Los Borbones y sus guerras: nuestros muertos


Edición especial por el 20º Aniversario de TS

2005-2025

Presentación

Los borbones nunca dan la cara, pero borbonean para garantizar sus privilegios. Así lo han hecho a lo largo de más de tres siglos, a costa del sufrimiento y la sangre de los pueblos del Estado español.

Este trabajo no pretende desvelar nada que no esté en los textos de historia; de algunos de ellos he tomado los datos objetivos: fechas, guerras y cifras de muertos, para presentarlos de manera lo más objetiva posible, sin renunciar a mi punto de vista firmemente republicano. Tampoco es mi pretensión profundizar en todo lo acontecido en los tres siglos y cuarto últimos de nuestra historia.

Es mi intención, y la del Comité de Redacción de Tribuna Socialista, contribuir al fomento del sentir republicano en nuestro país, y hacerlo en concreto en la antesala de las marchas republicanas que se preparan una vez más, este año para el 15 de junio de 2025, coincidiendo con el 20ª aniversario de Tribuna Socialista.

Es también el objetivo poner el foco en las guerras y conflictos sufridos en este largo periodo, como consecuencia de las decisiones de esta mezquina dinastía. Si estos hechos fuesen de dominio de toda la sociedad, serían más que suficientes para volver a dotarnos en el Estado español de un espacio de avance y prosperidad bajo una República como modelo de Estado. Solo la ignorancia de los hechos históricos, la propaganda maquilladora de la institución monárquica y los partidos políticos que trabajan a favor de esta institución hacen posible que la monarquía continúe en pie.

Esta familia de migrantes franceses reinan en nuestro país desde 1700, apoyados en fuerzas reaccionarias y militares; una minoría social insaciable e insensible al sufrimiento de las personas que componen la mayoría de la sociedad, como han sido insensibles al sufrimiento y la muerte de los cientos de miles de hijos de las familias más humildes y trabajadoras, a quienes enviaron a sus guerra por ambición de poder, llegando en ocasiones a enfrentarse distintas facciones de entre el mismo clan: ellos creaban el enfrentamiento mientras los muertos los ponían los hijos de los pueblos que componen España.

Continúan siendo insensibles hoy ante el genocidio en Palestina o los miles de muertos en el Atlántico y el Mediterráneo de quienes se ven obligados a abandonar sus países, sus familias y sus entornos sociales; no migran por ambición, como fue el caso de Felipe de Anjou.

Intentemos comprender nuestra actualidad, a base de conocer nuestra historia.

Roberto Tornamira
Presidente de ASTRADE

Su llegada a España hizo correr ríos de sangre

Felipe V (1700 – 1746)

Felipe de Anjou fue el primer Borbón que reinó en España con el nombre de Felipe V desde 1700 a 1746. Los chalaneos de la corte francesa de Luis XIV para hacerse con la corona española contra la Casa de Austria, con la que tenían lazos de parentesco, costó a España y a buena parte de Europa una guerra de sucesión de casi 15 años (1). Este conflicto segó la vida de entre 400.000 y 1.250.000 víctimas, según los distintos historiadores. Fue en el Tratado de Utrech, con el que se puso fin a esta guerra, donde se consignó que España cedía Gibraltar a la corona británica, por tanto, una pérdida que debe atribuirse a la Casa Borbón, por si interesa a los archipreocupados por la integridad de la patria.

Fernando VI (1746 – 1759)

A Felipe V le sucedió su hijo, Fernando VI, quien reinó desde 1746 a 1759. Este monarca tiene el dudoso orgullo de haber dictado la “gran Redada” o “prisión General de gitanos” (2), orden que, en 1749, pretendía eliminar a todas las personas de raza gitana que habitaban en España. El encargo lo ejecutó el Marqués de la Ensenada; quien es honrado hoy en día con una calle cercana a la Plaza de Colón de Madrid. La idea consistía en separar a hombre y mujeres, para que no pudieran reproducirse. Esta orden real puede considerarse el origen del estigma de la población gitana en nuestro país, y un claro ejemplo de genocidio.

Carlos III (1759 – 1788)

A la muerte de Fernando VI recayó la corona en Carlos III, hermanastro del anterior, reinando desde 1759 a 1788. Lo primero que hizo, el considerado “el mejor alcalde de Madrid”, tras ser coronado fue establecer el Derecho Divino, es decir, que, por si alguien tenía dudas o pretendía cuestionarle, su autoridad para gobernar proviene de la voluntad de Dios (3).

El que mandó construir la actual Puerta de Alcalá, nos metió en la Guerra de los siete años (4) que libraban Francia y Gran Bretaña, para qué: para recuperar Menorca y Gibraltar, territorios perdidos por sus antepasados en la Guerra de Sucesión. Esto ocurrió entre 1761 y 1763. Una de las más sonoras derrotas fue el intento de invadir Portugal, en 1762. De esta aventura bélica salió España escaldada, perdiendo algunas colonias en América: las dos Floridas, en favor de Gran Bretaña y Sacramento (en Uruguay), en favor de Portugal. Las víctimas sumaron 13.000 muertos, heridos y prisioneros, entre soldados y marineros. Para financiar esta guerra se creó la Lotería Nacional que hoy se continúa jugando en España con tanta fruición.

Este rey belicista, déspota ilustrado, nos volvió a involucrar en un conflicto armado, esta vez en la Guerra de independencia de los Estados Unidos de América (5), respecto de su metrópolis: Reino Unido. Se estima que España perdió 9.000 soldados en esta nueva aventura entre 1776 y 1779. Aunque para el “honor” borbónico se recuperó Menorca, Florida y la costa de Honduras.

Carlos III nos dejó en herencia la bandera rojigualda, que tanto gusta a los nacionalistas españolistas.

Carlos IV (1788 – 1808)

Heredó el trono Carlos IV y reinó de 1788 a 1808. Ni que decir tiene que la Corona española cerró sus fronteras y tomó medidas represivas para impedir que el furor revolucionario que se desató en Francia pocos meses después de la coronación de Carlos IV. Además de intentar, como otras casas reales europeas, salvar la vida Luis XVI, cuya cabeza rodaría en 1793. La respuesta de las monarquías, incluida la española, fue la de crear una coalición para atacar a la recién nacida República francesa, embarcando la Casa Borbón a los

españoles en una nueva guerra “La guerra de los Pirineos”. En la que murieron, resultaron heridos o desaparecieron entre 10.000 y 45.000 hispano-lusos (6).

Los monarcas de la Casa Borbón siempre nos han metido en problemas, por su cobardía o por su tendencia a arrodillarse ante dictadores; es lo que ocurrió cuando Carlos IV puso a disposición de Napoleón la escuadra española, desatando un nuevo conflicto con la Corona británica y que entrásemos en guerra con Portugal: ”La Guerra de las Naranjas” (7), conflicto que duró 18 días y del que no he encontrado datos de bajas.

Después, aprovechando las condiciones del Tratado de Fontainebleau (8), Napoleón ocupó España a nombre de la invasión de Portugal, tras la que Francia y España se repartirían el territorio portugués, pero que desembocó en la guerra de Independencia española en respuesta a la ocupación francesa, consentida por el Rey.

Fernando VII (1808 – 1813 y 1814 – 1833)

Estos desastres militares y los escándalos en torno a Godoy y el príncipe de Asturias (9), llevaron a la abdicación obligada de Carlos IV en su hijo Fernando VII en 1808, quien por su devenir como príncipe y su desempeño como rey se ganó a pulso reinar bajo el apodo de “el Rey Felón” (10). Reinó en dos etapas: una primera, durante dos meses en 1808, y la segunda de 1814 a 1833: entre 1808 y 1813 reinó José Bonaparte, el hermano de caudillo francés (11).

Mientras los españoles y españolas se dejaban la vida luchando contra el ejército invasor -se estima que hubo entre 300.000 y 500.000 víctimas– Fernando VII vivía cómodamente con su familia en el Castillo de Valençay; una prisión más cómoda aún que la que se ha dispensado al corrupto Urdangarín. En su ausencia se promulgó la Constitución de Cádiz (1812); liberal para aquellos años. Nada como salida de los borbones de España para que haya avances.

“En agradecimiento”, Fernando VII regresó a España en marzo de 1814 para orquestar un Golpe de Estado desde Valencia, dirigido por el general Francisco de Eguía, poniendo fin a la primera experiencia constitucional española y restaurando el absolutismo. Ciertamente no hay mayor felonía. Se abrió así el sexenio Absolutista que finalizó con el alzamiento del teniente coronel Rafael de Riego, en enero de 1820,

dando paso al trienio Liberal. Y aquí nace el himno de Riego, que fue adoptado como “marcha nacional de ordenanza”, lo que hoy llamamos himno nacional.

El Felón apeló a la Francia de Luis XVIII en 1823 para que enviase un ejército, “los Cien Mil Hijos de San Luis” (12), que posibilitase la reacción monárquica que acabó nuevamente con el segundo periodo constitucional. A este ejército se sumaron unos 30.000 monárquicos al que llamaron “Ejército de la Fé”, para mayor gloria de la historia Real.

Tras lanzar a un ejército extranjero contra su propio pueblo se abrió la Década Ominosa; una etapa de represión brutal que Benito Pérez Galdós narró en uno de sus episodios nacionales: “El Terror de 1824” (13).

Del Absolutismo al Liberalismo

Isabel II (1833 – 1868)

El reinado de este Borbón dejó en herencia La Corona a su hija de tres años, Isabel II, reinó entre 1833 y 1868, asumiendo la regencia durante su minoría de edad -hasta 1843- la viuda de Fernando VII, María Cristina de Borbón Dos-Sicilias. También nos dejó en herencia una guerra civil entre monárquicos (14): una primera contienda entre 1833 y 1840, una segunda desde 1846 a 1849 y la tercera de 1872 a 1876, guerras que enfrentaron a los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón y Borbón-Parma, hermano de Fernando VII, defensores de la monarquía tradicional, absolutista, que luchaban bajo el lema “Dios, Patria y Rey”; y a los “liberales” que es como se llama en la historia a los apoyos de la heredera del “insigne” Fernando VII. Se estima que estas contiendas se cobraron la vida de unas 130.000 víctimas.

Autores como Jesús Cruz Valenciano, han catalogado el reinado de Isabel II como “uno de los más corruptos de la historia de España” (15), tanto fue así que la corrupción de la clase minoritaria cercana a la institución monárquica cercenó la posibilidad de que España se subiese al tren de la industrialización.

Uno de los episodios más deplorables del reinado de Isabel II fue la conocida como “Noche del Matadero” (16), el 10 de abril de 1865, cuando la Guardia Civil y unidades del ejército reprimieron sangrientamente: murieron entre 15 y 20 estudiantes. El conflicto tuvo su origen en la orden emitida en octubre de 1864, por el gobierno del general Narváez -otro criminal con calle en Madrid- por la que se prohibía que las universidades hiciesen críticas al Concordato de 1851. Es un episodio muy ilustrativo, en el que no entro por cuestión de extensión y por estar fuera del objetivo de este artículo, pero que recomiendo a los lectores profundizar en él, pues se discutían conceptos educativos y de críticas a la monarquía realizadas por el republicano Emilio Castelar que hoy continúan de actualidad.

El conflicto armado del pueblo español al que nos arrastraron los borbones en sus peleas de familia -las guerras carlistas- no fue suficiente para Isabel II y sus gobiernos. Durante los años 1859 y 1860 tuvo lugar la primera guerra hispano-marroquí (17), motivada por la defensa de la ciudad de Ceuta -colonia española desde 1668 y la de Melilla -colonia española desde 1767-, aunque en realidad se trataba de una operación colonialista, aderezada por la codicia del generalato del ejército español, encabezada por el jefe del gobierno, el general O´donnell -otro “ilustre” en el callejero madrileño- y un intento de La Corona y sus apoyos de resarcirse del desastre de 1898. La contienda dejó 4.000 soldados españoles muertos.

En esta línea se desataron las guerras de la Conchinchina (Vietnam) entre 1858 y 1862 (18), con unos 1.000 muertos y heridos, y el intento de reanexión de la República Dominicana de 1861 (19) una aventura militar que costó la vida a 10.000 militares españoles y dominicanos proespañoles.

El sexenio democrático (1868 – 1874)

Al reinado de Isabel II le puso fin la revolución de septiembre de 1868. La reina salió para el exilio en París, bajo la protección de Napoleón III. Una vez más, la salida de los borbones de nuestro país abría un periodo democrático, el llamado sexenio democrático (1868 – 1874). A modo de contextualización, señalar solamente que en este periodo hay que distinguir tres etapas: (1868 – 1871) La del gobierno provisional, que promulgó la segunda Constitución española, la de 1869, que estuvo vigente hasta febrero de 1873; el reinado de Amadeo I de Saboya (enero 1871 a febrero de 1873); y la I República española (febrero de 1873 a diciembre de 1874).

Este paréntesis de esbozo democrático, -democrático si se compara con la historia anterior-, se vio cercenado por la restauración borbónica, de la mano, una vez más, de un general, Arsenio Martínez Campos, quien protagonizó un golpe de Estado, en diciembre de 1874, conocido como “El pronunciamiento de Sagunto”, que fue la vía que tomó la casa Borbón para regresar al poder, en la persona de Alfonso XII, hijo

de Isabel II y tatarabuelo de Felipe VI. Este golpe de estado militar puso fin a la I República española; una república que apenas la dejaron vivir 22 meses (Feb-1873 a Dic-1874).

Alfonso XII (1874 – 1885)

Con Alfonso XII la Casa Borbón había aprendido en la etapa de Isabel II que debían adaptarse a los nuevos tiempos y pactar con los liberales. Alfonso XII comenzó su reinado promulgando en junio de 1876 la tercera Constitución española, que estuvo vigente hasta el Golpe de Estado del general Primo de Rivera, con el visto bueno del rey, por no decir encargado por Alfonso XIII.

Es quizás el Borbón menos beligerante, salvo porque llegó al trono mediante un golpe de Estado militar y porque heredó de su madre la tercera guerra Carlista. En su reinado tuvo un escarceo colonial con Alemania, en 1883, en torno a las islas Carolinas y las islas Marshall (20).

Abriendo la puerta al fascismo

Alfonso XIII (1886 – 1931)

Tras su muerte por tuberculosis el 25 de noviembre de 1885, heredó la Corona su hijo Alfonso XIII, quien reinó entre 1886 y 1931. Este nació el 17 de mayo de 1886, tras la muerte de su padre. Ejerció la regencia su madre, la última de las muchas mujeres en la vida de Alfonso XII, María Cristina de Habsburgo-Lorena. Siendo aún menor de edad -comenzó su reinado sin tutelas en 1902-, en años de la regencia ejercida por su madre, se produjo el conocido como “desastre del 98” (21), referido a la pérdida de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam.

En 1909 comenzaron las escaramuzas con Marruecos. El detonante fue la actividad minera de la Compañía Española de Minas del Rif, que se había creado un año antes para explotar mineral de hiero en el protectorado español en Marruecos (22). En su Consejo de Administración se sentaban los pudientes empresarios de la época: Miguel Villanueva (ministro de Marina), Álvaro y Gonzalo Figueroa Torres (conde de Romanones y duque de las Torres), Juan Antonio Güell y López (conde de Güell) y Gerardo Roiz de la Parra y de la Pedraja (hijo de Jerónimo Roiz de la Parra), entre otros. Las tribus rifeñas consideraban, no sin razón, que España estaba usurpando las riquezas de su subsuelo, por lo que comenzaron a hostigar a la actividad minera, dejando 5 trabajadores muertos. La situación desembocó en la Guerra de Melilla y el desastre militar del Barranco del Lobo, que se saldó con la muerte de 150 españoles. Y como una de sus derivadas: La Semana Trágica de Barcelona (23). El rechazo social al conflicto, y en concreto al decreto por el cual el Gobierno de Maura movilizaba para la guerra a tropas reservistas, es decir, a los hijos y padres de la clase trabajadora. La represión se saldó con unos 160 muertos, 450 heridos y más de 1.700 arrestados.

Alfonso XIII y la minoría social privilegiada continuaron con sus pretensiones coloniales en Marruecos, intentando ocupar la Bahía de Alhucemas, en junio de 1921. Los rebeldes rifeños defendieron su territorio y plantaron cara al ejército español desembocando en el Desastre de Annual (24), con un coste de 13.000 vidas, solo en el bando español. Se abrió una investigación que redactó un expediente, conocido como el “Expediente Picasso” (25) considerado la mecha de ignición de la caída de la Monarquía borbónica en 1931, sin menospreciar la Huelga General de 1917 (26), la revolución de 1930 (27) y en medio la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera (28) y (29).

Una vez más, y como ya se ha visto en varios reinados borbónicos anteriores, un rey Borbón acude a un general del ejército para encargarle un golpe de Estado. Nunca lo reconocieron, aunque los hechos dejen clara su implicación.

El periodo de la Dictadura de Primo de Rivera no estuvo exento de conflicto armado. El 8 de septiembre de 1925 tuvo lugar el Desembarco de Alhucemas (30), con 200 muertos y 109 heridos, acción militar por la que España se hizo con el control del Rif.

En un nuevo acto “democrático” por parte de Alfonso XII, en enero de 1930 zancadillea a Primo de Rivera y nombra presidente del gobierno al general Máximo Berenguer, para que prosiguiera con un régimen dictatorial militar. Este nuevo periodo, conocido como “La Dictablanda” (31), tuvo dos presidentes de gobierno, ambos militares: el ya mencionado general Berenguer y el almirante Juan Bautista Aznar, tío-abuelo de José María Aznar.

De los crímenes más simbólicos del Alfonso XIII es el fusilamiento de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, por el intento de pronunciamiento militar de Jaca (32).

Al tío-abuelo de Aznar hay que agradecer que el 12 de abril de 1931 convocase elecciones municipales, comicios que se decantaron con tanta claridad hacia los partidos republicanos que Alfonso XIII hizo las maletas y puso dirección a París. El 14 de abril se proclamó la II República abriendo con fuerza las ventanas del Estado para sanear el pútrido ambiente social que había generado el reinado de Alfonso XIII.

El texto de la Constitución de 1931, cuarta Constitución en España, es digno de ser leído en su integridad, para poder valorar en su justo alcance el grado de progreso de aquel periodo de nuestra historia (33). Reseño a modo de muestra los tres primeros artículos:

Artículo 1º .- España es una República de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia.

Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.

La bandera de la República española es roja, amarilla y morada.

Artículo 2º.- Todos los españoles son iguales ante la ley.

Artículo 3º.- El Estado español no tiene religión oficial.

Franco se encargó, con su camarilla de generales golpistas, de poner fin a 5 años de democracia, exceptuando el bienio negro (noviembre 1933 a febrero de 1936).

Alfonso XIII se ubicaba ideológicamente en el fascismo falangista, y no dejó de intentar un pacto con Franco, desde el exilio (34). Franco cumplió parte de los acuerdos que pudiera haber hecho con la Casa Borbón y abrió la puerta a una nueva restauración en la ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947 (35). Restauración monárquica a la que puso nombre en la Ley de Sucesión de 1969 (36).

Los borbones son una familia que no tiene ningún reparo traicionarse unos a otros, incluso enzarzarse en un conflicto armado, en el que ellos raramente mueren, con tal de ponerse la corona en la cabeza. Esto lo hemos visto a lo largo de los reinados, broncas sucesiones y abruptas abdicaciones. Tras la II República no ha sido diferente: En 1041, Alfonso XIII abdica en su hijo Juan de Borbón, padre del hoy vecino de Abu Dabi (37). Franco, no solo no devolvió el poder a los borbones, tal y como habían hecho los generales golpistas que le precedieron, sino que quiso dejar claro que la sucesión en el reino de España la imponía él. Ante esto, es posible que un buen hijo hubiese forzado que se respetase la línea sucesoria; sin embargo, El Campechano se dejó querer por el franquismo y esperó seis años -desde su designación en la Ley de sucesión de 1969 hasta la muerte del dictador en 1975-.

La transición y aquí siguen 325 años después

Daría para otro artículo abordar esta cuestión de la sucesión en el Trono y las luchas intestinas en el seno del franquismo, entre quienes se decantaban por la continuidad de la dictadura con una figura decorativa y quienes querían una figura real que gobernase en la sombra, empezando por el propio Juan Carlos de Borbón. Saque cada cual sus conclusiones a la vista de los hechos acaecidos y acontecidos en estos últimos 50 años.

Juan Carlos I (1975 – 2014)

No por ser historia reciente dejaré de reseñar las guerras del reinado de Juan Carlos I (1975 a 2014). El conflicto armado más señalado en el que se ha involucrado a los pueblos del Estado español en su reinado fue la invasión de Irak (38), en la que España formó parte aportando apoyo logístico a las misiones militares de los USA y formando sobre el terreno a miembros de las fuerzas armadas iraquíes de la época post Sadam Husein. Pero el principal apoyo que España dio fue político, aunque sería más acertado decir que España se prestó a hacer de mamporrera de los objetivos de los Estado Unidos de América. Distintas fuentes dando diferentes datos de muertes en las participaciones militares españolas durante el reinado de Juan Carlos I, pero las 192 víctimas de los atentados de Atocha no se deberían sacar de las estadísticas, pues, salvo los hooligans de la derecha españolista, nadie duda de la relación directa entre nuestra participación en aquella guerra y dichos atentados.

Sobre este miembro de la dinastía borbónica, y para evitar entrar en otros derroteros ajenos a este trabajo, recomiendo la lectura del libro “La Gran Desmemoria” de Pilar Urbano. Hay muchos libros editados sobre Juan Carlos I, pero este que recomiendo cuenta con el certificado de calidad de que no gustó en el Palacio de la Zarzuela.

Irak es quizá el conflicto más claro por la mezquindad de José María Aznar, sin embargo, el jefe de los tres ejércitos nos ha involucrado en su reinado en diferentes conflictos, por mucho que los mencionen eufemísticamente como “misiones humanitarias”: Afganistán, Kosovo, Líbano… (39).

Felipe VI

La abdicación de Juan Carlos I en su hijo, Felipe VI, el 19 de junio de 2014, no fue voluntaria, sino bajo presión del aparato del Estado, con la convivencia de la propia Casa Real, a modo de enroque, para salvaguardar los intereses del clan ante la catarata de escándalos acumulados por el padre del actual rey, de tal magnitud que ni los diques de contención de la prensa y los “servicios del Estado” fueron capaces de ocultar y maquillar, como venían haciendo desde antes de 1975.

Felipe VI continua fiel al impulso bélico heredado en sus genes, y, aunque sea a nombre de misiones de paz, internacionales, etc., desde 2014 nos ha involucrado en no menos de 15 conflictos (40), con un soldado muerto cada 22 días desde 2011 (41).

Pongo fin aquí a una mera relación de datos: guerras, muertes y golpes de Estado, que son la pauta de una familia que lleva más de tres siglos en el poder, quitando y poniendo gobiernos, enfrentando a los españoles unos con otros…con el objetivo de mantener en sus manos los designios de la pluralidad de pueblos que nos configuran como Estado. Solo la resistencia y la lucha de esos pueblos nos han dado respiros de dignidad a lo largo de este largo periodo de nuestra historia.

Estamos en 2025 en una etapa en la que afloran las guerras y la barbarie, alentadas en muchas ocasiones por estados que se dicen democráticos. Las instituciones europeas y cada gobierno en su país, están lanzados a una campaña para convencer a la ciudadanía de que hay que prepararse para la guerra, argumentando con una hipotética extensión del conflicto entre Ucrania y Rusia; conflicto en el que Ucrania

juega el papel de “interpuesto” por los USA. Claro que no es descartable una generalización de la guerra en todo el continente, máxime cuando los gobernantes asumen que hay complacer las necesidades de los imperialismos, a los que estamos atados por nuestra pertenencia a la OTAN, con el objetivo de garantizar el incremento sostenido de las multinacionales y oligopolios como el del armamento, la energía, etc.

De momento, venimos sufriendo desde 2022 la guerra social que nos empobrece y que se deriva de la guerra en Ucrania, una guerra a la que nos ha empujado EE.UU., y a la que de forma complaciente ha aceptado la UE.

Los gobiernos de la Unión Europea se han lanzado a una campaña de sensibilización, a base de miedo y rusofobia. El futuro nos dirá a qué nueva guerra nos envía la Casa Borbón, lo que es seguro es que, en caso de conflicto, los muertos los pondrán los pueblos, aunque la guerra no sea de los pueblos.

Roberto Tornamira Sánchez
Presidente de ASTRADE

Referencias:

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  1. https://www.gitanos.org/actualidad/la_gran_redada__30_de_julio_de_1749/
  1. https://ucsc.cl/medios-ucsc/blogs-academicos/la-coronacion-del-rey-juan-carlos-y-el-derecho-divino-de-los-reyes/
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  1. https://publicaciones.defensa.gob.es/media/downloadable/files/links/P/D/PDF606.pdf
  1. https://elgrancapitan.org/portal/index.php/articulos3/historia-militar/309-la-guerra-de-los-pirineos
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  1. https://www.eldebate.com/historia/20220715/expediente-picasso.html
  1. https://nuestrahistoria.es/efemerides-19-agosto-huelga-1917/
  1. https://www.acami.es/efemerides/12-de-diciembre-de-1930la-sublevacion-de-jaca/
  1. https://wuolah.com/blog/dictadura-de-primo-de-rivera/
  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Viaje_de_Alfonso_XIII_y_Primo_de_Rivera_a_Italia
  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Desembarco_de_Alhucemas
  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Dictablanda_de_D%C3%A1maso_Berenguer
  1. https://www.zendalibros.com/fusilamiento-de-los-sublevados-de-jaca-14-de-diciembre-de-1930/
  1. https://www.congreso.es/docu/constituciones/1931/1931_cd.pdf
  2. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20210430/7417925/herencia-alfonso-xiii-dejo-franco-guerra-civil-dictadura-franquismo-juan-borbon.html
  1. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1947-7395
  1. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1969-915
  1. https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/29807/Trugeda%20G%C3%B3mez%2C%20Eduardo%20TFG..pdf?sequence=1&isAllowed=y
  1. https://www.nuevatribuna.es/opinion/victor-arrogante/guerra-irak-participacion-espana-armas-destruccion-masiva/20190316225935161075.html
  1. https://www.lavanguardia.com/politica/20170118/413447296951/circunstancias-muerto-336-militares-espanoles-ultimos-15-anos.html
  1. https://www.defensa.gob.es/misiones/en_exterior/
  1. https://www.20minutos.es/noticia/5220343/0/cada-24-dias-muerto-militar-espanol-acto-servicio-ultima-decada-cada-dos-dias-herido-accidentado/

¡Pueblos del Estado, construyamos la República!

Por Manuel Ruiz Robles

Frente a la gigantesca ola reaccionaria, blanqueada por el régimen del 78 impuesto por la reforma de la dictadura, es urgente que avancemos en la construcción de la República. La errónea política de apaciguamiento está facilitando el regreso amenazante de un monstruo que nunca se extinguió.

El franquismo es culpable del golpe militar contra el gobierno legítimo de la II República, además de ejecutor de la sanguinaria represión contra la oposición al golpe una vez acabada la contienda, con más de 130.000 desapariciones forzadas que no prescriben.

La dictadura terrorista del general Franco se prolongó cuatro décadas, asesinando opositores incluso hasta los días previos a su mutación engañosa.

El franquismo sigue hoy muy vivo en las actuales Fuerzas Armadas, de imposible reforma. Su blanqueamiento sistemático por los sucesivos ministros de defensa no ha cambiado su esencia, como lo prueban los continuos sucesos de enaltecimiento del franquismo, pese al tiempo transcurrido. Esta intolerable situación representa una amenaza muy real para los intereses de los trabajadores, las trabajadoras y las libertades populares tan duramente conquistadas.

La República que construyamos ha de ser respetuosa con la soberanía popular, expresión política de la libertad de los pueblos y base del poder capaz de disputar de forma efectiva la hegemonía política a la oligarquía financiera y terrateniente.

Una oligarquía cuyo instrumento de dominio fue la dictadura franquista y hoy lo es un régimen monárquico escasamente parlamentario, subordinado a la dictadura impuesta por el tratado de Maastricht, enemigo de los pueblos.

La amenaza reaccionaria agita por doquier, hoy como ayer, la bandera rojigualda de la dictadura franquista, que adoptó la bandera de los Borbones. Una dinastía que jamás trató fraternalmente a los pueblos y naciones del Estado español.

Lo prueba el inconstitucional y agresivo discurso del rey Felipe VI contra la Generalitat de Catalunya, representante legítima del pueblo catalán, cuyas más altas autoridades electas fueron procesadas, condenadas y encarceladas; si bien parcialmente indultadas, aunque no amnistiadas.

Nuestra querida Catalunya, una nación sin Estado, fue brutalmente apaleada por las fuerzas del orden borbónico, es decir violentamente reprimida por querer ejercer pacíficamente su legítimo derecho a decidir su futuro. Un pueblo humillado por un rey medieval, vergonzosamente adulado hasta la náusea, que como su patético progenitor es inviolable e impune aunque delinca.

Y por si fuese poco:

Al Rey, jefe del Estado, le corresponde el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, así como, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra y hacer la paz. (CE 78)

El escudo de la Segunda República tampoco representa a los pueblos del Estado, pues éste ignora a muchos pueblos y naciones que constituyen parte de nuestro ser histórico; una realidad plurinacional que rechazó suicidamente aquella añorada República, debilitando a las fuerzas republicanas frente al agresor nazi-fascista. La historia no se repite, pero a veces regurgita venenosas toxinas.

Un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre. La unidad no nacerá jamás de la coerción violenta, sino del libre consentimiento. Por ello, dadas nuestras circunstancias históricas, algunos militares pensamos que solo una República confederal en una Europa de los pueblos, libre a su vez de la dictadura neoliberal impuesta por el tratado de Maastricht, tendría un largo recorrido en paz y en libertad.

Por ello la bandera roja, amarilla y morada -enseña histórica de progresistas, demócratas y republicanos desde la década de 1830- limpia de símbolos equívocos, puede llegar a ser la de una República confederal, libre y fraterna, que está por construir.

Algunos republicanos de izquierda replican erróneamente que algunas fuerzas del llamado bloque de investidura no son republicanas. Su concepto ortodoxo de la República -fundamentalista y jacobina- explica que alguno de sus lideres históricos se haya manifestado junto a fuerzas neofascistas en Barcelona, no hace tanto tiempo, exigiendo la “sagrada unidad” de la patria.

El bloque de investidura es sin duda esperanza de un futuro más democrático y solidario. Un futuro que deseamos fervientemente, en donde la libertad y la fraternidad, que brotan de la justicia social, sean sus líneas de acción prioritarias, pues sin libertad no hay justicia social ni patria que valga ni paz que resista.

Es de esperar, por tanto, que el bloque que sostiene actualmente al Gobierno de coalición progresista, sea capaz de construir y ensanchar «…las grandes alamedas por donde pasen la mujer y el hombre libres para construir una sociedad mejor».

Manuel Ruiz Robles, activista del movimiento de militares republicanos y republicanas.

Soy Republicano, a mucha honra

Hace unos días se conmemoraba (yo lo celebraba) el aniversario de la proclamación de la II República. Los hechos fueron bien simples; después de las elecciones democráticas del 14 de abril de 1931, los partidos republicanos ganaron por amplia mayoría, ello supuso que el Rey Alfonso XIII huyera de España … igual que hizo su nieto … e igual que hicieron otros Borbones.

Algunas veces, demasiadas pienso yo, cuando en una reunión de amigos sale algún tema de política de Estado y digo que soy Republicano, me miran como si fuera una cosa rara, de muy izquierda, un tipo de siglos pasados.

Algunas veces, demasiadas pienso yo, cuando en una asamblea de mi partido planteo que es necesario señalar claramente el posicionamiento republicano del PSOE, me dicen que “ahora no es el momento”.

Pero a mí me da igual, reunión de amigos, de partido o escribirlo cada vez que puedo, sí, soy Republicano y a mucha honra.

Es más, es que no entiendo cómo podemos aceptar en el siglo XXI un modelo de Monarquía Parlamentaria, donde según nuestra Constitución “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español …”, añadiendo además que “La persona del Rey es inviolable”, es decir que puede robar, violar o lo que dé la gana y no tiene responsabilidad penal alguna (a las pruebas del anterior Rey me remito).

La Constitución Republicana señalaba que “España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”, añadiendo además que “Todos los españoles son iguales ante la ley”, es decir, que no hay nadie inviolable.

En definitiva, que un Estado republicano solo es nuestro Estado sin la figura del “Rey”.

Y un “Rey” es un tipo, de carne y hueso, que por vía espermatozoidal va pasando de padres a hijos (todavía a varones). Estos desde su nacimiento tienen previsto convertirse en los jefes de nuestro Estado por tener la sangre azul (aunque todavía no se ha demostrado) … exactamente igual que en la época feudal.

En esta Monarquía Parlamentaria, eres súbdito/a, no elegimos al jefe del Estado, siendo esta una figura hereditaria y vitalicia, además de ser inviolable ante la ley.

En una República, eres ciudadano/a, elegiríamos al jefe del Estado, se renovaría democráticamente en las urnas y sería responsable de sus actos ante la ley.

Esa es la diferencia, tú eliges, yo lo tengo muy claro.

Rafel Fuentes

Militante Socialista y Republicano de Málaga

Nota de redacción

Declaración TS 14 abril 2022

El pasado 14 de abril, el Comité de Redacción de TS lanzó una declaración para commemorar el aniversario de la proclamación de la II República. Podeis recuperar el texto en el siguiente enlace:

https://tribunasocialista.com/2022/04/14/la-monarquia-heredada/