Entrevista: Hamid Hoseini

Pregunta.- La prensa internacional informa de una gran movilización social contra el régimen y la respuesta represiva de este, ¿qué está motivando a la mayoría social iraní a salir a las calles a jugarse la vida?.

Las recientes protestas populares en Irán, que comenzaron el día 28 de diciembre en el bazar de Teherán, tenían su origen en problemas económicos y de subsistencia. Estos problemas fueron la chispa que cayó sobre un barril de pólvora compuesto por una acumulación de discriminaciones sociales y políticas que se habían ido amontonando a lo largo de 46 años de gobierno de la República Islámica.

La República Islámica de Irán, desde el inicio de su llegada al poder, redujo al 50% de la población del país —es decir, a las mujeres—, amparándose en las leyes de la sharía islámica, a seres de segunda categoría, privándolas de muchos de sus derechos básicos y humanos, siendo el más importante de ellos la privación del derecho a la libertad de elegir su vestimenta, además de muchas otras restricciones. Desde el principio, las mujeres, junto con una parte de los hombres de la sociedad, reaccionaron ante esta injusticia, pero nunca tuvieron la oportunidad de luchar de manera libre y cívica por sus reivindicaciones.

Junto a ello, las discriminaciones religiosas, étnicas, de clase, laborales y culturales mantuvieron a la sociedad en un estado de asfixia. El gobierno, durante todos los largos años de su mandato, se vio obligado, para imponer su voluntad sobre la sociedad, a cerrar la prensa libre, prohibir la actividad de los partidos políticos y someter las actividades civiles y sociales a un control severo.

El resultado de este modo de gobernar fue la instauración del totalitarismo como práctica habitual del poder y, paralelamente, la institucionalización de la corrupción en la estructura del Estado, mientras la pobreza y la miseria engullían a amplios sectores de la sociedad. Todo ello proporcionó la base material de las protestas.

Pregunta.- Desde tu punto de vista ¿Qué lleva al régimen de los ayatolás a reprimir a su pueblo con tanta violencia?

La República Islámica de Irán tiene razones suficientes para sentirse amenazada en cuanto a la continuidad de su propia supervivencia. Tras 47 años desde el inicio de un gobierno que se administra sobre la base de los mandatos coránicos, todavía no ha logrado proporcionar unas condiciones mínimas de vida digna a la mayoría de la población iraní, que asciende a 90 millones de personas. Más del 60 % de la población vive en la pobreza, el 30 % de los iraníes habita en zonas marginales, y la inflación alcanza cifras cercanas al 50%. El valor de la moneda nacional se ha devaluado frente a las divisas extranjeras y, como consecuencia, muchas personas han perdido sus ahorros. Los cortes diarios de agua y electricidad, junto con el desempleo y la falta de perspectivas claras, empujan a numerosos jóvenes a emigrar de su tierra natal.

Durante los 47 años de gobierno de la República Islámica, la población ha sido privada de participar en las decisiones fundamentales del país. Según la Constitución, la vida y la muerte de 90 millones de personas están concentradas en manos de una sola figura, denominada el valí-e faqih (guía supremo), que es el líder religioso de una parte muy reducida de la élite gobernante y de su base social. El 60 % de la riqueza nacional está bajo el control del líder del país, quien no se considera responsable ante nadie, ya que se percibe a sí mismo como representante de Dios. Desde sus inicios, este régimen ha colocado la preservación del sistema como la tarea principal de la estructura del poder y, para lograrlo, ha enviado a decenas de miles de disidentes a la horca o ante pelotones de fusilamiento. No reconoce otro lenguaje frente a sus opositores que el de las balas, la prisión y la tortura.

El lema «Mujer, vida, libertad» ha surgido del corazón de todas estas desgracias. La mujer simboliza la discriminación social. La vida representa la falta de las condiciones mínimas necesarias para la subsistencia, y la libertad encarna las presiones político-sociales que pesan sobre los hombros del pueblo. Tal vez sea difícil encontrar en el mundo un gobierno que despierte un nivel de odio tan profundo entre su propia población. Y, además de todas estas dificultades, se cierne desde hace tiempo sobre Irán y los iraníes la sombra de una guerra, proveniente de Israel y de Estados Unidos.

Pregunta.- La revolución de 1979 que derrocó a los Pahleví también tuvo como detonante las huelgas y protestas que se organizaron desde 1977, por motivos similares a los que hoy provocan el descontento social ¿Viviste aquellos acontecimientos?

En 1906, la Revolución Constitucional tuvo lugar en Irán con el objetivo de limitar las atribuciones del monarca y crear un Estado basado en la ley. Esta revolución marcó el rumbo de todos los movimientos políticos y sociales a lo largo de todo el siglo XX y del primer cuarto del siglo XXI.

La victoriosa Revolución Constitucional, en su camino hacia la estabilidad y el progreso, se enfrentó a numerosas resistencias. Finalmente, en 1921, el golpe de Estado de Reza Pahlaví, con la ayuda de Inglaterra, puso fin para siempre al reinado de la dinastía Qayar. En 1926, Reza Shah, mediante su coronación oficial, fundó la dinastía Pahlaví. Durante su reinado, Reza Pahlaví eliminó en la práctica todos los logros de la Revolución Constitucional.

El 16 de septiembre 1941, por exigencia de las fuerzas aliadas que habían ocupado Irán, se vio obligado a abandonar el país y su hijo, Mohammad Reza Pahlaví, lo sucedió en el trono. A la sombra de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Irán logró reconstruir nuevamente los valores de la Revolución Constitucional, y como resultado de ello, Mohammad Mosaddeq, un político nacionalista y liberal, llegó a ocupar el cargo de primer ministro, en 28 de abril de 1951.

Mohammad Mosaddeq impulsó la nacionalización de la industria petrolera y dio pasos importantes hacia la democratización del espacio político y social de Irán. Lamentablemente, este proceso se vio interrumpido por el golpe de Estado en 19 de agosto de 1953, llevado a cabo por Estados Unidos y el Reino Unido, junto con el propio Mohammad Reza Pahlaví, contra el gobierno de Mosaddeq, tras lo cual el sistema monárquico autoritario volvió a imponerse en Irán.

La revolución antimonárquica de 1979, en el contexto de la Guerra Fría entre los gobiernos occidentales liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, y con el objetivo de concluir la tarea inconclusa de la Revolución Constitucional y del movimiento de nacionalización del petróleo, así como de establecer un estado de derecho y democrático, derrocó a Mohammad Reza Shah Pahlaví. Sin embargo, el recién nacido que tanto habíamos esperado nació muerto.

Pregunta.- ¿En qué medida se asemeja la represión que se vive hoy y la que el pueblo iraní padecía bajo el Shah?

Quizá con audacia pueda decir que los iraníes nunca perdonaron el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno legal del doctor Mohammad Mossadegh, llevado a cabo por Mohammad Reza Shah y los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra. Los movimientos contra el despotismo y por la justicia social entraron en una nueva etapa a partir de 1963 y no se detuvieron hasta la Revolución de 1979, cuando Mohammad Reza Shah Pahlaví fue derrocado. En los años previos al triunfo de la revolución me había sumado a estas luchas y pude vivir de cerca todas aquellas magníficas protestas en las calles de Teherán.

Desde 1977, las protestas contra el gobierno ocurrían de manera continua en distintos lugares, y también se organizaban huelgas en talleres, fábricas y oficinas. A medida que pasaban los días y los meses, las protestas se volvían más multitudinarias y más grupos sociales se unían a los manifestantes; en la misma proporción, las deserciones dentro del aparato gubernamental aumentaban en todos sus sectores. En las semanas cercanas a la victoria de la revolución, muchos soldados e incluso oficiales y fuerzas del orden abandonaban sus puestos de servicio. Como culminación de este proceso, las huelgas en la industria petrolera pusieron fin a la vida del régimen dictatorial monárquico.

Debo añadir que, aunque en aquellas semanas y días tormentosos el régimen monárquico intentó controlar las protestas callejeras disparando contra los manifestantes e imponiendo la ley marcial en muchas ciudades, especialmente en Teherán, sin duda el nivel y la intensidad de la represión y de las matanzas nunca alcanzaron el grado que hoy alcanza el régimen de la República Islámica de Irán.

Roberto Tornamira, para Tribuna Socialista