«La guerra habrá terminado / Y los líderes se darán la mano / Pero la anciana esperará a su hijo / Y la joven espera a su marido / Y esos niños esperan a su padre / No sé quién vendió la patria / Pero sé muy bien quién pagó el precio.»
Del poeta palestino Mahmoud Darwish.
La guerra se ha detenido por el momento, porque ha llegado a un callejón sin salida. En la mañana del 8 de abril, Trump y la República Islámica anunciaron el cese de la guerra que, de momento, ha durado cinco semanas. Comunicaron que habían alcanzado un acuerdo de alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán, ante su propia impotencia y por las presiones globales y regionales. Aunque Israel también ha anunciado que se adhiere al alto el fuego, aún no es posible afirmar con certeza que no sea frágil. Sin embargo, la esperanza es que el alto el fuego se mantenga y que se inicien conversaciones entre Washington y Teherán.
Es característico de cualquier guerra que cuando finaliza, ya sea larga o corta, se ponga sobre la mesa quienes son los ganadores y quienes los perdedores. Esta guerra esta afectando a la economía y a la política de Estados Unidos, a la estructura y régimen de la República Islámica, las ecuaciones globales, geopolíticas y geoeconómicas de la región y del resto del mundo. y finalmente, en mayor o menor medida, la vida y riqueza nacional del pueblo iraní. En cualquier caso, incluso si el alto el fuego logra una paz duradera, la situación antes y después de esta guerra será diferente.
El primer ganador del acuerdo es el pueblo iraní, que sufre la guerra. Una guerra pagada en vidas e infraestructuras, y por tanto, cuando antes termine serán menores las perdidas. El pueblo iraní paga el precio por las aventuras de la República Islámica y cae bajo el cuchillo de Trump y del agresor y criminal de guerra, Netanyahu. Desde el principio el pueblo iraní exigió el alto el fuego inmediato.
Los principales ganadores de esta guerra son los gigantes armamentísticos y los monopolios petroleros de Estados Unidos. A lo largo de la guerra, el precio del petroleo está superando los 100 dólares, lo cual ha permitido que el esquisto exclusivo de EE.UU. produzca un beneficio abrumador compensado con el mayor coste de producción de los recursos petrolíferos mundiales. La industria armamentística estadounidense también obtiene beneficios astronómicos al destinar una parte creciente de los presupuestos a la “defensa”, a cuenta del aumento del endeudamiento público. Por supuesto, la Rusia de Putin también está encantada con el aumento de sus ventas de petróleo.
Dejando de lado a estos ganadores, el resto son todos perdedores. ¡Una guerra en el sentido de perder, perder! En primer lugar, la administración Trump sufre una gran pérdida de credibilidad, se la acusa en Estados Unidos de incumplir sus promesas electorales, también de exponerse a una grave derrota en las elecciones de mitad de mandato, de alejar a sus aliados tradicionales, y de crear un sentimiento de inseguridad en los países de la región. Trump y sus secretarios de Estado y Defensa se enfrentan a una acusación como criminales de guerra, no solo de palabra, también en la práctica.
Netanyahu, que aparentemente logró mejorar su posición política entre la opinión pública israelí, es más odiado que nunca entre la opinión pública de los países de la región y del mundo. Su Gobierno ha fracasado ante el pueblo israelí en su promesa ilusoria de destruir la República Islámica y dar forma a un nuevo Oriente Medio. Además, la guerra tiene un enorme coste financiero para Israel, y su Gobierno extremista también deberá rendir cuentas por ello.
Aunque la República Islámica vende su firmeza y preservación a pesar de los ataques de las dos grandes potencias militares –una a nivel global y otra regional– como una victoria, refleja el deterioro de la vida de un sistema que solo piensa en su supervivencia. El régimen perderá su cohesión, temporal e inevitable durante la guerra, cuando esta acabe, y como resultado de su colapso interno por la lucha de las diferentes facciones dentro del poder. Los golpes causados por la guerra se revelarán después de la misma. Y será el momento en que la sociedad, hirviente y herida, preguntará al régimen, por qué el país cayo en el abismo de la guerra y ¿quienes son los culpables? A pesar de los planes diabólicos de Trump, Estados Unidos y el Gobierno Israelí, se preguntarán ¿era inevitable la exposición de Irán a la guerra? Las últimas declaraciones de varios concejos de los estudiantes en muchas universidades del país, incluso, antes del anuncio del alto el fuego se dirigían todas en este sentido.
Sin embargo, una parte de la oposición al régimen perdió su reputación, liderado por el señor Pahlavi, que fingía ser el salvador del país y animaba a los invasores.
Debemos alegrarnos del anuncio del alto el fuego, también debemos estar atentos a la fragilidad de la tregua, y luchar por preparar una paz duradera promoviendo sus condiciones. Esto también depende de los desarrollos políticos fundamentales en ambos bandos de esta guerra, que se desató en la primavera de 2024, luego la guerra de los doce días en el verano de 2025, y que al comienzo del año nuevo persa llevó al país a una guerra sangrienta.
Vincular el inicio de la guerra y su continuación a la vida del sistema no es un enfoque responsable, ni la tregua supone el fin o la duración del sistema. La guerra es el mal absoluto, destructiva y mortal. Ahora es el momento de compensar la no celebración de la fiesta del año nuevo persa dando la bienvenida a la verdadera primavera del país. El pueblo iraní, apoyándose en sus movimientos sociales, asediará a este régimen. El sistema en bancarrota se verá destrozado como resultado del colapso económico interno y del golpe simultáneo de la sociedad.
El pueblo seguirá luchando contra el régimen para acabar con él, pero en otras condiciones. Es un hecho que, incluso antes de la tregua, la República Islámica había lanzado una campaña de represión en el transcurso de las protestas del mes de diciembre y enero, persiguiendo a los críticos con el régimen y ejecutando a los detenidos. En este sentido, debe librarse una lucha coherente y colectiva. Pero con una mirada más profunda a la confrontación entre la sociedad y el régimen se puede ver su colapso en el horizonte.
Un horizonte que se abrirá con una lucha en nivel nacional e integral.
Behzad Karimi
Miembro fundador del Partido de Izquierda de Irán.
Una vez más, el mundo contempla imágenes que creíamos desterradas del siglo XXI: ciudades bombardeadas, hospitales alcanzados por misiles, escuelas destruidas y poblaciones civiles atrapadas entre drones y artillería. Tras la devastación de Gaza, los bombardeos contra Irán y Líbano confirman que Oriente Medio vuelve a convertirse en el epicentro de una escalada militar con consecuencias imprevisibles.
La explicación oficial que ofrecen los gobiernos implicados suele ser siempre la misma: seguridad, estabilidad, defensa preventiva. Sin embargo, basta observar con atención el contexto geopolítico para comprender que estos acontecimientos forman parte de algo más profundo: una lucha por el control del orden mundial en un momento de gran inestabilidad internacional.
En este escenario, las palabras del presidente estadounidense Donald Trump resultan especialmente reveladoras. En un mensaje público reciente afirmó: “Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo ganamos mucho dinero.” Y añadió que su prioridad es impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear.
Detrás de esa cínica declaración se esconde una verdad incómoda: el petróleo continúa siendo uno de los ejes centrales de la política internacional. Oriente Medio es una de las zonas del planeta donde se concentran algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Controlar su estabilidad —o su inestabilidad— significa influir en el mercado energético global, y ese es el objetivo para la estrategia MAGA de Trump (Make America Great Again).
Los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante la presidencia de Trump, respondían precisamente a ese objetivo: integrar a diversos países árabes en un nuevo equilibrio regional basado en el reconocimiento del Estado israelí y en la contención de Irán. Sin embargo, esa reorganización regional choca con un obstáculo que sigue sin resolverse: la cuestión palestina, convertida en genocidio del pueblo palestino. Mientras ese conflicto permanezca abierto, cualquier intento de construir una “normalización” estable en Oriente Medio seguirá siendo frágil.
Pero el tablero no termina en la región. Lo que está en juego es también la rivalidad creciente entre las grandes potencias. China es uno de los principales compradores de petróleo iraní y venezolano, lo que introduce una dimensión económica directa en los conflictos actuales. La presión militar, las sanciones y las crisis regionales se entrelazan con una competencia global por recursos energéticos, mercados y rutas comerciales. Un día Trump sube aranceles. Al siguiente, Trump rebaja las sanciones al petróleo ruso. Las bolsas y la economía mundial se tambalean a ritmo de declaración trumpista.
A esta situación se añade un riesgo que ya está teniendo consecuencias inmediatas para la economía mundial: el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. Por ese paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier interrupción del tráfico en esa zona tiene efectos inmediatos sobre el comercio internacional, que además los especuladores del mundo entero aprovechan para aumentar su margen de beneficio.
Las consecuencias ya se notan en la vida cotidiana de millones de personas. El encarecimiento del petróleo provoca un aumento generalizado de los costes de transporte, producción y energía. Esto se traduce inevitablemente en una subida del precio de bienes y servicios que golpea con especial dureza a la clase trabajadora, tanto en Estados Unidos como en Europa y en el resto del mundo.
Europa, por su parte, se encuentra atrapada en esta dinámica. La guerra en Ucrania ha obligado a los países europeos a aumentar rápidamente su gasto militar y a reforzar su dependencia estratégica de la OTAN. El resultado es una aceleración general de la militarización internacional.
Oriente Medio no es el único foco de tensión. En distintos continentes se multiplican conflictos armados y crisis regionales: desde la guerra entre Rusia y Ucrania hasta los conflictos en Sudán, Yemen o la República Democrática del Congo. No estamos ante una guerra mundial en el sentido clásico del siglo XX, pero sí ante un escenario de confrontación permanente y fragmentado.
La consecuencia es un sistema internacional cada vez más inestable. Las intervenciones militares de las últimas décadas en Irak, Afganistán o Libia no han producido estabilidad, sino Estados debilitados, territorios fragmentados y sociedades profundamente heridas, pero eso al capitalismo le da igual. La destrucción de muchos hace ganar dinero a unos pocos.
Quienes aseguran que las nuevas operaciones militares pretenden reforzar el orden mundial olvidan una evidencia cada vez más visible: el uso sistemático de la fuerza no está produciendo estabilidad, sino exactamente lo contrario. En lugar de un orden internacional sólido, el mundo parece avanzar hacia una era de tensiones permanentes, conflictos regionales y una carrera armamentística cada vez más intensa.
En ese contexto, el mensaje que subyace tras muchas decisiones políticas resulta inquietante: cuando la economía global entra en crisis y la competencia entre potencias se intensifica, la guerra deja de ser una excepción y vuelve a convertirse en una herramienta habitual de la política internacional.
Por eso, frente a la lógica del rearme y de la confrontación permanente, resulta más necesario que nunca abrir un camino diferente. Frenar la escalada militar, detener las guerras en curso y reconstruir mecanismos internacionales de cooperación y diálogo no es solo una aspiración moral: es una condición imprescindible para garantizar la estabilidad económica, la seguridad colectiva y la posibilidad de construir un mundo en paz.
El capitalismo necesita la guerra. Los pueblos necesitan la paz.
El fracasado candidato a Premio Nobel de la Paz acelera la barbarie que lleva intrínseca el sistema económico vigente. En palabras de Jean Jaurès: «El capitalismo lleva la guerra dentro como la nube lleva la tormenta”.
En un leguaje más práctico: la deuda exterior de los EE.UU., superó en agosto los 37 billones de $; es la consecuencia de ejercer de gendarme del mundo y tener que mantener al ejército más temible de la tierra. Y eso es lo que Trump infunde: temor y no respeto. No se entiende de otro modo que Zelensky sea humillado cada vez que visita la Casa Blanca. Como es incomprensible la sumisión del secretario general de la OTAN; o la de la presidenta de la Comisión Europea cuando Trump la recibió en su campo de golf escocés, para mayor vergüenza, el 27 de julio, donde aceptó comprar energía a EE.UU., por valor de 750.000 millones de euros, invertir 600.000 MM€ en los USA e incrementar las compras en armamento a la industria norteamericana. Todo, a cambio de aplicar a los productos europeos “solo” el 15% de aranceles, sin contrapartida ninguna. Este es el nivel de degradación y bochorno por el que Trump hace pasar a sus supuestos aliados.
A los miembros de la Comisión Europea y a una importante mayoría de los europarlamentarios les debe importar un pimiento la pérdida de poder adquisitivo de los salarios y las pensiones en sus respectivos países; por el alza especulativa de los precios de la energía, de la vivienda, de los alimentos… así como el avance de la pobreza que todo ello conlleva, a nombre de una guerra con trasfondo comercial.
Intentar entender esta situación, que no compartirla, solo es posible desde la óptica del Mercado, ese mercado libre; libre de imponer y someter causando muerte, pobreza y desestabilización social.
El sistema el capitalista, el mercado libre de hacer lo que le venga en gana, ha decidido arrasar los derechos que la clase trabajadora ha ido consiguiendo, con luchas y mucho sacrificio, a lo largo de los últimos 200 años. Y están dispuestos a conseguir sus objetivos, aunque tengan que asesinar a la mitad de la población mundial. Es por ello que no es correcto hablar de guerra entre pueblos, sino de guerra contra la clase trabajadora.
La guerra social desatada contra la clase trabajadora toma sus formas diferentes en cada país:
En Francia, la clase dirigente al servicio del capital ha decidido acatar las órdenes y destinar 400.000 millones de euros “para modernizar el ejército”, dicen. La realidad es que Francia ha asumido con la OTAN, es decir con los EE.UU., un gasto de aquí a 2035 de más de 650.000 MM€ -Francia se ha marcado el objetivo de gastar 64.000 MM€ en defensa en 2027, frente a los 32.000 que destinaba a gasto militar en 2017, cuando Macron llegó al Eliseo. Están dispuestos incluso a llevarse por delante a la V República. Para no extendernos y entender la concreción en Francia, sugerimos la lectura del artículo de Enrique Dargallo “Crisis política en Francia: Macron en primera línea”, publicado en este mismo número 170 de Tribuna Socialista.
En Ucrania toma formas más complejas y graves. EE.UU., desde antes de 2013, viene presionando a la UE para que “diversifique su dependencia energética de Rusia”; una forma de expresarlo que, sin ser incierta, esconde una presión para que Europa compre Gas Natural Licuado (GNL) estadounidense, en detrimento del suministro ruso -lo que da una idea de la motivación para la voladura del gaseoducto Nord Stream, en septiembre de 2022-, y por qué se imponen sanciones económicas contra Rusia, pero no a Israel.
Como dijo Clausewitz “la guerra es sólo la continuación de la política por otros medios”. Y eso es lo que hay en Ucrania; una guerra que el próximo febrero cumplirá su cuarto año, sin olvidar que el Estado ucraniano, cuyo gobierno hoy preside Zelenski, arremetió contra su propio pueblo, en la región del Dombas, en 2013, causando miles de muertos. Para no extendernos, sugerimos Ver: TS-130 de enero de 2022, (pág. 20) Posicionamiento del CATP contra la guerra -un mes antes de la invasión rusa. Y otros números siguientes a partir de febrero de 2022-.
El hecho es que mueren miles de jóvenes en los frentes de guerra, para que los EE.UU., con la cobertura de la OTAN, se apropien de un negocio de más de 40.000 millones anuales en suministro de GNL a la UE. Negocio que aumentará con los compromisos unidireccionales aceptados por la señora Von der Leyen. Es lógico pensar que Putin quiera compensación por la pérdida del negocio de los combustibles, y Trump está dispuesto a compensarle con el 20% del territorio ucraniano. Por si acaso, el depravado inquilino de la Casa Blanca ya se ha garantizado la explotación de minerales y tierras raras, en lo que es rico el subsuelo ucraniano. Todo ello con la inestimable colaboración de la UE y todas sus instituciones.
A estos mercaderes les importa un bledo los 400.000 soldados que han muerto o han sido heridos en el frente ucraniano. Como a Putin le importan un comino que hayan muerto o hayan sido heridos más de un millón de soldados rusos en este conflicto. Por eso comprendemos y apoyamos la decisión de desertar de miles de jóvenes ucranianos y rusos, pues esta no es su guerra.
En Palestina, el negocio ha tomado la forma de Genocidio del pueblo gazatí, como si quisiesen enviar un mensaje a toda la clase trabajadora mundial, de hasta donde están dispuestos a llegar para salvaguardar sus intereses económicos.
Lo ha dicho ASTRADE en su Declaración del pasado día 16 de octubre “Sin duda alguna, la parte positiva (del plan de paz) es el fin de las bombas y la matanza indiscriminada de gazatíes”; algo que no está garantizado, pues el Estado sionista rompe el Alto el Fuego y continúa asesinando civiles desarmados.
Para garantizar el negocio, Trump ha enviado a su “equipo”, yerno incluido, a pedir a Netanyahu que respete los acuerdos: veremos cómo y cuándo acaba la tregua y la forma que toma la idea de la Familia Trump de transformar Gaza en un resort; idea jaleada por el Gobierno de Netanyahu. El tiempo nos dirá cuantos kilómetros cuadrados le dan a los Trump. Lo único que parece estar claro es que el Estado sionista continuará ocupando tierras ilegalmente y expulsando al pueblo palestino de su territorio, como viene haciendo impunemente desde 1948, incluso antes.
A los palestinos les ofrecerán, como “premio de consolación”, trabajar sin derechos en una especie de sucursal de Las Vegas a orillas del Mediterráneo. Es lo que les está ocurriendo hoy, a 125.000 trabajadores procedentes de la Franja de Gaza y de Cisjordania, como denuncia el Sindicato de Trabajadores árabes, con sede en Nazaret: “a los trabajadores les niegan su salario o indemnización; y su legítimo derecho a reclamarlo, a nombre de que pertenecen a “una autoridad terrorista”, argumentan de forma coordinada muchos empleadores”.
El negocio se cierne también sobre Venezuela, y sobre sus reservas de petróleo en particular, por lo que Trump ha asesinado, de momento, a más de 40 personas, sin prueba ni juicio, en las aguas del Caribe. Y ha dado rienda suelta a los provocadores de la CIA para que “el que pueda hacer que haga” según el lenguaje que manejan los fascistas y golpistas de toda laya.
Es una guerra de los poseedores del capital contra sus propias clases trabajadoras. Cuando Trump habla de “América first”, no dice a qué América se refiere, pues la América a la que reprime con la guardia nacional es a la que considera “su enemigo”, por lo que invitó a sus generales y almirantes a “vigilar al enemigo interior”.
Es exactamente lo mismo cuando Trump condiciona la ayuda económica a Argentina, si el pueblo argentino no apoya al sicario del capital que ocupa la Casa Rosada en Buenos Aires. O cuando chantajea al presidente de Brasil con aranceles si no indulta a Bolsonaro, el golpista.
La respuesta no está en el viento, que diría Dylan. La respuesta está en las calles. La respuesta a esta barbarie insaciable está germinando en las grandes manifestaciones que hubo el 18 de octubre en las principales ciudades de los Estados Unidos de América. Está en las jornadas de huelga de Italia, para rechazar el genocidio en Gaza. Está en los cientos de miles de personas que salieron a las calles el 7 de octubre en Londres, para pedir justicia y que pare el genocidio. Está en la determinación de decenas de miles de madrileños y madrileñas que el 14 de septiembre dijeron NO a la última etapa de La vuelta ciclista de la vergüenza. Está en la jornada de lucha en nuestro país, el 15 de octubre, con grandes manifestaciones y paros laborales, aunque fuesen de tiempo limitado. Está en las manifestaciones de jóvenes reclamando vivienda asequible, en la queja de la clase trabajadora andaluza y madrileña en defensa de la Sanidad Pública, en la perseverancia del pueblo valenciano exigiendo responsabilidades por las negligencias en la DANA de 2024…Está en cada conflicto laboral que utilizan los trabajadores para reivindicar y defender sus derechos.
El Gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez tiene que dejar ya su ambigüedad y de jugar con los tiempos: no se puede decir “Viva Palestina” y decretar el embargo de armas dos años después de iniciado el genocidio, con 67.000 asesinados; celebramos que lo hayan hecho, pero criticamos la tardanza. No se puede estar en contra de la Guerra y que el presidente y su ministra de Defensa no paren de decir que cumplirán con los compromisos de gasto militar.
En muchas ocasiones vemos a las organizaciones de la clase trabajadora como dique de contención contra esta resistencia. Sería mucho más deseable verlas a la cabeza de las movilizaciones llamado a la unidad y haciéndola en los hechos.
En el mes de febrero, Tribuna Socialista tituló su editorial en TS-163: “El siglo de las crisis”. Se desglosaron las cuatro crisis sufridas desde 2002 comenzando por la entrada del euro, hasta 2022 con el inicio de la guerra en Ucrania y la onda expansiva en forma de ola inflacionaria que ha recorrido Europa. Finalizando con la guerra de aranceles que Trump anunció en su toma de posesión el 20 de enero.
Una secuencia de crisis encadenadas, de naturaleza distinta, pero con un común denominador: el alza de los precios, y la consecuente pérdida de poder adquisitivo de sueldos y pensiones. Una crisis por lustro en lo que llevamos de siglo XXI. Y ahora, como si se tratase una función circense, pero con payasos sin gracia, el líder del imperialismo estadounidense anuncia una imposición arancelaria que nos arrastra a una guerra comercial mundial.
No deberíamos ver esta situación como el producto de un loco impresentable, por muy deplorable que nos parezca y sea Donald Trump y la “troupe” que lo acompaña y adula. Esta es una situación lógica; teniendo en cuenta la deriva del sistema económico hegemónico que rige el mundo, llámese liberalismo económico, capitalismo o libre mercado.
El imperialismo estadounidense no está actuando de forma distinta a como ya actuó en el pasado, al imponer a la brava sus condiciones, en favor de sus capitalistas. Ya lo hizo Nixon, otro “glorioso” presidente yanki cuando en 1971 impuso el dólar como moneda de referencia, abandonando el patrón oro. Por qué lo hicieron, porque la guerra de Vietnam metió a los EE.UU., en una dinámica en la que se priorizó la industria militar y en consecuencia le llevó a un gran endeudamiento y a un déficit comercial al tener que importar (comprar a otros) en lugar de exportar (vender a otros). Hoy, la deuda externa de los EE.UU., asciende a 32,9 billones de dólares y un déficit comercial (diferencia entre importaciones y exportaciones) de 1,2 billones de dólares anuales.
La economía capitalista es un campo plagado de contradicciones:
Estados Unidos se aplica con fuerza en garantizar que el dólar sea una moneda fuerte, a ser posible la más fuerte; de eso se trataba cuando Nixon impuso el dólar como patrón de cambio, en lugar del oro. Esto provoca que los productos y servicios que se producen fuera de los USA resulten más económicos que los que se producen en Estados Unidos y, por ende, los consumidores prefieren comprar coches alemanes y/o japoneses que estadounidenses.
Para paliar la reducción de ventas, muchas fábricas estadounidenses, incluidas las automovilísticas, optaron hace décadas por deslocalizarse a países con mano de obra barata. La consecuencia en Estados Unidos fue la caída brutal de la antes floreciente Detroit.
Estados Unidos se comporta como un Estado matón, rol que ha adoptado Israel. Un rol propio de países que gastan en armamento cifras astronómicas: EE.UU., dedicó a gasto militar 861.633 millones de dólares en 2023 (un 9,06% de su gasto público, que no es lo mismo que el PIB).
Llegados a este punto, Estados Unidos comete los mismos errores del pasado, alienta y alimenta un sistema económico contradictorio- aceptado por casi todos los países; incluidas Rusia y China- y ahora quiere cargar sobre las demás economías sus problemas económicos.
Las consecuencias materiales las vamos a pagar los de siempre, los consumidores; y cuanto menor sea la capacidad de compra mayor será el empobrecimiento, pues el litro de aceite y la barra de pan cuestan lo mismo a un trabajar que cobra el SMI que a la presidenta del Banco Santander.
Otra consecuencia puede ser el debilitamiento de las redes públicas de protección social: Sanidad, Educación, Pensiones y Dependencia, ya ni hablemos del desarrollo de planes de construcción de vivienda protegida.
Estados Unidos, en su búsqueda de negocio para reducir el déficit público, nos ha empujado a una guerra en Europa. Ha presionado por todas las vías: económicas y militares, y ha conseguido apropiarse del negocio energético que Rusia tenía hasta 2022, un negocio de 40.000 millones de euros anuales en gas y petróleo. Ahora, una vez consolidado el negocio, se retira del conflicto, y no conforme con el botín (ser el mayor proveedor de Europa de gas natural licuado), pretende apropiarse de los minerales ucranianos y de su energía nuclear.
La Unión Europea se equivocará si se deja arrastrar al incremento del gasto en Defensa, tal y como exige Trump. Pondrá en riesgo la estabilidad social de los pueblos del continente europeo y no será más que un títere de los EE.UU., en su guerra, de momento comercial, con China: país que se ha convertido en el taller del mundo, cuyo sector industrial ha crecido hasta representar más del 40% de su PIB, gracias a la deslocalización de las grandes multinacionales industriales y a que produce sobre explotando a su pueblo.
La guerra arancelaria no va a impedir que Levi Strauss & Co deje de comprar el algodón a China ni que deje de confeccionar en India o en Méjico. Puede que las empresas que se deslocalizaron a China, buscando sueldos bajos, se trasladen a países como Vietnam o a Bangladesh, pero difícilmente trasladarán su producción a Estados Unidos, más que nada porque la clase trabajadora estadounidense no aceptará trabajar por salarios anuales de entre 6.000 y 18.000 dólares anuales, que es la horquilla salarial en Vietnam, para la mal denominada clase media: el sueldo mínimo en Vietnam es 360 dólares mensuales.
Esta lógica vale para el empresariado estadounidense y para el empresariado español, pues esta guerra comercial no va a llevar a Inditex a traer a España sus fábricas de Pakistán, China o Marruecos. Tendrían que cumplir con los convenios colectivos del textil en nuestro país, y por ahí D. Amancio si que no pasa.
Este sistema económico, nos llevó a la primera guerra mundial por la competencia por las materias primas de los países colonizados. Nos llevó a la segunda guerra mundial porque una serie de criminales como Hitler y Mussolini quisieron arrebatar el control colonial a las potencias hegemónicas y ahora, el gran imperialismo norteamericano, en manos de un fascista, nos está empujando hacia una tercera conflagración, porque para resolver sus problemas tiene que hacerse con mercados que controla Rusia, un país en manos del jefe de un grupo de oligarcas que se ha apropiado de los bienes y riquezas de su propio pueblo, y de China, un país en manos de un partido que dice que es comunista pero que explota a su propio pueblo.
En esta “lógica” criminal se mueve Netanyahu, que ha decidido apropiarse de la franja de Gaza, animado por el anormal de la Casa Blanca, y antes animado por Biden.
La guerra no es de los pueblos, ni la bélica ni la económica, es contra los pueblos.
Una vez más y casi repentinamente las instituciones europeas y nacionales nos intentan convencer de lo contrario que nos han dicho durante décadas.
Le llaman “rearme”, cuyo antónimo es “desarme”. Es un término que a nuestro presidente del Gobierno no le gusta, quizá porque en castellano es muy explícito y no facilita que la sociedad se lo trague sin más. Se dice que fue Esquilo quien acuñó la frase “la primera víctima de la guerra es la verdad”. Con independencia de si fue o no su autor el dramaturgo griego, de lo que no cabe duda es de que es una frase certera.
Hay demasiadas prisas y muchos interrogantes sin responder. La ceguera de los pueblos, ante las propuestas de salvación de sus dirigentes, ha costado muy cara a lo largo de la historia. Los dirigentes de las instituciones supranacionales, como la OTAN o la Comisión Europea vienen haciéndose eco de lo que desde Washington se lanza como amenazas e imposiciones; mensajes que no son nuevos, aunque sí en su forma y tono. Veamos:
El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, tan solo 72 horas después de que Trump tomara posesión de la presidencia de los Estados Unidos de América (EE.UU.), el pasado 20 de enero, instó: “a los aliados occidentales de Ucrania a brindar más apoyo a Kiev, asegurando estar de acuerdo con el presidente estadounidense Donald Trump, quien exige que los países miembros de la alianza aumenten su presupuesto de Defensa del 2% al 5% de su PIB.”
Por su parte, Úrsula von der Leyen, unas semanas después, decía “Puede que la amenaza de guerra no sea inminente, pero no es imposible”. Y, a primeros de marzo, su Comisario de Industria, el Sr. Thierry Breton, ha declarado que “Necesitamos cambiar el paradigma y pasar al modo de economía de guerra”.
Basten estos tres ejemplos concretos de esta campaña de “sensibilización” para hacernos algunas preguntas fundamentales, antes de tomar posición.
Estos dirigentes institucionales, aunque hayan cambiado los sujetos, son quienes nos llevaron a la gran crisis de 2008, por ende, no deberían gozar de demasiada credibilidad. Han tenido algunas décadas para velar por la independencia económica y militar de Europa, y no lo han hecho ¿Por qué ahora?, ¿por qué la prisa?
A lo largo de la historia, en el s. XIX y en el s. XX, respectivamente, ha sido Francia y Alemania quien ha intentado invadir Rusia. Por otro lado, mientras Europa gastó en defensa 326.000 millones de euros, Rusia, en el mismo ejercicio económico -con la guerra en curso en Ucrania- gastó 111.000 millones de euros ¿Es creíble la amenaza de Rusia a Europa?
Si se trata de ser independientes de los EE.UU. ¿Por qué nadie dice con claridad que Europa se rearmará con industria propia y no seguirá gastando entre el 60% y el 80% de su gasto en defensa siendo cliente de la gran industria de armamento estadounidense?
También nos tocan por el lado de la moralidad y la ética al hablarnos de la importancia de defender los valores y principios de la cultura europea ¿Defendemos los valores de la cultura europea manteniendo relaciones diplomáticas y económicas, incluido el comercio de armas y/o tecnología para la guerra, con un Estado fascista que ha exterminado ya a más de 50.000 personas en Palestina, y que ha creado una oficina para preparar la limpieza étnica de Gaza?
Estas son solo algunas de las muchas cuestiones que hacen imposible apoyar el incremento del gasto en Defensa, y da lo mismo si es un 2, un 3,5 o un 5%; no solo es la cantidad, es el para qué.
Las instituciones españolas, incluidas las valencianas, desde el jefe del Estado hasta el último ayuntamiento, no han invertido en las infraestructuras hidráulicas que hubiesen evitado muchas muertes en la DANA del pasado mes de octubre. En pandemia se hubiesen evitado miles de muertes si se hubiese ido incrementando el gasto en Sanidad, en lugar de lo contrario, por ejemplo: en Madrid no se hubiesen colapsado las urgencias o se habría podido medicalizar las residencias de mayores. Desde hace décadas se dejó de construir vivienda pública, y ahora hay millones de jóvenes que ven frustrado su derecho a la emancipación. Y así podríamos citar otros ejemplos que evidencian que las prioridades de los pueblos van por un lado y las de las instituciones por otro. Nunca es el momento de invertir en la necesidades y prioridades de la mayoría de la sociedad, para eso nunca hay dinero. Pero ahora, de repente, hay que destinar a la industria de la muerte 800.000 millones de euros, mientras se escatima para la Salud, la Educación, las Pensiones o la Vivienda.
El trampantojo es que nos venden el miedo a la guerra la urgente necesidad de rearmarnos, cuando en realidad se trata de seguir los dictados de las administraciones estadounidenses, incluida la actual.
El Gobierno de coalición, con sus dos cabezas visibles: Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, podría actuar de otra manera. Por ejemplo, en la estela de Zapatero, cuando nos sacó de la guerra de Irak repatriando de inmediato a las tropas destinadas sobre el terreno y negarse al incremento del gasto militar. Ese esfuerzo en el gasto bien podría dedicarse a la sanidad, la enseñanza pública, la construcción de viviendas, la inversión en infraestructuras, la subida de las pensiones… El mejor antídoto democrático frente a la ola reaccionaria y de extrema derecha, sería convertirse en adalid de la paz ante los pueblos de Europa. Son muchos los socialistas -con o sin carné- que esperarían algo así, y no que se convierta en un vasallo más de los planes de guerra de Trump.
El Partido Socialista, y todas las organizaciones políticas y sindicales que se reclaman de la defensa de los trabajadores y la mayoría social, deberían abrir este debate entre sus bases y en el conjunto de la sociedad, pues es debatiendo como se forma y madura una sociedad libre.
El conocimiento es un arma necesaria para evitar la manipulación.
Enrique Vega Fernández es Coronel de Infantería retirado. Diplomado en Operaciones Especiales, Paracaidismo y Buceo. Diplomado del Estado Mayor y del Colegio de la OTAN. Fue Mando de compañía y regimiento. Ha participado en operaciones de paz de la ONU y la OTAN en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Mozambique, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo.
Licenciado en Psicología y doctor en Paz y Seguridad Internacional (IUGM, UNED) con la tesis doctoral “Los conflictos armados del cambio de milenio”. Profesor de Gestión de Crisis y Resolución de Conflictos en el IUGM.
Autor de “Los conflictos armados del neoliberalismo”; “Protección Civil y Fuerzas Armadas: la Unidad Militar de Emergencias”; “Operaciones militares de gestión de crisis. Tipos, evolución y características”; “La Unión Europea frente a las catástrofes. ¿Es factible una unidad multinacional europea para emergencias?”; y “Somalia. Otras publicaciones colectivas y artículos en medios de comunicación”.
Pregunta: Detrás de la guerra que comenzó en Ucrania en febrero de 2022 hay tres elementos, al menos: el avance de las OTAN hacia el Este, la decisión de la UE de no depender de la energía rusa (gas y petróleo), y la tendencia expansionista de Putin hacia las antiguas federaciones de la extinta URSS ¿Cuál de ellos piensas que pesó más en el estallido del conflicto?
Creo que en este conflicto más que “el peso” de cada elemento, lo que nos puede aclarar los acontecimientos es la cronología. De los tres elementos, el primero es el avance de la OTAN hacia el este, hacia las fronteras rusas, a pesar del acuerdo (informal, pero firmado) con Gorbachov en 1991. Como consecuencia, cuando este avance puede llegar a Ucrania (Decisión de la Cumbre de la OTAN de Bucarest de 2008 de admitir a Ucrania y Georgia en la OTAN), es cuando Rusia considera que se ha traspasado un límite, para ella inaceptable, debido a las circunstancias especiales de Ucrania y en 2014 (ocupación de Crimea) y 2022 (invasión de Ucrania) decide saltarse el Derecho Internacional. El caso especial de Ucrania es que no era un miembro más del antiguo Pacto de Varsovia como otros muchos países eurorientales que se habían incorporado a la OTAN, sino República de la propia URSS, como lo eran los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania (miembros de la OTAN desde 2004), que encierran por el norte a Rusia (y Bielorrusia), como lo hace Ucrania por el sur. La decisión de la UE de no depender de la energía rusa es evidentemente consecuencia directa de la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Pregunta: Se está hablando de rearme, aunque es un término que no es confortable para todos. Desde un punto de vista profesional, militar, ¿lo que las instituciones europeas están planteando es un rearme?
Según la RAE, rearme es la política consistente en el incremento del armamento disponible por un Estado. Luego en un sentido puramente gramatical, lo que la Comisión Europea está proponiendo es un rearme. Otra cosa es que se lo quiera adornar con otras expresiones, debido a aquello de lo políticamente correcto, introduciendo propuestas y acciones que no corresponden exactamente al ámbito militar y, por lo tanto, del “rearme”.
En su reciente borrador de Estrategia de la Preparación de la Unión Europea se citan como riesgos a compensar por la Unión Europea expresiones cómo: ”agresiones armadas a uno o varios países europeos” y entre las “acciones clave” a llevar a cabo se habla de “maniobras militares conjuntas y cursos especializados para jóvenes y adultos” (quizás como compensación a la no existencia de servicio militar obligatorio).
Por otra parte, se habla de desplegar fuerzas europeas en misión de interposición en Ucrania (con respaldo estadounidense) por si Rusia volviese a atacar tras la tregua o alto el fuego que se pudiese alcanzar, es decir, fuerzas europeas lo suficientemente dotadas para como poder enfrentarse a una posible continuación de la agresión rusa, y se empiezan a dar cifras de gasto en armamento. Puede no llamársele rearme, pero lo es.
Pregunta: La OTAN cuenta con 37 bases militares distribuidas por Europa. Si son todas como las dos que tiene en España: Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla), ¿es correcto hablar de Bases de la OTAN, o es una etiqueta para no decir que son bases de los Estados Unidos?
Es una disquisición más formal que realista. La inmensa mayoría de las Bases desplegadas en Europa con personal y efectivos estadounidenses, lo están bajo la rúbrica OTAN, pero, como cualquier otro país, las puede utilizar para aplicarlas en misiones u operaciones pura y exclusivamente estadounidenses. Esto, en realidad, quiere decir, que las instalaciones de la OTAN pueden servir a intereses u operaciones exclusivamente estadounidenses o de cualquier otro país si se diese el caso.
Pregunta: Está resurgiendo, aunque los medios de comunicación lo presenten como algo minoritario, el rechazo a la pertenencia a la OTAN, ¿ves factible que España abandone esa estructura militar?
Posible indudablemente es. Es un problema de decisión política. Tanto salirse de la Organización (OTAN) como del Tratado que la sustenta (Tratado del Atlántico Norte, TAN), que no son lo mismo. Pero que sea posible, no quiere decir que sea fácil, debido a las presiones que se sufrirían de ciertas ideologías y fuerzas políticas españolas -me temo que no precisamente minoritarias- y de otros países (del actual Estados Unidos podrían ser incluso amenazas) de la Unión Europea, a lo peor también de forma mayoritaria.
La salida de la OTAN (no necesariamente del TAN), tal como están las cosas, empieza a ser, bajo mi humilde punto de vista, indispensable para los países de la Unión Europea, si de verdad ésta quiere llegar a alcanzar una cierta autonomía estratégica y operativa.
La Unión Europea dispone ya en estos momentos de esbozos para suplir la “organización” de la OTAN: las Políticas Exterior y de Seguridad Común (PESC) y Europea de Seguridad y Defensa (PESD), el Estado Mayor de la Unión Europea (EMUE), la Brújula Europea, etc., todos ellos, en estos momentos, estratégicamente “subordinados” a sus homónimos de la OTAN por deseo y decisión de nuestros propios Gobiernos. Sería conveniente que se le empezara a dar a esta estructura absoluta prioridad sobre la estructura OTAN (la O de OTAN) en base a una “estrategia UE diferenciada de la hegemónica y expansionista EEUU/OTAN”. Con la suficiente claridad de miras de entender el “factor tiempo”: no es posible en menos de ocho o diez años, y de entender el “factor geopolítico”: Rusia es un país europeo más, como nos muestra la historia europea, y sólo es rival de Estados Unidos (ahora enmascarado con vistas a neutralizar en lo posible su “coincidencia de puntos de vista” con su auténtico rival, China).
Pregunta: En su investidura, Trump anunció que retoma el proceso de retirada de los USA de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en distintas ocasiones ha amenazado con abandonar la OTAN ¿Tiene sentido la Alianza Atlántica sin los USA?
Ojalá Estados Unidos abandonara la OTAN, pero no creo que lo haga. El refuerzo geopolítico, político y militar que le proporcionan los demás países de la OTAN es de gran importancia para Estados Unidos. Lo que le interesa a Estados Unidos, quizás amenazando con salirse y exigiendo mayor contribución financiera (el célebre 5% del PIB en los presupuestos de Defensa), es “disciplinar” al resto de países OTAN para que sigan ejerciendo de “auxiliares obedientes” en sus aspiraciones de hegemonía y expansionismo.
Pregunta: Uno de los grandes pesos que contribuyó al hundimiento de la URSS fue la carrera armamentística que entabló con los USA, ¿no supondrá el incremento de los presupuestos en defensa, y entrar en esa lógica, una trampa mortal para la UE?
Es difícil, para mí, predecir algo tan complejo. Mi esquema sería. Creo que es conveniente el desenganche de los países europeos de la OTAN. Será mucho más fácil si se hace de una forma conjunta, progresiva (sin prisas) y continuada (sin pausas). Pero es fundamental tener claro el “para qué” queremos autonomía geopolítica, estratégica y operativa, vistas especialmente desde el punto de vista militar y de seguridad en el que creo que se centra esta conversación. Un “para qué” que indudablemente no puede dejar de tener en cuenta las “necesidades sociales y económicas” de cada país y del conjunto de Europa. Esta es la dificultad del imprescindible “para qué” previo. Creo que ayudaría dejar de considerar a Rusia como “necesariamente” enemigo y agresor y considerarlo como un país europeo más con el que se debe volver a negociar y comerciar sin vetos ni sanciones. El caso ucraniano, como ya he comentado, es muy singular, no extensible al resto de Europa.
Pregunta:Según datos de la Agencia Europea de Defensa, en 2024, el conjunto de los países de la UE, gastaron en Defensa 326.000 millones de euros, frente a los 149.000 de 2005 (un incremento del 119%). Mientras que Rusia, en 2024, tuvo un gasto militar de 111.000 millones de euros ¿Piensas que Europa necesita incrementar sus presupuestos militares en la medida que se está planteando?
Cada vez se oyen más voces recordando que el verdadero problema no es gastar más o menos, sino gastar mejor, y añado, gastando “para qué”. En roman paladino, si se acaba con la subordinación de las estructuras militares y de seguridad europeas a las de la OTAN, concebidas para mantener e incrementar en lo posible el hegemonismo y el expansionismo de Estados Unidos, y rechazando enemigos históricos a priori. Si, a pesar de tener estas consideraciones en cuenta, se llega a la conclusión de que hay que incrementar los presupuestos de Defensa, creo que se deberían incrementar, sin dejar de tener en cuenta otras necesidades quizás más perentorias, pero Europa, los países europeos, son en general relativamente “ricos”. Tampoco magnifiquemos el peligro de gastar algo más en defensa, si se demuestra que es conveniente. Desgraciadamente, en el mundo de relaciones internacionales que nos ha tocado vivir, la potencia militar es un factor decisivo. Por eso es tan importante el “para qué” la queremos, del que se derivarán “el cómo”, “el cuánto” y “el cuándo”.
Pregunta: Por último, ¿No crees que la UE está sobrevalorando a Rusia como enemigo a la vez que minusvalorando los riesgos de desestabilización que para Europa supone el genocidio que Netanyahu está cometiendo en Palestina?
Respecto a la primera parte de la pregunta, creo que está contestada en las respuestas anteriores. En cuanto a la segunda, lo primero que se me ocurre decir en relación al genocidio de Palestina es que la postura de la Unión Europea y de los países europeos me parece vergonzosa y cobarde.
Vergonzosa y cobarde porque, como también creo que ya he dicho, las posturas geopolíticas europeas actuales son simples “auxiliares” y “subordinadas” de la estadounidense. Aunque se nos llene la boca constantemente de ser “los defensores de la democracia y los derechos humanos en el mundo”. ¿En Palestina también?
Rompamos ese lazo de subordinación (saliéndonos de la OTAN) y tengamos nuestras propias políticas de seguridad y defensa (complementarias de las de Estados Unidos, si se quiere y cuando corresponda, pero independientes). Este es el indispensable “para qué”, al que ya he aludido varias veces. Porque el “para qué” que oigo y leo ni me convence ni le auguro unos resultados satisfactorios.
El rector de la UNED condecora al coronel Enrique Vega Fernández
Roberto Tornamira Sánchez, para Tribuna Socialista
Parafraseando el título de la novela de Alejo Carpentier, hoy, más que luces estamos en “el siglo de las crisis”. Un encadenamiento de hechos que no permiten atisbar un horizonte de próspera tranquilidad, sino más bien todo lo contrario.
Comenzamos el nuevo milenio con el cambio de moneda para doce países de la Unión Europea (UE). El 1 de enero de 2002 comenzó a circular el euro. Repentinamente, productos que costaban 100 pesetas pasaron a costar 1 euro, sin que muchas personas hubiesen tomado conciencia de que 1 euro era el equivalente a 166,386 pesetas.
Sorprendentemente, y solo explicable por el arte de los cocineros de la estadística, el año 2002 cerró con un incremento del IPC del 4%, mientras que los salarios de los 3.797 convenios colectivos que se negociaron aquel año se incrementaron, en promedio, un 3%, el SMI y las pensiones se revalorizaron en un 2%. La entrada en funcionamiento del euro no fue en sí misma una crisis, pero si provocó que el hecho ocasionase una pérdida de poder adquisitivo para las rentas del trabajo.
El principal objetivo era competir con el Dólar. Las consecuencias fueron, además de un fuerte incremento de los precios, que los países que se adaptaron al Euro tuvieron que realizar un proceso de recortes para reducir el déficit público. El resultado fue una mayor estabilidad para el capital, dado que se evitaba la fluctuación de la moneda, con sus periódicas devaluaciones; que afectan por igual a las rentas del capital que a las rentas del trabajo. A partir de entonces, las rentas del capital evitaron las devaluaciones, mientras las rentas del trabajo se devalúan por el alza de los precios.
La brutal crisis que comenzó a finales de 2007 fue la combinación de una crisis financiera y el estallido de la burbuja inmobiliaria. Las consecuencias: pérdida de empleo, cuyo techo se estableció en el primer trimestre de 2013, al alcanzar un 26,94% de paro (más de 6.200.000 desempleados); desahucios; en aquel mismo trimestre se produjeron más de 18.000 desahucios: 11.200 por impago de alquiler y 7.300 por impago de hipoteca. Entre 2008 y 2013 casi 500.000 autónomos perdieron sus negocios.
El origen de aquella crisis combinada estuvo en la Ley del Suelo de 1998, la que abrió la barra libre a la recalificación de terrenos, y la propaganda económica de que el crecimiento económico era poco menos que ilimitado, aunque la realidad era que se estaba en plena economía de engaño y casino, con las Hipotecas Subprime: créditos otorgados a clientes potencialmente insolventes, con fines especulativos, y que fueron mezcladas con otros productos financieros de alto riesgo, como los: CDO, MBS, CDS, ABS… siglas que esconden productos financieros especulativos que fueron comercializados de forma generalizada, muchas veces con engaño, llegando a la estafa en el caso del delincuente de las finanzas Bernard Madoff. En nuestro país tomó la forma de “acciones preferentes”.
Las medidas que se tomaron fueron brutales contra los derechos de la mayoría social: Las reformas laborales de 2010 y 2012 y la “Ley Mordaza de 2015”. Aún no derogadas en todo o en parte.
Paradójicamente, el PP, partido que impuso la Ley del Suelo que provocó la burbuja inmobiliaria fue premiado por los electores con una mayoría absoluta en las elecciones de 2011. Y a los especuladores se les prestaron más 100.000 millones de euros de dinero público que nunca han devuelto.
La crisis del COVID-19 casi se encadenó con los últimos años de la crisis económica en 2020 y 2021. En febrero de 2021 volvimos a rebasar los 4 millones de desempleados. En esos dos años, las pensiones se revalorizaron en un 1,8% y los salarios en el 3,22%, mientras que el IPC acumulado de aquellos 24 meses superó el 6%. Una nueva pérdida de poder de compra del 4,2 y del 2,8% respectivamente.
La crisis que desató el incio de la Guerra en Ucrania en febrero de 2022 ha tomado la forma de una ola inflacionaria que se va a encadenar con la guerra de aranceles que en estos momentos está tomando cuerpo, tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
En el quinquenio 2020-2024, el IPC acumulado ha sido del 16,32%, las pensiones se han revalorizado el 16,10% y los salarios el 12,53%, en promedio. Estas diferencias son respecto al IPC general. Los precios de la vivienda, en el mismo periodo, han crecido el 26,9%. Datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), dicen que los precios de los alimentos subieron en promedio para el periodo 2020 a 2023, un 38%, destacando productos como el aceite de oliva virgen extra que llego a incrementarse hasta un 225% en esos tres años.
Los datos nos dicen que el común denominador de estas crisis consecutivas ha sido la pérdida de poder de compra de salarios y pensiones.
Ahora llega el alza en los aranceles, y esa alza no le quepa duda a nadie que se repercutirá en los precios de los productos afectados. Se está barajando una horquilla de entre el 10% de incremento en el caso de una situación negociada, hasta una imposición del 25% en caso de no acuerdo. Otra consecuencia potencial de esta guerra arancelaria es la pérdida de empleo.
Los estados, como con la introducción del euro, piensan en medidas económicas para salvaguardar los intereses de sus capitales, haciendo recaer las consecuencias en los consumidores finales, lo que supone un saqueo de las rentas del trabajo.
A esta crisis potencial de los aranceles se le suma otra amenaza que puede repercutir en los servicios públicos. Se trata del incremento del porcentaje del gasto en Defensa. En 2024, España destinó a gasto militar el 1,28% del PIB, que son 16.000 millones de euros. Esta cifra se ha duplicado en estos últimos años: en 2019 el presupuesto para Defensa fue de 8.401 millones de euros, que equivalía al 0,6% del PIB. Esto supone un crecimiento del 90,4%.
PIB en del Estado español ha crecido hasta los 1,593 billones, por lo que el 3% del PIB destinado a Defensa supondría destinar 47.790 millones de euros y si la cifra fuese la exigida por la Administración estadounidense, el 5%, la cantidad alcanzaría los 79.650 millones de euros, lo que supondría un incremento del 398% del gasto para la guerra.
No se trata de buscar un término medio. La disyuntiva no está en aplicar un 3% o un 5% del PIB a defensa. La verdadera cuestión es si estamos dispuestos a renunciar a los derechos que nuestra clase social han conseguido en décadas de lucha. La decisión es apostar por la paz o fomentar la guerra, tras la cual se esconden los intereses de oligarcas y multinacionales (animamos a leer la Declaración que emitió ASTRADE el pasado día 24, con motivo del tercer aniversario de la guerra en Ucrania).
En cualquier caso, se una u otra cifra, esa decisión nos llevaría a tener que recortar de otros gastos, y la experiencia nos señala que volveríamos a vivir un proceso de recorte en los presupuestos de Sanidad, Educación, Pensiones, Dependencia, Vivienda pública, infraestructura… bien de forma directa recortando las partidas de gasto en los presupuestos –como ha sugerido el secretario general de la OTAN, a las órdenes de Washington-, bien de forma indirecta si el gasto en defensa se realiza con deuda pública, aunque no compute en el déficit público -una posibilidad que ya valoran los economistas de la UE-, pues acto seguido nos recordarían que el artículo 135.3 de la Constitución nos obliga al pago de la deuda y sus intereses, sobre cualquier otros gasto.
Es de todo punto absurda la lógica de la política que sumisamente asume la UE, cuando, formalmente protesta y dice que dará respuesta a la agresión arancelaria de Trump, pero ya están asumiendo el incremento del gasto en defensa. Sabiendo que el gasto militar de los USA está en el 3,5% de su PIB, Trump tiene en ese entorno su objetivo, por tanto, es inaceptable el juego de “te exijo el 5 para que tragues con el 3”. Es aceptar de hecho, por mucho que se patalee, lo que Trump está exigiendo: incrementar el presupuesto en defensa y continuar enviando armas a Ucrania.
El despropósito sería el deterioro del gasto en Sanidad, y en otros servicios públicos, dejándonos desguarnecidos ante otra posible crisis sanitaria como la del COVID-19, desprotección y falta de previsión que ya quedó evidenciada en 2020, como la falta de inversión y previsión en infraestructuras ha dejado en evidencia a las instituciones con la tragedia de la DANA.
Esta situación nos llevaría a profundizar en el bucle: recorte del gasto en servicios públicos/privatización de los servicios públicos.
El horizonte temporal es muy negativo para los y las jóvenes, para los trabajadores y pensionistas, en definitiva, para la mayoría de la sociedad. Es necesario que las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda rompan con la lógica del mercado, lógica que nos lleva a la ruina y la barbarie y que vuelquen todos sus esfuerzos en la defensa de los intereses de la mayoría social. Hoy, esos intereses están siendo defendidos por los movimientos sociales que se manifiestan en las calles exigiendo respeto a los servicios públicos, el derecho a la vivienda y/o justicia para los crímenes cometidos por gobierno como el de Madrid con los 7291 ancianos muertos en las residencias y el de la Comunidad valenciana con 224 muertos y 3 desaparecidos.
El destino no está escrito, evitemos el peor de los destinos.
Taher es un palestino de segunda generación, nacido en el exilio. Militante de la causa por la Liberación Nacional Palestina.
Pregunta: ¿En qué ha cambiado la llegada de Trump a la Casa Blanca en relación con la administración Biden?
A fecha de hoy, los cambios son evidentes. En lo material el genocidio ha frenado en cuanto a su intensidad, un relativo Alto el fuego, intercambios de prisioneros, o más ayudas humanitarias mejoran parcialmente la muy deteriorada vida del pueblo palestino en la franja. En lo político ha habido también un gran cambio significativo, se habla de las soluciones genocidas con desparpajo, se ha roto con la hipocresía occidental liberal, y los portavoces de la industria de la matanza hablan sin tapujos ni maquillajes.
Por lo demás sigue la desposesión, la miseria, y la ayuda a todos los niveles al proyecto colonial llamado ‘Israel’.
Pregunta: Desde el 7 octubre del 2023 han muerto casi 48.000 gazaties más los miles de desaparecidos que muy probablemente se encuentran bajo los escombros ¿Pase lo que pase de aquí en adelante deben juzgarse estas muertes como genocidio?
Según fuentes como The Lancet podríamos estar hablando de cientos de miles de muertes. Es desde luego un genocidio, y si existiera algo así como el derecho internacional y humanitario serían juzgadas. Sin embargo, el único capaz de hacer pagar un precio a los genocidas es el pueblo Palestino con su resistencia.
Pregunta: ¿Qué debiera de ocurrir o que debieran de hacer las naciones que no son ni Israel ni EE.UU., frente a la pretensión de Trump y Netanyahu de expulsar a los gazatíes de su territorio para colonizarlo y /o reconvertirlo en zona turística?
Cualquier estado que quisiera aparentar una defensa de los derechos humanos debería cortar relaciones, e imponer sanciones. La pretensión no es de Trump y Netanyahu, ni el genocidio nazi fue un capricho en la locura de Hitler. El imperialismo genocida alemán era un hermano gemelo al del resto de potencias coloniales con la particularidad de que se desarrolló en Europa.
Trump y Netanyahu son meros personajes que responden a intereses imperialistas, capitalistas y coloniales concretos. Solo la desaparición de la colonia ‘Israel’ puede frenar la limpieza étnica de nativos palestinos. Igual que solo la desaparición del III Reich frenó el holocausto contra gitanos, eslavos, judíos, comunistas, disidencias sexuales, etc.
Lo de convertirlo en una zona turística es una bravuconada reflejo de que en año y medio de matanzas no han podido impedir que la resistencia palestina siga plantando cara al ejército colono.
Pregunta: El territorio palestino comenzó siendo ocupado por el imperialismo británico en 1915, con el apoyo de la Sociedad de Naciones. Tras la segunda guerra mundial la URSS, los USA y Gran Bretaña, con el aval de las Naciones Unidas -heredera de la Sociedad de Naciones- decidieron deslocalizar a los judíos del continente europeo y trasladarlos a Palestina. Desde la guerra de 1948 se ha venido intentando la opción de los dos estados ¿Cuál es tu opinión sobre esta opción de dos estados?
La cuestión es si se pueden construir ‘opciones’ sobre la desposesión de un territorio de personas nativas, y mantener una entidad colonial injertada a sangre y fuego. La respuesta histórica es que eso es imposible. Solo posteriormente al genocidio total o casi total de los pueblos nativos se han podido implantar colonias estables. Sin el exterminio de los pueblos originarios no hay colonia posible.
EEUU existe sobre este tipo de exterminio, por ejemplo, y aun así siguen temiendo y reprimiendo a los pueblos originarios sobrevivientes. Con todo, ellos fantasean con ser parte de América. Más bien de ser la mismísima América. La oligarquía está en manos euroamericanas y solo los burgueses que aceptan el Poder Blanco pueden prosperar. La entidad Sionista, está aún mucho más atrás de eso, ellos se sienten parte de Europa, no de Asia. Juegan la Eurocopa, cantan en Eurovisión, arrancan olivos (ni aunque medio Mediterráneo sea europeo se conforman), y plantan flora típica del centro europeo. Que es el origen real de la élite colonial.
Desde el inicio de la colonización, se han expuesto ideas sobre consentir unas reservas o bantustanes para nativos, de mayor o menor tamaño, ello revestido con todos los eufemismos habidos y por haber. Estás promesas suelen servir para cooptar a las élites nativas más cercanas al imperialismo, y para tratar de calmar a parte de las masas oprimidas con promesas y migajas, pero tiene corta duración. Tan pronto como pasa la sensación de peligro para los colonos la idea se esfuma. Y la comunidad internacional solo vuelve a acordarse del estado Palestino, cuando la resistencia emplea la lucha armada.
Quienes proponen soluciones en base a dos estados, y esto lo practica la izquierda que se conforma con ser gestora de los intereses del imperialismo, ocultan el significado real de sus palabras incluso aunque crean que tal disparate es posible. El significado real conlleva dos opciones:
El primero es la voluntad de violar el derecho natural de los refugiados y refugiadas palestinas a volver a sus lugares de origen (derechos también afirmados en múltiples declaraciones y resoluciones de las Naciones Unidas). Somos 14 millones de palestinos entre el interior y la diáspora, mientras que los colonos israelíes que realmente viven en la Palestina histórica (lo que llaman los poderosos territorios palestinos e ‘Israel’) apenas son 6 millones si descontamos los que viven fuera y quitamos también a los palestinos nativos con nacionalidad israelí. 14 millones frente a 6. No dan las cifras para que democráticamente pudiera mantenerse la Entidad Sionista.
La otra opción que obvian maliciosamente es arrebatar derechos políticos a los palestinos, perpetuar el régimen de apartheid y que así si pueda mantenerse algo llamado ‘Israel’.
Hay otra tercera opción aún más retorcida, y es que los palestinos viviéramos en los bantustanes de Gaza y Cisjordania aunque nuestros lugar de origen sean otros. Ahí trataríamos de tener que vivir sin derecho real al retorno, sin soberanía de fronteras, aguas, ni cielo, sin ejército, sin continuidad territorial que permitiera una economía y vida nacional y sujetos a los caprichos genocidas y expansionistas del ocupante.
Hoy en día el régimen colonial de Tel Aviv ocupa parte de Líbano y gran parte de Siria. Un régimen que además tiene un fuerte compromiso con el genocidio internacional, desde la participación en la operación Cóndor, el apoyo a la matanza de congoleños por diamantes y minerales en estos días, o también muy recientemente su apoyo incondicional al régimen de Bakú que ha perpetuado un genocidio contra el pueblo armenio en Nagorno Karabaj hace un par de años, ante la pasividad internacional. De esto sacamos dos lecciones: la primera es que no se trata de religión, pues sionistas judíos ayudan a azeríes musulmanes a realizar una limpieza étnica contra armenios cristianos. La segunda lección es que solo la lucha armada protege a los pueblos frente a la colonización y la limpieza étnica.
Pregunta: Partiendo del reconocimiento del Estado palestino, algo que han hecho en 2024 y por vez primera tres países de la UE: España, Irlanda y Noruega, además de otros 140 países, lo que significa el 81% de la Asamblea General de la ONU. Y aceptando que a los palestinos no se les puede recluir en bantustanes sin fronteras y sin continuidad territorial, sin derechos sobre su espacio aéreo y sobre sus aguas, etc., ¿piensas que es factible el planteamiento que, aunque minoritario, también existe de la convivencia en un solo Estado?
La única solución es una Palestina libre desde el Río hasta el mar y esto es incompatible con un estado colonial como ‘Israel’, efectivamente. Hablamos a de un solo estado democrático donde convivan todas las personas independientemente de su credo, y en igualdad. Debe haber justicia, memoria y reparación, y deben se desmantelar todas las estructuras de opresión colonial. Está ha sido la línea de la Resistencia Palestina históricamente. Palestina es un territorio árabe, mayoritariamente musulmán, y con una importante minoría cristiana que ha rondado el 21%. También hubo siempre una fracción mucho menor de judíos nativos. Cómo el militante judío del Frente Popular para la Liberación de Palestina Nader Sadaqa, que lleva encarcelado por la ocupación 23 años y que podría ser liberado al fin con los intercambios de rehenes.
Hoy en día todas las facciones incluyendo las más demonizadas tienen esta posición. No cabe la persecución religiosa, o la discriminación por ningún aspecto. Cuando digo que es la posición de todas las facciones incluyo a Hamás, pueden consultar sus estatutos de 2017 en internet, que modificó las posiciones anteriores con una visión acientífica e incluso eurocéntrica.
Tenemos el antecedente en la liberación de Argelia. La resistencia argelina no tomo París, ni venció al ejercito nuclear galo en una batalla total; hizo la colonización insostenible con resistencia integral en todos los ámbitos, sostenidos a su vez por la lucha armada. Cuando finalmente se liberaron, el Frente de Liberación Nacional argelino suplicó a los colonos que se quedarán, les reconocieron como compatriotas argelinos para construir la nueva república juntos. Sin embargo, la aplastante mayoría de franceses y franco-descendientes se fue, los conocidos como pied noires. Podían haber vivido e incluso nacido en Argelia, pero solo en tanto en cuanto lo hicieron en colonias blancas, con vecinos blancos, sí que los nativos fueran elevados a la categoría de humanos. No querían permanecer en un país en los que su voto valiera lo mismo que los indígenas. Es de suponer que en Palestina sucederá algo parecido.
Ser colono no es un pecado original, ni una cuestión genética. Ser colono es una posición política que se refrenda todos los días con acciones y omisiones. Todo colono tiene la posibilidad de serlo, tiene la obligación moral de hacerlo. Pero es su decisión.
En la Palestina libre habrá palestinos musulmanes, cristianos, judíos y ateos.
También es natural que una Palestina libre ponga en duda la separación artificial que franceses y británicos crearon en todo el levante árabe. Los libaneses en palestina eran considerados palestinos y viceversa. Se podía ir en tren a Siria sin aduanas. Tenemos la misma lengua, la misma cultura, y una historia muy parecida, y es natural que vayamos hacia nuestra unificación. Un solo estado, sí, pero uno que tienda los brazos y cosa los fragmentos que de su corazón fueron cercenados.
Pregunta: En los últimos 17 meses se han convocado concentraciones, manifestaciones y otros actos de protesta contra el genocidio. Sin embargo, parece que hay dos bloques de colectivos, al menos en Madrid, que dicen luchar por lo mismo, pero que no convocan las movilizaciones unitariamente ¿por qué crees que ocurre esto?
Hay muchos territorios en los que salen diferentes corrientes para apoyar al pueblo palestino. Las diferencias estriban en lo que a estos movimientos les parece táctico, pero también hay diferencias políticas de fondo.
Si acudimos a los lemas el bloque de Asambleas por la Resistencia, que se llama Madrid por Palestina en Madrid es el que tiene madurez política y un compromiso internacionalista explícito. Se habla de apoyar a la Resistencia, se la legítima explícitamente.
Algo similar se ha desarrollado en paralelo en el ámbito autónomo de Euskal Herria, donde Palestinarekin Elkartasuna también muestra madurez política y compromiso internacionalista al priorizar el derecho a la resistencia, o la desaparición del proyecto colonial sionista.
Los otros bloques, con menos presencia de organizaciones políticas palestinas, apoyados por sectores de la izquierda institucional y sobre todo por un el bloque de ONGs impone un discurso menos amenazante para el status quo. Hacen peticiones a sus gobiernos sobre la venta de armas y ruptura de relaciones en el mejor de los casos, como RESCOP, que va madurando poco a poco su línea política, o directamente hablan de paz en abstracto como Gernika-Palestina en Euskal Herria.
Todas las movilizaciones por Palestina son necesarias, aunque la situación requiere más valentía y más escucha a las organizaciones palestinas centradas en su propia liberación nacional.
Hay un marginal tercer grupo, que consiguen relevancia gracias a contactos y medios como la oscura organización Recortes Cero. Que consigue que famosos y organizaciones como UGT o CCOO se sumen a dañinas campañas de “ni genocidio ni terrorismo” que bajo la excusa de la oposición al genocidio y el apoyo a la colonización sionista equiparán a víctimas y verdugos, a terroristas sionistas que cometen un genocidio con la teórica resistencia que la enfrenta. Estos últimos los menciono para poner sobre aviso a los desinformados que quieran apoyar a Palestina sinceramente, porque solo benefician a la propaganda sionista.
Pregunta: ¿Qué futuro inmediato prevés en este conflicto por la ocupación del territorio palestino?
Es difícil hacer predicciones porque el orden mundial está teniendo movimientos sísmicos. EEUU declina y nuevos actores entran a jugar un papel en coaliciones o por separado en sus esferas de influencia. El fin del poderío absoluto estadounidense da pie a nuevos movimientos soberanos en aquello que se llamaba el Tercer Mundo. Varios movimientos de liberación nacional han desarrollado capacidades en la guerra asimétrica capaz de humillar a ejércitos ‘invencibles’, de paralizar parte del comercio mundial, y además se han legitimado ante las masas populares. Por el contrario, EEUU y sus satélites como la UE están en franca decadencia y sin ninguna credibilidad internacional.
No parece que la colonia israelí sea capaz de seguir existiendo mucho tiempo más. Intelectuales como Illan Pappe han reducido su existencia a dos años como mucho. El fin de la sensación de seguridad, el fin del mito de la invencibilidad, las rupturas internas entre castas colonas por origen racial, por laicismo o religiosidad, por liberalismo hipócrita o formas más evidentemente fascistas, hacen ingobernable el proyecto. En su caída las colonias suelen ser aún más sanguinarias, no lo podemos perder de vista. Además, el fin de la ocupación sionista no lleva automáticamente la liberación de Palestina si nos remontamos a la experiencia histórica por ejemplo de Vietnam. Después de expulsar a los colonos franceses tuvieron que sufrir y combatir a los EEUU. Las palabras de Trump sobre anexionarse Gaza han sido probablemente un sondeo sobre esta posibilidad.
Roberto Tornamira Sánchez, para Tribuna Socialista
Mapa de guerra y conflictos armados en curso en 2024. Fuente: wikipedia
Vivimos tiempos convulsos, más de lo que la sociedad percibe; probablemente porque problemas inmediatos como la necesidad de vivienda, las dificultades para llegar a fin de mes, la intranquilidad por la espera en la atención sanitaria cuando se está enfermo o la educación de los hijos e hijas, junto a la desinformación de los medios de comunicación de masas, nos impide valorar en sus justos términos lo que está ocurriendo en el contexto internacional.
Los problemas más inmediatos de nuestra sociedad y la desinformación de los medios nos impide valorar lo que está ocurriendo en el contexto internacional
En febrero del año próximo se cumplen tres años de la guerra que mantienen Ucrania y Rusia, desde que en febrero de 2022 el ejército de Putin ocupara el Este de Ucrania. Un conflicto en el que la OTAN, comandada por los EE.UU., ha involucrado a las naciones de Europa en una espiral de incremento de los presupuestos para armamento, alimentando una guerra que amenaza con extenderse a todo el continente.
Se cumplen 3 años de la guerra de Ucrania. Un conflicto que ha disparado el incremento de los presupuestos de armamento en toda Europa
En paralelo, se ha desatado una ola inflacionaria que ha reducido profundamente la capacidad adquisitiva de salarios y pensiones que está provocando pobreza:
En el XIV (2024) informe elaborado por la Red de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, se detalla que el 35,8% de los pensionistas en nuestro país está en riesgo de pobreza o exclusión social. Y el 14,3% están por debajo del umbral de la pobreza severa. La tasa de pobreza o exclusión social para el conjunto de la población se ha situado en el presente año en el 26,5%, o lo que es lo mismo, 12,7 millones de personas están al borde de la pobreza y la exclusión. Entre los y las asalariadas, son 3 millones los que viven en riesgo de pobreza o exclusión, a pesar de tener un empleo.
En España, 12,7 millones de personas están al borde de la pobreza y exclusión social, incluyendo pensionistas, desempleados y 3 millones de asalariados
El 7 de octubre se ha cumplido un año de la incursión de Hamas en los territorios ocupados por Israel, que se saldó con más de 1200 muertos y 250 rehenes. A lo que el Gobierno de Netanyahu respondió con el inicio de una masacre que, de momento, ha segado la vida de más de 42.500 personas, casi 100.000 heridos y 21.000 desaparecidos, muy probablemente muertos bajo los escombros. Una masacre genocida que ha matado a más niños y niñas que a adultos, una barbarie que principalmente ha asesinado a más civiles que a hombres armados, incluidos algunos de los propios israelíes que se encontraban en manos de Hamas.
Tanto de la guerra que se mantiene abierta en suelo europeo como de la guerra que el Gobierno de Israel está extendiendo en Oriente Medio, no se dan cifras de soldados muertos; se habla de cientos de miles de muertos en ambos frentes en Ucrania/Rusia y no hay cifras fidedignas sobre bajas en el ejército israelí. Los gobiernos tomaron nota del efecto social de los casi 60.000 ataúdes que llegaron a los Estados Unidos procedentes de Vietnán, por ello niegan el dato a su opinión pública. De lo que no cabe duda es de que está habiendo una sangría de jóvenes, en todos los bandos.
Israel ha matado a más niños palestinos que a adultos y a más civiles que a miembros de Hamás
Llevamos un año soportando que EE.UU., y la UE hablen del derecho de Israel a defenderse. Y toda crítica es señalada desde Israel como antisemita. Pues bien, exterminar a una población por razón de su raza, etnia, religión o su política, no es defenderse, es un Genocidio. Y no se debe confundir, como maliciosamente hace el Gobierno de Netanyahu, antisemitismo con antisionismo. El pueblo judío es víctima también de la política fascista de su Gobierno. No celebramos lo ocurrido el 7 de octubre en el ataque a los kibutz, pero no podemos olvidar que es la consecuencia de 76 años de ocupación ilegal del territorio palestino, exilio, cárcel y asesinatos por parte del Estado de Israel, desoyendo múltiples resoluciones de la ONU. El apoyo incondicional que le dan los EE.UU., ha llevado a Israel incluso a acosar las posiciones de los cascos azules en el sur de Líbano, una actitud, la de los USA e Israel, que deja a la ONU como un pelele.
No se debe confundir antisionismo con antisemitismo. El pueblo judío también es víctima de la política fascista de Netanyahu
Potencialmente, no es menos grave la tensión militar que se vive en la región del Indo-pacífico. Un conflicto militar latente, repleto de incidentes que puede hacer estallar el conflicto entre la primera y la tercera potencia militar del planeta, según el ranking que el portal especializado Global Fire Power elabora anualmente.
En anteriores editoriales y artículos ya hemos abordado el origen no visible de estos conflictos: la economía y la geoestrategia en función de las vías de distribución de la energía.
La misma trastienda está tras las migraciones, que sí son un problema visible para la ciudadanía; otra cuestión es la percepción distorsionada que se le está dando al problema, pues las personas que abandonan sus países no lo hacen por gusto, lo hacen forzadas por situaciones de guerra, hambre y/o persecución. Migran a la desesperada, sabiendo que el viaje hacia un lugar mejor les puede costar la vida. Solo en el primer semestre de este año, 600 inmigrantes han muerto o desaparecido en la ruta del Atlántico y el Mediterráneo occidental.
En el orígen de todos los conflictos hay cuestiones geoestratégica relacionadas con la explotación, el control y la distribución de los recursos naturales, incluída la energía, causando además de muertes, millones de desplazados y migrantes
Tomemos Sudán como ejemplo:
La ONU, a través de su Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de abril de este año, 20.000 personas abandonan diariamente Sudan, en conflicto desde 2023, el 53% de ellas menores de 18 años.
Los inmigrantes que llegan a los países europeos son señalados por la derecha y la extrema derecha como “muertos de hambre que vienen a quitar el trabajo a los italianos, alemanes, españoles, franceses…” Pero en realidad, son víctimas de las políticas deshumanizadoras que aplican nuestros propios estados.
No debemos olvidar la historia colonial de las potencias europeas en África, colonialismo que no terminó con la independencia de esos países pues al colonialismo político le sucedió un colonialismo económico que hoy pervives. Sudan fue colonia de Francia hasta 1960. Las antiguas colonias francesas en África: como Mauritania, Sudan, Mali, Costa de Marfil, Niger o Senegal, continúan siendo suministradores de materias primas para Francia: uranio de Niger, resinas de Sudan, oro de Mali, aceite de palma y azúcar de Mauritania o cacao y petróleo de Costa de Marfil.
A los colonialismos políticos del SXIX y XX les han seguido los colonialismos económicos para la expoliación de los recursos naturales
Ahora, la Comisión Europea, liderada por Úrsula von der Leyen, y muchos gobiernos de la UE, se acercan a las políticas fascistoides del Gobierno italiano, consistentes en recluir en centros de detención a los inmigrantes, en terceros países. Arremeten contra las víctimas en lugar de auditar si el comercio de nuestras naciones con los países de origen se atiene a un comercio justo o les continuamos expoliando como en el siglo XIX.
Nuestro país no es ajeno a lo que ocurre. El Gobierno emite criterios contradictorios: está muy bien clamar contra la guerra, pero eso choca frontalmente con seguir alimentando la guerra, enviando armas y dinero y aumentando la presencia militar estadounidense en nuestro territorio -en la mañana del día 16 de octubre atracó en la base naval de Rota (Cádiz) el quinto destructor estadounidense, el “USS Oscar Austin”. Los cuatro anteriores llegaron entre 2014 y 2015. Un sexto destructor llegará en 2026-. Está bien afear lo que está haciendo Netanyahu y reconocer al Estado palestino, pero se contradice con el mantenimiento de relaciones diplomáticas y económicas con Israel.
Afear lo que está haciendo Netanyahu y reconocer al Estado palestino se contradice con el mantenimiento de relaciones diplomáticas y económicas con Israel
Tampoco somos ajenos al empuje de la extrema derecha. Nuestro Gobierno está prácticamente solo resistiendo contra el giro filofascista que se está produciendo en el seno de la UE ante la inmigración. Y sufrimos un intento tras otro de derrocamiento del gobierno desde que una Moción de Censura sacó al Gobierno de Rajoy de La Moncloa en 2018, y desde el día siguiente a las elecciones generales del 23 de julio de 2023. La última está siendo el intento togado dirigido contra el Fiscal General del Estado, con el acompañamiento mediático habitual y el guarreo político en las instituciones, con un clamoroso silencio de La Corona, tan aguerrida ella en el discurso del 3 de octubre de 2017 contra el referéndum en Cataluña.
Ante tanta locura solo las masas sociales pueden ejercer de freno e imponer cordura. Solo la movilización masiva, en unidad y continuada en el tiempo podrá parar esta deriva. Las organizaciones de la izquierda, partidos y sindicatos, tienen la responsabilidad de organizar la movilización.
Las organizaciones de la izquierda, partidos y sindicatos, tienen la responsabilidad de organizar la movilización
Desde Tribuna Socialista apoyamos el movimiento contra la guerra y el genocidio que está tomando fuerza en Europa, por ello participamos en el movimiento internacional contra el envío de armas a Ucrania e Israel y por eso apoyamos el Encuentro que ha tenido lugar en Berlín los días 2 y 3 de noviembre.
Debe estar conectado para enviar un comentario.