1º de mayo:

¡Subir salarios!, ¡contener precios!,¡Igualdad!

¡Contra la Guerra y la Explotación!

Este 1º de mayo, los trabajadores y trabajadoras de este país tenemos la oportunidad de salir a las calles a denunciar la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y pensiones, y reivindicar que se revierta la situación. De acuerdo con el Índice de Precios al Consumo (IPC), que publica el INE, el aumento acumulado de precios durante los últimos doce meses asciende al 8,4%. la subida nominal de salarios para 2022 que recogen los convenios es del 1,55% en promedio, la de los empleados públicos el 2% y la de las pensiones el 2,5% con carácter general. Esto es, en la actualidad la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y pensiones que sufre la clase trabajadora es de un 8,35%, 7,8% y 7,3% respectivamente, con respecto al año anterior. Cabe reseñar que entre los años 2008 y 2019 la pérdida de poder de compra de los salarios ya había caído un 4,8% Los sindicatos reconocen que se está generando “un polvorín social que pone en riesgo la recuperación económica”.

Aumentar salarios y reducir los precios son necesidades urgentes, pero… ¿por qué suben los precios? La primera respuesta quizás sería La guerra de Putin. Sin embargo, el IPC del 2021 se cerró en diciembre con un aumento del 6,5%, y la invasión de Ucrania fue el 24 de febrero de 2022. Por tanto, la guerra de Putin no es la causa del aumento de los precios, es la acción especulativa del mercado lo que desboca la inflación.

Según el gabinete económico confederal de CCOO, los precios al consumo han aumentado más en España que en el resto de la Unión Europea (ver gráfico 1). La razón está en una excesiva dependencia energética del gas, y del lucrativo negocio que el sector energético supone para las multinacionales quienes actuan en régimen de oligopolio y especulan a su antojo. Quienes pagamos su “fiesta de los beneficios”, otros lo llaman “pa la saca”, somo los trabajadores, que vemos como cierran nuestras empresas, temporal o definitivamente, por no poder hacer frente al aumento de la energía y materias primas. Vemos como el empleo, sobre todo industrial, pierde peso, y vemos como los precios de nuestra cesta de la compra se disparán, mientras que con nuestros salarios y pensiones cada vez cuesta más llenar el carrito.

Gráfico 1

Los salarios no son responsables de la inflación, pero se devalúan con el incremento desmedido. El Pacto de Rentas propuesto por el gobierno y que pasa por contener salarios y precios no es ninguna solución, sino una nueva amenaza sobre los bolsillos de la mayoría social pues los salarios se moderan, pero los precios no respetan el pacto.

En relación al empleo, uno de los grandes objetivos de la última reforma laboral del gobierno PSOE-UP pactada con los sindicatos es darle la vuelta a la contratación como a un calcetín, y que los contratos indefinidos sean la norma y no la excepción del total del volumen de contratación. En este sentido, es cierto que la contratación indefinida se ha triplicado desde diciembre (ver gráfico 1), pero no es menos cierto, que en la actualidad estos contratos todavía suponen solo un 30,7% de la contratación, teniendo en cuenta que tras la eliminación del contrato de obra o servicio estos contratos se han convertido en indefinidos, con lo que no se puede hablar estrictamente de “nueva” contratación.

La renuncia a derogar la reformas laborales de Zapatero (2010) y Rajoy (2012) ha dado paso a a una “maquillada derogación” de los aspectos más lesivos de aquéllas; la reforma laboral de PSOE-UP mantiene el abaratamiento del despido, intenta poner coto al fraude en la contratación, y aunque hace aflorar contratos indefinidos, sigue manteniendo un inaceptable índice de temporalidad y no toca aspectos esenciales para dignificar las condiciones laborales de los trabajadores tan depauperadas por la uberización del mercado de trabajo y las reformas laborales anteriores.

Un ejemplo de la tibieza de la reforma laboral lo podemos encontrar en la feria de abril de Sevilla, en la que los caseteros profesionales (gremio) anunciaban huelga por entender que la nueva reforma laboral les impedía contratar trabajadores para que trabajaran más de 12h al día. Sin embargo, la ministra de trabajo ha aclarado que “La reforma laboral no toca nada relativo a la jornada laboral y mucho menos al descanso”. Los caseteros han desconvocado la huelga al ver que la reforma laboral no era tan fiera como la pintaban, y que pueden seguir aplicando las mismas condiciones abusivas para lucro de sus propios bolsillos, a costa de explotar a los trabajadores.

En el 1 de mayo de 2021 los sindicatos nos convocaban bajo el lema “Ahora Toca Cumplir. Un País en deuda con sus trabajadores y trabajadoras». Hoy, un año después, los sindicatos sacan pecho de los acuerdos alcanzados en los últimos meses, como el aumento del SMI o la reforma de las pensiones, y la reforma laboral. Desde Tribuna Socialista, creemos que es absolutamente insuficiente y, aun así, nos sentimos apelados por el lema de este nuevo 1º de mayo, porque la solución, o una parte de la solución, pasa por subir salarios, contener precios y una justa redistribución de la riqueza.

Ya hemos hablado de la importancia de un aumento de los salarios, y de que el anunciado Pacto de rentas no supone ninguna solución, sino al contrario, empeoraría la situación de la clase trabajadora. Y para contener los precios no basta con subvencionar la energía ni por conseguir, durante tres meses, desvincular el precio de la electricidad del precio del gas (aunque ayudará). La lucha contra la subida de precios pasa por la independencia energética, es decir, ni depender del gas ruso, ni depender del gas argelino (en riesgo de encarecerse por el cambio de posición de España con respecto al Sáhara) ni depender del gas licuado norteamericano. Asegurar el autoabastecimiento energético en el país europeo con más horas de sol y más kilómetros de costa no es fácil, pero sí posible, si nos “independizamos” de los intereses de las multinacionales del sector, incluidas las españolas, y apostamos por un sector público energético fuerte.

Respecto a la redistribución de la riqueza, vemos como la derecha reclama bajada generalizada de impuestos, cuando en realidad lo que necesitamos es un aumento de los impuestos al capital y una mayor progresividad fiscal, para que quien más tenga más contribuya en beneficio de las rentas más bajas. Solo existe un pacto de rentas útil: el que redistribuye las rentas del capital para favorecer las rentas del trabajo.

Para acabar esta editorial, no podemos sino apelar a la unidad de la clase trabajadora, en España y en el mundo, y, por tanto, juntamente a la lucha por los derechos sociales y económicos de la clase trabajadora de nuestro país, hemos de exigir el No a la guerra de la Rusia de Putin, el No a la Guerra de expansión de la OTAN y el No a la carrera armamentística que no traerá otra cosa que nuevos recortes sociales en pro del gasto público militar y destrucción y empobrecimiento de la clase trabajadora en todos los pueblos del mundo.

Viva el 1º de mayo

¡Subir salarios!, ¡contener precios!, ¡igualdad!

¡Contra la Guerra y la Explotación!

Editorial

NO A LA GUERRA

RECUPERAR LA CAPACIDAD DE COMPRA DE LOS SALARIOS, PARAR LA ESPECULACIÓN

En el momento de escribirse esta editorial la guerra en Ucrania está a punto de cumplir su primer mes; en los primeros 25 días de guerra, 3,3 millones los ucranianos se han visto obligados a abandonar sus hogares, mientras el ejercito de Putin bombardea ciudades causando víctimas civiles. Las imagines retransmitidas dan cuenta de la barbarie que está viviendo la población ucraniana, en su mayoría trabajadores.

La guerra también la sufre la clase obrera rusa quien, sin duda, pagará las consecuencias de las sanciones económicas a las que está siendo sometida por parte del imperialismo americano y los gobiernos de la Unión Europea. La guerra no es de los pueblos, ni el pueblo ucraniano ni el pueblo ruso son partidarios de la guerra y sin embargo son los principales afectados por la misma. Es difícil de calcular el coste, solo en destrucción de empleo, que supondrán las sanciones impuestas a Rusia, hay informes que lo cifran en más de un millón de empleos.

Los efectos de la guerra se hacen sentir en Europa, con matices distintos y de modo diferente a como hemos percibido las guerras que hemos venido conociendo hasta ahora. EEUU disputa con Putin, Xi Jinping y con los gobiernos de europeos el control de más cuotas de mercado, para ello, Joe Biden, impone a la UE cuál debe ser su política: Alemania tiene que renunciar al gas ruso del que depende más de la mitad del consumo alemán y obliga a aumentar el gasto armamentístico al pasar de los 57,5 millones de dólares de 2021, a los 83,5 millones de dólares en el presupuesto de 2024; España ha aumentado su gasto en defensa desde los 5.711 millones de euros de 2015 a los 9.791 presupuestados para 2022, lo que supone un incremento del 71,44% (Fuente: Ministerio de Hacienda). Aun así, no es suficiente para la industria del armamento; Rajoy se comprometió en 2014 a llegar al 2% de nuestro PIB en 2024 (se estima en torno a 20.000 millones de euros). Se abre la perspectiva a aumentos escandalosos en los próximos años, pasando a ocupar una prioridad en los presupuestos, otra prioridad junto al pago de la deuda; la presidenta de Suecia, Magdalena Anderson, lo expresaba con claridad en la Cumbre Europea del pasado 10 y 11 de marzo, «me gustaría invertir más en pensiones y escuelas, pero lo he de hacer en defensa«.

Después de la pandemia la guerra. El Gobierno de España se dispone en primera línea en la aplicación de las exigencias del mercado especulativo, medidas que van a decidir en la cumbre europea de final de mes.

Atrás han quedado las promesas incumplidas de derogar las reformas laborales y la ley mordaza. Los llamados ajustes económicos afectan más a los más desfavorecidos, de tal manera que todavía no hemos salido de las medidas adoptadas por la pandemia y preparan toda una oleada de ajustes que sin duda empobrecerán más la mayoría de asalariados.

La inflación se dispara sin control y se ha situado en el 7,6%, el interanual en febrero (el IPC más alto en los últimos 34 años). Los carburantes han superado incrementos del 30%, el precio del gas está desbocado, mientras que, el pasado año, las pensiones subieron un 2% y los salarios una media del 1,47%. Por el contrario, los capitales que componen el Ibex 35 alcanzaron en 2021 un beneficio récord de 58.543 millones de euros. La UGT denuncia que la escalada de precios es irregular y especulativa, pues el precio del Mkh se sitúa en 200€, mientras el coste de producción es de 20€ o más bajo. Ejemplo concreto de lo que denuncian los informes sobre la dinámica de rentas lo vemos en el incremento de la escandalosa remuneración del presidente de Iberdrola o de la presidenta del banco de Santander: en 2021, el señor Sánchez Galán, ha cobrado 13,2 millones de euros, un incremento del 8,23. Por su parte, la señora Botín percibió, en el mismo ejercicio económico, 11,3 millones de euros, lo que supone un incremento del 15%. Estos son solo dos ejemplos de cómo se explica el trasvase de rentas del trabajo a rentas del capital, que viene produciéndose desde la crisis de 2008.

En el conflicto del transporte por carretera, en concreto, hay que decir que está siendo utilizado por la extrema derecha y no es admisible que se utilice un conflicto legítimo para hacer la política de “cuanto peor mejor” que tanto le gusta a VOX y a los salvadores de la patria. Sin embargo, no se puede deslegitimar un conflicto y a sus promotores colgándoles etiquetas. Tampoco se entiende mucho lo de las legitimidades. No estamos ante un sindicato minoritario de trabajadores que se presenta a elecciones cada cuatro años y no alcanza el 5% de representatividad. Estamos ante organizaciones patronales, con más o con menos asociados, pero la pregunta que hay que hacer a los empresarios que rechazan a la Plataforma en Defensa del Sector del Trasnporte ¿a que proceso electoral se presentan las grandes patronales, de cualquier sector de actividad?, a ninguno. Por ende, aquí lo importante es resolver el conflicto con todas las partes implicadas y que ninguna de ellas pretenda sacar réditos espurios al verdadero problema, el alza insoportable de los precios.

El giro político del PSOE hacia la derecha, operado en el 40º Congreso que se celebró en Valencia en octubre del paso año, se va plasmando en acciones de Gobierno que se hacen difíciles de entender incluso para la propia militancia. La negativa a derogar las reformas laborales, la renuncia a blindar el Sistema Público de Pensiones. O el último episodio, el cambio drástico de criterio en relación con el Sahara, en el que todo apunta a que una vez más nuestro Gobierno de España se ha plegado a los criterios estadounidenses. Solo cabe esperar que esta decisión no nos complique el suministro de gas argelino; en su cantidad y en su precio.

Tampoco nos sirve de mucho el juego del “poli bueno” al que parece estar empeñado el otro socio del Gobierno. Un gobierno es un órgano colegiado y no cuela el permanente “nosotros no”, pero solo de boquilla en los medios.

El Consejo de Ministros del 29 de marzo aprobará lo que haya establecido el Consejo Europeo celebrado los días 24 y 25 de este mes; nada bueno para la mayoría social podemos esperar de esa reunión. En las calles, carreteras, en los puertos y los campos de todo el país hay movilizaciones que expresan como la mayoría de la sociedad no puede tolerar que desprecien sus derechos y no se atiendan sus reivindicaciones. Los trabajadores y trabajadoras de la Enseñanza de Cataluña han dando un claro ejemplo de ello, con la jornada exitosa de huelga del 16 de marzo, aunque esta movilización haya sido acallada en los medios de comunicación.

Desde Tribuna Socialista decimos no a la Guerra y rechazamos la rapiña que lleva a cabo un mercado infectado de especuladores, al calor del desastre. El Gobierno debe posicionarse en la defensa de los derechos de la mayoría, no en la lógica del mercado para sacrificar dichos derechos.

Ni Putin, ni OTAN ni señores de la guerra

La invasión de Ucrania por parte del ejército Ruso, y el papel que están jugando los principales bloques implicados en el conflicto marca bien a las claras que asistimos a épocas de militarización, de auge de los autoritarismos, los populismos y las autocracias, y asistimos a cambios profundos en la construcción de la Unión Europea post brexit, pero lo que está claro es que los trabajadores del mundo entero decimos No a la guerra, no a la vuelta de las políticas imperialistas y no a la carrera armamentística que solo podrá ser financiada con nuevos recortes en los derechos sociales.

La escalada que ha dado lugar al conflicto en Ucrania, dista mucho de ser simple. La complejidad es enorme, y en el entramado de causas juegan un papel importante los intereses de las oligarquías, dueñas del petróleo y del gas en el mundo, y la configuración de un nuevo orden geopolítico al servicio de esas oligarquías que pretende una nueva carrera armamentística en la que siempre pagamos los mismos: la clase trabajadora del mundo entero.

Las sociedades avanzadas necesitan de energía para la producción de bienes y servicios y para la satisfacción de las necesidades más básicas de la sociedad. Esa energía siempre estuvo en manos de oligarquías (el petróleo, el gas, la electricidad…), que pugnan por un mismo “mercado”. En un mundo que ha decidido realizar una transición energética de las fuentes no renovables, como el petróleo o el gas, a la electricidad.

De hecho, la pelea por el suministro europeo de gas, que se disputan Rusia y Estados Unidos, está en el epicentro del conflicto bélico de Ucrania. Europa entera se ha convertido en dependiente del suministro energético y de materias primas, como el cereal y el grano… cuyo suministro mundial depende de Ucrania y Rusia en un alto porcentaje.

La guerra está produciendo un encarecimiento de los productos en toda Europa, cuando no desabastecimiento.

Está claro que la única víctima de este conflicto es la clase trabajadora. En Ucrania, En Rusia, en Europa, en España y en todas partes. Muertos de guerra, refugiados, hambruna, pobreza energética, precios por las nubes. Hemos de decir basta a esa barbarie, basta a los imperialismos y a los especuladores. Basta a los señores de la guerra que juegan al monopoly con las vidas de millones de personas.

La guerra causa muertes y destrucción, por lo que es necesario invertir en paz, en una distribución racional de los recursos naturales, sin especulación, y en un comercio internacional basado en la solidaridad entre pueblos.

Las sanciones contra Rusia, golpean a los oligarcas rusos que apoyan a Putin, y buscan desestabilizar Rusia, pero sobre todo, golpearán dramáticamente a los pueblos de Rusia ya empobrecidos por la política de Putin.

Los pueblos no quieren la guerra: ni el pueblo ruso ni el pueblo ucraniano. Aún estando prohibidas por la Covid, ha habido manifestaciones en varias ciudades de Rusia contra la guerra. El 24 de febrero, 1800 ciudadanos rusos fueron detenidos por la policía de Putin: sabían qué corrían ese riesgo, pero el hecho de que, en tales condiciones, varios miles de personas se atrevieran a manifestarse es un indicativo de ese rechazo a la guerra, también en Rusia.

Rusia no es el enemigo. Tampoco lo son los pueblos americanos, africanos, asiáticos o europeos. El enemigo de la clase trabajadora es Putin y todos los que como él sostienen oligarquías en todos los continentes. También Biden, quien ha instigado hasta la saciedad el posicionamiento de tropas de la OTAN en los territorios fronterizos de Rusia. Todos ellos son los señores de la guerra.

Por cierto, La OTAN es una alianza militar formada en 1949 cuyo objetivo primario era contrarrestar la amenaza de la expansión de la URSS en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En 1955, la URSS respondió a la OTAN creando su propia alianza de países comunistas de Europa del Este, con el llamado Pacto de Varsovia. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, varios países del antiguo Pacto de Varsovia se convirtieron en miembros de la OTAN. Ucrania es la nueva perla que se quiere integrar en la OTAN. De momento, esta antigua república soviética es un “país socio”, lo que significa que se le puede permitir unirse en el futuro. Rusia quiere garantías por parte de las potencias occidentales de que esto nunca sucederá, pero, como ya he dicho, ya ha sucedido:12 países del antiguo pacto de varsovia se han unido a la OTAN.

Cuando los ucranianos depusieron a su presidente prorruso a principios de 2014, Moscú se anexó la península de Crimea y respaldó a los separatistas prorrusos que capturaron grandes extensiones del este de Ucrania. La OTAN no intervino, pero respondió colocando tropas en varios países de Europa del Este por primera vez. La Alianza cuenta con cuatro grupos de batalla multinacionales del tamaño de un batallón de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia; y una brigada multinacional en Rumania. También ha ampliado su vigilancia aérea en los estados bálticos y Europa del Este, y recientemente ha anunciado la instalación de nuevos batallones.

El presidente Biden ha dicho que hay “unanimidad total” con los líderes europeos sobre Ucrania, pero ha habido diferencias notables y matices considerables en el apoyo que han ofrecido los diferentes países. Algunos miembros de la OTAN, incluidos Dinamarca, España, Francia y Países Bajos, están enviando aviones de combate y buques de guerra a Europa del Este para reforzar las defensas en la región. Sin embargo, Alemania ha rechazado la solicitud de armas defensivas de Ucrania en línea con su política de no enviar armas letales a las zonas de conflicto.

Mientras EEUU y Rusia siguen enzarzados, utilizando a la OTAN como excusa, los pueblos de Ucrania viven la barbarie de una guerra, y el resto de Europa tiembla por los efectos económicos en el precio de la energía y los cereales.

El precio de la luz y del gas se han incrementado al doble de su valor al inicio de la invasión. La gasolina también se ha incrementado, y la inflación supera el 7% en España, y amenaza con perpetuarse más de lo previsto.

La cesta de la compra de cualquier familia trabajadora se ha disparado, pero para frenar la escalada inflacionaria se dispone un “Pacto de Rentas”, o lo que es lo mismo, contención de los salarios, o lo que es lo mismo, que los sueldos y pensiones pierdan poder adquisitivo. Si los sueldos y pensiones sirvieron para salvar la banca; Si los sueldos se vieron recortados por los ERTES de la Pandemia…ahora su poder adquisitivo volverá a mermar para pagar los efectos de la guerra.

Y si el presupuesto europeo debe contemplar en los próximos años un aumento significativo en defensa y en “hard power”, los estados miembros de la UE, entre ellos España deberán ajustar el gasto público: ¿en sanidad? ¿en educación? ¿en pensiones?… de momento, está claro…que en bajada del poder adquisitivo de los salarios. Llueve sobre mojado, y la respuesta se está empezando a ver en forma de movilizaciones en la calle.

Un pacto de rentas nunca es buena noticia para los trabajadores, en primer lugar, porque no es cierto que haya un pacto ya que quien soporta la pérdida de poder adquisitivo son las rentas del trabajo, no las del capital. Además ya vemos como peligran los puestos de trabajo como consecuencia de la transición energética: SEAT ya ha anunciado un excedente de 2800 trabajadores, la multinacional francesa Schneider Eléctric (entrevistamos en este número al presidente del comité de empresa) ya ha despedido a la mitad de su plantilla, y grandes empresas ya están anunciando cierres patronales por el alto precio de la energía. ¿cuánto más nos costará esta guerra?

Se está creando el caldo de cultivo perfecto del que la ultraderecha se nutre.

Cuando el sistema capitalista mundial entra en colapso su salida es la industria de la destrucción: la guerra. Solo la unión de la clase trabajadora a nivel mundial es el antídoto de la paz. En Rusia, en USA, en Europa y en todo el mundo: exijamos el fin de la guerra, defendamos los puestos de trabajo y los derechos sociales basados en un reparto justo de la riqueza en el mundo. Eso , me dijo mi padre fallecido hace tres meses que era el socialismo: no a la guerra, redistribución de la riqueza, solidaridad entre los pueblos y justicia social.

Baltasar Santos

Ucrania: Historia de un conflicto

¿De dónde viene el conflicto en Ucrania?

El conflicto de Ucrania no es nuevo. Es muy antiguo. En la mayoría de nuestras retinas solo existe un Estado democrático pro-europeo que ha sido invadido por un autócrata como Putin que pretende recuperar la grandiosidad del imperio ruso. Pero…¿Es esto así realmente?. Sin duda, las imágenes de bombardeos, refugiados y muertos nos hacen odiar a Putin y se extiende la idea de que Europa y la OTAN deberían intervenir de una manera más firme para defender al pueblo ucraniano. Les invito a que analicemos juntos lo que sucede sin dejarnos llevar por el apasionamiento al que nos conducen las imágenes y las noticias de prensa.

La historia común de Rusia y Ucrania se remonta al siglo X, cuando se fundó el primer imperio ruso en Kiev. Como otros muchos países de la región, los territorios ucranianos fueron ocupados por los mongoles, los polacos, más tarde el imperio ruso, el imperio austro-húngaro, el imperio otomano se disputaban regiones de lo que hoy conocemos como Ucrania a golpe de guerras, en las que también intervinieron Gran Bretaña, Francia o Grecia.

Tras nueve siglos de conflictos, ocupaciones y sentimientos identitarios y nacionalistas divergentes, en el inicio de la I guerra mundial, el pueblo ucraniano occidental estaba situado entre Austria-Hungría y Rusia, los ucranianos se dividieron en dos ejércitos separados y opuestos. 3.5 millones lucharon con el Ejército Imperial Ruso, mientras que 250,000 lucharon por el Ejército Austrohúngaro. Muchos ucranianos terminaron luchando entre ellos. Se puede encontrar a los ucranianos participando en ambos lados del conflicto.

La revolución Bochevique y el posterior régimen stalinista (1917-1989)

La revolución Bolchevique de octubre de 1917 fue el acontecimiento mundial con más influencia política que se haya producido hasta nuestros días. La revolución de Octubre, liderada por un ucraniano de nacimiento, Leon Trotsky, al atreverse a expropiar al capital, permitió acabar con la «prisión de pueblos» que era el imperio zarista, situando a todos los pueblos en igualdad. Se colectivizó la tierra para los campesinos, se introdujo la jornada laboral de 8 horas… hasta que a principios de los años 30, ya con Lenin muerto y Trosky desfenestrado, las políticas del comunismo Stalinista emprobrecieron el país causando lo que se conoció como el Holodomor, una hambruna que acabó con la vida de más de 1,5 millones de ucranianos, y que los nacionalistas ucranianos definían como un genocidio ordenado por Stalin, mientras que los prorusos defendían que la hambruna se debió a las malas condiciones históricas del campo ucraniano y a los sabotajes emprendidos por los campesinos ricos, llamados kuláks, que habrían acaparado y destruido las cosechas y ganados, como método de oponerse al proceso de colectivización.

Como escribía Trotsky en 1939 respecto de la situación de Ucrania:

« Lenin reconoció el derecho a la autodeterminación (…), tanto a los polacos como a los ucranianos: no reconocía naciones aristocráticas. Consideraba como una manifestación de chovinismo gran ruso cualquier tendencia a eliminar o a diferir el problema de las nacionalidades oprimidas (…). Según la concepción del viejo partido bolchevique, la Ucrania soviética estaba destinada a convertirse en un poderoso eje en torno al cual se unirían las demás fracciones del pueblo ucraniano. Es incontestable que, durante el primer periodo de su existencia, la Ucrania soviética ejerció una poderosa atracción también desde el punto de vista nacional y que despertó a la lucha a los obreros, campesinos e intelectualidad revolucionaria de Ucrania occidental, sometida a Polonia».

Pero la burocratización de la URSS, la constitución de la casta burocrática dirigida por Stalin, trajo consigo una política reaccionaria, en la que las restricciones, las depuraciones y la represión se generalizaron en toda la URSS, y de forma especialmente violenta, en Ucrania.

La reacción estalinista restableció, en nombre del nacionalismo gran ruso, la «prisión de pueblos» en el territorio de la URSS.

La caída del Muro de Berlín (1989-2000)

Dos años después de la caída del Muro de Berlín, la URSS, de la que Ucrania formaba parte, se desintegró. Los años noventa fueron una etapa difícil para la Ucrania recién independizada. Recién salido del abrazo totalitario de la Unión Soviética, el país se sumió en el caos económico y social, y las tiendas se llenaban de estantes vacíos, las cartillas de racionamiento estaban a la orden del día y la economía de mercado se abría paso: el totalitarismo de la URSS dio paso al imperio del crimen organizado y el desgobierno.

La revolución naranja

En el año 2000, el asesinato del periodista de investigación, Georgiy Gonzadze, conmocionó al país. Las sospechas de que el entonces presidente Leonid Kuchma había ordenado el asesinato desataron protestas multitudinarias con el lema “Ucrania sin Kuchma”, que finalmente dieron paso a la Revolución Naranja en 2004.

La revolución naranja, liderada por el duo Yushenko/Tymoshenko, tomaba la Plaza de la Independencia en Kiev. Los opositores se componen de proeuropeos como la ex primera ministra Yulia Timoshenko, entonces detenida, el boxeador Vitali Klitschko y también nacionalistas del partido de extrema derecha ‘Svoboda’. Ese día, se levantan barricadas en la plaza y el ayuntamiento cae en manos de los manifestantes.

Tras meses de resistencia y tres elecciones, Víktor Yushenko se convertía en Presidente y Yulia Tymoshenko en Primer Ministro respectivamente. Ucrania cambiaba su política exterior para acercarse a Occidente con el objetivo de integrarse en la Unión Europea y en la OTAN. Sin embargo, los problemas económicos, la dependencia energética de Rusia y la división del país entre rusófilos y nacionalistas ucranianos difi-cultaron dicha tarea.

Este periodo generó grandes tensiones entre los occidentalistas de Tymoshenko y los Eslavófilos de Yanukovich quien en 2010 se convertiría en el nuevo Presidente de Ucrania.

El gobierno de Yanukovich giró hacia Moscú frenando los avances de integración en la OTAN y en la UE. En diciembre de 2013, Yanukovich optaba por firmar un acuerdo comercial con Rusia descartando el acuerdo de cooperación con la UE lo que generó protestas que fueron sofocadas con represión, que a su vez, provocó una radicalización de las protestas. Los manifestantes reunidos en la Plaza de la independencia ya no se centraban en quien debía ser el socio comercial de referencia (la UE o Rusia) sino que ahora querían la dimisión de Yanukovich como Jefe del Estado.

La UE fue muy contundente con la represión ejercida por Yanukovich y, de hecho, Catherine Ashton visitó personalmente a los manifestantes en la Plaza de la Independencia en más de una ocasión. Si bien es cierto que Francia, Suecia, Reino Unido, Polonia etc… se mostraron partidarios de tomar medidas duras contra Yanukovich, Alemania no lo tenía tan claro. De hecho, el entonces responsable de exteriores alemán Stein meier del SPD se mostró muy cauto a la hora de decantarse por alguna de las partes.

La revolución naranja acabó con la destitución de Yanukovich. Su destitución fue sólo el principio de uno de los periodos más turbulentos de la historia de Ucrania. Rusia ocu-pó la península de Crimea y, en marzo de 2014, se anexionó el territorio. El movimiento separatista prorruso se levantó en el este del país y se desató un conflicto armado que ya se ha cobrado más de 14.000 vidas. Ambos bandos se acusan mutuamente de co-meter ejecuciones extrajudiciales y otros abusos contra los derechos humanos.

En mayo de 2014 se celebraron elecciones en Ucrania, en las que no participaron casi 6 millones de electores prorrusos, que se negaron a abrir los colegios electorales. El magnate Petró Poroshenko venció en la primera vuelta de las elecciones, con el 54,70 % de los votos. En segundo lugar se posicionó Yulia Timoshenko, con el apoyo del 12,81 % de los sufragios, seguida por el candidato del Partido Radical de Ucrania, Oleh Lyashkó, que obtuvo un respaldo del 8,32 %.

El presidente ruso Vladímir Putin reconoció los resultados de la elección. El presidente de Estados Unidos Barack Obama felicitó a Petró Poroshenko con su victoria por teléfono 2 días después de la elección, igual que el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, así como otros líderes de la Unión Europea como la canciller alemana, Angela Merkel y el presidente francés, François Hollande.

El gobierno de Poroshenko estuvo inundado de casos de corrupción, incluyendo un aumento de su fortuna personal de 400 millones de dólares mientras la población ucraniana se sumía en una crisis económica y social que arrastra hasta nuestros días. Eso sí, siempre se mostró partidario de la integración en la OTAN y en la UE. Hace unos días, en una entrevista concedida a la TV France24 a principios de marzo de 2022, en plena invasión Rusa a Ucrania, mostró su satisfacción con el “creciente” apoyo occidental a su país, así como la decisión de la Unión Europea de proporcionar unos 450 millones de euros en armas al Ejército ucraniano, agradeciendo a los líderes de la UE su apoyo y por demostrar que “no le tenemos miedo a Putin”.

Zelensky: de la tensión a la guerra

En marzo de 2019, se celebran nuevas elecciones y el candidato Volodímir Zelenski, humorista sin ninguna experiencia política previa, pero apoyado por el oligarca Ihor Kolomoisky, obtuvo una contundente victoria con el 73.22 % de los votos, derrotando al presidente titular Petró Poroshenko que está siendo investigado por Alta traición y corrupción.

El presidente polaco, Andrzej Duda (ultraconservador) fue el primero de los líderes europeos en felicitar a Zelenski. El presidente francés, Emmanuel Macron, recibió a Zelenski en París el 12 de abril de 2019. El 22 de abril, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, felicitó a Zelenski por teléfono su victoria. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también emitieron una carta de felicitación conjunta y declararon que la Unión Europea (UE) trabajará para acelerar la implementación del resto del Acuerdo de Asociación UE-Ucrania, incluidos los acuerdos sobre el Área de libre comercio profunda y completa.

El 12 de junio de 2020, La OTAN concedió a Ucrania el estatus de ‘socio con oportunidades mejoradas’, lo que permite la cooperación entre las fuerzas de la OTAN y el ejército ucraniano.

El 1 de abril de 2021, Volodímir Zelenski acusa a Rusia de concentrar tropas en las fronteras de Ucrania. Rusia dice que el ejercicio es una respuesta a las «provocaciones» ucranianas, y el 6 de abril de 2021, Volodímir Zelenski pone fin a su política de diálogo, declara abiertamente que la pertenencia de su país a la OTAN es la única forma de acabar con la guerra en el Donbass y se declara a favor de la adhesión de su país a la Unión Europea.

En noviembre, Rusia realiza otro ejercicio a gran escala cerca de la frontera ucraniana, los países occidentales temen una escalada. Vladimir Putin anuncia sus exigencias, entre ellas la garantía de que Ucrania nunca entrará en la OTAN, para lo que está preparando dos tratados, uno dirigido a la Alianza Atlán-tica y otro a EE. UU.

Joe Biden agita la amenaza de sanciones en caso de invasión: el gasoducto Nord Stream 2, muy estratégico para la exportación del gas ruso, podría utili-zarse como palanca. De fondo, también está el interés americano en el “mer-cado” del gas que se suministra a Europa. De hecho las exportaciones de Gas Licuado a Europa crecerán más si Europa decide no depender del gas ruso.

El 20 de febrero de 2022, en un comunicado de prensa, el Palacio del Elíseo indica que los presidentes ruso y estadounidense han aceptado el principio de una cumbre Putin-Biden, acción calificada por el Kremlin como prematura. Por la noche, en un discurso televisado de más de una hora, Vladimir Putin anunció finalmente que reconoce la independencia de los territorios separatistas pro-rrusos y ordena a su ejército que entre en los territorios separatistas del este de Ucrania.

El 24 de febrero comienza la invasión con fuerzas rusas entrando en territorio ucraniano por varios frentes.

Baltasar Santos

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