“Nico el de la Naval”

Cada vez quedan menos socialistas, poco a poco, muchos de los que lo fueron o al menos nos engañaron durante un tiempo creyendo que lo eran, han pasado a ser, eufemísticamente “socialdemócratas” palabreja inventada a finales del pasado siglo y que, debido quizás a mi torpeza, no acabo de entender, pues los socialistas siempre hemos sido demócratas y hemos defendido la democracia mas que nadie, lo que si sé, aunque no entienda, es que tras esta denominación tan ambigua lo único que se evidencia es la derechización sistemática de los que así se denominan, lo cual no me parece mal, si eso es lo que sienten. Lo que realmente me molesta es que no lo digan abiertamente, ubicándose en su esfera natural en lugar de arrastrar a nuestra organización, cada vez más conservadora, por decirlo suavemente.

Uno de los máximos exponentes del socialismo histórico en nuestro país nos ha dejado a los 95 años, Nicolas Redondo. Hasta el último aliento y en la plena lucidez que mantuvo durante toda su vida, nos deja con el profundo pesar de no haber podido mantener y transmitir su firme ideología al seno de nuestro partido.

Mi padre murió cuando yo tenía 17 años, desde entonces, con el permiso de sus hijos, yo considero a Nicolas mi padre, yo creo que lo fue de todos los socialistas que vivimos la posguerra y la dictadura brutal del general Franco. Se afilió en la clandestinidad al PSOE y la UGT en 1945, sufriendo con especial crudeza, las continuas persecuciones, detenciones, encarcelamientos, incluso un humillante destierro.

“Nico el de la Naval”, que era como se le conocía, fue, cuando nuestro partido aún era realmente socialista, un personaje clave, básico y fundamental para el PSOE. Hijo de un eminente político y dirigente socialista, condenado a muerte al término de la Guerra Civil, pena que magnánimamente le fue conmutada por la de treinta años de prisión en las cárceles franquistas.

Era tal su humildad y su ponderación que, en el Congreso del PSOE celebrado en 1974, en Suresnes, en plena clandestinidad, sugirió que debería ser nombrado líder del PSOE el joven Felipe González, porque pensaba como pensamos todos poco más tarde, que lo haría mejor y ganaría las elecciones, como así fue. Aquello, para Nicolás fue algo que durante el resto de su vida le pesó como una losa, pues todos los que nos sentimos socialistas, fuimos engañados miserablemente, así como la gran mayoría de la sociedad que deposito su confianza en Felipe, que nos sorprendió con un cambio de rumbo inesperado, pretendiendo convencernos que se trataba de la modernización del partido, resultando en realidad una paulatina inaudita y gradual derechización, olvidando nuestros principios, claudicando ante el capitalismo más brutal, deriva que a día de hoy continua inexorablemente.

Sin embargo, aquel acto de de moderación y fidelidad, reconociendo sus limitaciones, hizo que se convirtiera en uno de los pilares sindicales que más contribuyó a crear un mayor bienestar para los trabajadores, dedicándose enteramente a la actividad sindical desde la Unión General de Trabajadores.

Nicolás, hombre íntegro, decente y de una ética ejemplar, siempre fue un socialista auténtico, convirtiéndose quizás, desde una decisiva segunda fila, en uno de los lideres que más contribuyó a la democratización de nuestro país, preservando contra viento y marea sus principios y valores socialistas, tratando infructuosamente de transmitirlos entre los compañeros que, cada vez más y a todos los niveles, sucumbían acomodándose a un conservadurismo que el siempre detestó.

Fueron muchas, las ocasiones en que se manifestó contra lo que el consideró siempre como un cambio negativo para la sociedad, el rumbo que el PSOE habia emprendido tras la inesperada victoria en las urnas. Tanta fue la lucha de Nicolás Redondo por la clase trabajadora de este país que, incluso, en vista de la deriva negativa que pretendía el gobierno socialista de Felipe González con su política económica y laboral, que se vio obligado desde la dirección de UGT a convocar junto con Comisiones Obreras, la huelga general del 14 de diciembre de 1988, que paralizó el país y que a su vez provocó un cisma en el partido, entre los que se habían acomodado en el conservadurismo y los que mantenían los ideales propios del socialismo.

Aquello, para Nicolas Redondo resultó un trauma difícil de superar, por lo que poco después, en 1994, abandonó la secretaría general de UGT, negándose sistemáticamente desde entonces a participar en la vida pública, a pesar de los constantes y reiterados intentos, desde la dirección del partido para su captación, lo que con férrea firmeza mantuvo hasta su triste desaparición física, que no mental, pues seguirá presente eternamente entre al menos algunos de nosotros.

Es muy triste la desaparición de un hombre que tanto lucho por la instauración y mantenimiento de una democracia y de sus instituciones, que ahora se ven tan amenazadas por una cruel y absurda polarización que erosiona gravemente nuestro estado del bienestar, que tanto sudor costó a los que con distintos grados de implicación defendimos durante años, viendo impotentes, como crecen esos peligrosos grupos totalitarios, próximos al fascismo más retrogrado, que tanto daño hicieron y pueden llegar a causar de nuevo.

Nicolas Redondo se fue, sin poder disfrutar de esa utopía, por la que tanto él, cómo los que seguimos siendo socialistas hemos luchado siempre, que no es más que una sociedad justa, con los mismos derechos y oportunidades para todos, independientemente de la situación económica y social de cada uno.

La abundante hipocresía, como era de esperar, estuvo presente en la capilla ardiente en la sede de UGT en Madrid, así como en el cementerio civil, todos aquellos que, sin ser ya socialistas, aunque mantienen su carnet plastificado, le pusieron en vida la proa tantas veces a sus propuestas, estaban allí presentes, con sus lágrimas de cocodrilo puestas ante las cámaras. Pero también estaban allí, con un formidable sentimiento de tristeza y de reconocimiento a su figura. No sólo su familia, sus hijos y sus nietos, también estaban con lágrimas de verdad y de profundo dolor sus compañeros de UGT. Y también algunos compañeros suyos del PSOE, su partido de siempre, los que siempre apoyaron sinceramente su gran labor.

A mí me gustaría, que esta ausencia de un hombre bueno, nos revolviera las conciencias, retrocediéramos en el tiempo e hiciéramos memoria de lo que se hizo, pero más de lo que se pudo haber hecho, manteniendo los principios y la ética socialista.

“Gracias Nicolás”.

Paco Ascón
Xares, 15 de enero de 2023

46 años de los atentados de Atocha

Ni olvido ni perdón

El 24 de enero de 1977, hace ahora 46 años, un grupo de pistoleros franquistas entró en un despacho de abogados laboralistas de CCOO situado en el número 55 de la calle Atocha de Madrid , asesinando a los abogados Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo, al estudiante de derecho Serafín Holgado y al administrativo que allí traba jaba Ángel Rodríguez Leal, además de herir de gravedad a otras cuatro personas.

En el comando que protagonizó la matanza, además de militantes ultraderechistas franquis tas españoles, también participó un neofascista italiano, próximo a la organización Gladio dirigida por la CIA.

La libertad costó sangre, la transición lucha, y hoy nos toca defender esos mismos valores de libertad y lucha, y no olvidar que los fascistas siguen ahí, y ahora metidos en las instituciones.

Baltasar Santos
Miembro del comité de redacción de TS

Hablemos

Desde hace relativamente poco tiempo, asistimos a un comportamiento político que niega el principio democrático de respeto a la convivencia en paz, de falta de respeto a quien no piensa lo mismo que ellos, y de no aceptación a los resultados electorales, cuando no son favorables a su Partido.

Este proceder, caracterizado por el uso constante de verdades alternativas, convierte a los demás en enemigos que deben ser perseguidos con saña e incluso encarcelados. Puede parecer una barbaridad, que lo es, pero actualmente se utiliza este proceder por la derecha, de forma reiterada sin ninguna prudencia ni por supuesto justificación. Con distintos grados de intensidad: modo Brasil, al asalto; o a la manera Plaza de Colón, modo faltón, buscan generar un clima de “enfrentamiento civil”, cuando la realidad es que sólo una parte muy reducida de la sociedad se sitúa en esa clave, quedando en evidencia que esa actitud carece de fundamento alguno.

Digo desde hace poco tiempo, pensando noviembre de 2019 en Bolivia, cuando Evo Morales fue acosado hasta tener que pedir refugio político en Argentina, o en enero de 2021 cuando fue asaltado el Capitolio de los USA, o en diciembre de este pasado año 2022 en Perú, donde la maniobra de acoso de la derecha política ha conseguido el encarcelamiento de Pedro Castillo y ha sumido al país en un caos de represión y muerte. Pero recordamos menos otras épocas donde está manera de fomentar el odio derivó en gravísimas consecuencias, como fue la creación de un clima de inestabilidad política para justificar el golpe de Estado militar contra la Segunda República española.

La tergiversación del juego democrático, mediante actitudes y declaraciones que generan un falso clima de enfrentamiento social, hacen desviar la mirada de la actividad normal de cualquier parlamento con su acción deliberativa y legislativa, coloca al ciudadano en una situación donde lo que parece importar de verdad es la diferencia con el otro, diferencia que si no existe se inventa, donde se convierten argumentos en piedras y se sobredimensionan los problemas, negando además su resolución pacífica mediante la discusión y la conciliación. Todo esto sería imposible sin la colaboración necesaria de una preocupante mayoría de medios de comunicación de masas.

El recurso irresponsable a esta forma de actuar en una democracia, mediante la violencia verbal y gestual, es utilizada a conciencia por parte de la derecha y la ultraderecha que ven como su mito ultraliberal se cae hecho pedazos ante las consecuencias de sus crisis constantes y las graves desigualdades sociales que genera. La aparición tormentosa de líderes ademocráticos como Trump, Bolsonaro, Orban, etc., que, dentro de sistemas democráticos, intentan alargar la agonía del capitalismo neoliberal, cómo un epílogo inaplazable de este sistema económico.

Ni siquiera la deriva del social liberalismo, bajo un falso manto de socialdemocracia, ha podido evitar la miseria de un modelo de regresión e injusticia social, que finalmente dejó a la vista sus carencias y su verdadera faz para afrontar una epidemia o para evitar una guerra. Y como ha ocurrido otras veces, instituciones constitucionales creadas para garantizar el respeto a las normas y al juego democrático, instituciones garantes del respeto a los derechos y libertades fundamentales, han sido intencionalmente manipuladas, léase Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial…

Sorprende el alcance de estas actitudes irresponsables de ciertos políticos y/o magistrados y de ciertos medios de comunicación, ante las consecuencias de la ruptura de esos delicados equilibrios. Es un sinsentido esta puesta en riesgo de la arquitectura constitucional para conseguir que determinada opción política obtenga lo que no le otorgan los ciudadanos por vías democráticas, y por tanto es aún más impresentable e inaceptable por destruir algo tan importante para un fin tan espurio.

Ante esta situación, donde esos determinados partidos de la derecha antidemocrática practican únicamente ruido y enfrentamiento, buscando el conflicto civil para conseguir el poder por el poder, no podemos responder más que con participación y lucha democrática/pacifica, por ejemplo defendiendo bienes comunes como la Sanidad Pública o las Pensiones, en la más absoluta normalidad, demostrando que el discurrir del juego democrático permite que los conflictos expresados por el pueblo soberano se resuelvan en el Parlamento, sean los que sean y tengan la gravedad que tengan.

Eduardo Hernández Oñate
Militante Socialdemócrata de Madrid

Salario o Conflicto

Con este eslogan “Salario o Conflicto” nuestro sindicato exige a las patronales de todo el Estado subidas salariales dignas para afrontar la perdida del poder adquisitivo de todos las trabajadoras/es por una inflación descontrolada.

Para la actual dirección de la Unión General de Trabajadores, sus trabajadoras y trabajadores asalariados no tenemos la misma consideración que el resto de trabajadoras/es del estado; en junio sobre estas mismas líneas en el número 135 de Tribuna Socialista, denunciábamos que tras el último Congreso Confederal en mayo de 2021 acaban con nuestro ámbito negociador natural, la Sección Sindical Estatal y que la patronal sindical había ya denunciado en septiembre de 2020 el convenio colectivo de aplicación en nuestra organización.(*)

Han tenido que pasar 27 meses de bloqueo y paralización de la negociación de dicho convenio para que esa patronal sindical se sentara a la mesa, aunque hasta la fecha de poco ha servido, en las escasas ocasiones que se han dignado sentarse se han negado a todas nuestras peticiones y se han levantado de la mesa de malas maneras.

Como reza nuestro eslogan de esta campaña, si no hay negociación habrá conflicto, el pasado 24 de enero hemos hecho una primera concentración en la sede de Avenida América y no se descartarán nuevas concentraciones a todas las sedes de la Confederación.

Hoy no pedimos más que lo que pedimos cuando vamos como representantes de la Unión General de Trabajadores a negociar convenios a miles de empresas de todo el Estado, que se escuchen nuestras peticiones, una subida salarial acorde con la grave situación que estamos viviendo; que nuestra patronal sindical no actúe como la peor de las patronales que nos encontramos a diario y contra las que combatimos.

No nos podemos permitir el anti-sindicalismo dentro de nuestra propia organización. En cuantos foros se nos ha llenado la boca hablando de la negociación colectiva y de su importancia para la organización de los trabajadores y cuantas veces criticamos a otras organizaciones sindicales que se niegan a firmar convenios colectivos.

Esperamos una nueva convocatoria para sentarnos a la mesa de negociación en el menor espacio de tiempo posible y esperamos que es esta ocasión sirva para algo y no para perder nuestro tiempo y el suyo.

¡¡Viva la lucha obrera!!

Trabajadoras y trabajadores asalariados
de la Unión General de trabajadores.

* https://tribunasocialista.com/2022/06/29/en-casa-del-herrero-cuchillo-de-palo/

Crisis del Estado, cambio de Régimen y Fuerzas Armadas (III)

La caída del régimen de la Monarquía, y consiguiente proclamación de la República, plantea la grave cuestión de cuál pueda ser la actitud de las Fuerzas Armadas ante un cambio de régimen.

La crisis del régimen de la Monarquía

El carácter oligárquico y caciquil, heredado del franquismo, se ha cronificado tras décadas de corrupción en las altas esferas, agravada por el silencio cómplice de las instituciones más relevantes del régimen de la Monarquía.

La modificación del artículo 135 de la Constitución de 1978, pactado entre el PSOE y el PP durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, acabó vaciando de todo contenido democrático al pretendido Estado social y de derecho, proclamado tan solemnemente.

La caída del régimen de la Monarquía, y consiguiente proclamación de la República, plantea la grave cuestión de cuál pueda ser la actitud de las Fuerzas Armadas ante un cambio de régimen.

El Ejército, como última razón de Estado, no actúa en general de forma autónoma, pese a gozar de cierta independencia respecto a la superestructura política.

En el caso que nos ocupa -el Estado español- ese aspecto de relativa autonomía de las Fuerzas Armadas se encuentra particularmente reforzado en la Constitución española de 1978. Fue impuesto a los “constituyentes” por la llamada Ley de Amnistía de 1977, forzada por los poderes de hecho del franquismo, meses después de celebradas las primeras elecciones del 15 de junio, en relativa libertad.

En efecto, la citada Ley de Amnistía, en realidad ley de punto final, consolidó dos aspectos básicos de la dictadura. En primer lugar, la impunidad de los crímenes del franquismo. En segundo lugar, no menos importante, la fidelidad de las Fuerzas Armadas a su pasado franquista y al Rey, al quedar excluidos los miembros de la disuelta Unión Militar Democrática (UMD), sospechosos de republicanismo. Llovía sobre mojado, pues ya habían sido anteriormente escarnecidos y humillados por la ley de amnistía de 1976.

La reincidente humillación de la UMD, establecida por la Ley de Amnistía de 1977, puso en evidencia la voluntad del régimen del 78 de afianzar la continuidad ideológica del Ejército franquista, garantizando su fidelidad a la dinastía Borbón, impuesta por el dictador.

UMD, 23-F e inviolabilidad

Por aquellos días, en abril de 1979, se publicó el artículo “Señores diputados”, que escribí en un diario nacional de gran tirada, “Diario16”, en donde trabaja como periodista Fernando Reinlein, uno de los compañeros represaliados y expulsados por su pertenencia a la Unión Militar Democrática (UMD).

Critiqué en dicho diario los graves desequilibrios que entrañaba la ley de Amnistía “…no puede aplazarse por más tiempo la clarificación de determinados problemas… Me refiero, desde luego, a los militares procesados por el régimen del general Franco, al parecer por motivos políticos, cuyas penosas secuelas siguen aún padeciendo estos compañeros”.

Por este motivo fui interrogado con malos modos en el juzgado militar nº1 del Cuartel General de la Armada, arrestado en mi domicilio y estampada una nota desfavorable en mi hoja de hechos, que perjudicó mi carrera.

Algún tiempo después, transmitiendo información confidencial relevante al presidente Suarez -por conducto no oficial-, sobre militares golpistas, fui probablemente espiado. Semanas antes del golpe del 23-F de 1981 sufrí un presunto intento de asesinato, urdido por las cloacas militares, del que salí ileso, aunque con una lesión auditiva. El incidente, del que informé al comandante del Centro en donde me hallaba destinado, no quiso ser investigado pese a que las pruebas del intento fallido de asesinato eran evidentes. El mando se negó a abrir una investigación del suceso bajo el pretexto de que se trataba de un asunto secreto.

El carácter antidemocrático de no pocos altos mandos se muestra descaradamente, una vez más, en el contenido del libro “Rey servido y patria honrada”, publicado recientemente por el general Fernando Alejandre, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), cesado en el año 2020.

Entre otras perlas,descalifica al ex JEMAD Julio Rodríguez en términos humillantes, presuntamente injuriosos. Sus motivaciones antidemocráticas saltan a la vista. En fin, un texto de exaltación del militarismo más carca, de aburrido autobombo e indigno servilismo, muy alejado de los valores democráticos por los que arriesgamos nuestra vida y futuro profesional muchos de los compañeros de la UMD.

Las contradicciones existentes en la Constitución de 1978 son fiel reflejo de las que se dieron en el llamado proceso de Transición, dirigido en gran medida por el aparato del Estado franquista, cuya jefatura ostentaba el último jefe de la dictadura: el Rey. Ese punto de partida dio un enorme podere influencia a las fuerzas conservadoras, herederas de los vencedores de la guerra civil.

El artículo 14 de la vigente Constitución de 1978 establece que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Sin embargo, esa misma Constitución, en su art. 56.3, establece que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Lo que significa que no puede ser sometido a proceso judicial alguno, es decir es impune, aunque delinca. Y ello aun siendo cómplice necesario, por acción u omisión, de un golpe de Estado, como lo fue el 23-F de 1981, o de asesinatos, como lo fueron los perpetrados por el terrorismo de Estado, con la participación de determinadas cloacas, militares y policiales. Todo ello, y mucho más, muestra el talante totalitario del régimen heredado del general Franco (Leyes de Sucesión).

Ley de Memoria Democrática

Las fuerzas políticas con representación parlamentaria reflejan en gran medida las contradicciones de clase, lingüísticas y territoriales del régimen de la Monarquía. Ello explica, entre otras muchas cosas, las lagunas existentes en la reciente Ley de Memoria Democrática.

Pese a representar un avance, que es de agradecer, llega con graves limitaciones y casi medio siglo de retraso.

La continuidad de la fraudulenta ley de Amnistía de 1977, así como la limitación temporal de los efectos de la Ley de Memoria Democrática aprobada, ponen en evidencia serias insuficiencias.

El franquismo, en simbiosis con el régimen de la Monarquía, que pervive en los aparatos del Estado español, siguió cometiendo crímenes más allá de 1978, sin que sus víctimas puedan acogerse a esta nueva ley de Memoria.

No obstante, en su disposición adicional decimosexta, establece:

El Gobierno, en el plazo de un año, designará una comisión técnica que elabore un estudio sobre los supuestos de vulneración de derechos humanos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia, los derechos fundamentales y los valores democráticos, entre la entrada en vigor de la Constitución de 1978 y el 31 de diciembre de 1983, que señale posibles vías de reconocimiento y reparación a las mismas.”

Sin embargo, es muy probable que dicha comisión técnica, de momento en el limbo de las buenas intenciones, no llegue nuca a crearse, al menos bajo el régimen de la Monarquía. Es inverosímil que el R78 se autoinculpe de actuaciones delictivas contra personas que luchamos por la consolidación de la democracia, los derechos fundamentales y los valores democráticos en nuestro país, en particular desde el núcleo duro del sistema: las Fuerzas Armadas.

Manuel Ruiz Robles

Ex miembro de la Unión Militar Democrática (UMD)

Guerra tras Guerra

De nuevo Europa en guerra, y, como otras veces, un dictador disfrazado de elecciones plebiscitarias ha decretado una invasión y la guerra a otro país, siempre más débil.

Putin, de manera larvada antes y abiertamente ahora, está arrasando a la barbarie al pueblo ruso, y masacrando al ucraniano.

Otra vez asistimos a maniobras de contención y condena, a intentos de apaciguamiento para «convencer» al lobo de que respete las vidas ajenas…los nuevos Sudetes y Polonia (Donbas, y Crimea) no sirven para que veamos sus verdaderas intenciones ni para, finalmente, evitar la guerra abierta.

Y en medio los seres humanos, muerte tras muerte.

¿Y, qué hacemos los demás? Enviamos material bélico, hacemos declaraciones e imponemos sanciones, mientras la guerra continúa.

La guerra, la destrucción, las masacres, las constantes violaciones de todos y cada uno de los derechos humanos continúan sin que seamos capaces de frenar esta locura.

En medio de semejante situación, es comprensible que se ayude a Ucrania, refugiados, hospitales, ayuda material de reconstrucción, e incluso material bélico, ya hubiese querido nuestra 2 República…y sin embargo esta política de «ayuda» se asemeja demasiado a aquella de » No intervención». Ni evita la guerra, ni la pone fin, tan sólo la alarga y las personas siguen sufriendo y muriendo.

Y no se nos olviden las guerras de Yemen, Afganistán, Sudan, Sahara, etc.

¿Qué hacer?

Lo sabemos perfectamente.

Solo organismos internacionales de Paz, con el reconocimiento y respeto inexcusable de todos serían capaces de imponer la paz. La paz humanitaria, no la paz romana.

La ONU, y otros organismos internacionales deben ser respetados y tenidos por garantes absolutos de la paz y el respeto de los Derechos Humanos.

No podemos perpetuar las condenas tibias e inútiles, las intervenciones militares catastróficas las ayudas de material bélico a los contendientes, aunque sea justificable a quien se defiende de la agresión, son inútiles.

Hay actitudes de algunos países dignas de consideración, de reconocimiento por la ayuda que prestan ante las desgracias y miserias de la guerra, pero sólo son paliativas, y aunque decentes no frenan la barbarie.

Lo demás son buenas intenciones, y en algunas ocasiones… tráfico de armas.

NO A LA GUERRA, es ilimitado, incuestionable, e inexcusable.

Eduardo Hernández
Militante Socialista de Madrid

Los Barones

Quizás cuando leáis esto, me consideréis un nostálgico, no suelo serlo, pero en lo que se refiere al tema del que os quiero hablar hoy, sí que lo soy. Cuando yo comencé a militar en nuestro querido Partido los “barones”, eran unas personas, muy lejos del socialismo, con un título nobiliario que en España y en otros países es inmediatamente inferior al de vizconde. que en la edad media formaban parte de la corte, a veces como bufones del Rey, otras pretendiendo derrocarle y siempre viviendo del pueblo dominado.

Hoy los llamados Barones, dentro de nuestra organización, vienen a ser algo parecido, lo que ocurre es que en pleno siglo XXI esto chirria, a mí me parece anacrónico, impresentable e indecente. La estructura de los títulos nobiliarios, propios de la edad media, nada tenía de social, ni de solidario, ni tampoco democrático, pues eran nombrados por el Rey, cuyo único mérito era la fidelidad a la corona.

Hoy los Barones a los que me refiero, están instalados en su poltrona, gracias a los votos de los ciudadanos, pero a lo único que son fieles, es a su ansia de mantenerse en su escaño, cueste lo que cueste, porque realmente lo han hecho su forma de vida, han hecho de la política, un medio de mantener un estatus, que en cualquiera de sus hipotéticos empleos, no hubieran soñado nunca.

Pues bien, algunos de estos “Barones”, viendo peligrar su poltrona, ante el riesgo de perder en su baronía, el apoyo de esos capitalistas a los que tanto protegen, se revelan ante cualquier intento de ajuste social, que implique que los que mas tienen mas aporten. Por eso, están tan molestos con la estructura orgánica actual de nuestro gobierno, que tiene que realizar auténticos malabarismos, para poder aprobar unas leyes y unos presupuestos, cuya tendencia sea la protección de los más débiles.

Es absolutamente bochornoso, lamentable y patético el espectáculo, que alguno de estos “Barones “, protagoniza día tras día, uniéndose en sus planteamientos, por una parte a la derecha mas rancia de nuestro país, y por otra, a nuestros impresentables dinosaurios políticos, que solo fueron socialistas en la clandestinidad, y que después de destruir gran parte de nuestras señas de identidad, se colocaron vergonzosamente mediante las puertas giratorias, en las posiciones más que relevantes, que en ningún caso les corresponden y que utilizan, para un bombardeo constante, a la labor más o menos adecuada de los compañeros, que tienen la responsabilidad actual de gobernar nuestro país, que evidentemente no lo hacen como me gustaría, pero que al menos, aunque sea por necesidad, permanecen más a la izquierda, que lo hicieron ellos en su día.

A mí, evidentemente no me entusiasman, algunas de las compañías, de las que nuestro presidente se rodea, pero vista la calidad de los políticos actuales, me doy con un canto en los dientes, pues al menos crean un grupo mas social, que en mi opinión obliga a legislar, de una manera mas solidaria con los mas necesitados

Queridos “Barones”, seguramente que tenéis el carné del PSOE, como yo, pero al margen de ese papelito, si en algún momento de vuestras vidas, habéis sido socialistas, os pido, os ruego, no que volváis a serlo, pues eso seguramente es imposible, pero al menos que dejéis trabajar al que lo intenta, por una sociedad algo mas justa. No os preocupéis, seguro que ya tenéis apalabrada, alguna de las abundantes puertas giratorias, que injustamente garantice vuestro futuro.

Felicidades a socialistas y también a los que no lo son, no solo en estas comerciales fiestas sino siempre.

Paco Ascón
Xares, 24 de diciembre de 2022

Respeto al orden constitucional

Nuestro derecho penal, derecho democrático, se fundamenta en nuestra Constitución y su contenido. Se diferencia del derecho penal anterior, derecho de una dictadura, por no ser un derecho penal meramente punitivo y represivo; aunque aún contiene reminiscencias del pasado que deben ser actualizadas, acorde al contexto del derecho penal de los países de nuestro entorno. Es el caso de la necesidad de reformar el “delito de sedición”, figura penal cuya formulación en nuestro Código Penal data del siglo XIX, y reforzada en el s. XX por el régimen franquista.

Nuestro derecho Moderno, en este ámbito penal se orienta hacia un carácter rehabilitador y/o retributivo, sobre todo.

Es decir, tenemos un Código Penal que no sólo persigue y castiga los delitos de los ciudadanos, no sólo represor de hechos y conductas, sino que principalmente busca rehabilitar y que se asuman responsabilidades por los ciudadanos que han incurrido en algún tipo penal.

Estas ideas responden a nuestra forma de comprender la sociedad democrática que compartimos, a saber: una sociedad democrática, madura y corresponsable. Y lo es en todos los ámbitos que la componen, sin excepción. De ahí que frente a los problemas que enfrentamos de orden político no es admisible una tipificación simplista de los delitos contemplados, ya que nos adentramos en una complejidad lógica que se determina por nuestro derecho constitucional.

Este punto de partida sirve para observar que nuestro ordenamiento político-territorial, derivado de nuestro artículo 137 de la Constitución, se fundamenta en la arquitectura de instituciones territoriales, Municipio, Provincias, y Comunidades Autónomas, que garantizan la convivencia pacífica y el equilibrio territorial.

Este modelo cuasi federal, además, resolvió nuestro furibundo centralismo ademocrático, permitiendo con diferentes variables la convivencia de autonomías y nacionalidades.

De la misma manera, ésta lógica de convivencia, respeto y equilibrio nos ha permitido avanzar y mejorar sustancialmente en nuestras normas e instituciones territoriales, a pesar de conflictos más o menos graves. Conflictos que no han conseguido romper ni nuestra Constitución, ni nuestro país, a pesar de haber supuesto un riesgo cierto en su intento de quebranto desde el Gobierno catalán como en la respuesta que se dio por el Gobierno central durante los acontecimientos del 2017. Nuestros tribunales, en sus diferentes interpretaciones, resolvieron los diferentes problemas de carácter penal, y determinaron las penas.

Lo único que podía romperse era una determinada visión de «nuestra España»…una idea que pervivía al margen de nuestra Constitución. Sin embargo, nuestra actual España, ni se rompió, ni desapareció, al contrario, se mantiene más vital y plural que nunca, afortunadamente y se demostró que los problemas políticos deben resolverse mediante la política, y no con sanciones y penas.

De nada sirve castigar a independentistas irredentos para que todo siga igual, ni imponer castigos para ejemplo de herejes, ni resuelve el problema, ni evita su enquistamiento.

Hemos aprendido desde hace tiempo, y estos hechos refuerzan esa visión, que solo el diálogo, la conciliación y el acuerdo fomentan la convivencia y permiten avanzar en la solución de conflictos, por lo que debemos legislar en esa dirección. Y en nuestra democracia se legisla en el Las Cortes, mediante un proceso legislativo soberano y respetuoso con nuestro ordenamiento, modificando y elaborando normas, leyes y acuerdos para favorecer la convivencia y el respeto a los derechos humanos de los ciudadanos y no a conceptos sacrosantos.

Y por cierto, nuestro Parlamento y Senado se renuevan cada cuatro años desde el respeto a los procesos democráticos. ¿Qué se puede decir de la institución que, estando obligada a renovarse, se niega a ello? ¿Qué le decimos alguien que por su voluntad ademocrática se perpetúa en el poder?

Que sería un dictador.

Eduardo
Militante socialista de Madrid

Crisis del Estado, cambio de Régimen y Fuerzas Armadas (I)

Por Manuel Ruiz Robles

La crisis del Estado español, acrecentada por el declive de la Monarquía, desembocará, antes o después, en un cambio de Régimen, focalizado por la crisis económica, la guerra de Ucrania y la crisis territorial.

Crisis económica, estimulada por el efecto adverso de las sanciones impuestas por la Unión Europea a Rusia, agravada por la inminente recesión, abatiéndose con intensidad sobre las capas populares.

Guerra de Ucrania, criminal y odiosa, como todas las guerras. Guerras en las que las víctimas civiles no son “daños colaterales”, sino objetivos militares deliberados: Gernika, Carretera de la Muerte (Málaga-Almería), Dresde, Hiroshima, Kiev…

Crisis territorial, motivada por el antagonismo entre el núcleo duro del nacionalismo español (que controla el aparato del Estado) y las naciones sin Estado (Cataluña, País Vasco, Galicia).

Crece la desigualdad económica y se generaliza la pobreza

La incomprensible actuación de los dirigentes políticos de Europa, arrastrados a la guerra por los USA, así como a la imposición de sanciones a Rusia, estancan el conflicto y debilitan la industria alemana, motor de la economía europea.

La crisis, agravada por la guerra, está provocando una subida incontenible de precios, especialmente de los productos básicos -energía y alimentos- golpeando a las clases populares.

Los pobres serán más pobres, las clase medias trabajadoras perderán poder adquisitivo y los ricos serán más ricos.

Tales desigualdades económicas, junto a la insoportable generalización de la pobreza, provocarán conflictos sociales prolongados en el tiempo.

Los militares y el modo de producción capitalista

Los militares formamos parte de la sociedad a la que tenemos el deber de servir.

Sin embargo, la sociedad está atravesada por contradicciones propias del modo de producción capitalista, que la divide en clases con intereses antagónicos. Este antagonismo da lugar a ideologías contrapuestas.

Pese al férreo control que el régimen del capital ejerce sobre los ejércitos, sus miembros no son ajenos a los conflictos sociales nacidos de los antagonismos de clase.

Estos conflictos surgen como consecuencia de las relaciones de producción existentes entre explotadores y explotados, es decir entre los grupos sociales mayoritarios que producen los bienes -la riqueza- y aquellos otros grupos minoritarios que detentan el poder de decidir el destino de la riqueza producida.

Una de las principales contradicciones del sistema de producción capitalista es la apropiación privada del trabajo social.

El saqueo perpetrado a lo largo de decenios de la caja de la Seguridad Social y la pretensión de privatización de las pensiones públicas, está ocasionando una ola de protestas.

El llamado “rescate” de las grandes entidades financieras, con cantidades ingentes de dinero público, no ha sido aún recuperado en su totalidad por el Estado.

La creciente privatización de los servicios sanitarios, acompañada de los recortes en la sanidad pública, degradan uno de los pilares esenciales del llamado estado del bienestar, socavando la salud y la esperanza de vida de la población.

La pauperización de la enseñanza pública con salarios indignos e interinidad abusiva, unida a las excesivas ratios de alumnos en las aulas, redundan en el bajo rendimiento escolar y en las altas tasas de abandono educativo temprano.

Esa dinámica, que tiende a acrecentarse, afecta sobre todo a la clase trabajadora, por tanto a la mayoría de los militares, y más concretamente a las escalas de tropa y marinería. La actividad sindical en los cuarteles, prohibida por ley, impide a estos compañeros la defensa de sus derechos más elementales.

Las escalas de oficiales, por el contrario, detentan privilegios abusivos. Su clasismo de grupo cerrado determina su ideología; ajena al funcionariado, que repudian. Por ello tienden a adoptar creencias y actitudes propias de los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad.

¿Colapsará el modo de producción capitalista?

No parece probable que los medios de producción, en un próximo cambio de régimen, pasen a ser propiedad colectiva de la clase trabajadora, pues nadie en sus cabales desea una guerra civil, salvo algunos exaltados fascistas con mando en plaza.

No se trata, por tanto, de plantear la viabilidad del cambio del modo de producción, ni tan siquiera de su conveniencia, cuya concreción plantearía dudas razonables.

En efecto, la Revolución de Octubre de 1917 -que trató de construir un mundo sin explotadores ni explotados, despertando grandes esperanzas entre las clases populares- involucionó hacia formas muy alejadas de las teorías desarrolladas por K. Marx (1818-1883) y F. Engels (1820-1895) en el siglo XIX. Teorías que pusieron genialmente en evidencia las contradicciones internas del sistema de explotación capitalista.

La crítica de tal modo de producción cambió para siempre la forma de analizar los procesos sociales: “toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”.

El inevitable antagonismo de clases transcurre en nuestros días sometido a constituciones y leyes desiguales. Constituciones resultantes de los procesos históricos por los que cada país ha transitado. El desarrollo de tales procesos determina finalmente el status y el prestigio social de sus Fuerzas Armadas, así como la ideología de éstas y sus valores internos.

La constitución española del 78 refleja el punto de equilibrio entre los antagonismos de clases -jurídico y militar- impuesto por el aparato de la dictadura franquista, que transitó indemne hacia el nuevo régimen. En la llamada Transición, la clase dominante siguió detentando idéntico poder al que ejerció durante la dictadura, quedando en papel mojado toda la falsa retórica constitucionalista referente a los derechos sociales. Mientras tanto, se blindaban los exorbitantes privilegios del Rey, jefe de fila de la oligarquía.

Cuando la lucha de clases se agudiza por efecto de las contradicciones internas del sistema, ésta puede llegar a forzar un cambio de régimen en sentido progresivo o, por el contrario, en sentido regresivo. En ambos casos -de producirse un cambio cualitativo en la correlación de fuerzas- cambia la base jurídica fundamental, es decir la Constitución, que rige de forma estructural la pugna de intereses entre ambas clases.

Un cambio de régimen no implica necesariamente una revolución que destruya el régimen de producción capitalista; ni, por el contrario, una contrarrevolución que derive en una dictadura militar fascista, forma extrema de la explotación capitalista.

(Manuel Ruiz Robles es antiguo miembro de la Unión Militar Democrática)

Dependencia Política, ¿Por qué?

¿Por qué, no hemos sabido mantener nuestros ideales?, yo solo os daré mi opinión; porque seguimos siendo reticentes en tomar las medidas, que sabemos que tenemos que tomar, pero claro, unas veces no queremos desairar al gran capital, las otras tenemos que contentar a los que os cobran tan caro su apoyo.

Sabemos, que en la segunda legislatura, cuando tomamos las riendas de este país, al venir prácticamente del exilio, con nuestros ideales a flor de piel, intactos, alguien pensó que no estábamos preparados para gobernar, que habíamos conseguido ilusionar a tanto votante, que el resultado electoral fue tan abrumador e inesperado, que a nuestros inexpertos dirigentes, que solo habían soñado con el poder desde el exilio, se les ocurrió la brillante idea de abrir las puertas a cuantos buitres vividores sin principios pululaban en nuestro país, con ansia desmesurada de poltrona, pero ninguna de trabajar por una sociedad justa. Se les abrieron las puertas de nuestro partido, tras eliminar las básicas condiciones existentes para la pertenencia a él, que siempre habían sido imprescindibles, para todos los que ya militábamos entonces.

Eso supuso que se fueron cubriendo cargos de enorme responsabilidad política, con una serie de personajes indeseables, sin moral y sin principios, que consiguieron torcer los más básicos principios socialistas, que habíamos conservado fielmente en el exilio, desde nuestro Pablo Iglesias, hasta entonces.

Todo desde aquel momento, se fue deteriorando en nuestro seno, se fueron eliminando como bien sabéis, todos nuestros principios básicos socialistas y con ellos, se fueron perdiendo también militantes, que se iban, doloridos por la deriva, sintiéndose profundamente engañados.

Hoy gobernamos, si es que a esto se le puede llamar así, con una considerable carga hipotecaria, con unos socios, pertenecientes a una supuesta izquierda, que también ha perdido completamente su norte, que no ha sido capaz de unirse en unos ideales sociales, que solo les importa mantener su estatus personal y les interesa poco o nada el bien general, vendiendo su apoyo a nuestro partido, de forma torticera, sobornándolo miserablemente, para conseguir sus propias prebendas.

Por otra parte, el pasotismo, la falta de criterio y de capacidad de análisis de la ciudadanía, francamente asusta. Asume cada vez con mas resignación la voraz derechización de nuestros gobernantes, con la consiguiente pérdida de derechos conseguidos y la práctica imposibilidad de conseguir nuevas metas progresistas.

Nuestro gobierno llamado de coalición, tampoco parece disponer de ese criterio y de esa capacidad de análisis, tan necesaria para no seguir destruyendo a los más desprotegidos, dan la impresión de estar empeñados en descalificarse unos a los otros, en lugar de tomar las decisiones, sean las que sean, con la coherencia que se les debe exigir a los miembros de un gobierno, en vez de eso y en lugar de defenderse, se ponen en evidencia unos a los otros, resaltando sus fallos más que sus aciertos, atacándose unos ministros a otros, como si fueran algunos de nuestros varones más destacados por su derechización, da la impresión, de que están deseando mostrar a la oposición, esa evidente y manifiesta debilidad, consiguiendo que nuestro electorado cada vez más desmotivado no sea capaz de orientarse y de entender lo que hacen aquellos a los que les entregaron su confianza

¿Volveremos algún día a nuestra senda?, ¿sabremos ganarnos la confianza, de aquellos que de verdad desean una sociedad sin abismos sociales?, ¿seremos capaces de nuevo de trabajar unidos por una sociedad justa?, ¿recuperaremos la cordura?, ¿seremos capaces de volver a ser socialistas?

Yo, a mi edad, creo que no tendré tiempo de verlo, pero espero al menos que mis nietos puedan vivir en una sociedad, donde las distancias sociales, vitales y económicas, entre unos y otros, sean cada vez menores.

Como veis, sigo siendo considerablemente utópico, pero pobres de nosotros cuando no disfrutemos ni siquiera de una utopía a la que agarrarnos.

Paco Ascón
Militante socialista de Ourense
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