Editorial: No a la Guerra

El 24 de febrero se cumplió el 4.º aniversario de la guerra en Ucrania y solo cuatro días después, el 28 de febrero, EE.UU. e Israel abrieron la guerra contra Irán y Líbano. Han pasado 20 días y todo Oriente Medio está incendiado. El inicio de este nuevo conflicto ha traído otro crimen de guerra, cometido por Trump y su ejército, al matar a más de 165 niñas que asistían a la escuela en la ciudad iraní de Minab.

Las mentiras, bulos, tergiversaciones y todo tipo de engaños a la opinión pública ya no cuelan. Las motivaciones de estas guerras no son la defensa de la democracia, la libertad de las mujeres, ni las armas de destrucción masiva y/o atómica. La declaración que ASTRADE1 lanzó el 5 de marzo explica muy bien los objetivos de la guerra: el control de los canales y estrechos estratégicos para el comercio internacional y la energía, particularmente el gas y el petróleo.

Los intereses económicos son los que han inspirado y empujan al imperialismo estadounidense a apoyar golpes de Estado, invadir y amedrantar a otras naciones o a iniciar guerras; así ha sido a lo largo de los siglos XIX y XX y parece que la tendencia se recrudece en el presente siglo XXI. Así es como Israel ha ido ocupando y expulsando de su tierra al pueblo palestino desde 1948. La cuestión es que los intereses económicos defendidos por la vía de la guerra solo incumben a una minoría de la sociedad que cada día acumula más riqueza y perjudican a la gran mayoría social, en forma de muerte y empobrecimiento.

En 2025, la riqueza conjunta de los milmillonarios en todo el mundo creció más de un 16%, tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores, y alcanzó un máximo histórico de 18,3 billones de dólares”. (Informe de Oxfam publicado el 19 de enero de 2026).

Hoy podemos afirmar, con más convencimiento si cabe, que la guerra en Ucrania es, en realidad, un conflicto larvado por los EE.UU. desde hace más de una década, para hacerse con el mercado del suministro del gas licuado y el petróleo a Europa, en detrimento de Rusia. -En Tribuna Socialista n.º 173, hicimos referencia a los 83 documentos que hemos publicado en estos cuatro años, con datos y argumentos, que justifican nuestra posición2 -. Afirmar esto no es tomar partido por Putin; a los pueblos de Europa nos da lo mismo quién nos suministra la energía. Decimos NO a que sus chanchullos comerciales deriven en conflictos armados y a sus consecuencias para las condiciones de vida de la mayoría. Pongamos cifras a esto:

  • El IPC general acumulado de los años 2022 a 2025, ambos inclusive, es del 13,20%.
  • El IPC acumulado de los alimentos y bebidas no alcohólicas, en el mismo periodo, es del 26,87%.
  • El precio medio de la vivienda en alquiler ha superado el 46% desde finales de 2021.

Frente a esto:

  • Los salarios han tenido en esos cuatro años un incremento medio, en convenio colectivo, del 12,84%. Las pensiones han crecido un 17,10%.
  • El salario más frecuente de las asalariadas y asalariados se situó a final de 2025 en 1.220€/mes (por 14 pagas); poco más del 3% sobre el SMI del pasado año. Frente a los 1.322€ de 2021. Es decir, ha caído un -8,36%.
  • La tasa de pobreza y riesgo de exclusión social (índice AROPE) en España, a octubre de 2025, se situó en el 25,8%. Esto implica que más de 12 millones de personas sufren esta situación.

Una nueva oleada especulativa se cierne sobre las y los trabajadores, las y los pensionistas, las y los desempleados, en definitiva, sobre toda la clase trabajadora. A las pocas horas de iniciarse este nuevo conflicto las gasolineras empezaron a subir el precio de los carburantes, a pesar de que lo que estaban vendiendo lo tenían adquirido tiempo atrás. Como ocurrió en 2022, al inicio de la guerra en Ucrania, otros sectores irán haciendo lo mismo con los precios, con la excusa de la guerra -ya está ocurriendo con la luz y el gas-. Es la especulación más despiadada, la que abusa de los precios cuando más necesidad hay y más sufren los que menos tienen.

Si queremos merecer el calificativo de humanos o el de civilizados, no podemos dejar de horrorizarnos ante las cifras de muertos: La Vanguardia daba algunos datos el 28 de enero pasado3: “Entre ucranianos y rusos hay 2 millones de bajas (fallecidos, heridos y desaparecidos)”. Los desplazados y refugiados se cuentan por millones.

A pesar de las reticencias de nuestro Gobierno a incrementar el gasto en defensa por encima del 2% del PIB, nos parece un error entrar en la carrera de rearme impuesta por la OTAN, es decir, por los Estados Unidos de América, y seguir alimentando la guerra en Ucrania. El último caso es la nueva ayuda militar de España a Ucrania por valor de 1.000 millones de euros, comprometida en la visita de Zelenski a Madrid el pasado 18 de marzo; y ya son 17.000 millones lo que España ha puesto para la guerra de Ucrania desde que se inició el conflicto.

En este mismo cuatrienio hemos asistido al genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en Gaza, con más de 70.000 muertos, un 25% de ellos menores de edad. Escalofriante cifra a la que hay que añadir los miles de desaparecidos, exiliados, encarcelados y refugiados. Ataques que no han parado tras el tramposo “acuerdo de paz” impuesto por Trump y Netanyahu, por el que quieren apropiarse de la costa gazatí.

En menos de un mes más de 1.000 libanesas y libaneses han sido asesinados por las bombas de Israel, con una brutalidad similar a la ejercida contra el pueblo de Gaza. Más de un millón de personas se han visto forzadas a desplazarse hacia el norte de Líbano. ¿El objetivo de Israel es ocupar territorio libanés y colonizarlo?

En Irán, los civiles asesinados por los bombardeos estadounidenses ya superan los 2.000 y más de 7.000 heridos.

Recordemos que, en 2003, con el PP en el Gobierno, en España ya sufrimos el zarpazo de la guerra. No olvidemos a los 192 muertos en los atentados de Atocha y cercanías, consecuencia de la participación de nuestro país en la invasión de Irak.

Estas guerras atentan contra la vida y son la negación misma de la soberanía de los pueblos: Venezuela, Colombia, Cuba, Groenlandia, Líbano, Irán, Siria. Ritmos y formas diferentes en busca de los mismos fines imperialistas.

Las guerras bélicas, y la guerra social que se desarrolla como derivada de las primeras, son parte de la lucha de clases que no ha desaparecido; por mucha confusión que introduzcan los intelectuales pagados por el capital y difundida por sus medios de comunicación.

Ante este tétrico panorama vemos como saltan por los aires hasta las más leves redes de seguridad de las que se había dotado la democracia liberal: las leyes y normas que “garantizaban” los derechos humanos, la “justicia” internacional que apenas sí balbucea intenciones contra Netanyahu y guarda un vergonzoso silencio respecto a Trump, o las instituciones internacionales y quienes las lideran: la UE, la ONU o la OTAN, contradiciéndose según convenga, como las señoras Von der Leyen y Kaja Kallas o guardando silencio como herr Merz; yendo como un pollo sin cabeza, como el señor Guterres; o directamente exhibiendo un vomitivo servilismo como es el caso del señor Rutte. Instituciones que se han hecho pasar durante décadas por herramientas al servicio de la paz y la democracia, hoy se les cae la careta dejando claro que no son más que instrumentos del capital, al servicio de sus intereses.

Sin ninguna pretensión adulatoria, debemos reconocer la valentía del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al negarle a EE.UU. el uso de las bases militares de Rota y Morón. Una posición, en este contexto, que destaca más por lo oportuno que por su efecto, y que es más valorada fuera de España que en la piel de toro. Cosas de la intoxicación mediática que sufrimos. Señalamos también que la posición del Gobierno es coincidente con el rechazo del 70% de la población a los ataques de EE.UU. e Israel, según refleja el último barómetro del CIS.

Desde la Asociación Trabajo y Democracia (ASTRADE), editora de TS, llamamos a la movilización de masas contra la guerra y a participar en todas y cada una de las acciones que se convoquen para rechazar la guerra y señalar a sus responsables y a quienes les avalan.

Reafirmamos nuestro compromiso de participar con una delegación en la Conferencia y el Mitin Internacional contra la Guerra que tendrá lugar en Londres los días 19 y 20 de junio, promovido por Stop the War4.

Comité de Redacción

  1. https://tribunasocialista.com/2026/03/05/declaracion-de-astrade-nos-llevan-al-desastre-nos-llevan-a-la-iii-guerra-mundial/
  1. https://tribunasocialista.com/2026/01/27/organizarse-o-barbarie/
  1. https://www.lavanguardia.com/internacional/20260128/11451356/guerra-ucrania-alcanzara-dos-millones-bajas-proxima-primavera.html
  1. https://tribunasocialista.com/2026/02/26/mitin-internacional-contra-la-guerra/

La economía de guerra

De las teorias históricas a la práctica actual

La economía del armamento no responde ni a la defensa de los valores democráticos ni a satisfacer las necesidades de la clase trabajadora. Según los clásicos, responde a una exigencia económica profunda del capitalismo monopolista.

Simplificando, Lenin definía el imperialismo como la etapa en la que dominan los monopolios y el capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo entre potencias. Cuando ese reparto se agota, el sistema entra en una fase de bloqueo, donde la tasa de beneficio tiende a caer. Para compensarlo, las potencias recurren a medios artificiales, entre ellos la industria militar, que permite absorber capital sobrante, estimular el crecimiento y crear mercados forzados.

Por su parte, Rosa de Luxemburg subraya que el militarismo no sólo sirve para que existan guerras entre potencias, sino que es un mecanismo económico central, un “campo de acumulación” donde se realiza plusvalía que no encuentra salida en la economía civil.

La destrucción provocada por la economía del armamento permite reactivar ciclos económicos, como se ha comprobado analizando los periodos previos a las I y II guerras mundiales.

El soporte de los estados a la industria del armamento y el militarismo ayuda a organizar y acelerar este proceso destructivo.

Si hacemos un análisis actual de los párrafos anteriores podemos concluir que las tesis clásicas de Lenin y Rosa de Luxemburg que definen el armamentismo como una necesidad estructural del capitalismo imperialista— no puede aplicarse hoy de forma mecánica, pero sigue teniendo una base empírica fuerte en varios aspectos contemporáneos.

¿Qué elementos siguen siendo válidos hoy?

a) El gasto militar como motor económico

Los datos actuales son contundentes y verificables:

Gasto militar mundial 2024: 2,44 billones de dólares (máximo histórico).
Fuente: SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), 2024.

EE. UU.: 916.000 millones; China, Rusia, India y Arabia Saudí completan el top 5.

La industria de defensa se integra en cadenas globales de alto valor (microchips, IA, ciberseguridad, sector aeroespacial).

Todo ello, encaja perfectamente con la idea de que el sector del armamento es un sector estabilizador en épocas de incertidumbre económica. La fabricación y venta de armas es un valor «refugio» para el capital y los fondos de inversión.

b) Estados que sostienen y expanden la industria militar

El diagnóstico leninista sobre la intervención del Estado es sorprendentemente actual:

-Subvenciones masivas a empresas de defensa (Lockheed Martin, Raytheon, Airbus Military).

-Programas plurianuales de rearme aprobados por parlamentos (OTAN 2% PIB).
-Fondos europeos de defensa (FED, EDF) creados para impulsar el rearme sistemático.

  • En España: El «Plan de Industria y Desarrollo Tecnológico para la Seguridad y la Defensa» del gobierno de Pedro Sánchez es un plan aprobado en abril de 2025 con una inversión de 10.471 millones de euros para alcanzar el 2% del PIB en gasto de defensa en 2025. Los objetivos incluyen modernizar los equipos de las Fuerzas Armadas, mejorar las condiciones laborales del personal militar y potenciar el desarrollo tecnológico en áreas como la ciberseguridad, la biotecnología y la inteligencia artificial.

El Estado sigue actuando como garante, financiador y cliente.

c) Competencia imperial y tensiones geopolíticas

La lógica de “reparto del mundo” se refleja hoy en varios puntos de conflicto. Entre otros:

  • La rivalidad estratégica EE.UU.–China en su pugna por la dominación del Indo-Pacífico, la fabricación de microchips o el control de las rutas marítimas).
  • Guerra en Ucrania: disputa por el control energético, los cereales y las tierras raras.
  • Los conflictos persistentes en Oriente Medio, con intereses en Petroleo, nuevos mercados inmobiliarios (como «la nueva palestina» de Trump) y rutas comerciales).
  • El control de Venezuela por EEUU con intereses en el mercado del petróleo…y en el mercado de las drogas.

No es el reparto colonial clásico, pero sí un proceso de competencia entre grandes potencias con dimensión militar.

¿Qué elementos NO son directamente aplicables?

a) El capitalismo hoy no está “cerrado” como en 1914. La globalización ha provocado que los mercados mundiales entén interconectados. La expansión ya no depende exclusivamente de la expansión territorial y las colonias. Los «aranceles de Trump» vienen a provocar una especie de «nacional-capitalismo» en el que los estados se vuelven proteccionistas de sus propios capitalistas.

b) La innovación no proviene solo del sector militar, o como mínimo no como se entendía en el siglo XX. Es más grave aún: existe gran inversión en innovación en sectores civiles como la tecnología, el software, la IA, la investigación sobre el cerebro, la genética…sectores que en principio no tienen que ver con la industria de la guerra…pero solo en principio, porque juegan un doble papel: el de ser sectores que pueden hacer avanzar la ciencia para el beneficio colectivo, también son instrumentos útiles para el espionaje, el control de la información y las «guerras modernas», que necesitan otras herramientas más allá de las bombas y los tanques.

En resumen, las teorías clásicas, aunque no son deterministas, sí que en explican en buena medida algunas de los fenómenos a los que hoy estamos asistiendo:

  1. El gasto militar como salida económica para el capital.
  2. El papel central de los Estados que sostienen y alimentan con fondos públicos la acumulación de capital vía armamento.
  3. La relación estructural entre armamento y geopolítica.

El análisis de la teoría clásica marxista sigue siendo útil para entender por qué el rearme crece, por qué los Estados lo financian y por qué las tensiones globales se militarizan.

Veamos como toman forma en diversas economías mundiales.

El complejo militar–industrial (CMI) de EE. UU

En su discurso de despedida en 1961, el presidente Dwight D. Eisenhower, advirtió del peligro de una alianza estructural entre:

El Pentágono (Departamento de Defensa).

Las grandes empresas contratistas de defensa.

El Congreso, cuyos distritos electorales se benefician del gasto militar.

Los datos oficiales actuales le dan la razón:

Presupuesto militar 2024: 916.000 millones de dólares
Fuente: U.S. Department of Defense Budget FY2024; SIPRI 2024.

EE. UU. representa casi el 40% del gasto militar mundial.

La economía de defensa implica más de 3 millones de empleos directos e indirectos.
Fuente: Aerospace Industries Association, 2023.

El CMI no es un sector más: es uno de los motores económicos más estables del país.

Entre las principales contratistas:

Lockheed Martin (F-35, misiles Patriot, HIMARS)

Raytheon/RTX (misiles, radares, sistemas de guiado)

Northrop Grumman (bombardero B-21, drones estratégicos)

Boeing Defense (F-15, F-18, helicópteros Apache)

General Dynamics (submarinos nucleares, carros Abrams)

Estas compañías dependen en más del 70% de sus ingresos del Departamento de Defensa.

El CMI está diseñado para ser estable e imbatible: con presupuestos plurianuales, contratos cost-plus (el Estado cubre gastos y sobrecostes), lobbies formales y ex-generales incorporados a los consejos de administración… y el congreso remando a favor.

El Congreso aprueba año tras año aumentos del gasto militar. Cada distrito electoral alberga fábricas, proveedores o centros de I+D, lo que convierte el presupuesto militar en una máquina de redistribución territorial de empleo y contratos.

Es un mecanismo casi blindado: recortar el gasto militar es políticamente impopular y económicamente costoso en los estados implicados.

El “Revolving Door” o las puertas giratorias mediante la que muchos altos cargos del Pentágono pasan a empresas militares y viceversa.
Fuente: Project on Government Oversight (POGO), 2023.

El CMI actúa como:

Absorbedor de capital en un sistema financiero hi–pertrofiado, y como un estímulo anticíclico durante las crisis (2001, 2008, 2020).

Por ejemplo, durante la crisis financiera de 2008, mientras el PIB caía, el gasto militar siguió creciendo.

En cuanto a la relación del CMI con la política exterior, la doctrina militar estadounidense está estrechamente vinculada a su economía de defensa:

  • Presencia de más de 750 bases militares en el mundo (incluyendo las españolas)
    Fuente: Department of Defense Base Structure Report, 2023.
  • Liderazgo estratégico en la OTAN.
  • Intervenciones o apoyos armados en Oriente Medio, Asia y África.
  • Capacidad de condicionar la política industrial europea (chips, 5G, defensa conjunta).
  • Las guerras de Iraq y Afganistán implicaron contratos valorados en billones de dólares para el CMI (Halliburton, KBR, etc.).

En cuanto a la innovación tecnológica derivada del CMI, casi toda la tecnología estratégica estadounidense tiene raíz militar:

  • Internet (DARPA) fue una inversión militar.
  • Los GPS una invención del Departamento de Defensa.
  • Drones
  • Sistemas de posicionamiento y sensores
  • Mucha tecnología espacial

Hoy, la IA militar, los sistemas autónomos y la ciberguerra marcan la nueva frontera.

El CMI no solo produce armas: crea tecnologías que luego colonizan la economía civil.

En resumen, el complejo militar–industrial de EE. UU. no es un accidente histórico: es la columna vertebral del capitalismo estadounidense contemporáneo, fusionando economía, tecnología, política exterior y poder estatal.

¿Qué pasa con China?

El caso de China es diferente. China no copia el modelo militar-industrial de EE. UU.: construye otro

China no busca replicar el complejo militar–industrial estadounidense. Su estrategia es integrar la economía civil y militar en un único sistema nacional de innovación y producción.

Este modelo se denomina oficialmente: «Fusión civil-militar” (Military-Civil Fusion, MCF) y fue aprobada como estrategia de Estado en 2015 por el gobierno de Xi Jinping.

Su objetivo, no es otro que convertir a China en una potencia militar, tecnológica y económica autosuficiente, reduciendo la dependencia exterior y preparando al país para conflictos de alta intensidad en el siglo XXI.

Fuentes oficiales: Libro Blanco de Defensa de China 2019; “Made in China 2025”; U.S.–China Economic and Security Review Commission.

China articula su estrategia sobre tres ejes:

a) Romper el cerco tecnológico y militar de EE. UU. Sin embargo, el Indo-Pacífico se ha convertido en el epicentro de la competencia global. Estados Unidos lidera una red de alianzas con Japón, Corea, Filipinas, Australia, diseñada explícitamente para limitar la expansión china, proteger las rutas marítimas, y sostener la hegemonía militar estadounidense.

La respuesta china combina diplomacia, al tiempo que se refuerzan en armamento y lideran la economía mundial, en especial las materias primas y se ha convertido en la fábrica del mundo desde la que controlan la economía y los mercados no financieros.

b) Construir una capacidad militar capaz de negar el acceso a EE. UU.

China sabe que no puede igualar el poder global estadounidense, así que opta por una estrategia distinta: defenderse de EEUU, desarrollando tecnología y armamento capaz de impedir que EE. UU. entre en el espacio militar chino (Mar del Sur de China, Taiwán).

Esas defensas incluyen: misiles hipersónicos DF-17, misiles antibuque de largo alcance DF-21D (llamado “carrier-killer”), la expansión de la armada (ya la mayor del mundo en número de barcos, según el Pentágono, 2023), construcción de bases navales y aéreas en el Mar del Sur de China, desarrollo intensivo de drones, inteligencia artificial y ciberguerra.

Su objetivo es hacer demasiado costosa para EE. UU. cualquier intervención a gran escala.

c) Convertirse en superpotencia tecnológica y manufacturera

La ventaja estructural de China no es militar sino industrial: controla alrededor del 30% de la manufactura mundial.

Domina cadenas de suministro críticas: baterías, metales raros, paneles solares, telecomunicaciones (Huawei).

Lidera en 5G, vehículos eléctricos, ferrocarril de alta velocidad e infraestructura global.

La estrategia militar se apoya en esta base industrial gigantesca, igual que Estados Unidos apoya su poder militar en su potencia tecnológica.

Además, China cuenta con el proyecto “Made in China 2025”, que es un Plan estratégico para reducir la dependencia exterior en sectores clave como la robótica, la aeronáutica, los chips, la IA, la defensa avanzada, la biotecnología o los materiales estratégicos.

Este plan es uno de los motivos principales de las tensiones comerciales con EE. UU, además del conflicto por Taiwan, clave en la cadena global de chips (TSMC concentra más del 60% de la fabricación avanzada).

China persigue una estrategia nacional coherente: rearmarse para negar el dominio militar estadounidense, controlar sectores tecnológicos clave, expandir su influencia económica global, reducir vulnerabilidades estratégicas, estar preparada para un escenario de conflicto en el Indo-Pacífico.

A diferencia de EE. UU., su poder militar no es el centro del sistema: es la prolongación de su poder económico-industrial.

El papel de la OTAN

La OTAN nació en 1949 como alianza militar contra la URSS. Tras 1991 (fecha de desaparición de la URSS, la OTAN NO desaparece, sino que se redefine.

Su función teórica es constituir un bloque militar occidental que sirva como mecanismo de integración estratégica de Europa bajo liderazgo estadounidense,

No es un club de defensa simétrico: EE. UU. aporta aproximadamente el 70% de las capacidades militares de la alianza. Trump lo sabe, y exige ampliar la compra de armamento a EEUU.

Pero la estrategia del líder de la OTAN, es decir EEUU siguió tras la caída del muro un camino peligroso: se expande hacia el este y provoca la ruptura con Rusia

Tras la caída del Muro, lejos de disolverse, la OTAN se amplía en seis oleadas:

  • 1999: Polonia, Hungría, República Checa
  • 2004: Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia
  • 2009: Albania, Croacia
  • 2017: Montenegro
  • 2020: Macedonia del Norte
  • 2023–2024: Finlandia y Suecia

Para Rusia, esta expansión viola los entendimientos políticos de 1990, desestabiliza su perímetro de seguridad, favorece la aparición de conflictos en su vecindad.

Para EE. UU. y la OTAN, las bases de la OTAN consolidan un “cordón sanitario” frente a Moscú, aumenta la interoperabilidad militar occidental y encierra a Rusia en una profunda dependencia estratégica de China.

Desde 2022, ante el conflicto de Ucrania, la OTAN ha entrado en una fase nueva:

a) Rearme masivo en Europa:

Alemania crea un fondo especial de 100.000 millones de euros (2022).

Polonia planea duplicar su ejército y alcanzar el 4% del PIB en gasto militar.

Países bálticos y nórdicos aceleran la compra de sistemas estadounidenses.

b) Europa vuelve a depender de EE. UU.

El 90% de los sistemas enviados a Ucrania proceden directa o indirectamente de EE. UU.: HIMARS, Patriot, misiles aire-aire, artillería, drones, inteligencia satelital.

La guerra ha reforzado exactamente lo que EE. UU. buscaba: recentralizar la arquitectura militar europea bajo su mando.

c) Restauración de la función original de la OTAN.

La guerra de Ucrania le da un nuevo propósito: contener a Rusia en el flanco oriental y preparar al bloque para posibles conflictos de alta intensidad.

  1. OTAN y China: el desplazamiento al Indo-Pacífico

Aunque China no está en el Atlántico Norte, aparece por primera vez en el Concepto Estratégico 2022 de la OTAN, porque China desafía la supremacía tecnológica occidental, controla sectores críticos de la manufactura mundial y alinea su estrategia con Rusia en los planos militar, energético y diplomático.
Además, la OTAN ve que la Marina China crece más rápido que cualquier otra en el mundo.

Aunque la OTAN no puede desplegarse directamente en Asia, sí que está coordinando estrategias con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, para cerrar el cerco geoestratégico a China.

En definitiva, ese anacronismo que es la OTAN está experimentando una evolución que choca con los objetivos de la Unión Europea de construir una “autonomía militar estratégica”.

La realidad es otra:

  • Más del 60% del armamento europeo comprado desde 2022 procede de EE. UU.
    Fuente: European Defence Agency, 2023.
  • Los ejércitos europeos dependen de satélites, inteligencia y logística estadounidenses.
  • Las industrias de defensa de Francia, Alemania e Italia compiten entre ellas sin un verdadero mercado común, como se vio con la venta de submarinos a Australia.

En conclusión: lejos de presevar la Europa social del estado de bienestar, Europa se ha convertido en un “cliente estratégico” del complejo militar–industrial de EE. UU (CMI)

Por esa razón, la OTAN fija el objetivo del 2% del PIB en gasto militar, con el consecuente enfado de Trump ante la negativa aparente de Pedro Sánchez.

Sin embargo, más de 20 países ya han alcanzado ese umbral en 2024 (récord histórico).

La mayor parte del dinero se canaliza hacia empresas estadounidenses: Lockheed Martin, Raytheon/RTX, Boeing Defence, Northrop Grumman.

La OTAN no sólo es una alianza militar, es un mercado permanente para la industria de defensa estadounidense, y además cumple a la perfección de instrumento para la sumisión de Europa a EEUU en sus intereses geopolíticos, al subordinar la política exterior europea a la lógica atlántica, y los intereses contra China.

La economía rusa de guerra.

Desde la caída del muro, el poder de las oligarquías rusas ha provocado que la economía rusa se haya transformado en una especie de modelo híbrido de capitalismo estatal militarizado, donde el gasto militar es el motor del crecimiento, el Estado dirige sectores clave, la industria está reconvertida para un conflicto largo, y en el que las sanciones han generado un giro estructural hacia Asia, especialmente China y Corea del Norte.

En otras palabras. Rusia ha reconstruido una economía de guerra funcional capaz de sostener un conflicto largo, pero a costa de hipotecar su desarrollo civil y su autonomía estratégica frente a China. ¿hasta cuándo?

Rusia ha convertido la defensa en el motor principal de su crecimiento económico. Fabrica actualmente más proyectiles de artillería que toda la OTAN junta, gracias a la reconversión de fábricas y al apoyo de Corea del Norte y (en menor medida) Irán en drones y munición.

El crecimiento del PIB ruso en 2023–2024 (entre 2% y 3%, según el Banco Central de Rusia) se debe casi exclusivamente al gasto militar, a pesar de las sanciones económicas de Europa.

Por ejemplo, las fábricas civiles (automoción, maquinaria, metalurgia) han sido reconvertidas parcial o totalmente en producción militar.

Uralvagonzavod: tanques y vagones) ; las fábricas electrónicas de Kaliningrado y San Petersburgo producen componentes para drones y misiles y las empresas privadas están obligadas por ley a aceptar contratos estatales de defensa.

A diferencia de EE. UU., donde el complejo militar-industrial es privado, en Rusia el Estado es el núcleo organizador.

Las grandes corporaciones (Rostec, Almaz-Antey, United Aircraft Corporation, Rosoboronexport) son estatales o paraestatales y funcionan como consorcios de guerra.

Más de 3 millones de rusos trabajan en la industria de defensa.

Como punto débil de Rusia: su dependencia tecnológica. Rusia sufre carencias críticas en microchips, maquinaria de precisión, óptica avanzada, componentes aeronáuticos… y para cubrirlas, recurre a importaciones indirectas a través de Turquía, Emiratos, Kazajistán, Kirguistán, y una cooperación reforzada con China.

La economía rusa, hoy, crece porque está en guerra. Si la guerra terminara, entraría en recesión.

Viejas teorías de radiante actualidad

Acabo este artículo concluyendo que las viejas teorías que alertaban de la industria de la guerra sería el refugio del capital en tiempos de incertidumbre, y que la militarización y las guerras sostendrían la economía, son claramente de actualidad analizando los ejemplos desglosados en estas páginas.

Por tanto, si las guerras, la muerte y la destrucción son las bases de la nueva economía, un nuevo mundo no solo es posible, sino absolutamente necesario.

Baltasar Santos
1er Sec PSC del Vendrell