Cuidado con las sanciones económicas

Las sanciones económicas a países, como las multas a los ciudadanos y ciudadanas, no siempre son justas ni siempre tienen el efecto deseado: se da el caso que a los muy ricos les compensa pagar la sanción, mientras se hunde en la miseria a los más pobres. En ocasiones, tienen un efecto boomerang, que golpea a quienes lanzan la sanción.

Un ejemplo histórico de las consecuencias de los bloqueos económicos, ahora conocidos como sanciones, lo tenemos en los decretos que Napoleón dictó contra Gran Bretaña, en 1806 y 1807: Decreto de Berlín y Decreto de Milán, respectivamente, por los que se prohibía el comercio de los productos británicos en el continente europeo.

La primera consecuencia, para la Francia imperial, fue la necesidad de mantener presencia militar en los puertos a los que llegan los productos manufacturados o en aquellos desde los que salían las materias primas entre Gran Bretaña y los países europeos.

En principio, los beneficiarios directos de este bloqueo fueron los productos franceses y los de los territorios anexionados por Napoleón. Sin embargo, Francia no tenía la capacidad de absorber los productos que el resto de países europeos exportaba a Gran Bretaña. Una consecuencia concreta fue un gran incremento del contrabando.

El “Bloqueo Continental” produjo un grave perjuicio para el comercio británico, que sufrió una contracción del 25%, pero también para el de los países europeos, incluida Francia.

Gran Bretaña, con una notable mayor capacidad naval que Francia y sus aliados, se lanzó a la potenciación de los mercados en el sudeste asiático, China, India… Y reaccionó con las Orders in Council de 1807, por las que prohibía a sus socios ultramarinos el comercio con Francia.

Estados Unidos, vio la oportunidad de aprovecharse de la situación, para conseguir mejores condiciones a sus productos y en sus compras, aprobó el Acta de Embargo del 1807, por el que se prohibía el comercio de sus buques con Francia y Gran Bretaña. Y claro, como dijo Karl von Clausewitz, quien participó con el ejército prusiano en la guerra contra Napoleón, y sabía bien de lo que hablaba: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”. La política lleva mucho tiempo al servicio de la economía. Por ello, el resultado, entre otros motivos, como por ejemplo el intento de los USA de anexionarse Canadá (en aquel momento colonia británica), fue el estallido de la guerra anglo-estadounidense que se desarrolló entre 1812 y 1815.

Por su parte, Napoleón, para hacer cumplir sus “sanciones económicas” quiso invadir Rusia en 1812 movilizando a más de 500.000 hombres, la Grande Armée, pues el zar Alejandro I había decidido retomar el comercio con Gran Bretaña. Toda esta guerra económica desembocó en la tumba del Imperio francés.

Todos estos acontecimientos acaecieron en poco más de un lustro, como derivadas de las sanciones de unos y otros.

Sin extenderme en detalles, no puedo dejar de mencionar el bloqueo económico que los Estados Unidos le impusieron a Cuba en octubre de 1960, que sigue en vigor 62 años después, para salvaguardar los intereses de las empresas norteamericanas, muchas de ellas vinculadas a la mafia en los sectores del juego y la prostitución en la isla. Bloqueo que ha pasado por diferentes fases de mayor o menor crudeza, llagando a provocar la escasez de alimentos y medicinas para la población civil.

Citar también las sanciones que, a instancias de los USA, Naciones Unidas le impuso a Irak en 1990, tras invadir Kuwait el ejército de Sadam Husein. El pueblo iraquí, sufrió la guerra que había iniciado su sátrapa y, además de la muerte y la destrucción que provocó la primera Guerra del Golfo, en la que intervino una fuerza multinacional compuesta por: Estados Unidos, Arabia Saudí, Francia, Egipto, Reino Unido y Siria, sufrieron el hambre y la muerte por falta de los productos más básicos. Eso sí, en 1996, con el país esquilmado y destrozado, el Consejo de Seguridad de la ONU establecía el programa “Petróleo por alimentos”.

Hace diez meses que estalló la guerra en Ucrania, con motivo de la criminal invasión del territorio ucraniano por parte del ejército de Putin. Junto a la contienda bélica se está desarrollando una contienda económica con un intercambio de medidas y agresiones, cuyas consecuencias definitivas están por verse aún.

De momento, una ola inflacionaria recorre Europa y está empobreciendo a la mayoría social de todos los países del continente. Empobrecimiento cuya otra cara de lo moneda son las indignantes cifran de beneficios de las empresas que componen los oligopolios de los sectores estratégicos, como el energético o el financiero, entre otros, además del armamentístico.

La inflación iniciada por las empresas de la energía, incluso meses antes del estallido de la guerra, se ha trasladado a la bolsa de la compra haciendo muy difícil el reto que millones de personas tienen por llegar a fin de mes.

Conviene saber que Estados Unidos lleva años ampliando su capacidad de exportación de gas natural licuado (GNL). Hoy ya es el mayor exportador de este combustible, con una capacidad de 14.000 millones de pies cúbicos diarios, capacidad que pretenden incrementar en un 41% hasta 2025. Solo desde 2019 a hoy, han duplicado la producción de GNL. Como cabe deducirse, desde que Putin invadió Ucrania, los USA han duplicado sus ventas de GNL a Europa.

No solo se está aprovechando de la guerra para vender más, además están sacando tajada con los precios. A tal punto es el abuso que Robert Habeck, el 5 de octubre, el ministro alemán de Economía lamentaba los precios «astronómicos» que están marcando los países «amigos» de Alemania, empezando por Estados Unidos, por proveerle el gas necesario para compensar el corte de suministro ruso.

Por su parte, las grandes empresas de gas y petróleo ruso, en manos de los oligarcas próximo al Kremlin incrementan sus ventas a China e India, y muchos países compran productos rusos en barcos anclados en aguas internacionales.

Como dije antes, las consecuencias definitivas del intercambio de sanciones están por verse. De lo que no cabe ninguna duda es de lo que dijo Clausewitz: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político…”, en este caso al servicio de la Política Económica.

Roberto Tornamira Sánchez, Miembro del Comité de Redacción de TS y de la Coordinadora estatal del CATP

Fragmentos de la entrevista a Ségolène Royal, sobre la guerra de Ucrania

Fragmentos, publicados en Informations Ouvrières (n.º 723, del 15 al 21 de septiembre de 2022), de la entrevista a Ségolène Royal, sobre la guerra de Ucrania, por Ruth Elkrief, emitida en la cadena de televisión francesa LCI el 6 de septiembre.

Ségolène Royal, miembro del Partido Socialista francés, fue ministra de Ecología en el gobierno de Pierre Bérégovoy, entre 1992 y 1993. También Ministra Delegada a la Educación Escolar (1997-2000) y luego a la Familia, Infancia y Personas Discapacitadas (2000-2002) en el gobierno de Lionel Jospin. En 2004 ganó la presidencia de la región de Poitou-Charentes, el bastión del entonces primer ministro Jean-Pierre Raffarin.

Fue elegida la candidata oficial del Partido Socialista para las elecciones presidenciales de Francia de 2007, elecciones que finalmente perdió en segunda vuelta ante el candidato derechista Nicolás Sarkozy.

Ségolène Royal: “Creo que no debemos ir a ciegas hacia el desastre. Nosotros, nuestra generación tenemos la responsabilidad de dejar a nuestros hijos y a las futuras generaciones una Europa en paz y un planeta reparado. No tenemos derecho a permanecer inertes ante este conflicto y debemos exigir que comiencen las negociaciones de paz.

Ucrania está siendo atacada, eso es obvio. He tenido la oportunidad de repetirlo. Pero cuando pregun­tas por las razones por las que no hay proceso de paz, por qué Europa no pide a los protagonistas que se sienten alrededor de una mesa, es porque estamos asustados por lo que está pasando. Es muy importante, nunca he negado los bombardeos, todos los días hay muertes y por eso tiene que parar esta guerra.

La guerra es siempre un fracaso de la política. La guerra es siempre la victoria de las fuerzas del mal. La guerra no puede resolverse con más armamento. La guerra se resuelve mediante la negociación, la discusión y creo que todas nuestras fuerzas políticas deben orientarse hacia la búsqueda de la negociación con Ucrania sin premisas, porque el pueblo ucraniano es también el que más sufre y anhela la paz.

¿Qué pueblo no aspiraría hoy a la paz?

Ruth Elkrief: Ya sabes que los muniqueses, en 1938 decían: paz, paz.

Es todo lo contrario. El acuerdo de Múnich se basó en abandonar a los Sudetes. Hubo una cobardía horrible. Hoy sucede al revés, los que no quieren la paz son los cobardes, en cierto modo, porque hay muchos intereses económicos en esta guerra. Muchos participan ganando mucho dinero en esta guerra y en particular todos los que especulan con el precio de las materias primas, que están debilitando a los países más pobres. Porque lo que está ocurriendo con las materias primas es una especulación desvergonzada. Así, los que replican son fuerzas económicas que no quieren que la guerra se detenga. Pero yo apuesto positivamente porque todos los responsables políticos, incluso los que hoy están en guerra entre sí, quieren la paz. Y si no apostamos por ella, la paz no llegará.

R.E. En 1938, algunos dijeron que no vieron nada, que no vieron el avance de Hitler, y que ahora estaría pasando lo mismo mismo con Putin.

Pero 1938 fue la consecuencia de la guerra de 1914. Y cuando Jaurès pidió la paz, fue asesinado porque molestaba. La forma en que se cerró la guerra de 1914 provocó el ascenso de Hitler. Por tanto, ¿vale la pena detener la guerra? ¡Si no hubiera tenido lugar la guerra del 14, no habríamos tenido el ascenso de nazismo, no habríamos tenido el Holocausto, ni la Segunda Guerra Mundial!

R.E. En cuanto a las sanciones, Salvini, Le Pen, incluso Jean-Luc Mélenchon, coinciden en estar en contra, con diferencias, porque las sanciones son duras, deben ser detenidas. ¿Cuál es tu posición?

Mi posición es que las sanciones no son tan efectivas como nos hubiera gustado. No han conseguido llevar al gobierno ruso a la mesa de negociación. En segundo lugar, observamos hoy que el dólar sube y el euro baja. Mientras estamos hablando, cada minuto que pasa enriquece a las empresas norteamericanas y empobrece a las europeas, porque pagamos para comprar energía, que se paga en dólares. La degradación y el retroceso del nivel de vida de los europeos puede ir muy, muy rápido. ¿Qué queremos dejar a nuestros hijos? ¿Una Europa en que el nivel de vida haya bajado un 40% y en que todos los servicios públicos hayan sido destruidos? Porque en un momento dado el dinero que se da para armar a Ucrania, el dinero que se está dando a esta guerra es dinero de menos que va a los servicios públicos, como la educación. ¡Esto es lo que la gente ve! Y la gente ya no quiere seguir aceptándolo. Además, hay manifestaciones por la paz.

¿Qué hacer contra esto de la guerra?

No lo sé, realmente no tengo ni puñetera idea de qué puedo hacer yo personalmente para ayudar a acabar con esta guerra brutal, injusta y demoledora que están sufriendo los ucranianos en su tierra, los rusos en su economía y el resto del mundo en los mil factores en los que influye el maldito conflicto bélico, añadiendo a cada uno de estos grupos su desigual cuota de muertos.

Estoy un paso más allá de Socrates y de Platón, porque al contrario que ellos sí sé que lo que hago no sirve de nada o de muy poco: llevar una escarapela encima del corazón con los colores de la bandera ucraniana no sirve de nada o solamente para que algunos comiencen a explicar en voz alta, a quien les quiera oir, que las milicias ucranianas están infectadas de nazis (Batallón Azov) y que Zelensky es un fascista que ha prohibido los sindicatos; también intento escribir o explicar que estoy a favor de la gente de Ucrania, pero también de los rusos que mueren dentro de un blindado en cualquier carretera en las proximidades de Mariupol; que mi postura no conlleva el apoyo a la OTAN, ni a la política armamentística; y por último procuro ayudar al máximo número de ucranianos a encontrar un lugar de refugio entre amigos, familiares y conocidos, esos que ya no aparecen en los medios de comunicación, que se han esfumado, más de seis millones de personas para las que ninguna organización de izquierdas pide su acogida; amén de enviar algo de dinero a alguna asociación de allí para la compra de herramientas o material que necesiten. Si individualmente no sé que hacer, grupalmente estoy más desorientado aún.
¿Por qué alguien sabe que habría hecho Putin en caso de una victoria fulminante sobre Ucrania? ¿Ucrania hubiera resistido tres meses sin armas y pertrechos? ¿Que hubiera debido hacer la población ucraniana? ¿Recibir a los tanques rusos con ramos de flores, como los salvadores que son? Les estaban librando de un gobierno autoritario, corrupto, Por favor que sigan avanzando esas libertadoras divisiones blindadas por todo el Cercano Oriente, el norte de África, crucen el estrecho de Gibraltar, tras liberar Marruecos y salven Andalucia de caer en manos de Vox y que lleguen a Madrid y nos rescaten de este gobierno que nos azota, que nos libren de la égida de Ayuso y Almeida. Juro que les recibiré como en Budapest y en Praga a los tanques del Pacto de Varsovia. Pero si yo estoy desorientado y no sé que hacer, a la izquierda también la encuentro un tanto perdida. Por un lado la oficial está dispuesta a seguir los postulados de la OTAN, la venta o suministros de armas al gobierno legítimo de Zelensky, aunque algunos ministros no aplau-
dan o censuren al presidente ucraniano por su escasa legitimidad democrática; por el otro, la izquierda sin acceso a ministerios, con la que mantengo más contacto y se podría decir a la cual pertenezco, conserva una postura en la que por darle cera al imperialismo americano, a la OTAN, a los grupos de poder especulativos occidentales y a todo bicho viviente se olvidan de lo principal: de la guerra que están sufriendo seis millones y pico de exiliados, que se suman a los que ya habían salido del país por las innegables pesimas condiciones de vida en Ucrania, la inestabilidad política y las deficiencias democráticas; pasan por alto los miles de muertos y la destrucción de todo un país a manos de un despota con las ínfulas de un Secretario General de Comite Central, a ser posible nacido en Georgia,pero no la americana, la de los negros y las plantaciones de algodón, sino la de Jósif Stalin; o con los humos de un Zar por su nacimiento en San Petersburgo.
Si bien, aquí en España, hay una organización, maestra en esto, pues como Dios tiene el poder de la ubicuidad, que gracias a su partido/organización/coalicción matrioshka está en el Gobierno y lidera la contestación popular, canalizada y culminada mediante una manifestación unitaria por supuesto, les encanta todo lo que huela a unitario, entendiendo por tal aquello que siga exclusivamente sus postulados, aunque como se puede ver están en misa y repicando. Al resto de las izquierdas extraparlamentarias las encuentro muy vintage, con sus postulados ‘OTAN NO, BASES FUERA’.
Yo para que no digan que soy un tocacojones, que voy a la mía, que soy un anarquista de mierda, pero reservandome un punto iconoclasta e intentando salvar mi heterogeneidad, me pintaré una flor en la frente y el no menos antiguo y famoso ‘PEACE & LOVE’. ¡Ah, sí! Me iré frente a la embajada rusa, junto a los pocos nazis ucranianos que queden allí, para pedir que se acabe con esta mierda de guerra de una puta vez. Servirá lo mismo que la otra, pero me quedaré mucho más en paz conmigo mismo.

Salud Compañeros.
Martin Lozano


Epílogo. Espero ver terminar esta guerra y que no sea el capítulo inicial de la temida tercera Mundial, pues el único comienzo de algo con ese ordinal que aguardo, sin esperanzas, es el de nuestra tercera República.

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