta institución para poner los medios para hacer frente a la próxima crisis y a la próxima agresión rusa.

Estamos trabajando también en el ámbito internacional para crear una coalición que condene a Rusia en las Naciones Unidas. Rusia no obtuvo ni un solo voto a favor [en el Consejo de Seguridad]. Todo el mundo estuvo a favor de la resolución y hubo algunas abstenciones que son muy significativas.

Ha habido países, tradicionalmente aliados de Rusia, que no han votado a favor suyo, se han abstenido. Y ahora hay que construir una coalición internacional para que en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas sea el mundo entero el que condene al agresor. Nadie puede mirar para otro lado.

Cuando un potente agresor agrede sin justificación alguna a un vecino mucho más débil, nadie puede invocar la resolución pacífica de los conflictos. Nadie puede poner en el ismo pie de igualdad al agredido y al agresor. Y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén a nuestro lado.

Sí, hemos utilizado nuestra capacidad coercitiva, la capacidad de imponer, no necesariamente usando las armas. Cuando digo que Europa tiene que ser un hard power, la gente piensa únicamente en el poder militar. No, el hard power se ejerce de otras muchas maneras. La capacidad de condicionar, the coercive capacity, la capacidad de imponer al otro otra conducta no se hace solamente con las armas. Se hace como ha propuesto la Comisión de una manera extraordinariamente eficaz, gracias señora presidenta [Ursula von der Leyen], y como usted ha impulsado en los debates del Consejo Europeo, gracias, señor presidente [Charles Michel].

Tomar medidas como esta, que parecen de papel, que desde luego no movilizan misiles, pero que tienen un efecto trascendental sobre la solvencia de un país e impiden que Rusia vaya a gastar el dinero que pagamos por su gas para alimentar la guerra.

Esto es, creo, señoras y señores diputados, la lección más importante que tenemos que extraer de estas trágicas circunstancias. No podemos seguir confiando en que apelar al Estado de Derecho y desarrollar relaciones comerciales van a convertir el mundo en un lugar pacífico donde todo el mundo evolucionará hacia la democracia representativa.

Las fuerzas del mal, las fuerzas que pugnan por seguir utilizando la violencia física como una forma de resolver los conflictos, siguen vivos y frente a ellos tenemos que demostrar una capacidad de acción mucho más poderosa, mucho más consistente y mucho más unida que la que hemos sido capaces de hacer hasta ahora.

Hemos hecho mucho y hemos, sin duda, asombrado al mundo y sorprendido a Putin con una capacidad de reacción rápida y unida. Hay que seguir en este camino.

Y este acto, este momento parlamentario donde ustedes con sus aplausos quieren dar ánimos a las instituciones europeas para seguir en el camino que hemos aprendido, puede ser el momento en que los europeos entiendan que el mundo en el que viven es un mundo peligroso y para hacerle frente hace falta que refuercen su Unión.

La pandemia abrió la puerta a acciones innovadoras. La pandemia nos ha impulsado por el camino de unirnos más para hacer frente a los virus. Este momento trágico debe impulsarnos a unirnos más para hacer frente a aquellas acciones humanas que amenazan también la vida, la seguridad y la prosperidad de todos.

Fin del discurso de Josep Borrell

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