Construir ciudadanía para sostener la democracia: el papel de la educación pública

En un contexto caracterizado por el incremento de la desigualdad social, la intensificación de la polarización política y la creciente desafección ciudadana, la democracia afronta un desafío de carácter estructural: su sostenibilidad en el corto y medio plazo. Diversos acontecimientos sociopolíticos recientes, tanto en el ámbito nacional como internacional, evidencian que la mera existencia de instituciones formales y organismos supranacionales resulta insuficiente para garantizar su vitalidad. La experiencia histórica, parafraseando a los clásicos del pensamiento democrático, muestra que las democracias no se sostienen únicamente por sus reglas sino por los sujetos que las transitan. En este sentido, la democracia solo puede mantenerse y transformarse en beneficio de la mayoría social si cuenta con una ciudadanía crítica, comprometida y capaz de identificar las injusticias y actuar frente a ellas. Dicha ciudadanía no emerge de forma espontánea: se construye, en gran medida, a través de la educación pública.

Desde hace décadas, la educación ha sido presentada como un instrumento de movilidad social dentro de los marcos democráticos. No obstante, su función sociopolítica más profunda (y con frecuencia relegada a un segundo plano) es la formación de sujetos democráticos. Educar no implica únicamente la transmisión de conocimientos, sino también la promoción de valores, actitudes y prácticas que hacen posible la vida en común. Hablar de ciudadanía supone, por tanto, abordar cuestiones de justicia social, participación política y reconocimiento de la diversidad. Numerosas investigaciones en el ámbito educativo han demostrado que la justicia social no constituye un concepto abstracto o meramente normativo, sino una representación social que se adquiere, se transforma y se consolida a lo largo de los procesos formativos.

Tal y como hemos observado en diferentes trabajos de investigación123 realizados desde la Universidad Autónoma de Madrid, el papel del profesorado en el desarrollo de una educación orientada a la construcción de una ciudadanía democrática es fundamental. Los resultados evidencian que la formación universitaria del profesorado tiene un impacto significativo en la configuración de representaciones más integrales de la justicia social, especialmente en su dimensión participativa. Este hallazgo resulta especialmente relevante si se considera que el profesorado no se limita a enseñar contenidos disciplinares, sino que también promueve (o inhibe) competencias, valores y prácticas vinculadas al ejercicio de la ciudadanía y a la convivencia democrática.

Asimismo, los datos muestran que una formación docente sólida puede incrementar la importancia otorgada a la participación democrática de toda la comunidad educativa y al compromiso cívico en entornos tanto presenciales como digitales. Este aspecto adquiere especial relevancia en un contexto en el que buena parte del debate público y de la acción política se desplaza hacia las redes sociales y las plataformas digitales. La ciudadanía del siglo XXI es, en gran medida, ciudadanía digital, y la escuela no puede permanecer al margen de este proceso si aspira a formar plenamente a sus futuros ciudadanos y ciudadanas.

Ahora bien, los estudios también advierten sobre la persistencia de determinadas creencias profundamente arraigadas entre el profesorado en formación que dificultan la consolidación de una ciudadanía democrática robusta. Entre ellas destaca la denominada creencia en un mundo justo: un sesgo cognitivo que lleva a pensar que el mundo es un lugar ordenado en el que cada persona recibe lo que merece. Desde esta perspectiva, el éxito suele atribuirse exclusivamente al esfuerzo individual, mientras que las situaciones de sufrimiento o exclusión se interpretan como consecuencia de errores o decisiones personales, pese a la abundante evidencia que demuestra el peso de factores estructurales y contextuales.

Si bien esta creencia puede proporcionar una sensación subjetiva de control y estabilidad, también conlleva importantes riesgos sociales y educativos. En particular, favorece la culpabilización de quienes padecen situaciones de pobreza, dificultades de aprendizaje u otras formas de injusticia, y dificulta el reconocimiento del carácter contingente y estructural de muchas desigualdades. En términos sociopolíticos, estas creencias operan como mecanismos de desmovilización: si la injusticia se percibe como natural o merecida, se diluye la responsabilidad colectiva de transformarla.

En este punto, la educación pública desempeña un papel insustituible. No se trata de adoctrinar, sino de desnaturalizar la desigualdad; de dotar al alumnado (y al profesorado desde su formación inicial) de herramientas críticas que permitan comprender las causas estructurales de la exclusión social e imaginar alternativas democráticas. La pretendida neutralidad educativa frente a la injusticia resulta, en última instancia, ilusoria: o se educa para la igualdad, la participación y el compromiso cívico, o se contribuye, aunque sea de forma involuntaria, a reproducir las desigualdades existentes.

Es urgente invertir desde las universidades públicas en una formación docente crítica, que refuerce la educación para la ciudadanía e integre la justicia social como eje transversal del currículo y reconozca el papel de la escuela como espacio de construcción democrática.

Miguel Albalá y Edgardo Etchezahar
Profesores de la Universidad Autónoma de Madrid

1 https://doi.org/10.3390/su14127096

2 https://doi.org/10.21071/pse.v16i1.16436

3 http://doi.org/10.15405/epsbs.2019.04.02.35

Defender la educación pública

es defender la democracia

Las universidades públicas madrileñas ante la encrucijada de una infrafinanciación crónica

Por Miguel Albalá
Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid

El 26 y 27 de noviembre de 2025, las seis universidades públicas madrileñas (UCM, UAM, UPM, UC3M, URJC y UAH) fueron a la huelga. No fue un gesto simbólico ni una simple “batalla cultural” sino la respuesta del estudiantado, PDI y PTGAS a una política sostenida de infrafinanciación y mercantilización que pone en riesgo la supervivencia de la universidad pública en Madrid.

Desde hace más de una década los campus madrileños sobreviven entre precariedad, sobrecarga y deterioro, aunque no todos los actores analizan igual la situación. Parte del PDI y del estudiantado cuestiona la necesidad del paro, alegando que los problemas son estructurales en todo el país y que las movilizaciones deberían ser estatales. Reclaman una hoja de ruta nacional que garantice: por un lado, la igualdad de oportunidades en un sistema con cada vez menos plazas en sus titulaciones pese a la creciente demanda; y por otro lado, que recupere el papel de la universidad como ascensor social, responsabilidad que atribuyen al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (aunque las competencias estén transferidas a las comunidades autónomas).

Sin embargo, el caso de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la mayor del país, simboliza la asfixia financiera específica de la región. En octubre la UCM reconoció públicamente que su crisis deriva de una infrafinanciación continuada desde 2008 (compartida con el resto de universidades públicas madrileñas) y reclamó un modelo de financiación adecuado. La universidad ha tenido que verse sometida al endeudamiento con la propia Comunidad de Madrid mediante un préstamo de 34,5 millones (con 4,4 de estos en intereses), viéndose obligada a mantener hasta 2028 una retención del 35 % del gasto de facultades. Este patrón reproduce el seguido por el gobierno autonómico en otros servicios públicos: debilitarlos e infrafinanciarlos hasta su deterioro y desprestigio, para luego promover la colaboración público-privada como única alternativa.

La infrafinanciación no siempre es visible para toda la comunidad universitaria en lo inmediato, pues a menudo se camufla con el esfuerzo del personal y el propio estudiantado de las facultades. Pero sus efectos son claros: menos plazas en grados y posgrados, grupos masificados, peores condiciones docentes, infraestructuras deterioradas, descenso de becas y apoyos, y una calidad educativa sostenida a base de malabarismos que suelen terminar frustrados. En definitiva todo ello supone una ruptura con la igualdad de oportunidades en el acceso y la calidad formativa a través de la universidad pública.

Ante esto, la Coordinadora de Plataformas en defensa de la Universidad Pública convocó la huelga para toda la comunidad universitaria. Sus motivos principales son:

  • La Comunidad de Madrid destina menos del 0,5 % del PIB a sus universidades, pese al objetivo del 1 % fijado en la LOSU (Ley Orgánica del Sistema Universitario).
  • Presenta como grandes logros incrementos en el presupuesto del 3,8 % en 2025 (42 millones adicionales frente a los 200 millones que reclaman los rectores) y del 6,5 % en 2026 (75,3 millones), insuficientes para revertir la congelación (y recortes a efectos prácticos) desde 2008.
  • Es la región más rica del Estado, pero la que menos invierte por estudiante.
  • Impulsa una nueva ley universitaria (LESUC) que refuerza la lógica empresarial, limita la autonomía universitaria, endurece el régimen disciplinario y abre la puerta a nuevas formas de privatización y restricciones a la protesta.

Las plataformas reclaman: 1) Financiación estable y suficiente para cubrir costes reales y revertir recortes; 2) Retirada o modificación profunda de la LESUC por su impacto en la autonomía, la libertad de expresión y las condiciones laborales; y 3) Un plan contra la precariedad y la temporalidad que afecta al PDI joven, becarios, investigadores y personal subcontratado.

La convocatoria que contó con el respaldo de los principales sindicatos (CCOO, UGT, STUM, CNT, CGT, Sindicato de Estudiantes, entre otros) fue un éxito: alcanzando un seguimiento medio del 72% en el paro y la huelga (según CCOO), así como una asistencia de 55.000 manifestantes (según las plataformas organizadoras).

Manifestación en defensa de la Educación Pública

La verdadera izquierda está en las calles

Una nueva gran manifestación ha recorrido las calles de Madrid el día 24, esta vez en defensa de la Educación pública. El día 9 de este mes de febrero las calles se llenaron para reivindicar que se cumpla el derecho a vivienda establecido en la Constitución. En los últimos años hemos visto macro manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública. Y periódicamente miles de personas se movilizan en defensa de las Pensiones Públicas.

El asociacionismo en colectivos, plataformas y espacios, apoyados en las luchas vecinales se han hecho cargo de la defensa de los pilares fundamentales del Estado de Bienestar, son la verdadera izquierda, en ausencia de los partidos tradicionales y los sindicatos de clase.

El ánimo para salir a las calles a reivindicar y defender derechos va más allá de los servicios públicos, sobre los que se está nucleando un movimiento sin dirección política, por el momento. En los últimos 17 meses han sido muchas las manifestaciones para rechazar el Genocidio que Israel está cometiendo en Gaza. Así mismo, las asociaciones de familiares de víctimas se movilizan para exigir responsabilidades a gobiernos autónomos como el de Madrid o Valencia, por las 7291 muertes en las residencias en los años de pandemia o por las habidas en la DANA en octubre del pasado año.

El hecho de que algunas de estas competencias, en todo o en parte, estén transferidas a las comunidades autónomas hace que la movilización no tome carácter estatal. Sin embargo, no es descartable que se tienda a la estatalización de estos movimientos, pues no es entendible que el problema del deterioro, incluso el desmantelamiento, de los servicios públicos esté troceado cuando en mayor o menor medida el problema existe en todas las comunidades autónomas.

No solo es que la privatización y la insuficiente financiación de la Sanidad o la Educación se den en toto el Estado, es que son leyes estatales, como la Ley 15/97, las que permiten y facilitan la privatización; en este caso de la Sanidad Pública.

El papel de las instituciones autonómicas ante los desastres naturales ha sido desastroso, incluso criminal, pues pudiendo haber evitado muertes las han provocado con sus decisiones, en el caso de Madrid, y sus indecisiones, en el caso de Valencia. Son hechos a los que no están ajenos los demás pueblos del Estado español.

La situación de la Comunidad de Madrid es especialmente grave, dada la acción de Gobierno ideológica ultraliberal del PP en esta Comunidad, pero que más allá de las formas aplican en todas las comunidades y ayuntamientos en los que gobiernan.

  • El estrangulamiento económico de las universidades públicas es evidente y grosero.
  • El Gobierno de Madrid ataca permanentemente a la enseñanza pública en un descarado apoyo institucional a la educación privada, mayoritariamente en manos de la Iglesia segregacionista.
  • Las tasas de matriculación son cada día más altas y los presupuestos para becas cada vez menores. Dando como resultado que las familias trabajadoras comienzan a verse excluidas de la enseñanza superior.
  • Los estudiantes de la FP pública se ven en desventaja frente a los alumnos de la privada a la hora de realizar las obligatorias prácticas.
  • Las malas condiciones de trabajo están expulsando a los profesionales sanitarios de esta comunidad. Del mismo modo que la carga burocrática está asfixiando al profesorado.
  • Las listas de espera y el déficit de pediatras están deteriorando la red de Atención Primaria.

Estas reivindicaciones no pueden ser olas que llegan a los partidos al calor de las manifestaciones multitudinarias. En los hechos, las instituciones están negando derechos que están establecidos en la Constitución que nos dicen que hay que respetar, pero que las instituciones mismas incumplen.

Es inexplicable que los sindicatos de clase no estén volcados en convocar y organizar estas movilizaciones, pues ser una organización de clase es luchar por el derecho del trabajador a una sanidad, a una vivienda digna, a la educación…además de por los derechos laborales y salariales. No estar en estas luchas les reduce a meros sindicatos que prestan servicios de asesoría y negociación.

¡Cuidado! Con la exigencia de la OTAN, a las órdenes de Trump, de elevar sustancialmente los presupuestos en Defensa, pues lo que se aumente en gasto militar será detraído del en servicios públicos; otra excusa para el fomento de la privatización.

Por mucho que se autodenominen de izquierdas, el movimiento se demuestra andado y hoy, el movimiento está en la calle.

Cada día estamos más huérfanos de partidos y sindicatos que defiendan los derechos de la mayoría social.

Pascual Sánchez Pérez
Militante socialista de Madrid

Cuando solo con educación ya no es suficiente:

La importancia de la acción sociopolítica para romper con la «Deseducación»

(Primera parte)

En su libro “La (des) educación”, Noam Chomsky (lingüista, filósofo y politólogo), hace más de dos décadas ya nos alertaba del peligro al que estaban sometidos los sistemas educativos. Frente a la idea de que en nuestras escuelas se enseñan los valores democráticos, lo que realmente existe es un modelo de enseñanza diseñado primordialmente para formar a profesores/as y estudiantes cuya dimensión intelectual quede devaluada y sea sustituida por un conjunto de procedimientos y técnicas acordes al mercado laboral. Según el profesor Chomsky, dicho modelo educativo impide el pensamiento crítico e independiente, no permitiendo a la ciudadanía razonar sobre lo que se oculta tras explicaciones parciales que impiden interpretar de forma plena los acontecimientos pasados, presentes y futuros. Aunque han transcurrido veintitrés años de la escritura de dicha obra, el análisis propuesto por el profesor continúa teniendo plena vigencia. No obstante, en esta ocasión me permitiré realizar una breve actualización de la situación en relación a dos de los factores que, bajo mi opinión, tienen una mayor relevancia para evitar que la (des) educación continúe siendo la norma a nivel global y en nuestro contexto.

«Según Chomsky, los sistemas educativos occidentales están concebidos para devaluar la dimensión intelectual y enseñar procedimientos y técnicas acordes al mercado laboral. Dichos modelos educativos impiden el pensamiento crítico e independiente»

En primer lugar, es necesario desenmascarar la “educación para la libertad” que falsamente se desarrolla según multitud de gobiernos estatales y autonómicos, dentro y fuera de España.Dicho paradigma se ha vehiculizado a través de la tan codiciada “neutralidad” que debe, según muchos gobernantes, profesionales y familias, estar presente en las aulas. Esto representaría (en palabras de autores como Paulo Freire) la construcción intelectual del “no ver” que caracteriza a muchos/as intelectuales y educadores/as, que en nombre de la objetividad creen que deben analizar la sociedad que estudian y explicarla como si no formaran parte de ella.

En ocasiones, quienes trabajan en nombre de dicha “objetividad” y “libertad”, encubren la idea manifiestamente política (y muy alejada de la neutralidad) de no incorporar en los análisis de la realidad social una serie de factores que consideran poco convenientes, y que probablemente revela una gran complicidad con la eliminación de la verdad al servicio de la ideología dominante: el neoliberalismo.

«No incorporar en los análisis de la realidad social aquellos factores que, en aras a la neutralidad, resultan poco convenientes, revela una gran complicidad al servicio del neoliberalismo»

Es absolutamente prioritario, en mi opinión, caminar hacia una transformación de los sistemas educativos que pongan en el centro a la democracia, no solo como organización política, también como organización social: orientada a fortalecer el bienestar individual y social, así como los lazos comunitarios en sociedad. Sin embargo, de poco servirán cambios de este tipo si la sociedad, el sistema económico y político no ejercen un cambio acorde y fundamentado también en una transformación hacia un modelo educativo y de sociedad nuevo: comunitario y fundamentado en la reducción de las desigualdades. Lo contrario, disfrazado de “libertad” o de “neutralidad”, ya vemos que nos lleva una creciente desigualdad, en la que existen individuos cada vez más desconectados de su entorno y de la realidad con la que conviven. Por tanto, es preciso que los cambios se produzcan a todos los niveles y probablemente de una forma pausada, sin esperar soluciones mágicas derivadas de una ley educativa u otra.

«Es absolutamente prioritario una transformación de los sistemas educativos que pongan en el centro a la democracia»

En segundo lugar, los términos “democracia” y “educación” cada vez se encuentran más alejados, incluso estando contrapuestos en muchos sistemas educativos por todo el mundo. Al respecto, John Dewey fue probablemente el autor que dedicó más tiempo de su vida en el pasado siglo a reflexionar precisamente sobre la importancia de que ambos conceptos fueran de la mano.

Dewey creía que solo con una reforma del sistema educativo en sus primeros niveles se podrían provocar cambios sociales significativos, abriendo paso a una sociedad más justa y libre y en la cual ”el objetivo de la producción no fuera la producción de bienes sino la producción de seres humanos asociados entre sí en términos de igualdad”.

«Como creía Dewey el objetivo de la educación no debe ser la producción de bienes sino la producción de seres humanos asociados entre sí en términos de igualdad»

Apenas un siglo después de los escritos de Dewey podemos afirmar que una reforma parcial del sistema educativo probablemente no sería suficiente,siendo necesaria una transformación profunda de este en todas sus etapas. En la actualidad, quizá las profundas convicciones reformistas de Dewey se encontrarían con multitud de factores sistémicos (económicos, mediáticos, jurídicos, sociales y políticos)que imposibilitarían una transformación social efectiva.

En el año 2024, en el momento actual que vivimos, la transformación hacia sociedades más justas y equitativas ya no la podemos impulsar exclusivamente desde los sistemas educativos.

Lamentablemente, y tomando la afirmación de Nelson Mandela, creo que la educación ya solo es una de las posibles armas poderosas para cambiar el mundo, pero que también debemos prestar atención a otras para ocuparnos de ellas: la política, los movimientos sociales, la justicia, los medios de comunicación y redes sociales, los sindicatos, entre otros. El poder se ejerce a través de todos estos espacios, siendo el sistema educativo una manifestación de intereses cuyos objetivos frecuentemente no se relacionan con el aprendizaje o la mejora social.Todo ello no debe llevar a la paralización de las comunidades educativas sino a la movilización y a la llamada a la acción dentro y sobre todo fuera del aula, en cualquier espacio sociopolítico de influencia.

Miguel Ángel Albalá Genol
Doctor en educación y profesor de universidad.

*Las citas del texto han sido extraídas a partir de la traducción del título original: Chomsky, N. (2001). Chomsky onmiseducation. Rowman & Littlefiel. Libro traducido (Gonzalo, G. Djembe, 2001): Chomsky, N. (2016). La (des) educación). Editorial Planeta.

¿Qué modelo de educación nos interesa?

La respuesta parece sencilla, una educación de calidad. Ahora bien, qué entendemos por una educación de calidad. La respuesta ya no es tan fácil.

Desde la izquierda, que se alimenta de los valores republicanos, una educación de calidad debe tener un alto valor académico y comunicar una serie valores transversales esenciales para la convivencia en la sociedad, como laicidad, igualdad, ausencia de discriminación por razones de raza, creencia o definición sexual, etc. También debe estar exenta de segregación por razones socioeconómicas, para facilitar la promoción e inserción del alumnado en el mundo laboral en función de sus intereses y capacidades. Este planteamiento de calidad educativa sólo es posible desde la Escuela Pública, aquella que es financiada por fondos públicos, la que se plantea como un derecho civil para toda la ciudadanía sin excepciones desde el nacimiento hasta la muerte y no como una empresa mercantil.

Evidentemente, la enseñanza privada, en todas sus versiones, no cubre esta pretensión a nivel global. Un centro privado es una empresa con ánimo de lucro y, por tanto, repercutirá en sus clientes, el alumnado y sus familias, los costos del proceso educativo más su margen de explotación comercial hasta el límite que sus economías permitan, ya que el lucro no tiene límite en una economía libre de mercado. Este hecho no tiene por qué, en principio, bajar la calidad de la educación, pero garantiza que sea accesible a aquella ciudadanía que pueda pagarla; por tanto, garantiza la segregación en el sistema y no el ejercicio del derecho a la educación. La Comunidad de Madrid, lugar donde más ha crecido la privatización educativa en toda España, es un ejemplo de ello como ha alertado UNICEF recientemente y el estudio elaborado por SavetheChildreny Esade en 2021, donde aparece como la segunda región con más discriminación económica educativa, tras Turquía, en toda la OCDE. Este estudio vino a corroborar otro realizado por la UAM en 2018, en el que la Comunidad de Madrid salió como subcampeona en segregación de la UE tras Hungría.

Indudablemente, en una democracia liberal, es implanteable limitar la libertad de empresa, pero lo que sí se puede hacer es que los recursos económicos del estado solo se empleen en la lucha contra las desigualdades y en garantizar los derechos constitucionales, como el derecho a la educación, evitando que, bajo cualquier subterfugio, acaben convertidos en beneficios empresariales. La enseñanza privada tiene su espacio en una economía de libre mercado, pero no debe ser financiada por recursos públicos. El hecho de hacerlo nos lleva al absurdo de que la ciudadanía con limitados recursos económicos estaría financiando, vía impuestos, servicios a los que ella misma no puede acceder. Es el Robin Hood neocon: robar a los pobres para dárselo a los ricos.

Este modelo perverso está funcionando activamente en la sociedad española, creando segregación y marginando población escolar. El primer mecanismo para ello es el concierto educativo, en el cual las diferentes administraciones financian la enseñanza de los niveles obligatorios para garantizar su gratuidad, algo que se vio truncado en origen por el establecimiento por parte de los centros de mensualidades como “aportaciones voluntarias” y servicios adicionales: comedor, refuerzos, actividades deportivas, uniformes, psicólogo, etc. Este pago es la vía de segregación, ya que quien no puede pagar por todo ello es rechazado en estos centros. La cuota base promedio es de 122,44€/mes, 129,1€/mes en Madrid, y la cobran el 87% de los mismos, según la 8ª Ed. 2023-2024 del Estudio de Cuotas de CICAE y CEAPA. Esta realidad ha estado vigente desde la creación del modelo por la LODE en 1985. El propio Felipe González incluyó en 2011, en un mitin en L’Hospitalet de Llobregat, el modelo de concierto educativo entre uno de los errores de su gobierno.

Otra vía de financiación es la cesión prácticamente gratuita de terrenos dotacionales de los nuevos barrios (PAUs) para la construcción de centros privados, especialmente para centros concertados, que comienzan a funcionar mucho antes de que los públicos sean construidos, para así orientar las demanda hacia ellos. Esta financiación dotacional encubierta es máxima en el nivel de Educación Infantil 0-3 años, donde el modelo que más se está implementando es el de la gestión indirecta. En estos centros se entrega una parcela con su edificio escolar íntegro a una empresa mercantil para gestionar la escuela. En la práctica funciona igual que un centro concertado, salvo por el hecho de que la enseñanza no es gratuita y tiene unas mensualidades fijadas por la administración competente, lo cual no implica la ausencia de cuotas voluntarias. Sorprende ver cómo incluso los gobiernos de “izquierda” también se han lanzado a este modelo de la derecha. Durante la gestión de Manuela Carmena todas las escuelas infantiles construidas en Madrid fueron bajo este modelo.

Este modelo de financiación encubierto del beneficio empresarial se está extendiendo a niveles no concertados como la Formación Profesional o el Bachillerato en los centros privados mediante becas. Cuando nos hablen del incremento dotacional para becas debemos pensar que en su mayor parten no benefician al alumnado sino a la empresa privada que matriculará al mismo. Cuando hay escasez intencionada de oferta pública la oferta de becas es simplemente un mecanismo de privatización del sistema educativo. Las becas solo tienen sentido para los estudios universitarios en las universidades públicas y en función del nivel económico de las familias. En niveles educativos que son gratuitos en la pública, como el Bachillerato, o que lo fueron hasta hace nada, como las enseñanzas profesionales, las becas significan privatización y segregación.

El apoyo económico al alumnado para el estudio en los centros privados solo sirve para incrementar la clientela de los mismos y por tanto de los beneficios de su sociedad mercantil, ya que de lo contrario sería mucho mayor el porcentaje de este alumnado que no podría acceder a ellos.

Es normal que las patronales de la enseñanza privada concertada y sus asociaciones afines defiendan este modelo. No en vano las subvenciones públicas para estos centros han superado ya 7.000.000.000€/año y las cuotas percibidas de las familias superan los 5.000.000.000€/año. Pero el problema es que esta vía de lucro y segregación se pretende garantizar permanentemente a través de un “pacto educativo”. Cuando la derecha habla de este pacto, lo que no dice es que solo le importa que se le garantice una inversión total que supera los 12.000.000.000€/año.

El devenir de las leyes educativas en España desde la llegada del PSOE al poder en 1978 son la prueba fehaciente de ello. La única gran ley educativa es la LOGSE, de 1990, que ha sido modificada por la LOE en 2006 y la LOMLOE en 2020. Ambas modificaciones provienen del mecanismo jurídico para la reversión de los intentos del PP en acelerar los procesos de segregación y privatización del sistema educativo a través de sus leyes: la LOCE en 2002 y LOMCE en 2013. Ahí radica el problema del pacto. La derecha reaccionaria no habla de educación, habla de dinero para las sociedades mercantiles educativas, ya que el resto de las fuerzas políticas siempre pactaron. De hecho, LOGSE, LOE y LOMLOE fueron pactadas por todos menos por el PP. La LOCE y la LOMCE las promovió el PP contra todos los demás. Es más, en este momento la coalición que apoya al gobierno es la misma que pactó esas leyes, los demócratas frente a la reacción heredera de la dictadura.

La izquierda española debe de decidir claramente hacia dónde quiere ir no se puede contentar a todos y si quiere gobernar debe hacerlo para la clase trabajadora, y el socialismo es el instrumento para su emancipación como decía Pablo Iglesias Posse, la Tercera Vía de Tony Blair es un cadáver y el neoliberalismo un suicidio colectivo.

Eduardo Sabina Blasco
Ex Secretario General de FETE-UGT-Madrid

Editorial: Que el barullo no impida ver el bosque

El periodo electoral se acerca inexorablemente. Todos los partidos están desplegando sus tácticas para que el contexto electoral les sea lo más favorable. Todo está dentro de esa “normalidad” a la que ya nos han acostumbrado, a la que nos resistimos.

Desde el Comité de Redacción de Tribuna Socialista no somos neutrales, de ser así no podríamos reclamarnos del Socialismo. Por ende, no participamos de la idea “todos son iguales”. No por ello dejamos de percibir que hay mucho barullo que, a modo de árboles, impide ver el bosque.

Todo es política, aunque no toda la política tiene los mismos objetivos. Los tacticismos partidistas no impiden que pongamos el foco sobre las cuestiones fundamentales para la mayoría. Recordemos que “Democracia” se compone de los términos griegos dêmos (pueblo) y krateîn (gobierno), la cuestión es ¿para qué parte del pueblo se gobierna?; para una minoría privilegiada o para la mayoría de la sociedad. A dos meses de las elecciones municipales y autonómicas y a más o menos nueve de las generales, tenemos que poner el acento en lo fundamental, en lo que constituye el basamento del Estado de Bienestar: Sanidad, Pensiones, Dependencia y Educación, que es lo que preocupa a la mayoría social, independientemente de los que digan los y las chef de encuestas y sondeos.

La masa social ha tomado conciencia de la importancia de defender la Sanidad Pública, y por eso nos hemos echado a la calle en muchas comunidades, con especial intensidad en Madrid. Aseveramos que los acuerdos que los colectivos de sanitarios están alcanzando en distintas comunidades y áreas de Salud, no resuelven el problema de la Sanidad Pública por el que cientos de miles de ciudadanos han salido a la calle en estas semanas pasadas. Las soluciones laborales son de justicia, son la consecuencia lógica de la lucha llevada a cabo por médicos, personal de enfermería y auxiliares, por el personal de ambulancias y/o por los Médicos Interinos Residentes (MIR). Sin embargo, no resuelven el problema que las políticas económicas privatizadoras y austericidas han generado y que el COVID-19 ha puesto al descubierto.

Los partidos que se reclaman de la izquierda, los que dicen defender lo público, ya deberían estar explicando cómo y a qué ritmo van a implementar políticas desprivatizadoras. El electorado que necesita los servicios públicos tiene que percibir con claridad la posición de cada partido, y ese electorado es la mayoría social:

  • El 25% de la población tiene un seguro de salud privado, por tanto, el 75% no lo tiene, muy probablemente porque no lo puede pagar, por lo que necesita la Sanidad Pública.
  • El 33% del alumnado está matriculado en un colegio concertado, por tanto, el 67% necesita Educación Pública.
  • 9,4 millones de personas tienen contratado un plan de pensiones privado (7,5 individuales y 1,9 planes colectivos de empleo) sabiendo que hay partícipes con más de un plan de pensiones y teniendo en cuenta que en España hay 30,5 millones de habitantes con edad comprendida entre 18 y 65 años(1)), el 69% de la población necesita Pensión Pública.
  • Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se debería disponer de 5 plazas de residencia por cada 100 mayores de 65 años. España cerró 2022 con 8.935.673 mayores de 65 años(1). Con datos de 2021, nuestro país cuenta con 389.031 plazas, por lo que tenemos un déficit de 60.000 plazas

Podríamos cuantificar muchos otros déficit y problemas que sufre nuestra mayoría social: mayores que viven solos, déficit de plazas en FP y universidades, ratio de pacientes por hospital…El problema al que nos enfrentamos es que estos déficit y desigualdades, lejos de tender a corregirse tienden a ampliarse.

Lo que origina que tendencia sea en favor de la minoría en lugar de la mayoría no es por casualidad, ni está marcada por el destino, es el objetivo de las política privatizadoras y económicas de los gobiernos, de todos los ámbitos de la Administración. La tendencia va en el sentido en el que se marcan las decisiones políticas cuando cada año dedican más dinero público, en términos relativos, a la educación concertada que a la pública. Por ejemplo, en el periodo 2010 a 2020, las partidas para los centros privados crecieron un 20,26%, frente al gasto en la pública que aumentó un 2,09%.

La colaboración público-privado es un chollo para el negocio y una enfermedad para lo público. El Estado construye hospitales que después cede en explotación a multinacionales de la salud, como el Grupo Quiron. La deriva de pacientes a los centros privados, donde los costes de los tratamientos y pruebas se multiplican, está a la orden del día. Las listas de espera para operaciones o para ser atendidos por un especialista están fomentando el crecimiento de las pólizas de salud privadas; donde ya se comienza a saturar el servicio y aflora una sanidad privada de premium y otra de clase turista.

Esto podría aplicarse al campo de las Pensiones, en el que desde hace años se fomenta la falsa idea de que los sistemas públicos son insostenibles y en paralelo se fomentan los sistemas privados: individuales y colectivos, con ventajas fiscales, flexibilidades legales, eso que llaman liberalización, y campañas de publicidad. La realidad es que crece el negocio de las entidades bancarias y aseguradoras, mientras se recortan las cuantías de las pensiones y endurece el acceso a la pensión, con reformas más o menos agresivas. Mientras el Estado -todos los gobiernos lo vienen practicando en España desde, al menos 1967- utiliza indebidamente el dinero de las Pensiones para pagar gastos que debiera afrontar con dinero de los impuestos. Con datos del Tribunal de Cuentas, en su informe de 2020, referido al periodo entre 1989-2013, el estado le debe a la Seguridad Social más de 103.000 millones de euros. Por eso exigimos al Gobierno actual que cumpla con la Ley 21/2021 y encargue un informe de Auditoría a las cuentas de la Seguridad Social, incumplimiento legal desde hace casi un año.

La situación de deterioro de lo público se acelera y se agrava a nombre de la guerra en Ucrania. A las políticas privatizadoras hay que sumar el tsunami inflacionario que se está llevando por delante la capacidad de compra de salarios y pensiones. La perniciosa tendencia del deterioro de lo público en favor de lo privado nos está llevando de un Estado de Bienestar a un Estado de Beneficencia. Esto ya pasa de una economía de libre mercado a una economía de libre saqueo.

Hay una guerra militar en Ucrania y una guerra social contra todos los pueblos de Europa. Por ello, Tribuna Socialista, participamos de la campaña internacional ¡Alto a la Guerra!

Sin muchas ilusiones, quedamos a la espera de conocer los programas y soluciones que ofrezca la izquierda.

  1. Datos del Instituto Nacional de Estadística a cierre de 2022