Hamid Hosseini es portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos y un activista político y social.
Antes del triunfo de la Revolución de 1979 participó, junto con millones de iraníes en las luchas contra el despotismo y contra la monarquía durante el reinado de Mohammad Reza Pahlaví, por lo que fue encarcelado. Dos años antes del triunfo de la Revolución, y como parte de la primera ola de liberación de presos políticos, gracias a presiones internacionales, fue puesto en libertad y se reincorporó a las luchas del pueblo por la libertad. Vivió de cerca las semanas y los días del triunfo de la revolución anti dictatorial iraní en 1979 junto a los luchadores progresistas.
La Revolución no alcanzó sus objetivos y, bajo el liderazgo del clero religioso, un régimen teocrático y totalitario sustituyó al régimen anterior. Tres años después del triunfo de la Revolución, debido a la persecución y detención de fuerzas democráticas y progresistas por parte del régimen recién instaurado, se vio obligado a abandonar Irán y emigró a España. Desde entonces ha continuado sus actividades políticas y de defensa de los derechos humanos, y actualmente es portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos.
Pregunta.- La prensa internacional informa de una gran movilización social contra el régimen y la respuesta represiva de este, ¿qué está motivando a la mayoría social iraní a salir a las calles a jugarse la vida?.
Las recientes protestas populares en Irán, que comenzaron el día 28 de diciembre en el bazar de Teherán, tenían su origen en problemas económicos y de subsistencia. Estos problemas fueron la chispa que cayó sobre un barril de pólvora compuesto por una acumulación de discriminaciones sociales y políticas que se habían ido amontonando a lo largo de 46 años de gobierno de la República Islámica.
La República Islámica de Irán, desde el inicio de su llegada al poder, redujo al 50% de la población del país —es decir, a las mujeres—, amparándose en las leyes de la sharía islámica, a seres de segunda categoría, privándolas de muchos de sus derechos básicos y humanos, siendo el más importante de ellos la privación del derecho a la libertad de elegir su vestimenta, además de muchas otras restricciones. Desde el principio, las mujeres, junto con una parte de los hombres de la sociedad, reaccionaron ante esta injusticia, pero nunca tuvieron la oportunidad de luchar de manera libre y cívica por sus reivindicaciones.
Junto a ello, las discriminaciones religiosas, étnicas, de clase, laborales y culturales mantuvieron a la sociedad en un estado de asfixia. El gobierno, durante todos los largos años de su mandato, se vio obligado, para imponer su voluntad sobre la sociedad, a cerrar la prensa libre, prohibir la actividad de los partidos políticos y someter las actividades civiles y sociales a un control severo.
El resultado de este modo de gobernar fue la instauración del totalitarismo como práctica habitual del poder y, paralelamente, la institucionalización de la corrupción en la estructura del Estado, mientras la pobreza y la miseria engullían a amplios sectores de la sociedad. Todo ello proporcionó la base material de las protestas.
Pregunta.- Desde tu punto de vista ¿Qué lleva al régimen de los ayatolás a reprimir a su pueblo con tanta violencia?
La República Islámica de Irán tiene razones suficientes para sentirse amenazada en cuanto a la continuidad de su propia supervivencia. Tras 47 años desde el inicio de un gobierno que se administra sobre la base de los mandatos coránicos, todavía no ha logrado proporcionar unas condiciones mínimas de vida digna a la mayoría de la población iraní, que asciende a 90 millones de personas. Más del 60 % de la población vive en la pobreza, el 30 % de los iraníes habita en zonas marginales, y la inflación alcanza cifras cercanas al 50%. El valor de la moneda nacional se ha devaluado frente a las divisas extranjeras y, como consecuencia, muchas personas han perdido sus ahorros. Los cortes diarios de agua y electricidad, junto con el desempleo y la falta de perspectivas claras, empujan a numerosos jóvenes a emigrar de su tierra natal.
Durante los 47 años de gobierno de la República Islámica, la población ha sido privada de participar en las decisiones fundamentales del país. Según la Constitución, la vida y la muerte de 90 millones de personas están concentradas en manos de una sola figura, denominada el valí-e faqih (guía supremo), que es el líder religioso de una parte muy reducida de la élite gobernante y de su base social. El 60 % de la riqueza nacional está bajo el control del líder del país, quien no se considera responsable ante nadie, ya que se percibe a sí mismo como representante de Dios. Desde sus inicios, este régimen ha colocado la preservación del sistema como la tarea principal de la estructura del poder y, para lograrlo, ha enviado a decenas de miles de disidentes a la horca o ante pelotones de fusilamiento. No reconoce otro lenguaje frente a sus opositores que el de las balas, la prisión y la tortura.
El lema «Mujer, vida, libertad» ha surgido del corazón de todas estas desgracias. La mujer simboliza la discriminación social. La vida representa la falta de las condiciones mínimas necesarias para la subsistencia, y la libertad encarna las presiones político-sociales que pesan sobre los hombros del pueblo. Tal vez sea difícil encontrar en el mundo un gobierno que despierte un nivel de odio tan profundo entre su propia población. Y, además de todas estas dificultades, se cierne desde hace tiempo sobre Irán y los iraníes la sombra de una guerra, proveniente de Israel y de Estados Unidos.
Pregunta.- La revolución de 1979 que derrocó a los Pahleví también tuvo como detonante las huelgas y protestas que se organizaron desde 1977, por motivos similares a los que hoy provocan el descontento social ¿Viviste aquellos acontecimientos?
En 1906, la Revolución Constitucional tuvo lugar en Irán con el objetivo de limitar las atribuciones del monarca y crear un Estado basado en la ley. Esta revolución marcó el rumbo de todos los movimientos políticos y sociales a lo largo de todo el siglo XX y del primer cuarto del siglo XXI.
La victoriosa Revolución Constitucional, en su camino hacia la estabilidad y el progreso, se enfrentó a numerosas resistencias. Finalmente, en 1921, el golpe de Estado de Reza Pahlaví, con la ayuda de Inglaterra, puso fin para siempre al reinado de la dinastía Qayar. En 1926, Reza Shah, mediante su coronación oficial, fundó la dinastía Pahlaví. Durante su reinado, Reza Pahlaví eliminó en la práctica todos los logros de la Revolución Constitucional.
El 16 de septiembre 1941, por exigencia de las fuerzas aliadas que habían ocupado Irán, se vio obligado a abandonar el país y su hijo, Mohammad Reza Pahlaví, lo sucedió en el trono. A la sombra de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Irán logró reconstruir nuevamente los valores de la Revolución Constitucional, y como resultado de ello, Mohammad Mosaddeq, un político nacionalista y liberal, llegó a ocupar el cargo de primer ministro, en 28 de abril de 1951.
Mohammad Mosaddeq impulsó la nacionalización de la industria petrolera y dio pasos importantes hacia la democratización del espacio político y social de Irán. Lamentablemente, este proceso se vio interrumpido por el golpe de Estado en 19 de agosto de 1953, llevado a cabo por Estados Unidos y el Reino Unido, junto con el propio Mohammad Reza Pahlaví, contra el gobierno de Mosaddeq, tras lo cual el sistema monárquico autoritario volvió a imponerse en Irán.
La revolución antimonárquica de 1979, en el contexto de la Guerra Fría entre los gobiernos occidentales liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, y con el objetivo de concluir la tarea inconclusa de la Revolución Constitucional y del movimiento de nacionalización del petróleo, así como de establecer un estado de derecho y democrático, derrocó a Mohammad Reza Shah Pahlaví. Sin embargo, el recién nacido que tanto habíamos esperado nació muerto.
Pregunta.- ¿En qué medida se asemeja la represión que se vive hoy y la que el pueblo iraní padecía bajo el Shah?
Quizá con audacia pueda decir que los iraníes nunca perdonaron el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno legal del doctor Mohammad Mossadegh, llevado a cabo por Mohammad Reza Shah y los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra. Los movimientos contra el despotismo y por la justicia social entraron en una nueva etapa a partir de 1963 y no se detuvieron hasta la Revolución de 1979, cuando Mohammad Reza Shah Pahlaví fue derrocado. En los años previos al triunfo de la revolución me había sumado a estas luchas y pude vivir de cerca todas aquellas magníficas protestas en las calles de Teherán.
Desde 1977, las protestas contra el gobierno ocurrían de manera continua en distintos lugares, y también se organizaban huelgas en talleres, fábricas y oficinas. A medida que pasaban los días y los meses, las protestas se volvían más multitudinarias y más grupos sociales se unían a los manifestantes; en la misma proporción, las deserciones dentro del aparato gubernamental aumentaban en todos sus sectores. En las semanas cercanas a la victoria de la revolución, muchos soldados e incluso oficiales y fuerzas del orden abandonaban sus puestos de servicio. Como culminación de este proceso, las huelgas en la industria petrolera pusieron fin a la vida del régimen dictatorial monárquico.
Debo añadir que, aunque en aquellas semanas y días tormentosos el régimen monárquico intentó controlar las protestas callejeras disparando contra los manifestantes e imponiendo la ley marcial en muchas ciudades, especialmente en Teherán, sin duda el nivel y la intensidad de la represión y de las matanzas nunca alcanzaron el grado que hoy alcanza el régimen de la República Islámica de Irán.
Pregunta.- Irán lleva mucho tiempo “sobrevolado” por potencias extranjeras: primero fue el imperio de los zares de Rusia, después el imperialismo británico, y también por el estadounidense ¿Cuál es el interés verdadero del imperialismo en Irán? ¿Qué papel juega Israel y los USA en esta crisis?
La posición geoestratégica de Irán es de gran importancia. No es casualidad que a lo largo de la historia siempre se haya mencionado a Irán como un puente de comunicación entre Oriente y Occidente.
Irán tiene fronteras terrestres con siete países y fronteras marítimas con otros ocho. El estrecho de Ormuz, situado al sur de Irán, entre el golfo Pérsico y el mar de Omán, es una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Este estrecho desempeña un papel fundamental en el transporte mundial de petróleo y gas. Cerca del 25% del petróleo que el mundo necesita pasa diariamente por este estrecho. China, el mayor rival comercial de los Estados Unidos de América, hace pasar diariamente por este estrecho el 30% del petróleo que necesita. Controlar este paso marítimo significa poner la mano y controlar el 25% del petróleo consumido en el mundo.
Irán, con una superficie de 1.648.000 kilómetros cuadrados, es poseedor de las segundas mayores reservas de gas y las terceras mayores reservas de petróleo del mundo, con una población de 90.000.000 de habitantes y más del 90% de alfabetización, es el país más fuerte del Cercano Oriente para hacer frente a las aspiraciones hegemónicas de Israel, que pretende expandir sus fronteras y actuar como gendarme de la región.
En el nuevo orden mundial, que aún está en proceso de formación y cuyos principales actores son China y Estados Unidos, dependiendo de a qué bloque se sume Irán, puede inclinar la balanza a favor de uno de estos bloques
Pregunta.- Estamos asistiendo a una ola de injerencias del imperialismo liderado por Trump sobre distintos países, a los que les subordina bajo la presión y la amenaza de la fuerza: por ejemplo en Siria, donde Ahmed al Charaa ha pasado de ser considerado un terrorista a visitar la Casa Blanca. Algo similar está ocurriendo en Venezuela y, parece que por ahí pueden ir la cosas en Cuba ¿Piensas que en Irán puede ocurrir al similar?
Quizá la opción ideal de Trump en relación con la República Islámica, después del amplio despliegue militar en las aguas cercanas a Irán, sea llegar a un acuerdo con una parte de la élite gobernante de la República Islámica que adopte posturas más moderadas respecto a los asuntos en disputa entre ambos países.
Parece que la República Islámica ha aceptado llevar a cero el enriquecimiento de uranio durante un período —por ejemplo, tres años o más—, permitir las inspecciones de los inspectores de la agencia nuclear incluso de forma diaria, enviar a un tercer país los 400 kilos de uranio enriquecido que posee o diluirlos dentro de Irán bajo la supervisión de los inspectores, detener el envío de armas a sus fuerzas proxy en la región y firmar un pacto de no agresión con Estados Unidos que incluya también a los aliados de este país. Con este pacto, deja de lado el tema de reducir el alcance de sus misiles balísticos y lo excluye de las negociaciones. Junto a todo ello, propone a Estados Unidos invertir en los recursos petroleros y gasíferos de Irán. La figura considerada adecuada para impulsar esta política es Hasan Rohaní, el expresidente, y su ministro de Asuntos Exteriores, Javad Zarif. Por supuesto, Estados Unidos, a su vez, se comprometería a levantar o reducir las sanciones económicas contra Irán.
Si las cosas avanzan de este modo, Trump lo aceptará y, para la República Islámica, también sería una vía de escape del callejón sin salida en el que ha quedado atrapada. La República Islámica aún no ha tenido tiempo de limpiar de las calles la sangre de los jóvenes y manifestantes que masacró el mes pasado y, al mismo tiempo, pretende levantar horcas en los espacios públicos para que los ciudadanos no se atrevan a salir a las calles para nuevas protestas. La República Islámica nunca había sido tan odiada por su propio pueblo como lo es hoy.
Un acuerdo con los Estados Unidos ayudaría al régimen a recomponerse frente a un pueblo al que ha mantenido encadenado durante más de 45 años y a pensar en matanzas aún mayores, para que las oligarquías gobernantes puedan seguir saqueando los recursos petroleros, gasíferos y otros recursos subterráneos que pertenecen a la nación y mantenerla en la pobreza y la miseria.
El conflicto entre Israel e Irán es uno de los más complejos y peligrosos en Oriente Medio. Sus orígenes se remontan a décadas de tensiones políticas, religiosas y geopolíticas.
El primer punto clave en la relación entre ambos países es la Revolución Islámica de 1979 en Irán, que derrocó al sátrapa Reza Pahleví, último Sha de Persia, aliado incondicional de EE.UU. e Israel.
Tras la Revolución, la nueva República Islámica quedó bajo el liderazgo del ayatolá Jomeini, líder religioso y figura clave en aquel periodo. Fue el líder supremo de la República Islámica de Irán hasta su muerte en 1989. Jomeini promovió una visión militante y revolucionaria del Islam, estableciendo el primer estado islámico relativamente moderno.
La situación de la mujer en Irán es compleja, con avances notables en educación y participación laboral, pero también con importantes restricciones legales y sociales que limitan su autonomía y participación plena en la sociedad. El movimiento «Mujer, Vida, Libertad» ha puesto de manifiesto la lucha de las mujeres iraníes por la igualdad, los derechos humanos y la libertad, convirtiéndose en un símbolo de resistencia global.
El reciente ataque de Israel a Irán no es solo una de las manifestaciones violentas de una serie de disputas, que se vienen gestando desde la Revolución Islámica de 1979 en Irán, sino el inicio de un plan orientado a derrocar y trocear la actual República islámica; es decir, la eliminación por medios violentos del enemigo más poderoso de Israel en la región.
Prueba de ello ha sido la irrupción violenta de EEUU en el conflicto, bombardeando las instalaciones nucleares de Irán, lo que ha elevado vertiginosamente la tensión internacional hasta situarla al borde de un “abismo oscuro”, en palabras de nuestro presidente del gobierno Pedro Sánchez.
El bombardeo por sorpresa de las instalaciones nucleares de Irán en la noche del pasado sábado 21 de junio, prueba también la actuación aleatoria y errática de EE.UU., al margen de cualquier ley internacional.
Actuación basada en una falsedad análoga a la que se difundió como preludio de la invasión de Irak y posterior asesinato por ahorcamiento de Saddam Hussein, con la oposición de importantes países de la Unión Europea, como fue el caso de Francia. Crimen aún impune, que dio lugar a la vergonzosa foto del “trio de las Azores” y, posteriormente, al gravísimo atentado yihadista sufrido en España el 11 de marzo de 2004, en la estación de Atocha de Madrid, que provocó 193 víctimas mortales y más de 2000 heridos.
La principal razón formal por la que Israel e Irán están en desacuerdo radica en la oposición ideológica y religiosa. Irán es una república islámica chií y ve a Israel como una entidad impostora, ocupante ilegítimo de Palestina, y una amenaza a la seguridad de la región, por sus vínculos con Estados Unidos, principal aliado de Israel.
Una de las áreas más críticas es el programa nuclear iraní. Israel considera que Irán en posesión de este tipo de armamento sería una amenaza existencial para su seguridad. Las tensiones sobre tal programa, que comenzó en los años 80 y se intensificó a lo largo de las décadas siguientes, llevaron a Israel a realizar operaciones encubiertas y ataques a las instalaciones iraníes, sobre todo con el fin de retrasar el supuesto desarrollo de armas de destrucción masiva por parte de Irán. Estos ataques incluyen ciberataques, como el famoso caso de Stuxnet en 2010, y el asesinato de científicos nucleares iraníes. Sin embargo, no existe hasta la fecha pruebas fehacientes de que el programa nuclear iraní tenga objetivos diferentes de su aplicación pacífica con fines civiles.
El otro factor que contribuyó a las tensiones fue la presencia militar iraní en países como Siria y Líbano. Irán apoyaba al depuesto régimen de Bashar al-Assad en Siria, con aliados como Hezbollah en Líbano.
Israel ve la presencia iraní en la región como una forma de rodear su territorio con fuerzas hostiles y aumentar la posibilidad de ataques directos. Aunque Irán no tiene fronteras directas con Israel, apoya activamente a grupos militantes palestinos, como Hamas, que alcanzó el poder en la Franja de Gaza a mediados de 2007. Irán ve en el conflicto palestino, agravado por el criminal genocidio en la franja de Gaza, una causa fundamental para desafiar a Israel, mientras que Israel considera a Irán como su principal enemigo en la región.
El genocidio del pueblo palestino perpetrado por el gobierno sionista de Netanyahu, con el apoyo de los EE.UU. y la connivencia de la Comisión Europea, presidida por la conservadora Ursula Von der Layen, conmueve a la humanidad y presagia un sombrío panorama en la región.
El ataque de EE.UU. a Irán, sin previo aviso, sin informar a sus aliados, crea un grave precedente, convirtiéndose en el más grave problema de la Alianza del Atlántico Norte.
En efecto, la actuación unilateral y errática del presidente de los EE.UU. es un grave problema no solo para la OTAN, también para el conjunto de la Humanidad, pues comanda de hecho la Alianza más letal jamás conocida.
El siniestro precedente que supuso el lanzamiento de dos bombas nucleares sobre población civil, en el siglo pasado, con la trágica destrucción de Hiroshima y Nagasaki, cuyas secuelas sigue sufriendo parte de su población, nos sitúa en la antesala del infierno.
España debe cruzar el oscuro abismo que se abre a nuestros pies -tras los bombardeos de EEUU al complejo nuclear iraní- hasta alcanzar la otra orilla fuera de la OTAN, alejada de los graves riesgos que supone seguir manteniendo nuestro peligroso y humillante vasallaje.
Veamos la viabilidad legal de salida de España de la OTAN.
La salida de un miembro de la OTAN está regulada por el artículo 13 del Tratado del Atlántico Norte, que establece el procedimiento para que un país se retire de la organización:
«Cualquier Parte podrá, después de transcurridos 20 años desde la firma del presente Tratado, notificando a los demás Gobiernos de los Países signatarios, su decisión de dar por terminado su compromiso.»
Por lo tanto, cualquier país miembro puede retirarse en cualquier momento, siempre que haya transcurrido ese plazo.
El proceso comienza con una notificación formal del país que desea retirarse. Esta notificación se debe hacer a los demás países miembros de la OTAN, indicando de manera oficial la intención de abandonar la organización. La notificación debe ser presentada por el gobierno del país en cuestión, y es generalmente a través de una carta diplomática o comunicación formal.
Una vez que se ha notificado la intención de retirarse, el Tratado establece que la salida no es inmediata. El país tiene que esperar un año después de la notificación antes de que su salida se haga efectiva. Este período de espera da tiempo para que se manejen las consecuencias políticas, estratégicas y diplomáticas de la salida.
Durante este período de espera, el país sigue siendo parte de la Alianza y sigue cumpliendo con sus obligaciones en términos de defensa colectiva y cooperación, salvo que se llegue a un acuerdo para una salida más rápida.
Una vez que transcurre el año, el país se considera oficialmente fuera de la OTAN. Desde ese momento, deja de estar sujeto a las disposiciones del Tratado, especialmente a la cláusula de defensa colectiva del Artículo 5, que establece que un ataque a un miembro se considera un ataque a todos los miembros.
Un proceso gradual sería también posible; por ejemplo, iniciando la salida inmediata del mando militar integrado, previamente a la salida definitiva.
La República francesa se retiró en 1966 del mando militar integrado de la OTAN, bajo el liderazgo del presidente francés, general Charles de Gaulle, regresando de nuevo a las estructuras militares de la OTAN en abril de 2009 bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, seis años después de la invasión de Irak.
La salida de un miembro tiene implicaciones estratégicas tanto para el país que se retira como para los demás miembros. Esto puede incluir reconfiguración de alianzas, redistribución de bases militares y la redefinición de objetivos y políticas de defensa.
El presidente Adolfo Suarez no era partidario del ingreso de España en la OTAN. Fue obligado a dimitir días antes del 23-F de 1981, presionado de forma amenazante por las intrigas palaciegas de la monarquía, secundadas por generales monárquicos (Armada, Milans). Dos días después, el nuevo presidente Leopoldo Cavo Sotelo, anunciaba en el Congreso de los Diputados el objetivo de ingresar en la Alianza del Atlántico Norte, iniciando el proceso de adhesión, consumado el 30 de mayo de 1982 con el ingreso de España en la OTAN.
Concluyendo. No existe, por tanto, ningún impedimento legal para la salida de España de la OTAN, tan solo es cuestión de voluntad política y de contar con una mayoría suficiente en el Congreso de los Diputados.
España debe seguir su tradición de neutralidad formal, mantenida en las dos guerras mundiales anteriores. En mi opinión, bastaría con el apoyo del “bloque de investidura”, y la adhesión de algunos diputados de centro moderado, que no deseen ver implicado directamente a nuestro país en los conflictos armados de la OTAN ni en la escalada armamentista. Una Alianza comandada de hecho por un errático e impredecible presidente de los EEUU que nos arrastra a una más que posible guerra mundial.
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