
Por qué conviene entender, sin tecnicismos, cómo se investiga un siniestro ferroviario
Desde Tribuna Socialista queremos mostrar toda nuestra solidaridad y afecto a las familias, amigos y compañeros de los 45 fallecidos en unos momentos terribles por la pérdida de personas con historias, sueños, futuro…y que han visto rotas todas sus ilusiones en este maldito accidente ferroviario. Queremos así mismo mostrar todo nuestro apoyo a los heridos y desearles una pronta recuperación.
La colisión ferroviaria de Adamuz (Córdoba) no es un suceso más en la crónica de incidencias: es una herida colectiva. En cuestión de segundos, un viaje rutinario se convirtió en tragedia y el país volvió a recordar, con crudeza, que la seguridad y la verdad importan tanto como el consuelo. Pero, junto al dolor, ha crecido otro problema: la confusión. La investigación avanza, sí, pero en paralelo circulan hipótesis prematuras, siglas incomprensibles para la mayoría y desinformación que se mueve más rápido que los hechos.
Este artículo pretende ser una guía clara. No para sentenciar una causa —eso corresponde a los peritos y a los juzgados—, sino para explicar qué se sabe, qué no se sabe todavía y por qué hay términos técnicos que, bien entendidos, ayudan a no caer en el ruido.
Lo confirmado: 45 víctimas y una emergencia sanitaria sostenida
A día de hoy, el balance oficial asciende a 45 personas fallecidas. Es el dato más duro y el único que debe presidir cualquier relato. A partir de ahí, conviene tener presente que la cifra de heridos y hospitalizados puede fluctuar, porque algunos pacientes reciben el alta y otros son derivados o revaluados. Hay personas que permanecen ingresadas y otras en estado grave, con seguimiento intensivo.
En tragedias de esta magnitud, además, suele ocurrir algo que resulta insoportable para las familias: la identificación no es inmediata. Aunque en algunos casos se puede avanzar con rapidez, en otros exige procedimientos forenses más complejos. Por eso, cuando se reclama “un resumen de las víctimas”, lo responsable es distinguir entre el número total confirmado y los detalles individuales, que solo deben difundirse cuando exista confirmación oficial y comunicación familiar.
Qué pasó, explicado sin jerga
El esquema básico, a falta del informe definitivo, se describe así:
- Un tren de alta velocidad descarrila.
- Al descarrilar, parte de sus vagones pierde la alineación con la vía y puede desplazarse lateralmente.
- Si ese desplazamiento invade la vía contigua —la del sentido contrario—, el riesgo de choque es extremo.
- El tren que viene de frente puede no disponer de margen suficiente para detenerse, aunque el maquinista frene y aunque existan sistemas automáticos.
Aquí hay una palabra que ayuda a entender todo: tiempo. Un tren a 200 km/h recorre aproximadamente 55 metros por segundo. Eso significa que un intervalo de apenas 20 segundos supone poco más de un kilómetro de distancia. Y un tren de cientos de toneladas no se detiene como un coche: necesita mucho espacio para frenar, incluso en condiciones óptimas. Cuando el obstáculo aparece de forma súbita, la física impone límites brutales.
Por qué se habla de un “vagón” concreto y de “un peso arrastrado”
En las primeras horas se han mencionado testimonios que apuntan a que pudo ocurrir algo anómalo en un vagón determinado y se ha especulado con la posibilidad de un elemento “adosado” o arrastrado en los bajos. Conviene tratar esto con cautela:
- Un testimonio es valioso para orientar la investigación, pero no prueba una causa.
- Una hipótesis como “algo arrastrado” requiere evidencias físicas: marcas en el carril, restos metálicos, daños específicos en bajos, trazas coherentes en la zona de inicio del descarrilamiento y correlación con los registros del tren.
- Si ese elemento existió, habrá que determinar si fue la causa del descarrilamiento o una consecuencia del propio siniestro.
En términos sencillos: lo importante no es que una explicación “parezca posible”, sino que encaje con un conjunto de pruebas independientes y consistentes.
Qué investigan los peritos en un accidente ferroviario
Para entender por qué la investigación lleva tiempo, hay que saber qué piezas se analizan. Normalmente, se trabaja en cuatro planos a la vez:
1. El tren (material rodante)
Se revisan ruedas, ejes, suspensión, sistemas de frenado, posibles fallos mecánicos, y se examinan los daños para reconstruir la secuencia: qué se rompe primero y qué se rompe después.
2. La infraestructura (la vía y su entorno)
La “vía” no es solo el carril. Incluye traviesas, sujeciones, balasto, desvíos, juntas, aparatos de dilatación y el estado geométrico del trazado. Cualquier anomalía —una deformación, una pieza suelta, una irregularidad— debe fecharse: ¿estaba antes o aparece tras el impacto?
3. La señalización y los sistemas de seguridad
Aquí aparecen las siglas. Traducidas: son capas que controlan autorizaciones, distancias y velocidades. La pregunta “¿funcionaron?” no se responde con opiniones, sino con registros: qué recibió el tren, qué detectó, qué ordenó el sistema y en qué milisegundo.
4. Los datos y comunicaciones
Los trenes registran parámetros: velocidad, frenadas, avisos, estados del sistema, etc. También se analizan comunicaciones operativas y coordinación de tráfico. Es el equivalente ferroviario a reconstruir un accidente con telemetría, no con intuiciones.
Lo que no se debe afirmar sin pruebas: explosivos, sabotajes y culpables instantáneos
En las horas posteriores a Adamuz han circulado teorías de sabotaje, explosivos o conspiraciones. A falta de cualquier evidencia pública confirmada por la investigación, esas afirmaciones son irresponsables. No solo porque pueden ser falsas, sino porque intoxican el debate, presionan a las familias con rumores crueles y desvían el foco de lo urgente: asistencia, identificación, acompañamiento y verdad.
El papel de las redes: útiles para ayudar, peligrosas para mentir
Las redes sociales han servido para localizar a personas, compartir teléfonos de atención y aportar pistas prácticas. Pero también han sido terreno fértil para imágenes falsas, vídeos descontextualizados y “confirmaciones” inventadas. En este contexto, una regla básica protege a cualquiera que lea o comparta información: si un contenido no tiene origen verificable y no está respaldado por fuentes responsables, no se difunde.
La viralización de historias periféricas —incluida la búsqueda de un animal de compañía citado en algunas crónicas— demuestra hasta qué punto el foco puede desplazarse. Es comprensible que esas historias conmuevan, pero no pueden sustituir el centro moral y periodístico del caso: las 45 vidas perdidas y la rendición de cuentas basada en hechos.
Qué puede exigirse desde ya
Hay una exigencia inmediata y otra de medio plazo:
- Inmediata: transparencia sobre el estado de la investigación dentro de los límites necesarios (no todo puede publicarse sin interferir).
- De medio plazo: auditorías técnicas, revisión de protocolos, evaluación de infraestructuras y sistemas, y responsabilidades donde corresponda, sin convertir el dolor en munición.
Adamuz no necesita ruido. Necesita verdad. Y la verdad solo llega con método, pruebas y paciencia, por más que duela esperar cuando lo que se ha roto es irreparable.
Maria Iglesias
A las víctimas y familiares de los accidentes
ferroviarios de Adamuz y Gelida
La Asociación Trabajo y Democracia, su Junta Directiva y el Comité de Redacción de Tribuna Socialista, queremos trasladar nuestro pesar a las familias de las víctimas mortales, accidentados y perjudicados en los accidentes entre el tren Iryo y el Alvia, que ha tenido lugar el día 18 de enero a su paso por Adamuz (Córdoba) y la familia del fallecido en el accidente del 19 de este mismo mes a su paso por la localidad de Gelida (Barcelona). Deseamos la más pronta recuperación de todas y todos los heridos.
Estamos en el momento de la necesaria investigación rigurosa y transparente, para determinar las causas de este desgraciado accidente, para poder depurar las responsabilidades que puedan corresponder, al objeto de evitar accidentes de características tan graves como estos.
La seguridad de las personas, trabajadores y viajeros, y de la ciudadanía en general, tiene que ser la prioridad en el transporte público, sea ferroviario, aéreo o por carretera.
Comité de Redacción de Tribuna Socialista
Junta Directiva de ASTRADE