Guerra, petróleo y desorden mundial

Una vez más, el mundo contempla imágenes que creíamos desterradas del siglo XXI: ciudades bombardeadas, hospitales alcanzados por misiles, escuelas destruidas y poblaciones civiles atrapadas entre drones y artillería. Tras la devastación de Gaza, los bombardeos contra Irán y Líbano confirman que Oriente Medio vuelve a convertirse en el epicentro de una escalada militar con consecuencias imprevisibles.

La explicación oficial que ofrecen los gobiernos implicados suele ser siempre la misma: seguridad, estabilidad, defensa preventiva. Sin embargo, basta observar con atención el contexto geopolítico para comprender que estos acontecimientos forman parte de algo más profundo: una lucha por el control del orden mundial en un momento de gran inestabilidad internacional.

En este escenario, las palabras del presidente estadounidense Donald Trump resultan especialmente reveladoras. En un mensaje público reciente afirmó: “Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo ganamos mucho dinero.” Y añadió que su prioridad es impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear.

Detrás de esa cínica declaración se esconde una verdad incómoda: el petróleo continúa siendo uno de los ejes centrales de la política internacional. Oriente Medio es una de las zonas del planeta donde se concentran algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Controlar su estabilidad —o su inestabilidad— significa influir en el mercado energético global, y ese es el objetivo para la estrategia MAGA de Trump (Make America Great Again).

Los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante la presidencia de Trump, respondían precisamente a ese objetivo: integrar a diversos países árabes en un nuevo equilibrio regional basado en el reconocimiento del Estado israelí y en la contención de Irán. Sin embargo, esa reorganización regional choca con un obstáculo que sigue sin resolverse: la cuestión palestina, convertida en genocidio del pueblo palestino. Mientras ese conflicto permanezca abierto, cualquier intento de construir una “normalización” estable en Oriente Medio seguirá siendo frágil.

Pero el tablero no termina en la región. Lo que está en juego es también la rivalidad creciente entre las grandes potencias. China es uno de los principales compradores de petróleo iraní y venezolano, lo que introduce una dimensión económica directa en los conflictos actuales. La presión militar, las sanciones y las crisis regionales se entrelazan con una competencia global por recursos energéticos, mercados y rutas comerciales. Un día Trump sube aranceles. Al siguiente, Trump rebaja las sanciones al petróleo ruso. Las bolsas y la economía mundial se tambalean a ritmo de declaración trumpista.

A esta situación se añade un riesgo que ya está teniendo consecuencias inmediatas para la economía mundial: el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. Por ese paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier interrupción del tráfico en esa zona tiene efectos inmediatos sobre el comercio internacional, que además los especuladores del mundo entero aprovechan para aumentar su margen de beneficio.

Las consecuencias ya se notan en la vida cotidiana de millones de personas. El encarecimiento del petróleo provoca un aumento generalizado de los costes de transporte, producción y energía. Esto se traduce inevitablemente en una subida del precio de bienes y servicios que golpea con especial dureza a la clase trabajadora, tanto en Estados Unidos como en Europa y en el resto del mundo.

Europa, por su parte, se encuentra atrapada en esta dinámica. La guerra en Ucrania ha obligado a los países europeos a aumentar rápidamente su gasto militar y a reforzar su dependencia estratégica de la OTAN. El resultado es una aceleración general de la militarización internacional.

Oriente Medio no es el único foco de tensión. En distintos continentes se multiplican conflictos armados y crisis regionales: desde la guerra entre Rusia y Ucrania hasta los conflictos en Sudán, Yemen o la República Democrática del Congo. No estamos ante una guerra mundial en el sentido clásico del siglo XX, pero sí ante un escenario de confrontación permanente y fragmentado.

La consecuencia es un sistema internacional cada vez más inestable. Las intervenciones militares de las últimas décadas en Irak, Afganistán o Libia no han producido estabilidad, sino Estados debilitados, territorios fragmentados y sociedades profundamente heridas, pero eso al capitalismo le da igual. La destrucción de muchos hace ganar dinero a unos pocos.

Quienes aseguran que las nuevas operaciones militares pretenden reforzar el orden mundial olvidan una evidencia cada vez más visible: el uso sistemático de la fuerza no está produciendo estabilidad, sino exactamente lo contrario. En lugar de un orden internacional sólido, el mundo parece avanzar hacia una era de tensiones permanentes, conflictos regionales y una carrera armamentística cada vez más intensa.

En ese contexto, el mensaje que subyace tras muchas decisiones políticas resulta inquietante: cuando la economía global entra en crisis y la competencia entre potencias se intensifica, la guerra deja de ser una excepción y vuelve a convertirse en una herramienta habitual de la política internacional.

Por eso, frente a la lógica del rearme y de la confrontación permanente, resulta más necesario que nunca abrir un camino diferente. Frenar la escalada militar, detener las guerras en curso y reconstruir mecanismos internacionales de cooperación y diálogo no es solo una aspiración moral: es una condición imprescindible para garantizar la estabilidad económica, la seguridad colectiva y la posibilidad de construir un mundo en paz.

El capitalismo necesita la guerra. Los pueblos necesitan la paz.

Baltasar Santos

Primer Secretario del PSC del Vendrell

Democracia a la carta

El 28 de julio se celebraron las elecciones presidenciales en Venezuela, a penas 72 horas después Washington declaró presidente a Edmundo González.

                Desconozco el escrutinio real, pues, efectivamente, las instituciones venezolanas no han publicado las actas electorales. Lo único que han dicho los observadores internacionales es que el gobierno de Maduro debería hacer públicas las actas; lo que no significa que desmientan los datos del gobierno venezolano, ni que los avalen.

                Sé que no es comparable, pero no me resisto a mencionar que, en Madrid, el Gobierno del PP presidido por la señora Ayuso se ha negado a publicar las actas de la policía, referidas a las inspecciones en las residencias de mayores en las murieron en abandono 7.291 personas, al menos, a las que se les negó su derecho de asistencia hospitalaria. Aún no he visto ni oído a ninguna instancia internacional que recrimine esta barbarie ¿Es más grave el tejemaneje de un Estado, en este caso Venezuela, que miles de muertes en condiciones infrahumanas? Parece que la “democracia” se dicta a la carta, en función de los intereses ocultos en la trastienda política.

«Ayuso se ha negado a publicar las actas de la policía, referidas a las inspecciones en las residencias de mayores en las murieron en abandono 7.291 personas, al menos, a las que se les negó su derecho de asistencia hospitalaria. Aún no he visto ni oído a ninguna instancia internacional que recrimine esta barbarie»

                Eso que llaman “la Comunidad Internacional”, para hablar por todos nosotros y nosotras, ha rechazado la orientación bolivariana desde el primer momento, incluso tras haber ganado Hugo Chávez las presidenciales de 1998 por abrumadora mayoría, pero esa democracia no tuvo el aval de Washington y a partir de ahí comenzaron las sanciones y el boicot a la economía venezolana. Pondré un ejemplo de esto como muestra del doble rasero “democrático”:

                En septiembre de 2008, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dio orden de congelar cualquier cuenta bancaria o bienes del exministro de Interior venezolano, Ramón Rodríguez Chacín, y el director de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), Hugo Carvajal, y Henry Rangel Silva; cuentas que pudiesen estar bajo jurisdicción estadounidense, bajo la acusación de apoyo a las FARC en sus actividades de narcotráfico.

                Sin embargo, los USA no impusieron ninguna sanción a nadie de la Administración Reagan, ni disolvieron el Partido Republicano, por uno de los mayores escándalos que han protagonizado en su historia; en este caso me refiero a cuando tras las elecciones nicaragüenses de 1984 la CIA, con el conocimiento de la Casa Blanca, financió al grupo paramilitar y terrorista “Contra nicaragüense” con dinero de los cárteles de la droga.

                No me identifico con el “socialismo bolivariano” ni con el “socialismo del s. XXI” instaurado por Chávez y heredado por Maduro, lo que no me impide ver con claridad que lo que a la “comunidad internacional”, liderada por los Estados Unidos, le molesta es que se cuestione la propiedad privada de los medios de producción y de las materias primas. No es un problema de respeto o no de los derechos humanos; de hecho, en Venezuela hay mayor respeto a los derechos humanos que en Arabia Saudí, donde la compañía Aramco es propiedad del Gobierno saudí y el gobierno saudí es, a su vez, propiedad de la familia Saúd ¿Alguien cuestiona las relaciones económicas y diplomáticas con Arabia Saudí? ¿Algún organismo internacional está preocupado por los resultados electorales en Arabia Saudí?

«Lo que a la comunidad internacional liderada por los Estados Unidos le molesta no son los derechos humanos sino que se cuestione la propiedad privada de los medios de producción y las materias primas»

                Con datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), a fecha de 2022, Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo crudo del mundo, más que Arabia Saudí y que Irán; segundo y tercero en el ranking, respectivamente. Venezuela tiene el 20% de las reservas mundiales de petróleo. La riqueza petrolera, de gas y carbón venezolanos la gestiona el Estado a través de PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A.), de la que es propietario mayoritario desde 2007.

                Conoco Phillips es la tercera mayor empresa norteamericana de petróleo, con sede en Houston (Texas) y mantiene un contencioso multimillonario contra Venezuela, pues, antes de la llegada al poder de Hugo Chávez, la empresa tejana explotaba y exportaba enormes cantidades de crudo venezolano. Este no es el único conflicto que Venezuela mantiene en el mundo del petróleo, ya que desde la creación de PDVSA en los años 70 (s. XX) fueron muchos los intereses cruzados que se establecieron con compañías de diferentes países.

«Petróleos de Venezuela (PDVSA) es el verdadero objetivo y preocupación de la hipócrita Comunidad Internacional»

                Hago alusión a PDVSA porque concentra la gran riqueza energética, aunque no sea la única riqueza venezolana, y porque es el verdadero objetivo y preocupación de la hipócrita “comunidad internacional”. El bienestar del pueblo venezolano les importa más o menos lo mismo que la libertad de las mujeres sauditas, de las afganas o las de cualquiera de los emiratos árabes. Los derechos humanos en Venezuela les importan lo mismo que los derechos humanos en Palestina. En Venezuela lo que se disputa es si se liberaliza o no el petróleo o si es propiedad del Estado. Otra cosa es cómo lo gestiona el Estado venezolano, incluidas todas las trabas y boicots a los que su economía está sometida.

                El señor Edmundo González es un viejo diplomático que siempre ha estado al servicio del aparato del Estado venezolano, pero quién verdaderamente representa los intereses espurios que se dirimen en Venezuela es la señora María Corina Machado, un producto del programa World Fellows para la formación de líderes impartido por la Universidad de Yale (2009). Esta señora se declara cristiana y liberal, y comparte con el Sr. Milei la ambición por la privatización de las empresas estatales -aunque, de momento, Milei no podrá privatizar YPF-.

«La señora es un producto del programa World Fellows para la formación de líderes impartido por la Universidad de Yale»

                Los datos y los hechos se imponen a los dichos y las manipulaciones mediáticas. Washington ya intentó imponer a Juan Guaidó en 2019; se llegaron a inventar el título de “presidente interino”. Ahora utilizan a un septuagenario como pantalla para su verdadera apuesta. Todos y todas al servicio de los intereses económicos de las grandes multinacionales, protegidas a su vez por el todo poderoso aparato de Estado estadounidense.

«el bienestar del pueblo venezolano les importa lo mismo que la libertad de las mujeres sauditas, las afganas o los derechos humanos en Palestina»

El septuagenario Edmundo González es la pantalla que utiliza María Corina Machado para poner Venezuela al servicio de los intereses económicos de las grandes multinacionales

«Maria Corina Machado comparte con Milei la ambición por la privatización de las empresas estatales»

«Los datos y los hechos se imponen a los dichos y las manipulaciones mediáticas. Washington ya intentó imponer a Juan Guaidó en 2019 nombrándolo Presidente interino»

                Dejen que los pueblos decidan libremente su destino. Dejen de usurpar las riquezas de esos pueblos, así no tendrán que rechazar la inmigración que tanto les molesta.

Roberto Tornamira Sánchez
Presidente de ASTRADE