«La guerra habrá terminado / Y los líderes se darán la mano / Pero la anciana esperará a su hijo / Y la joven espera a su marido / Y esos niños esperan a su padre / No sé quién vendió la patria / Pero sé muy bien quién pagó el precio.»
Del poeta palestino Mahmoud Darwish.
La guerra se ha detenido por el momento, porque ha llegado a un callejón sin salida. En la mañana del 8 de abril, Trump y la República Islámica anunciaron el cese de la guerra que, de momento, ha durado cinco semanas. Comunicaron que habían alcanzado un acuerdo de alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán, ante su propia impotencia y por las presiones globales y regionales. Aunque Israel también ha anunciado que se adhiere al alto el fuego, aún no es posible afirmar con certeza que no sea frágil. Sin embargo, la esperanza es que el alto el fuego se mantenga y que se inicien conversaciones entre Washington y Teherán.
Es característico de cualquier guerra que cuando finaliza, ya sea larga o corta, se ponga sobre la mesa quienes son los ganadores y quienes los perdedores. Esta guerra esta afectando a la economía y a la política de Estados Unidos, a la estructura y régimen de la República Islámica, las ecuaciones globales, geopolíticas y geoeconómicas de la región y del resto del mundo. y finalmente, en mayor o menor medida, la vida y riqueza nacional del pueblo iraní. En cualquier caso, incluso si el alto el fuego logra una paz duradera, la situación antes y después de esta guerra será diferente.
El primer ganador del acuerdo es el pueblo iraní, que sufre la guerra. Una guerra pagada en vidas e infraestructuras, y por tanto, cuando antes termine serán menores las perdidas. El pueblo iraní paga el precio por las aventuras de la República Islámica y cae bajo el cuchillo de Trump y del agresor y criminal de guerra, Netanyahu. Desde el principio el pueblo iraní exigió el alto el fuego inmediato.
Los principales ganadores de esta guerra son los gigantes armamentísticos y los monopolios petroleros de Estados Unidos. A lo largo de la guerra, el precio del petroleo está superando los 100 dólares, lo cual ha permitido que el esquisto exclusivo de EE.UU. produzca un beneficio abrumador compensado con el mayor coste de producción de los recursos petrolíferos mundiales. La industria armamentística estadounidense también obtiene beneficios astronómicos al destinar una parte creciente de los presupuestos a la “defensa”, a cuenta del aumento del endeudamiento público. Por supuesto, la Rusia de Putin también está encantada con el aumento de sus ventas de petróleo.
Dejando de lado a estos ganadores, el resto son todos perdedores. ¡Una guerra en el sentido de perder, perder! En primer lugar, la administración Trump sufre una gran pérdida de credibilidad, se la acusa en Estados Unidos de incumplir sus promesas electorales, también de exponerse a una grave derrota en las elecciones de mitad de mandato, de alejar a sus aliados tradicionales, y de crear un sentimiento de inseguridad en los países de la región. Trump y sus secretarios de Estado y Defensa se enfrentan a una acusación como criminales de guerra, no solo de palabra, también en la práctica.
Netanyahu, que aparentemente logró mejorar su posición política entre la opinión pública israelí, es más odiado que nunca entre la opinión pública de los países de la región y del mundo. Su Gobierno ha fracasado ante el pueblo israelí en su promesa ilusoria de destruir la República Islámica y dar forma a un nuevo Oriente Medio. Además, la guerra tiene un enorme coste financiero para Israel, y su Gobierno extremista también deberá rendir cuentas por ello.
Aunque la República Islámica vende su firmeza y preservación a pesar de los ataques de las dos grandes potencias militares –una a nivel global y otra regional– como una victoria, refleja el deterioro de la vida de un sistema que solo piensa en su supervivencia. El régimen perderá su cohesión, temporal e inevitable durante la guerra, cuando esta acabe, y como resultado de su colapso interno por la lucha de las diferentes facciones dentro del poder. Los golpes causados por la guerra se revelarán después de la misma. Y será el momento en que la sociedad, hirviente y herida, preguntará al régimen, por qué el país cayo en el abismo de la guerra y ¿quienes son los culpables? A pesar de los planes diabólicos de Trump, Estados Unidos y el Gobierno Israelí, se preguntarán ¿era inevitable la exposición de Irán a la guerra? Las últimas declaraciones de varios concejos de los estudiantes en muchas universidades del país, incluso, antes del anuncio del alto el fuego se dirigían todas en este sentido.
Sin embargo, una parte de la oposición al régimen perdió su reputación, liderado por el señor Pahlavi, que fingía ser el salvador del país y animaba a los invasores.
Debemos alegrarnos del anuncio del alto el fuego, también debemos estar atentos a la fragilidad de la tregua, y luchar por preparar una paz duradera promoviendo sus condiciones. Esto también depende de los desarrollos políticos fundamentales en ambos bandos de esta guerra, que se desató en la primavera de 2024, luego la guerra de los doce días en el verano de 2025, y que al comienzo del año nuevo persa llevó al país a una guerra sangrienta.
Vincular el inicio de la guerra y su continuación a la vida del sistema no es un enfoque responsable, ni la tregua supone el fin o la duración del sistema. La guerra es el mal absoluto, destructiva y mortal. Ahora es el momento de compensar la no celebración de la fiesta del año nuevo persa dando la bienvenida a la verdadera primavera del país. El pueblo iraní, apoyándose en sus movimientos sociales, asediará a este régimen. El sistema en bancarrota se verá destrozado como resultado del colapso económico interno y del golpe simultáneo de la sociedad.
El pueblo seguirá luchando contra el régimen para acabar con él, pero en otras condiciones. Es un hecho que, incluso antes de la tregua, la República Islámica había lanzado una campaña de represión en el transcurso de las protestas del mes de diciembre y enero, persiguiendo a los críticos con el régimen y ejecutando a los detenidos. En este sentido, debe librarse una lucha coherente y colectiva. Pero con una mirada más profunda a la confrontación entre la sociedad y el régimen se puede ver su colapso en el horizonte.
Un horizonte que se abrirá con una lucha en nivel nacional e integral.
Behzad Karimi
Miembro fundador del Partido de Izquierda de Irán.
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha decidido adelantar las elecciones regionales al 17 de mayo de este año. Según la oposición, este adelanto corresponde a la voluntad de Moreno Bonilla de eludir durante las elecciones el «caso Mascarillas» de Almería, por: prevaricación, fraude en la contratación pública, tráfico de influencias, cohecho, malversación, organización criminal y blanqueo de capitales; juicio que está fijado entre el 28 de mayo y el 26 de junio.
¡El blance de la legislatura del PP se traduce en una política dramática para la población!
Sanidad: Se calcula que más de 4.700 millones de euros han ido a manos de la sanidad privada, lo que representa la mitad del aumento de presupuesto del que presume la Junta. Hay 1.000.000 de personas en listas de espera.
Según las Mareas Blancas de Andalucía, este proceso continuado de destrucción programada ha llevado a que, en el presente año, por primera vez, Andalucía muestre los peores indicadores sanitarios de todas las CC.AA., como recoge el informe anual de la FADSP. Hemos visto consecuencias terribles con el caso de los cribados de cáncer de mama (…); se ha aumentado la proporción de fondos públicos derivados a conciertos privados en un 70% y se han eliminado mecanismos de control de gasto como la subasta de medicamentos. Esto se traduce en dinero público destinado a aumentar el capital privado.
Ley de Dependencia: A fecha de abril de 2026, Andalucía registra más de 54.000 personas en lista de espera de dependencia, consolidándose como la segunda comunidad con mayor demora en España. Los tiempos de espera superan los 470-500 días, con el resultado de que miles de demandantes de plazas en residencias u otros servicios de dependencia fallecen antes de recibir la resolución de su prestación o del Programa Individual de Atención (PIA).
Universidad: La proliferación de universidades privadas en Andalucía ha generado un intenso debate y el rechazo en las universidades públicas de los sindicatos del profesorado y de estudiantes, que denuncian una estrategia de «privatización» y «mercantilización» del sistema educativo superior por parte del Gobierno andaluz. Se han autorizado numerosas titulaciones en centros privados que ya se imparten en la pública, mientras se aprueba una nueva legislación que, según los rectores, limita la autonomía universitaria.
La aprobación de la nueva Ley Universitaria para Andalucía (LUPA), por parte del PP, ha sido criticada por la comunidad universitaria al considerarse que facilita la privatización y limita la autonomía de las instituciones públicas.
Vivienda: Andalucía está en una situación no solo crítica, sino también dramática para un gran número de trabajadores y sus familias, incapaces de financiar una hipoteca o un alquiler. Sin embargo, mientras el conjunto de España registró un retroceso significativo, Andalucía volvió a situarse como la comunidad con más pisos vacacionales. Según CCOO, en Andalucía hay 641.437 viviendas vacías que representan el 13,7% del total.
Podría seguir con muchos más temas, datos y consecuencias de las políticas del PP en Andalucía, pero lo importante es subrayar las enormes movilizaciones en defensa de la Sanidad Pública, por el derecho a la vivienda, por las pensiones públicas, etc. Varias plataformas llaman a la «Máxima Unidad de la Izquierda de cara a las elecciones del 17 de mayo», cosa que se ha conseguido parcialmente con la presentación de Por Andalucía, que incluye a Izquierda Unida (IU), Movimiento Sumar, Podemos, Alianza Verde, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana y Partido Verde Andaluz. Quedan fuera tanto Adelante Andalucía como, por supuesto, el PSOE-A.
Necesitamos la unidad de todas las organizaciones de la izquierda, pero en base a un programa en torno a las reivindicaciones, con propuestas y compromisos claros para resolver los problemas de la mayoría de las andaluzas y andaluces.
Es evidente que, sin un verdadero frente de izquierdas, incluyendo a todas las formaciones de izquierdas y democráticas sobre la base de un programa claramente en ruptura con las políticas destructivas de las derechas, no lograremos terminar con la mayoría del PP, que, además, cuenta con el apoyo del rancio fascismo de VOX.
Antonio Herranz
Militante socialista en Andalucía, en defensa de lo Público
Andalucía se aproxima a una encrucijada histórica. El 17 de mayo las urnas no solo decidirán la composición del Parlamento en San Telmo; pondrán a prueba la capacidad de supervivencia y rearticulación del bloque progresista frente a un modelo, el de Juanma Moreno, que ha logrado colonizar el centro político con una estrategia de “gestión amable en las formas” y marketing institucional para aplicar las políticas neoliberales más duras.
Detrás de una imagen amable, casi de “osito de peluche desgastado”, el PP ha ejecutado un modelo político reconocible: el progresivo debilitamiento de lo público: Sanidad, educación, servicios esenciales…piezas clave de un sistema que durante décadas representó un ideal de equidad social, donde el acceso universal a derechos básicos no son una opción, sino derechos irrenunciables, hoy parecen estar resquebrajándose.
No es una percepción aislada. Es la constatación de una lógica: cuando lo público se debilita, lo privado se fortalece. Y con ello, se consolida una idea peligrosa: si tienes recursos, te curas; si no, te resignas. Si tienes dinero estudias y si no eres explotado por quien si pudo estudiar.
La sanidad Andaluza es hoy uno de los ejemplos más evidentes. No se trata solo de edificios o infraestructuras. Se trata de profesionales que no son contratados, de médicos que emigran o se ven empujados al sector privado, de recursos públicos infrautilizados mientras se derivan pacientes a clínicas privadas para pruebas básicas. Todo ello configura un modelo que alimenta el negocio privado, erosionando lo que es de todas y todos.
Lo mismo ocurre con otros servicios privados que trabajan para Hospitales, instituciones públicas o colegios, etc. como: limpieza, seguridad, logística… externalizados, precarizados, ajustados a licitaciones que no cubren las necesidades reales y básicas. El resultado es un deterioro silencioso pero constante.
Para la izquierda, el escenario es complejo, pero no irreversible. El éxito dependerá de superar dos grandes lastres: la fragmentación orgánica y la desconexión emocional con su base.
El mapa de la izquierda: entre la unidad y el arraigo.
El tablero a la izquierda del PSOE presenta una bicefalia que ya conocemos, pero con matices renovados. Por un lado, la coalición “Por Andalucía” ha logrado una integración in extremis con Podemos, bajo el liderazgo de Antonio Maíllo. El regreso del coordinador federal de IU a la arena andaluza busca insuflar veteranía y rigor intelectual a un espacio castigado por las cuitas internas.
Por otro, Adelante Andalucía, se mantiene firme en su tesis de “obediencia andaluza”. Esta fragmentación no es baladí: en las provincias pequeñas, la Ley D´Hondt no perdona. Si el voto progresista se dispersa en tres o cuatro papeletas, el bloque progresista corre el riesgo de convertir miles de votos en escaños fantasma que terminen reforzando al bloque de derechas.
Por eso, más allá de siglas o corrientes —izquierda moderada, transformadora o más clásica—, la clave está en la unidad. En entender que solo a través de la participación colectiva se puede frenar este proceso de desmantelamiento.
El PSOE-A: El gigante que debe despertar
El socialismo andaluz, bajo la candidatura de María Jesús Montero, afronta su reto más difícil: recuperar el “voto prestado”. Los barómetros indican que un sector del electorado moderado, antaño fue el puño y la rosa, hoy se siente cómodo en la Andalucía de postal de Moreno Bonilla. Pero esa postal tiene reverso, como ya hemos explicado antes, y es ahí donde el PSOE debe reintroducir su discurso en defensa de lo público.
Necesitamos liderazgo, sí, pero también honestidad, trabajo, conocimiento de la tierra y empatía real. Más allá de promesas, más allá de discursos.
No es momento de lamentos. El PSOE-A necesita recordar que su ADN es el motor de la transformación de esta tierra. La verdadera política no se hace en los platós, sino en las Casas del Pueblo, en los mercados y en la movilización social que se expresa en las calles, explicando que el 17 de mayo quedarse en casa es, de facto, contribuir a otros cuatro años de recortes y destrucción de lo que es de todas y todos.
A quienes están decepcionados, a quienes piensan que “todos los políticos son iguales”, conviene recordarles que no lo son. No es lo mismo quién gobierna cuando hablamos de derechos, de condiciones laborales, de servicios públicos. No lo es, especialmente para quienes viven de su trabajo, para quienes sostienen el día a día de esta tierra.
Nuestros mayores lo sabían. Aquellos tiempos de alpargatas que duraban un mes, se rompían al siguiente y había que esperar otro para reemplazarlas no son solo una anécdota: son memoria. Y la memoria debe servirnos para no continuar retrocediendo.
Claves para una movilización real
Si la izquierda quiere evitar una mayoría absoluta del PP o asistir a la entrada de VOX en la ecuación de gobierno, debe pivotar sobre tres ejes:
1. Defensa de la Sanidad, la Educación, las Pensiones y la Dependencia, como señas de identidad: Convertir cada lista de espera y cada falta de especialistas en una razón de voto. No es gestión, es ideología.
2. Unidad de Acción: Superar el ruido de las siglas. Aunque en las mesas haya tres papeletas (PSOE, Por Andalucía y Adelante), el objetivo debe ser común: sumar para gobernar.
3. Vencer al fatalismo: Las encuestas no votan. El día 17 de mayo es la oportunidad de demostrar que Andalucía no se resigna a ser un monocultivo de la derecha.
La campaña que comienza el 30 de abril será el termómetro definitivo. La izquierda andaluza tiene poco tiempo para convencer a los suyos de que la esperanza es más movilizadora que el miedo. Andalucía necesita un gobierno progresista que piense en los jóvenes; es la hora de que el bloque progresista demuestre que todavía sabe hablarlos al oído y ganar su confianza.
El 17 de mayo, Andalucía decide si quiere seguir siendo una foto fija o volver a ser el motor de cambio de este país.
La Federación Nacional de Sindicatos de Obreros y Empleados del Líbano condena la espantosa masacre perpetrada ayer por el enemigo sionista contra nuestro pueblo en Beirut y en todas las regiones del Líbano, que ha convertido este día sangriento en un día negro, cobrándose la vida de mártires inocentes entre los trabajadores y ciudadanos en sus lugares de trabajo, los conductores en las carreteras, los niños, las mujeres y las personas mayores en sus hogares, dejando cientos de heridos y causando daños considerables en los barrios residenciales.
Nosotros, desde la FENASOL, expresamos nuestro más sincero pésame a las familias de los mártires, nos inclinamos en homenaje a sus sacrificios y deseamos una pronta recuperación a los heridos, así como seguridad para nuestras familias y nuestros trabajadores en todo el Líbano, afirmando que este crimen no quebrantará la voluntad y la resistencia de nuestro pueblo. Esta agresión bárbara y brutal solo puede calificarse de crimen de guerra, reflejo de la criminalidad organizada y de la sed de sangre, en la que se han utilizado miles de toneladas de armas letales, con el apoyo y el armamento estadounidenses, y bajo la cobertura política directa de la administración estadounidense, lo que constituye una complicidad total en estos crímenes cometidos contra nuestro pueblo.
La FENASOL considera a la entidad sionista plenamente responsable de la masacre, en colaboración con la administración estadounidense en la prosecución de esta agresión.
Ante estos crímenes contra la humanidad, la FENASOL hace un llamamiento a los Estados árabes y a la comunidad internacional para que asuman sus responsabilidades morales, humanitarias y jurídicas.
Asimismo, hace un llamamiento a las organizaciones internacionales y humanitarias, en primer lugar a las Naciones Unidas y a las organizaciones de defensa de los derechos humanos, para que califiquen esta masacre de crimen de guerra y la condenen de manera clara y explícita.
Pedimos asimismo a la Organización Internacional del Trabajo, al movimiento sindical mundial y a las organizaciones de trabajadores que declaren su solidaridad con los trabajadores y el pueblo libanés, y que actúen para poner fin de inmediato a la agresión.
Hacemos asimismo un llamamiento a imponer un boicot total a la entidad sionista, a romper toda relación con ella y a anular todos los acuerdos firmados con ella.
La FENASOL exige asimismo que los responsables de estos crímenes sean perseguidos y llevados ante los tribunales internacionales competentes, para que respondan por sus crímenes contra la humanidad.
La FENASOL, al tiempo que reafirma su compromiso con el derecho de nuestro pueblo a la vida, la dignidad y la seguridad, subraya que la sangre de los mártires seguirá siendo una mancha de infamia en la frente de todos aquellos que se han aliado contra nuestro pueblo, que aspira a la libertad, la independencia y el progreso.
Beirut, 9 de abril de 2026 Buró Ejecutivo
Desde ASTRADE hemos enviado nuestro apoyo a los compañero de FENASOL.
El Comité de “Ugetistas por Palestina”, fiel a los valores fundamentales de la UGT -la solidaridad entre pueblos y personas trabajadoras, la defensa de la dignidad humana, la justicia social, la democracia y los derechos de las personas trabajadoras-, y tal y como hemos estado haciendo de forma sostenida ante el genocidio en Gaza y la ocupación de Palestina, considera que el movimiento sindical tiene el deber de alzar la voz ante cualquier conflicto que ponga en riesgo la vida de la población civil y agrave la desigualdad, la precariedad, la inseguridad y el estado de vulnerabilidad de las personas.
Está claro que mientras esta administración estadounidense siga en esta dinámica belicista, no hay país ni pueblo a salvo de diferentes represalias, desde la imposición de aranceles hasta los bombardeos. La paz no puede entenderse como una pausa táctica, sino como un compromiso firme con la diplomacia, el respeto al derecho internacional y la seguridad de las poblaciones civiles.
Denunciamos con rotundidad la ofensiva militar de Estados Unidos y de Israel contra Irán, en tanto que vulnera los principios básicos del derecho internacional y la prohibición del uso de la fuerza. Rechazamos cualquier acción que atente contra la soberanía de los pueblos y ponga en peligro a la población civil.
Expresamos nuestra plena solidaridad con las poblaciones afectadas y denunciamos tanto la represión interna como las injerencias militares externas. Las personas trabajadoras y sus familias son siempre las primeras víctimas de la guerra. La situación en Irán, marcada por la falta de derechos democráticos, las sanciones y la crisis económica, son un ejemplo claro, aunque esto no justifica una agresión ilegal, ni el asesinato de civiles. La escalada militar sólo profundizará en este sufrimiento. Advertimos también que la escalada de agresiones ilegales se complementa con el avance militar de Israel en el Líbano, país que está sufriendo los efectos devastadores de la guerra sobre la población civil en manos del estado sionista de Israel que declaró su intención de proceder con los mismos métodos genocidas que en Gaza.
Exigimos un alto el fuego inmediato, una efectiva reducción de las hostilidades y la recuperación de la vía diplomática, con la participación activa de la sociedad civil. Las soluciones impuestas por la fuerza sólo cronifican los conflictos, evitando que la actual escalada se extienda y se consolide en otros escenarios como el Líbano.
Reclamamos el cumplimiento riguroso del derecho internacional y del derecho internacional humanitario, así como el refuerzo de los espacios multilaterales, especialmente el papel de Naciones Unidas, como marco legitimo para la resolución de conflictos. Ya son demasiadas veces que este organismo permanece mudo o mirando hacia otro lado ante conflictos ilegales, lo que pone en cuestión su papel actual y futuro.
Instamos a la comunidad internacional, y en particular a la Unión Europea, a no avalar ni tolerar actuaciones que puedan constituir crímenes internacionales. En este sentido, y tal y como han pedido los gobiernos catalán y español, instamos una vez más a que la UE rompa el acuerdo de asociación con Israel, lo que tiene la obligación de hacer según el artículo 21 del Tratado de la Unión Europea.
Pedimos al Gobierno que adopte medidas concretas para evitar cualquier contribución a la guerra, incluyendo la suspensión del comercio de armas con Israel, así como el refuerzo de políticas de acogida para las personas afectadas por el conflicto.
Instamos al Gobierno de Cataluña a reforzar su compromiso con la paz en los ámbitos internacionales donde participa y desplegar acciones alineadas con los acuerdos del Parlamento de Cataluña del 24 de julio de 2025 sobre Palestina, orientadas a la defensa de los derechos humanos, la legalidad internacional y la no colaboración con prácticas que la vulneren.
Hacemos un llamamiento a la sociedad civil, a los medios de comunicación, a los sindicatos y personas trabajadoras a implicarse activamente en la defensa de la paz, la justicia global y los derechos humanos, promoviendo una mirada crítica y comprometida ante los conflictos.
Nos solidarizamos igualmente con los sindicatos de Irán y de los países de Oriente Medio que, a pesar de las dificultades, siguen siendo un bastión en la defensa de los derechos de la clase trabajadora y de las libertades. Afirmamos nuestra solidaridad incondicional con la Federación Nacional de Sindicatos Obreros y Empleados del Líbano, y denunciamos la masacre cometida estos días sobre población civil.
Cataluña, país de larga tradición en el trabajo por la paz y la defensa de la justicia global, puede y debe posicionarse en la escena internacional como un actor de paz y no de guerra, impulsando soluciones negociadas y el respeto al derecho internacional.
El movimiento sindical reafirma su compromiso con la paz, los derechos humanos, la democracia y el trabajo digno como bases imprescindibles para una seguridad y prosperidad duraderas. Por eso decimos hoy más que nunca NO A LA GUERRA. Del mismo modo, el sindicato defiende que se mantengan las políticas económicas que protegen a la clase trabajadora ante las consecuencias de la inestabilidad geopolítica, incluyendo medidas para contener los precios de la energía y reforzar los sistemas de protección social.
«Mientras la guerra en Ucrania se prolonga desde hace más de cuatro años, con su cortejo de millones de muertos y heridos; mientras se desarrollan guerras sangrientas en África; mientras el genocidio continúa en Palestina desde hace casi tres años; mientras Estados Unidos e Israel bombardean sin tregua Irán y el Líbano, mientras las tropas francesas están desplegadas en Oriente Medio, Macron acaba de anunciar 8.500 millones adicionales para financiar armamento a costa de los presupuestos de educación, salud, servicios públicos y, en particular, de la juventud.
Macron quiere la guerra, nosotros, los jóvenes, le respondemos: ¡no vamos a ir! Tras haber instaurado un servicio militar nacional; tras haber multiplicado las clases de defensa por todo el territorio; tras haber multiplicado las ofertas de empleo en el Ejército para los jóvenes en situación precaria. El 18 de marzo, Macron, durante su discurso de presentación del nuevo portaaviones, declaró que se apoyaría en las formaciones de los institutos profesionales y generales, las universidades, las escuelas de ingeniería, así como en los sectores de la investigación y la industria, con el fin de movilizar a toda la juventud, desde la secundaria hasta el doctorado, para su proyecto belicista. Desde que está en el poder, Macron no ha dejado de destruir nuestras condiciones de vida y de estudio.
Nosotros, estudiantes de secundaria, universitarios y jóvenes trabajadores, respondemos: ¡No al servicio militar! ¡Macron, no queremos tu guerra!
AHORA QUIERE ENVIARNOS A LA GUERRA. ¡NO VAMOS A IR!
Una vez más, el mundo contempla imágenes que creíamos desterradas del siglo XXI: ciudades bombardeadas, hospitales alcanzados por misiles, escuelas destruidas y poblaciones civiles atrapadas entre drones y artillería. Tras la devastación de Gaza, los bombardeos contra Irán y Líbano confirman que Oriente Medio vuelve a convertirse en el epicentro de una escalada militar con consecuencias imprevisibles.
La explicación oficial que ofrecen los gobiernos implicados suele ser siempre la misma: seguridad, estabilidad, defensa preventiva. Sin embargo, basta observar con atención el contexto geopolítico para comprender que estos acontecimientos forman parte de algo más profundo: una lucha por el control del orden mundial en un momento de gran inestabilidad internacional.
En este escenario, las palabras del presidente estadounidense Donald Trump resultan especialmente reveladoras. En un mensaje público reciente afirmó: “Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo ganamos mucho dinero.” Y añadió que su prioridad es impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear.
Detrás de esa cínica declaración se esconde una verdad incómoda: el petróleo continúa siendo uno de los ejes centrales de la política internacional. Oriente Medio es una de las zonas del planeta donde se concentran algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Controlar su estabilidad —o su inestabilidad— significa influir en el mercado energético global, y ese es el objetivo para la estrategia MAGA de Trump (Make America Great Again).
Los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante la presidencia de Trump, respondían precisamente a ese objetivo: integrar a diversos países árabes en un nuevo equilibrio regional basado en el reconocimiento del Estado israelí y en la contención de Irán. Sin embargo, esa reorganización regional choca con un obstáculo que sigue sin resolverse: la cuestión palestina, convertida en genocidio del pueblo palestino. Mientras ese conflicto permanezca abierto, cualquier intento de construir una “normalización” estable en Oriente Medio seguirá siendo frágil.
Pero el tablero no termina en la región. Lo que está en juego es también la rivalidad creciente entre las grandes potencias. China es uno de los principales compradores de petróleo iraní y venezolano, lo que introduce una dimensión económica directa en los conflictos actuales. La presión militar, las sanciones y las crisis regionales se entrelazan con una competencia global por recursos energéticos, mercados y rutas comerciales. Un día Trump sube aranceles. Al siguiente, Trump rebaja las sanciones al petróleo ruso. Las bolsas y la economía mundial se tambalean a ritmo de declaración trumpista.
A esta situación se añade un riesgo que ya está teniendo consecuencias inmediatas para la economía mundial: el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. Por ese paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier interrupción del tráfico en esa zona tiene efectos inmediatos sobre el comercio internacional, que además los especuladores del mundo entero aprovechan para aumentar su margen de beneficio.
Las consecuencias ya se notan en la vida cotidiana de millones de personas. El encarecimiento del petróleo provoca un aumento generalizado de los costes de transporte, producción y energía. Esto se traduce inevitablemente en una subida del precio de bienes y servicios que golpea con especial dureza a la clase trabajadora, tanto en Estados Unidos como en Europa y en el resto del mundo.
Europa, por su parte, se encuentra atrapada en esta dinámica. La guerra en Ucrania ha obligado a los países europeos a aumentar rápidamente su gasto militar y a reforzar su dependencia estratégica de la OTAN. El resultado es una aceleración general de la militarización internacional.
Oriente Medio no es el único foco de tensión. En distintos continentes se multiplican conflictos armados y crisis regionales: desde la guerra entre Rusia y Ucrania hasta los conflictos en Sudán, Yemen o la República Democrática del Congo. No estamos ante una guerra mundial en el sentido clásico del siglo XX, pero sí ante un escenario de confrontación permanente y fragmentado.
La consecuencia es un sistema internacional cada vez más inestable. Las intervenciones militares de las últimas décadas en Irak, Afganistán o Libia no han producido estabilidad, sino Estados debilitados, territorios fragmentados y sociedades profundamente heridas, pero eso al capitalismo le da igual. La destrucción de muchos hace ganar dinero a unos pocos.
Quienes aseguran que las nuevas operaciones militares pretenden reforzar el orden mundial olvidan una evidencia cada vez más visible: el uso sistemático de la fuerza no está produciendo estabilidad, sino exactamente lo contrario. En lugar de un orden internacional sólido, el mundo parece avanzar hacia una era de tensiones permanentes, conflictos regionales y una carrera armamentística cada vez más intensa.
En ese contexto, el mensaje que subyace tras muchas decisiones políticas resulta inquietante: cuando la economía global entra en crisis y la competencia entre potencias se intensifica, la guerra deja de ser una excepción y vuelve a convertirse en una herramienta habitual de la política internacional.
Por eso, frente a la lógica del rearme y de la confrontación permanente, resulta más necesario que nunca abrir un camino diferente. Frenar la escalada militar, detener las guerras en curso y reconstruir mecanismos internacionales de cooperación y diálogo no es solo una aspiración moral: es una condición imprescindible para garantizar la estabilidad económica, la seguridad colectiva y la posibilidad de construir un mundo en paz.
El capitalismo necesita la guerra. Los pueblos necesitan la paz.
La violencia es consustancial al capitalismo y sus contradicciones generan guerras imperialistas (RAE: Tendencia de un Estado a extender su dominio sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política.), para aumentar su poder y su riqueza, perpetuarse y evitar su hundimiento que actualmente se ve acelerado, pero jamás ponen muertos, los muertos los ponen siempre, los trabajadores.
Hay una verdad incómoda que atraviesa la historia contemporánea como una herida abierta: las guerras no las deciden los pueblos, sino los poderosos, pero quienes pagan el precio son siempre los mismos: trabajadores, familias humildes, jóvenes sin futuro, otras razas por el mero hecho de serlo, civiles atrapados entre fronteras que no eligieron. Ese es el sentido profundo del grito que desgarra y que vuelve una y otra vez en las calles del mundo. Hay un patrón que atraviesa siglos, fronteras y sistemas políticos: las guerras las deciden los poderosos; Los capitalistas, los gobiernos, los bloques militares, las farmaindustrias, las industrias armamentísticas, de alta tecnología, las multinacionales de la energía…quienes caen bajo las bombas, huyen con sus hijos en brazos, entierran a sus muertos en silencio, son siempre los mismos: obreros, campesinos, trabajadores.
Desde las guerras mundiales hasta los conflictos actuales, la lógica se repite Las élites económicas y políticas compiten por territorios y recursos. Los complejos industriales —especialmente el militar y la especulación bursátil— se enriquecen con cada bomba lanzada. Los agresores justifican sus decisiones en nombre de la seguridad, la patria o la libertad. Hacen las guerras para imponer su “libertad” a los países victimarios.
Antes de las guerras actuales y tras dos guerras mundiales, hubo otras guerras con las mismas falsas motivaciones: Vietnam, Corea, Guerra del Golfo 1ª 1990 a 1991 2ª 2003 a 2011), Afganistán, Irak, entre otras.
Y hoy, en pleno siglo XXI, el patrón se ha vuelto más evidente y más cruel, como se ha visto en el genocidio de Israel en Gaza.
Palestina y Oriente Medio: una crisis humanitaria que no deja de crecer.
En los últimos años, organizaciones como Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han denunciado repetidamente que las operaciones militares en Gaza y Cisjordania han provocado un número devastador de víctimas civiles, desplazamientos masivos y destrucción de infraestructuras esenciales. Las acusaciones internacionales sobre violaciones de derechos humanos han sido constantes, y muchos analistas señalan que las decisiones de líderes políticos han contribuido directamente a la escalada del conflicto y al sufrimiento de la población palestina.
Mientras tanto, los niños palestinos siguen muriendo bajo los bombardeos, las familias pierden sus hogares y la comunidad internacional se limita a declaraciones tibias que no detienen la tragedia, cuando no amparan y protegen a los genocidas; recientemente el genocida Netanyahu, con una orden internacional de detención, ha estado en Alemania de forma oficial y nada le ha ocurrido, para vergüenza de los alemanes que siguen arrastrando su mala conciencia histórica.
Estados Unidos y su papel en la región.
Estados Unidos, con menos de doscientos cincuenta años de historia, es el país más genocida que nunca ha existido, y hoy, junto con Israel. Son los dos países más peligrosos para la seguridad del mundo y provocadores de la crisis humanitaria que padecemos.
Distintos gobiernos estadounidenses, incluyendo el de Donald Trump, según numerosos análisis y reportes periodísticos, han tomado decisiones que han intensificado tensiones en Oriente Medio. Entre ellas, destacan:
El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, criticado por la ONU y por gran parte de la comunidad internacional.
El aumento del apoyo militar a Israel, indispensables para el exterminio gazatí.
La retirada del acuerdo nuclear con Irán, que reavivó un clima de confrontación y justificó las sanciones que afectaron directamente a la población iraní.
Estas decisiones, según múltiples expertos, contribuyeron a un escenario más inestable y más propenso al conflicto. Y, como siempre, los que sufren no son los que firman los decretos, sino los que viven bajo ellos.
Irán: entre sanciones, amenazas y miedo.
Irán vive desde hace décadas bajo un régimen teocrático brutal y una presión internacional que golpea sobre todo a la población civil, especialmente a las mujeres, que han estado y siguen estando en la vanguardia de la lucha y la resistencia contra el régimen de los curas barbudos. Pero que su régimen sea un sistema misógino y vulnerador de derechos, no puede justificar nunca ataques contra la soberanía iraní, y lo de atacar para dar al País la libertad, es una patraña, porque el verdadero fin es apropiarse del petróleo iraní, como han hecho con Venezuela. Las sanciones económicas, decididas por gobiernos y organismos internacionales. no afectan a los dirigentes, sino a la gente común: familias que no pueden acceder a medicinas, jóvenes sin oportunidades, trabajadores empobrecidos, atraso cultural y muchas situaciones de abusos y pobreza.
A esto se suman ataques, represalias y tensiones militares que mantienen a la región en un estado permanente de incertidumbre. Una vez más, las decisiones de unos pocos se traducen en sufrimiento para millones de trabajadores y gente del común.
Ucrania: otra guerra que no eligieron los pueblos.
La invasión de Ucrania abrió una herida más en el mapa del mundo, por causas geopolíticas, estratégicas, económicas… pero las consecuencias, como siempre, son humanas: miles de civiles muertos, millones de desplazados, ciudades arrasadas, jóvenes fusilados o encarcelados por oponerse a la leva obligatoria, mientras los gobiernos discuten, negocian o se acusan mutuamente, los jóvenes ucranianos y rusos mueren a millares en los frentes, y las familias quedan destrozadas a ambos lados de la frontera.
El capitalismo de guerra: un negocio que nunca pierde.
Hay un elemento que atraviesa todos estos conflictos: la guerra es un negocio para quienes la deciden, pero no la sufren.
Las industrias armamentísticas baten récords de beneficios, los gobiernos aumentan presupuestos militares mientras recortan en servicios públicos, las potencias compiten por gas, petróleo, rutas comerciales o influencia regional. Y los grandes medios de comunicación, alineados con el sistema capitalista, moldean la opinión pública para justificar lo injustificable, a base de fakenews, mentiras y bulos de todo tipo.
Una crisis humanitaria global.
Lo que vemos hoy no son conflictos aislados, sino una crisis humanitaria global alimentada por decisiones políticas, intereses económicos y rivalidades internacionales. Desde Gaza hasta Ucrania, desde Yemen hasta Irán, y en todas las guerras africanas, millones de personas viven bajo bombas, sanciones, ocupaciones o invasiones, siendo empujadas a la emigración. Y lo más doloroso es que la mayoría de estas personas no tienen ninguna responsabilidad en las decisiones que las condenan. Porque mientras los poderosos juegan a la geopolítica, la historia se repite y da vueltas como en un carrusel de muerte.
Hasta que no se rompa ese patrón, mientras que los pueblos no puedan decidir sobre su propio destino y la vida valga menos que los intereses económicos, este grito seguirá siendo necesario, real y vigente: NO A LA GUERRA.
Miguel Sagüés Navarro
Fue abogado laboralista de CCOO
Miembro de la Junta Directiva de ASTRADE
Datos anexos
Todas las fuentes se han obtenido de Wikipedia y de IA Copilot)
ASESINADOS EN PALESTINA
1.- Palestina / Gaza desde octubre de 2023.
No existe una cifra única y definitiva, pero sí órdenes de magnitud bastante claros, muertos totales y perfiles básicos.
Muertos totales en Gaza: Distintas fuentes (Ministerio de Salud de Gaza, ONU, proyectos independientes) sitúan las muertes directas oficialmente registradas en torno a 70.000–75.000 personas desde el 7 de octubre de 2023, sin contar miles de desaparecidos bajo escombros, sobre lo que se calcula que pueden triplicar la cifra de muertos que se baraja.
Niños y niñas: En torno a 20.000 menores muertos (aprox. un tercio del total).
Mujeres: En torno a 12.000–13.000 mujeres muertas.
Son proporciones brutales: mujeres y menores suman, como mínimo, cerca de la mitad de las víctimas, pero la razón de la propia realidad se impone, asesinando mujeres, evitan nacimientos de nuevos futuros combatientes “terroristas”, asesinando niñas, evitan futuras paridoras de combatientes, asesinando niños, no llegarán a combatientes.
Personal sanitario y periodistas
Personal médico y sanitario: Registros combinados de ONU y proyectos de datos hablan de alrededor de 1.700 profesionales sanitarios asesinados.
Defensa civil / rescatistas: Al menos 140 miembros de defensa civil muertos.
Periodistas y trabajadores de prensa:
En Gaza, las cifras de autoridades palestinas y organizaciones de prensa hablan de más de 200 periodistas y trabajadores de medios muertos.
El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) documenta al menos 210 periodistas palestinos en Gaza y, en total regional (Gaza, Yemen, Líbano, Irán, Israel), más de 250 periodistas y trabajadores de medios muertos desde el inicio de la guerra.
Todo esto son cifras de muertos directos; estudios recientes estiman que, sumando muertes indirectas (hambre, colapso sanitario, agua, etc.), el coste real de vidas podría ser aún mucho mayor.
2.- Ucrania: muertos ucranianos y rusos, civiles y militares.
Aquí la opacidad es enorme: Rusia oculta datos, Ucrania da cifras parciales, y las estimaciones independientes varían mucho.
Civiles
Ucrania: La ONU y análisis como el del Council on Foreign Relations hablan de alrededor de 56.000 víctimas civiles (muertos + heridos) desde 2022; los muertos civiles confirmados son varios miles, pero se considera que están infra contabilizados.
No hay un desglose fiable por sexo y edad comparable al de Gaza, aunque se sabe que hay muchos ancianos y también niños entre las víctimas.
Militares (ucranianos y rusos)
Las estimaciones totales (muertos + heridos) para ambos bandos, desde 2022, se mueven en el rango de cientos de miles:
Estimaciones globales de bajas (muertos + heridos): Algunas fuentes hablan de entre 400.000 y 1,5 millones de bajas militares combinadas (Rusia + Ucrania) desde 2022, dependiendo de la metodología.
3.- DESERTORES (Fuente: Diario Socialista)
Ucrania
Atraviesa una profunda crisis de deserciones en su ejército, con cifras récord que revelan el agotamiento de las tropas tras casi cuatro años de guerra a gran escala contra Rusia. Según datos de la Fiscalía ucraniana, desde febrero de 2022 se han registrado cerca de 235.000 casos de ausencia sin permiso (AWOL) y casi 54.000 deserciones propiamente dichas. Estas cifras han explotado en el último año: entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, se contabilizaron 176.000 AWOL y 25.000 deserciones.
El fenómeno se acelera en un contexto de pérdidas territoriales constantes. En noviembre de 2025, las fuerzas rusas capturaron unos 500 kilómetros cuadrados, principalmente en el este del país, mientras las negociaciones de paz mediadas por Washington vuelven a estancarse. Comandantes como Valentyn Manko admiten que «solo» se movilizan 30.000 hombres al mes, cuando se necesitarían 70.000 para rellenar todas las unidades.
La legislación marcial se aplica con dureza: 24 horas de ausencia se considera deserción y puede conllevar de 5 a 12 años de prisión, y el AWOL hasta 10 años. Sin embargo, muchos prefieren el riesgo de cárcel al frente. Testimonios de desertores describen formaciones que los convierten en «carne de cañón» con pocas probabilidades de supervivencia.
Desde noviembre de 2024, el Gobierno de Volodymyr Zelenskyy decretó una amnistía para desertores primerizos, permitiendo su regreso «sin castigo». Al menos 30.000 jóvenes han vuelto. Esta medida busca mitigar la hemorragia, pero expertos como el teniente general Ihor Romanenko advierten que los números son «demasiado altos», superando incluso los de Rusia en algunos indicadores.
Rusia
Tras el anuncio de Putin de movilización parcial el 21 de septiembre de 2022, comenzó una tercera ola de emigración rusa, con estimaciones de cientos de miles de ciudadanos varones huyendo. En la primera semana después del anuncio, 98.000 rusos huyeron a Kazajistán. Solo el 24 de septiembre, más de 8.500 rusos entraron en Finlandia por tierra, un aumento del 62% con respecto al sábado anterior. Al día siguiente, se informó que «En la frontera con Georgia, las colas de coches rusos se extienden más de 30 kilómetros (19 millas)», mientras que en los puestos de control que limitan con las regiones de Kostanay y Kazajistán Occidental, «las imágenes de coches haciendo cola para salir de Rusia muestran filas que se extienden hasta donde alcanza la vista».
Solo en esta tercera oleada, casi 300.000 ciudadanos rusos habían abandonado Rusia antes del 27 de septiembre y esa cifra se acercaba a los 400.000 para el 4 de octubre.
Una estimación indica que 700.000 rusos han huido de la movilización desde que se anunció. Muchos se dirigieron a Kazajistán, Serbia, Turquía, los Emiratos Árabes Unidos, Georgia y Finlandia.
El 28 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que la movilización había concluido, aunque legalmente aún continúa. Después de eso, algunas personas siguieron emigrando por razones políticas y económicas, mientras que otras decidieron regresar a casa.
Putin firmó un decreto que introduce penas de prisión de hasta 15 años por actos cometidos en tiempos de guerra, incluyendo la rendición voluntaria y la deserción durante la movilización o la guerra.
El actor Artur Smolyaninov huyó de Rusia en octubre de 2022. Fue acusado de «desacreditar» al ejército bajo las leyes de «noticias falsas”, por hacer declaraciones antibélicas después de haber abandonado Rusia.
Destinos
Entre los destinos elegidos por los ciudadanos rusos se encuentra Turquía , con más de 100.000 rusos que buscan residencia, muchos de ellos utilizando Turkish Airlines para volar a Antalya. Georgia y Armenia también recibieron un gran número.
A principios de abril, se estimaba que 100.000 rusos habían huido a Georgia y 50.000 fueron a Armenia. En 2022, 104.000 ciudadanos rusos registraron su estancia en Serbia.
En Latinoamérica, Argentina recibió hasta enero de 2023 a más de 5.000 mujeres rusas embarazadas, quienes eligieron tener a sus hijos allí debido a la facilidad para obtener visa, la obtención automática de la nacionalidad para el recién nacido y la atención médica gratuita. En 2023, 37.700 rusos ingresaron a Argentina y 13.000 durante los primeros tres meses de 2024; de los cuales 3750 obtuvieron la residencia.
4. Ataques de Estados Unidos e Israel en Irán y víctimas civiles.
Ataques puntuales antes de la guerra abierta
Ataque israelí a instalaciones en Isfahán (abril 2024): Las versiones oficiales iraníes dicen que sin víctimas; se habrían destruido o dañado radares y sistemas antiaéreos, pero sin muertos reportados.
En otros ataques anteriores (por ejemplo, contra mandos de la Guardia Revolucionaria en Siria o Irak) sí ha habido muertos, pero suelen ser militares o mandos iraníes, y casi nunca se publica un desglose claro de mujeres y niños.
Guerra abierta EE. UU. / Israel – Irán (2026)
En la escalada más reciente:
Muertos en Irán por ataques de EE.UU. e Israel: Autoridades iraníes hablan de más de 1.300 civiles muertos por los bombardeos; medios como CBS recogen esa cifra, pero no pueden verificarla de forma independiente.
Niños y mujeres: No hay un desglose fiable y sistemático por edad y sexo publicado y verificado internacionalmente.
Periodistas iraníes: CPJ documenta al menos 3 periodistas iraníes muertos en el contexto de esta guerra, uno de ellos en ataques de EE. UU. e Israel.
Al menos 1.001 personas han perdido la vida en los ataques israelíes en Líbano y 2.584 han resultado heridas desde el inicio de la operación militar, según los datos de Ministerio de Salud del país recogidos por diferentes medios.
Según el comunicado, el número de fallecidos incluye a 79 mujeres, 118 niños y 40 trabajadores sanitarios.
GUERRAS Y GOLPES DE ESTADO DE EEUU
Desde 1850, Estados Unidos ha participado en cientos de conflictos. Aunque solo ha declarado la guerra formalmente en 5 ocasiones en toda su historia (3 de ellas desde 1850). El Servicio de Investigación del Congreso de EE.UU. ha documentado más de 469 intervenciones militares entre 1798 y 2022, de las cuales más de la mitad ocurrieron después de 1991.
Guerras y Conflictos Principales
Desde 1850, estas son las guerras más destacadas por su escala y duración:
Guerra de Secesión (1861–1865): Conflicto interno entre la Unión y la Confederación.
Guerra Hispano-estadounidense (1898): Resultó en la adquisición de Puerto Rico, Guam y Filipinas.
Primera Guerra Mundial (1917–1918): Intervención contra las Potencias Centrales.
Segunda Guerra Mundial (1941–1945): Contra el Eje (Japón, Alemania, Italia).
Guerra de Corea (1950–1953): Apoyo a Corea del Sur contra el Norte.
Guerra de Vietnam (1964–1975): Intervención prolongada que terminó en retirada.
Guerra del Golfo (1990–1991): Para liberar a Kuwait tras la invasión iraquí.
Guerra en Afganistán (2001–2021): La más larga de su historia, iniciada tras el 11-S.
Guerra de Irak (2003–2011): Invasión para derrocar a Sadam Husein.
Intervenciones y Cambios de Régimen
Además de las guerras formales, EE. UU. ha realizado operaciones militares directas en numerosos países:
América Latina: Invasiones u ocupaciones en Panamá (1989), Granada (1983), República Dominicana (1916-24, 1965), Haití (1915-34, 1994, 2004), Nicaragua (1912-33) y Cuba (1898-1902, 1961).
Asia y Medio Oriente: Operaciones en Libia (1986, 2011), Somalia (1993, 2007-presente), Siria (2014-presente) y Yemen (2002-presente).
Golpes de Estado y Apoyo a Cambios de Gobierno
EE. UU. ha estado vinculado (directa o indirectamente a través de la CIA) con el derrocamiento de diversos gobiernos, especialmente durante la Guerra Fría:
Año
País
Contexto/Resultado
1893
Hawái
Derrocamiento de la Reina Liliʻuokalani por intereses azucareros.
1953
Irán
Operación Ajax: Derrocamiento de Mossadegh para restaurar al Sah.
1954
Guatemala
Operación PBSUCCESS: Derrocamiento de Jacobo Árbenz.
1964
Brasil
Apoyo al golpe militar contra João Goulart.
1965
Indonesia
Apoyo al ejército en la masacre y golpe contra Sukarno.
1971
Bolivia
Apoyo al golpe de Hugo Banzer contra Juan José Torres.
1973
Chile
Apoyo al golpe de Pinochet contra Salvador Allende (no mencionado explícitamente en el fragmento, pero parte del registro histórico estándar de intervenciones)
El belicismo estadounidense y el llamamiento al rearme de las autoridades europeas, obedientes al mandato trumpista, amenaza con destruir las conquistas sociales nacidas de la victoria de la clase trabajadora en los frentes de batalla y en la Resistencia contra el nazi-fascismo.
Europa, desde el punto de vista geográfico, no es más que una pequeña península del gran continente euroasiático. Esta evidencia influyó decisivamente en la orientación de la defensa francesa en la segunda mitad del siglo pasado, que desarrolló una capacidad de disuasión nuclear independiente de los USA. Por ello la República francesa es hoy el único Estado miembro de la UE capaz de dar credibilidad a las medidas disuasorias, pues frente a Estados con poder nuclear el armamento convencional deja de ser disuasivo.
La creciente e impredecible agresividad de los USA, junto al colapso del régimen internacional de control nuclear, empujará a dotarse del arma nuclear a otros Estados que se sientan amenazados. El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (1968) se debilita, proyectando un futuro sombrío sobre la humanidad.
Las guerras imperialistas
La crisis ucraniana constituye un punto de inflexión en la seguridad europea. El golpe de estado de 2014 en Ucrania, auspiciado por los USA, desembocó en una guerra civil en la región del Donbás. Ocho años más tarde, el presidente Vladimir Putin ordenó la denominada “operación militar especial”, en auxilio de la población rusófona con la esperanza de frenar la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas. Lejos de estabilizar la región, la invasión constituyó una grave vulneración del “derecho internacional” y sirvió como pretexto a los USA para iniciar una guerra proxy contra la Federación de Rusia.
El envío de armas a Ucrania alimenta la guerra de Occidente contra Rusia, que no aceptará una derrota humillante ni ver sus fronteras cercadas por una OTAN amenazante.
El rearme estanca la guerra y provoca numerosas víctimas inocentes en una sanguinaria carnicería, abriendo heridas que serán difíciles de cerrar.
La paz y la seguridad global están amenazadas por los USA, que viola sistemáticamente el derecho internacional. Su creciente agresividad lo prueba: Irak, Libia, Canadá, Dinamarca (UE), Venezuela, Gaza, Cuba, Irán, etc. Asesinatos masivos, con la complicidad del ente sionista, incluidas escuelas infantiles, sin previa provocación, con la finalidad de doblegar la voluntad de resistencia de los pueblos, extendiendo su siniestro manto de terror sobre el planeta.
El móvil de tales crímenes no es otro que su voluntad de apoderarse por la fuerza del control de las fuentes de energía fósiles y de las tierras raras. Su rivalidad con la República Popular China -intentando imponer a cualquier precio su supremacía geoestratégica, tecnológica y de control de los mercados- incrementa el riesgo de una conflagración nuclear.
Similitudes inquietantes
La Historia nos advierte que los horrores del pasado pueden repetirse. El golpe militar contra el gobierno legítimo de la Segunda República española en 1936 -y la posterior guerra civil, con la implicación directa de la Alemania nazi y de la Italia fascista- anticiparon el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que desembocó en el holocausto atómico de Hiroshima y Nagasaki.
La tragedia de dos guerras mundiales, constituye una advertencia severa sobre los riesgos que amenazan, por tercera vez consecutiva en poco más de cien años, al continente europeo.
El anuncio del canciller alemán “queremos hacer de nuestro ejército el ejército convencional más grande de la Unión Europea” tampoco es muy alentador, pues llueve sobre mojado.
¿Quo vadis, Europa? La urgencia de un nuevo rumbo
Pese a su gigantesca capacidad económica, la Unión Europea seguirá siendo un actor vasallo en tanto no asuma plenamente su condición geográfica. La seguridad europea, incluida la de Rusia, es indivisible. La seguridad de uno es la seguridad de todos. Difícilmente podrá construirse una paz duradera en Europa bajo la dependencia estructural del Pentágono.
La Europa que nació sobre las ruinas de la II Guerra Mundial, con la promesa de derribar muros, parece hoy obstinada en construirlos. Al abandonar los principios de solidaridad y derechos humanos en favor de un frenético rearme, la UE corre tras el espejismo de una falsa seguridad armamentista, perdiendo la autoridad moral que una vez la convirtió en un referente global.
Los países miembros de la UE actúan hoy bajo el temor al futuro. Tienden a refugiarse en un nacionalismo que fragmenta la respuesta común ante desafíos globales como la inteligencia artificial, el cambio climático o las crisis migratorias.
La situación actual ya no admite más evasivas diplomáticas ni silencios de conveniencia. Si el proyecto europeo desea sobrevivir a las tormentas del siglo XXI, debe dejar de huir de sus propios fantasmas y regresar a la senda de sus valores fundacionales, degradados por la infamia neoliberal enemiga de los pueblos.
Porque el camino hacia el futuro no consiste en seguir avanzando a ciegas, impulsados por un irresponsable ardor guerrero, sino en tener la valentía de corregir el rumbo antes de que el horizonte termine por desvanecerse entre la niebla de la guerra.
Las bases USA en España
El uso de las bases de Rota y Morón, bajo soberanía española, dependen de un convenio bilateral firmado en plena dictadura franquista con los USA, posteriormente actualizado. Por ello el Gobierno de España, en el pleno ejercicio de la soberanía española, ha decidido que no se utilicen para participar en guerras ilegales.
Tras las delirantes e intolerables amenazas proferidas por el presidente Donald Trump contra España, y la contundente y clara respuesta de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de coalición progresista, es imperativa la denuncia del convenio, que vence en mayo, y la salida inmediata de todos los militares estadounidenses de las bases de Rota y Morón, antes de que sea demasiado tarde.
Para ello, es necesario contar con el apoyo y movilización de todos los demócratas, de todos los progresistas de buena voluntad.
Manuel Ruiz Robles
Capitán de Navío de la Armada (retirado),
miembro del colectivo de militares demócratas contra la guerra.
Qué difícil es salir del marco que define un sátrapa, máxime cuando ese ser sin alma dirige los destinos de la, todavía, primera potencia mundial con una ejecutoria que se mueve en función de la última ocurrencia que se implanta en su mente, siempre con el objetivo de apoderarse de las fuentes de riqueza económica que esquilma a las naciones que poseen esos recursos, por la fuerza y al margen del derecho internacional y la carta de los derechos humanos, que para el dictador global no existen.
La aparición de un nuevo estilo en la gestión de las relaciones internacionales que ha implantado D. Trump, el matonismo, ha desbaratado el valor de la diplomacia como guía de conducta entre las naciones para atemperar las disputas y evitar que deriven en conflictos bélicos. Diplomacia que hoy está siendo sustituida por la ley del más fuerte que es lo que determina el modelo de relaciones entre los países, sobre todo sobre aquellos que tienen recursos naturales estratégicos, para apoderarse de ellos, que es lo que desea y busca el matón de la Casa Blanca.
Cambio de modelo que tiene múltiples efectos de envergadura planetaria. El primero, el caos y desconcierto que genera en las relaciones internacionales que ya no se rigen por el derecho, los convenios y acuerdos internacionales, sino que se mueven al albur de los deseos, de la apetencia con la que se levante cada mañana el rey felón en su guarida del despacho oval. El segundo, la aparente estrategia errática en la gestión del poder global es un trampantojo para ocultar que todo, hasta las patochadas, están orquestadas con el objetivo de despistar a los líderes internacionales sobre cómo deben relacionarse con el nuevo reyezuelo planetario. Tres: desconcierto con el que son recibidos cuando visitan la Casablanca, dónde les espera una encerrona rodeado de su guardia pretoriana que les acogota y los lleva a decir y aceptar todo lo que el rey de bastos quiere escuchar conforme a sus deseos, pues si se desmanda es rápidamente recriminado por los secuaces del sátrapa, como le pasó a Zelensky.
Cuatro: Estrategia para acogotar el interlocutor que retransmite al planeta a través de las múltiples cámaras de las televisiones, que contribuyen configurar un escenario que amedrenta al interpelado que no le queda más opción que declarar su pleitesía al sátrapa, para salir huyendo de ese plató televisivo planetario lo antes posible. Ninguno de los que líderes mundiales que por allí han pasado se han atrevido a contravenir al narcisista supremo, solo Macrón se atrevió a aclararle un dato, no para contravenirle, sino para marcar la diferencia que Francia siempre busca patentizar. Y quinto: el miedo que se configura como actor protagonista del nuevo guion diplomático. Miedo a ser sancionado económicamente en los intercambios comerciales, a que tu país sea bloqueado por la USA Navy o, en el peor de los casos, a que sea bombardeado e invadido si rechazas las pretensiones del sátrapa. Intenciones que ya no se ocultan, sino que se explicitan y propalan públicamente, sin vergüenza y con amenazas, dichas como si fueran ideas sueltas que pasean por la mente Trump, cuando en realidad anticipan lo ya planeado que está a punto de ocurrir. Lo último el bombardeo de Irán.
En este panorama, todo líder político, qué impelido por las circunstancias, le dice NO, Trump lo convierte en un apestado, en un socio no fiable, como antesala, como advertencia de lo que le podría pasar si no se aviene a sus deseos. De este modo, se genera una omertá, una ley del silencio planetaria, que solo admite la sumisión a los dictados del dictador, que solo son capaces de vulnerar los líderes que alzan la voz para defender la ética política que supone no dar el visto bueno, no aceptar, la vulneración de los derechos internacionales para justificar el bombardeo de un país y desatar con ello un conflicto armado de futuro impredecible.
Se dan aquí el cruce de dos principios que, por interés político se confunden y parangonan, forzando al ciudadano a tomar partido por uno u otro, cuando en realidad es un debate falaz. La historia está repleta de ejemplos en los que las naciones poderosas, los imperios, han querido imponer su organización y estructura social sobre otros, con el resultado de ser un fracaso que ha costado miles, millones, de vidas, porque no se puede imponer por la violencia de las armas un orden social, por muy beneficioso que pueda ser, porque eso supone negar el derecho de los pueblos a evolucionar por sí mismos. Máxime en zonas del planeta como es oriente medio, donde las potencias del siglo XIX, fundamentalmente el Reino Unido en esa zona del mundo, marcaron fronteras a su interés económico sin tener en cuenta los lazos religiosos y culturales de los pueblos afectados.
El derecho internacional nace, precisamente, para limar y negociar los conflictos mediante la guía de los derechos que asisten a los países, las personas y las relaciones internacionales, para que ninguna nación haga lo que quiera con otro país menos poderoso. Para eso nació la ONU, hoy devaluada por el derecho a veto de cinco países que lo han utilizado siempre para defender por sus intereses o los de sus aliados. Desigualdad infumable a estas alturas del siglo XXI que debe corregirse. Aun así, las Naciones Unidas han evitado conflictos y mediado en otros con los casos azules.
Que en su ejecutoria las organizaciones y el derecho internacional no haya funcionado con eficacia, y más cuando su objetivo es evitar la guerra, no quiere decir que haya que meterlos en un cajón y olvidarnos de ellos, sino que hay que defenderlos por una razón ética para evitar que la vida en el planeta se convierta en una jungla gobernada por el más fuerte, que es lo que busca Trump. Por eso la postura adoptada por el Gobierno de España de negarse a aumentar el gasto militar, porque lo quiere Trump —que podía haber elegido en lugar del 5 el 10 o el 15% del PIB—, como denunciar la vulneración del derecho internacional por el ataque deliberado sobre Irán, o negarse a que las bases USA en España sean utilizadas para una guerra injusta, nos sitúan como país en el lado correcto de la historia.
No hacerlo hubiera supuesto una decepción para los españoles que defendemos los derechos internacionales, que no queremos más guerras —no hay guerras justas—, y que aborrecemos el seguidismo baboso que hacen del sátrapa otros dirigentes políticos, que así se sitúan en el lado oscuro diciéndole amén a todo. Postura que siguen el PP y Vox, derecha extrema y ultra derecha, que una vez más dejan sus meninges a un lado—si las tienen—por la obsesión de acabar con el Gobierno de Pedro Sánchez, que anula en sus mentes cualquier tipo de consideración sobre la importancia de defender el derecho internacional. Defensa que no está en sus cabezas con lo que demuestran su nulo interés por las vidas humanas que, de manera abyecta, ocultan, lo que supone aceptar sin critica alguna los designios del dictador planetario, que confirma que en el fondo y en la forma son lo mismo.
Vicente Mateos Sainz de Medrano.
Periodista, profesor universitario y Doctor en Teoría de la Comunicación de Masas.
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