Editorial: La primera víctima de la guerra es la verdad

Una vez más y casi repentinamente las instituciones europeas y nacionales nos intentan convencer de lo contrario que nos han dicho durante décadas.

Le llaman “rearme”, cuyo antónimo es “desarme”. Es un término que a nuestro presidente del Gobierno no le gusta, quizá porque en castellano es muy explícito y no facilita que la sociedad se lo trague sin más. Se dice que fue Esquilo quien acuñó la frase “la primera víctima de la guerra es la verdad”. Con independencia de si fue o no su autor el dramaturgo griego, de lo que no cabe duda es de que es una frase certera.

Hay demasiadas prisas y muchos interrogantes sin responder. La ceguera de los pueblos, ante las propuestas de salvación de sus dirigentes, ha costado muy cara a lo largo de la historia. Los dirigentes de las instituciones supranacionales, como la OTAN o la Comisión Europea vienen haciéndose eco de lo que desde Washington se lanza como amenazas e imposiciones; mensajes que no son nuevos, aunque sí en su forma y tono. Veamos:

El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, tan solo 72 horas después de que Trump tomara posesión de la presidencia de los Estados Unidos de América (EE.UU.), el pasado 20 de enero, instó: “a los aliados occidentales de Ucrania a brindar más apoyo a Kiev, asegurando estar de acuerdo con el presidente estadounidense Donald Trump, quien exige que los países miembros de la alianza aumenten su presupuesto de Defensa del 2% al 5% de su PIB.”

Por su parte, Úrsula von der Leyen, unas semanas después, decía “Puede que la amenaza de guerra no sea inminente, pero no es imposible”. Y, a primeros de marzo, su Comisario de Industria, el Sr. Thierry Breton, ha declarado que “Necesitamos cambiar el paradigma y pasar al modo de economía de guerra”.

Basten estos tres ejemplos concretos de esta campaña de “sensibilización” para hacernos algunas preguntas fundamentales, antes de tomar posición.

Estos dirigentes institucionales, aunque hayan cambiado los sujetos, son quienes nos llevaron a la gran crisis de 2008, por ende, no deberían gozar de demasiada credibilidad. Han tenido algunas décadas para velar por la independencia económica y militar de Europa, y no lo han hecho ¿Por qué ahora?, ¿por qué la prisa?

A lo largo de la historia, en el s. XIX y en el s. XX, respectivamente, ha sido Francia y Alemania quien ha intentado invadir Rusia. Por otro lado, mientras Europa gastó en defensa 326.000 millones de euros, Rusia, en el mismo ejercicio económico -con la guerra en curso en Ucrania- gastó 111.000 millones de euros ¿Es creíble la amenaza de Rusia a Europa?

Si se trata de ser independientes de los EE.UU. ¿Por qué nadie dice con claridad que Europa se rearmará con industria propia y no seguirá gastando entre el 60% y el 80% de su gasto en defensa siendo cliente de la gran industria de armamento estadounidense?

También nos tocan por el lado de la moralidad y la ética al hablarnos de la importancia de defender los valores y principios de la cultura europea ¿Defendemos los valores de la cultura europea manteniendo relaciones diplomáticas y económicas, incluido el comercio de armas y/o tecnología para la guerra, con un Estado fascista que ha exterminado ya a más de 50.000 personas en Palestina, y que ha creado una oficina para preparar la limpieza étnica de Gaza?

Estas son solo algunas de las muchas cuestiones que hacen imposible apoyar el incremento del gasto en Defensa, y da lo mismo si es un 2, un 3,5 o un 5%; no solo es la cantidad, es el para qué.

Las instituciones españolas, incluidas las valencianas, desde el jefe del Estado hasta el último ayuntamiento, no han invertido en las infraestructuras hidráulicas que hubiesen evitado muchas muertes en la DANA del pasado mes de octubre. En pandemia se hubiesen evitado miles de muertes si se hubiese ido incrementando el gasto en Sanidad, en lugar de lo contrario, por ejemplo: en Madrid no se hubiesen colapsado las urgencias o se habría podido medicalizar las residencias de mayores. Desde hace décadas se dejó de construir vivienda pública, y ahora hay millones de jóvenes que ven frustrado su derecho a la emancipación. Y así podríamos citar otros ejemplos que evidencian que las prioridades de los pueblos van por un lado y las de las instituciones por otro. Nunca es el momento de invertir en la necesidades y prioridades de la mayoría de la sociedad, para eso nunca hay dinero. Pero ahora, de repente, hay que destinar a la industria de la muerte 800.000 millones de euros, mientras se escatima para la Salud, la Educación, las Pensiones o la Vivienda.

El trampantojo es que nos venden el miedo a la guerra la urgente necesidad de rearmarnos, cuando en realidad se trata de seguir los dictados de las administraciones estadounidenses, incluida la actual.

El Gobierno de coalición, con sus dos cabezas visibles: Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, podría actuar de otra manera. Por ejemplo, en la estela de Zapatero, cuando nos sacó de la guerra de Irak repatriando de inmediato a las tropas destinadas sobre el terreno y negarse al incremento del gasto militar. Ese esfuerzo en el gasto bien podría dedicarse a la sanidad, la enseñanza pública, la construcción de viviendas, la inversión en infraestructuras, la subida de las pensiones… El mejor antídoto democrático frente a la ola reaccionaria y de extrema derecha, sería convertirse en adalid de la paz ante los pueblos de Europa. Son muchos los socialistas -con o sin carné- que esperarían algo así, y no que se convierta en un vasallo más de los planes de guerra de Trump.

El Partido Socialista, y todas las organizaciones políticas y sindicales que se reclaman de la defensa de los trabajadores y la mayoría social, deberían abrir este debate entre sus bases y en el conjunto de la sociedad, pues es debatiendo como se forma y madura una sociedad libre.

El conocimiento es un arma necesaria para evitar la manipulación.

El Comité de Redacción

Ucrania: alcanzar la paz y el desarme nuclear

El 31 de mayo tuve el gusto de participar en el acto “Ucrania: alcanzar la paz y el desarme nuclear”, en formato de charla-coloquio, organizado por el Club de Amigos de la Unesco de Madrid (CAUM). Fui invitado por el doctor en Psicología (UNED) y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (UCM). Ambos somos firmantes del Manifiesto ¡Alto a la Guerra! ¡Alto el fuego inmediato, sin condiciones! El acto estuvo presentado por la periodista, Teresa Aranguren.

Se abordó el problema de la guerra desde el punto de vista histórico, así lo enfocó Rafael Fraguas, Periodista y doctor en Sociología, recodando los antecedentes desde la disolución de la URSS y los compromisos adquiridos por occidente de no expandirse hacia el Este, más allá de Alemania, y a cambio la URSS cedía en la adhesión a la OTAN de la Alemania unificada. El acuerdo se fraguó, en febrero de 1990, entre el canciller de la Alemania Federal, Helmut Kohl, el secretario de Estado de los USA, James Baker III y el jefe de Estado de la URSS, Mijaíl Gorbachov, en los siguientes términos:

La OTAN es el mecanismo para asegurar la presencia estadounidense en Europa. Si la OTAN se liquida, no habrá tal mecanismo en Europa. Entendemos que no sólo para la Unión Soviética sino también para otros países europeos es importante tener garantías de que, si Estados Unidos mantiene su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, ni un centímetro de la actual jurisdicción militar de la OTAN se extenderá en dirección al este

El acuerdo se cerraría en julio de 1991, cuando el secretario General de la OTAN Manfred Woerner aseguró a Boris Yeltsin que “con el apoyo de 13 de los 16 países miembros de la OTAN se comprometían a no expansionar hacia el Este la OTAN”.

Es evidente que “hombre blanco volvía a hablar con lengua de serpiente”.

En marzo de 1999, República Checa, Hungría y Polonia se incorporaron a la OTAN. Entre 2004 y 2020, se han incorporado: Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Albania, Croacia y Montenegro. Desde antes de 2014 se lleva fraguando la incorporación de Ucrania. Y por la vía urgente se ha aprovechado para la adhesión de Suecia y Finlandia.

Es como si China o Rusia conformasen una estructura militar similar a la OTAN y a esta se adhiriesen Méjico y Canadá ¿Cuál sería la reacción de los EE.UU.?

En mi intervención, como miembro del CATP, estuve de acuerdo con que todo este devenir histórico es así y prueba que las distintas administraciones de los Estados Unidos, desde la que presidió George H.W. Bush, hasta la actual con Joe Biden, han incumplido sistemáticamente sus compromisos. Pero qué se puede esperar de una nación que ha mentido tantas veces a lo largo de la historia para justificar guerras en pro de los intereses económicos de su minoría social: el 15 de febrero de 1898 hundieron el Maine en el puerto de La Habana, matando a sus propios marineros; el 4 de agosto de 1964 provocaron el incidente naval del golfo de Tonkín, para justificar su implicación total en la guerra de Vietnam; y en 2003, se inventaron las “armas de destrucción masiva en Irak”, a pesar de las inspecciones de Naciones Unidas sobre el terreno, para invadir y destruir aquella nación. Sin embargo, todos estos antecedentes y evidencias no justifican la invasión del territorio ucraniano por parte de las tropas de Putin.

Tras estos movimientos diplomáticos, políticos y bélicos siempre se ha escondido un interés económico acompañado del geoestratégico. Detrás del avance de la OTAN hacia el Este, lo que hay es una lucha encarnizada por el mercado de la energía. Hay que saber que, en 2012, la UE compraba a Rusia gas y petróleo por valor de 157.000 millones de euros anuales. Antes de comenzar 2022, esa cifra había caído un 31,2%. Mientras que en 2020 el 43% del gas provenía de Rusia, en noviembre de 2022 han descendido al 12,9%. El gran beneficiado de este trasvase de suministro energético está siendo Estados Unidos.

El plan de reemplazar a Rusia como suministrador de energía se elaboró antes de la invasión. El 25 de julio de 2018, en Washington D.C., Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Donald Trump, presidente de los USA, acordaron un “Área de la energía”. Desde aquel momento, la venta de Gas Natural Licuado (GNL), desde los USA a Europa, se incrementó en un 181%, hasta marzo de 2019. En los cuatro primeros meses de 2022, las exportaciones de GNL estadounidense se incrementaron en un 117%.

Estados Unidos está teniendo dificultades para suministrar todo el GNL que se le demanda, tanto es así que la compañía de GNL Cheniere, la mayor de los USA, se ha embarcado en la construcción de un macro puerto en Corpus Christi (Texas), para atender la demanda futura. Si a la ingente cantidad de millones de dólares que supone la construcción de un puerto de estas características le añadimos el presupuesto para gasto militar que el Senado de los EE.U., ha aprobado para 2023: 858.000 millones de dólares, entenderemos que esta guerra va para largo y por qué cualquier propuesta de alto el fuego y negociación de paz es rechazada desde el lado atlantista, ya proceda la propuesta de China o de Brasil. Putin no se ha quedado atrás, ha comprometido “todo el dinero que haga falta para hacer frente a estas maniobras militares especiales (Guerra)”.

Unos y otros defienden el negocio: unos, los USA, el de sus multinacionales del armamento y la energía; otros, Putin, los intereses de los oligarcas que se apropiaron de los sectores estratégicos de la extinta Unión Soviética. En medio de esta lucha de por el control de los suministros está el pueblo ucraniano y todos los pueblos de Europa que sufrimos, de distintos modos y gravedad, las consecuencias desastrosas del conflicto armado.

Como conclusión, solo cabe que los pueblos en masa se alcen contra la guerra y contra los gobiernos que la sustentan y alimentan.

Roberto Tornamira Sánchez
Miembros de la Coordinadora estatal del CATP