La igualdad no se mendiga: se conquista

Por María Iglesias Domínguez. Redacción Tribuna Socialista

Foto Agustin Millán

Especial 8 de marzo 2026

El 8 de marzo recuerda que los derechos de las mujeres son la base de una democracia real y que la lucha por la igualdad sigue siendo una tarea urgente frente a las desigualdades, la precariedad y los discursos reaccionarios.

Cada 8 de marzo el mundo se detiene un momento para recordar una verdad que la historia ha demostrado una y otra vez: la igualdad entre mujeres y hombres no es una concesión ni un gesto simbólico, es una conquista colectiva. El Día Internacional de las Mujeres no es solo una fecha en el calendario. Es la memoria viva de generaciones de mujeres que desafiaron la desigualdad, lucharon por sus derechos y cambiaron para siempre la historia de nuestras sociedades.

La historia del progreso democrático está profundamente ligada a la lucha de las mujeres. Cada derecho conquistado —el derecho al voto, a la educación, al trabajo digno, a la autonomía personal— ha ampliado los límites de la libertad y ha hecho nuestras sociedades más justas. Allí donde las mujeres han avanzado, ha avanzado también la democracia.

Sin embargo, la igualdad no es un destino alcanzado. Es una tarea permanente. Las conquistas logradas en el último siglo conviven hoy con desigualdades persistentes que siguen condicionando la vida de millones de mujeres.

En el ámbito laboral, las mujeres han protagonizado una transformación histórica. Su incorporación masiva al mercado de trabajo ha cambiado la estructura económica y social de nuestras sociedades. Pero esa presencia creciente no siempre se traduce en igualdad real. Las mujeres siguen enfrentando una brecha salarial, mayores niveles de parcialidad involuntaria, más precariedad laboral y mayores dificultades para acceder a puestos de responsabilidad.

Estas desigualdades no son casuales ni inevitables. Son el resultado de estructuras sociales que durante siglos han relegado a las mujeres a una posición secundaria. Por eso la igualdad efectiva no puede limitarse a declaraciones de principios: requiere políticas públicas, compromiso social y voluntad colectiva para transformar la realidad.

Uno de los mayores desafíos sigue siendo la organización social de los cuidados. Durante demasiado tiempo, el trabajo de cuidar —esencial para el funcionamiento de cualquier sociedad— ha recaído de forma desproporcionada sobre las mujeres. Esta desigual distribución condiciona las trayectorias profesionales, limita oportunidades y reproduce desigualdades económicas.

Hablar de igualdad significa también hablar de corresponsabilidad. Significa construir un modelo social donde el cuidado deje de ser una carga invisible y se convierta en una responsabilidad compartida entre hombres, mujeres y las instituciones públicas.

Pero la lucha por la igualdad no se libra solo en el terreno económico o laboral. También se libra en el terreno cultural, político y social. Significa cuestionar estereotipos, combatir la violencia machista, garantizar la libertad y la seguridad de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y asegurar su plena participación en la toma de decisiones.

El feminismo ha demostrado ser una de las fuerzas más transformadoras de la historia contemporánea. No busca privilegios ni ventajas particulares. Busca algo mucho más profundo: que todas las personas, independientemente de su género, puedan vivir con dignidad, libertad y oportunidades reales.

Desde una perspectiva socialista, esta lucha está profundamente conectada con la defensa de la justicia social. La igualdad entre mujeres y hombres no puede separarse de la lucha contra la precariedad, la desigualdad económica y la exclusión social. Una sociedad que aspira a ser justa no puede tolerar que la mitad de su población siga enfrentándose a barreras estructurales para desarrollar plenamente su vida.

El 8 de marzo es también un día de memoria. Memoria de las mujeres que lucharon cuando hacerlo era mucho más difícil. Mujeres que se organizaron en fábricas, en sindicatos, en movimientos sociales y en la política para reclamar derechos que hoy parecen evidentes, pero que en su momento fueron profundamente revolucionarios.

Gracias a ellas, hoy vivimos en sociedades más libres. Pero la historia también nos recuerda que los derechos nunca están garantizados para siempre. Cada generación tiene la responsabilidad de defenderlos y ampliarlos.

Por eso el 8 de marzo no es solo una celebración. Es un compromiso. Un compromiso con las mujeres que abrieron camino antes que nosotras y con las generaciones que vendrán después.

Las aspiraciones de las mujeres son, en el fondo, las aspiraciones de cualquier sociedad democrática: vivir sin miedo, acceder a un trabajo digno, participar en igualdad en la vida pública y construir un futuro donde el género no determine el destino de nadie.

La igualdad no es una utopía lejana. Es un horizonte que se construye con cada avance, con cada derecho conquistado, con cada paso que damos hacia una sociedad más justa.

Y la historia demuestra algo con claridad: cuando las mujeres avanzan, avanza toda la sociedad.

La Brecha Salarial entre mujeres y hombres, la gran discriminación.

El pasado 8 de marzo, como cada año, celebrábamos el Día de la Mujer Trabajadora, un día lleno de simbolismos que nos recuerda las diferencias existentes entre mujeres y hombres en todos los ámbitos, también en lo laboral.

                Y es que, en 2021, último año que tenemos datos en la actualidad, las mujeres ganaron 5.212.74 euros menos que los hombres, situándose la brecha salarial en el 18,36%.Estos datos apuntan además que ha sido tremendamente importante la subida del SMI, 15 euros de subida, para las mujeres, ya que lo datos apuntan 0,36 puntos menos que en 2020.

                El pasado 22 de febrero celebrábamos el Día por la Igualdad Salarial y es importante señalar para las y los  que aún tienen dudas que para acabar con la brecha salarial hay que tapar los agujeros negros que persisten en el ámbito laboral: pues las mujeres siguen ocupando peores empleos, están peor pagadas y ocupan mayoritariamente los contratos a tiempo parcial (un 70% de ellos, además el 52% trabaja en esta modalidad de jornada, de manera involuntaria, al no haber podido encontrar un trabajo a tiempo completo).

                Los datos que conocimos en esos días nos indican que los 3 millones de personas que cobraron como máximo 965 euros, el 69% eran mujeres y es que la brecha salarial se da en todas las edades, pero ser mujer y joven está doblemente penalizado. Una mujer entre 25 y 34 años cobra de media 3.364,17 euros menos que sus compañeros de la misma edad (a pesar de haber más tituladas universitarias que hombres) y 4.109 euros menos que la media de las mujeres trabajadoras en España.

                Pero cuando llega a su límite de injusticia la brecha salarial es cerca de la jubilación donde se dispara una vez las mujeres alcanzan la edad de jubilación, resultado de toda una vida de discriminaciones (la brecha salarial en pensiones se eleva hasta el 33,13%). Además, hay más mujeres que hombres trabajando más allá de los 65 años, en concreto unas 20.000 más y con una brecha salarial del 27,73%, si traducimos todos estos datos nos encontramos con que las mujeres no nos podemos jubilar a los 65 y por tanto tenemos que continuar trabajando.

                La discriminación salarial se da prácticamente en todas las ocupaciones y actividades e independientemente del nivel de cualificación.

                Por Comunidades Autónomas, la brecha varía de unas otras, pero ninguna se libra. Donde hay más brecha es en Asturias, Navarra y Murcia. Este es el peor caso porque tiene los segundos salarios más bajos de toda España y la tercera brecha salarial más elevada. Por el contrario, la Comunidad Autónoma donde las mujeres tienen los salarios más altos y están algo menos discriminadas en relación a los hombres es el País Vasco.

                Otro dato es que la brecha salarial se produce en contratos indefinidos y en temporales. Así las mujeres con contrato indefinido reciben una quinta parte menos de media de salario que los hombres con este tipo de contrato. Aún, así los salarios de las personas con contrato indefinido están por encima del salario medo bruto anual.

                Son muchas las medidas necesarias para acabar con esta situación de injusticia que afecta al 50% de la población, por eso es importante poner en valor las subidas del SMI porque impulsan la reducción de la brecha salarial, al ser las mujeres las principales perceptoras de los sueldos más bajos.

                Sin embargo, es el momento de decir que no basta, hay que abordar la contratación a tiempo parcial en nuestro país, porque penaliza a las mujeres como indica el dato de que 1 de cada 4 mujeres trabaja a tiempo parcial y sus salarios medios se sitúan en torno a los 11.650,36 euros.

                El 23,25% de las mujeres trabajan a tiempo parcial, en el caso de los hombres, este porcentaje se reduce hasta el 6,70% y aun así sus salarios siguen siendo mayores, casi 13.000 euros.

                Otra de las medidas necesarias para conseguir la igualdad salarial, es la de vigilar el cumplimiento, por parte de las empresas, de la normativa en materia de Igualdad Retributiva; convocar una mesa de diálogo social para trasponer la Directiva Europea de Transparencia Salarial a la legislación española para reforzar el principio de igual retribución por trabajos de igual valor; y establecer estadísticas desagregadas por sexo, que analicen la ocupación y el nivel de estudios.

                Y no podemos olvidar la importantísima labor de la Inspección de Trabajo, una inspección de trabajo que necesitarecursos y tener planes de actuación en materia de igualdad retributiva, para poder intervenir en aquellas empresas donde se infravalora el trabajo de las mujeres. Para ello son necesarios criterios claros sobre registros retributivos, valoración de los puestos de trabajo y auditorías retributivas.

                Es el momento de pedir al Gobierno que destine fondos para la formación de las personas negociadoras de convenios colectivos y planes de igualdad, ya que, si queremos reducir la brecha salarial, de una vez por todas, hay que abordarla desde muchos puntos de vista y seguir trabajando en modificaciones legales para que la igualdad retributiva sea un hecho en las empresas.

La igualdad real no será una realidad mientras sigan existiendo diferencias fundamentales entre mujeres y hombres que les favorezcan siempre a nuestros compañeros,  es fundamental promover la corresponsabilidad para que los hombres, de una vez por todas, se impliquen en los cuidados y que cuando hablemos de permisos, no tengan cara de mujer y es que las  estadísticas demuestran que los permisos para cuidado de menores o mayores o las excedencias siguen siendo solicitados mayoritariamente las mujeres. Tan mayoritariamente, que los datos arrojan unos porcentajes del 80% de mujeres frente al 20% de hombres”.

                Y sin embargo, esas mismas estadísticas apuntan a que cuando los permisos son remunerados, como el permiso por nacimiento, el porcentaje se equipara y llega casi al 50% – 50% por eso es importante que los permisos sean remunerados para que los hombres también los vayan solicitando porque esto no es una cuestión de que ellos no los quieran solicitar, sino que tiene su origen en la brecha salarial que existe en nuestro país y en el hecho cierto de que, por regla general, los salarios de las mujeres son más bajos en nuestro país por lo que una pareja, a la hora de decidir quién reduce su jornada o solicita una excedencia, lo determinan por el que menos ingresos tiene. Hay que ir cambiando esta tendencia y que los hombres se vayan incorporando cada vez más a esos cuidados.

                Es necesario avanzar en la corresponsabilidad, en ese sentido, nos preocupa especialmente, el permiso de 8 semanas hasta que el niño o la niña tienen 8 años, que, en principio,no está remunerado por lo que mayoritariamente lo van a solicitar las mujeres, por eso la importancia de que ese permiso sea totalmente remunerado. Y es que España es uno de los países europeos con más permisos para el cuidado, sobre todo, en edades tempranas, pero que estos nuevos permisos, que son la trasposición de una directiva europea que entró en vigor el 1 de julio en nuestro país, tienen que tener un desarrollo reglamentario.

                La OIT calcula que invertir en la atención infantil universal y en los servicios de cuidados de larga duración permitiría generar 280 millones de empleos de aquí a 2030, aumentaría la tasa de empleo de las mujeres en un 78% y lograría que el 84% de estos empleos fueran formales’.

                Resulta alentador constatar la labor que los sindicatos están llevando a cabo en todo el mundo en favor de la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, ya es hora de que todos los gobiernos del mundo hagan lo mismo.

                En España, a pesar de los avances legales en materia de igualdad retributiva, fruto del diálogo social y la brecha salarial se sitúa en el 18,4% una cifra aún demasiado alta que nos debe llevar a poner en marcha cuantas medidas sean necesarias para que las mujeres y los hombres seamos iguales de verdad, es de agradecer las medidas puestas en marcha como señalábamos antes como la subida del SMI pero tenemos mucho camino que recorrer y la seguridad de que sí no es este Gobierno quien las pone en marcha, tenemos pocas esperanzas.

María Iglesias Domínguez
Periodista, Tribuna Socialista