Los panes y los peces

La derecha española, mucho más acentuadamente que otras corrientes liberales europeas, defiende la ortodoxia del libre mercado a costa de machacar a sus conciudadanos. Transciende detrás de ello el subconsciente de querer mantener antiguos privilegios, entre otras razones, debido que no tuvimos en España un periodo de transición y de crecimiento básico para convertirnos en un país moderno, como fue la revolución industrial del siglo XIX, porque lo impidieron para mantener sus prebendas, y por supuesto por el desastre de al menos dos tercios del siglo XX que padecimos en nuestro país.

Esos políticos de derechas que una y otra vez nos negaron el crecimiento y nos dejaron a la cola de Europa, en estos últimos años nos han tomado la delantera y han atacado directamente y sin miramientos al corazón de nuestro joven estado de bienestar, empobreciendo a las clases medias y a las menos favorecidas, cortando educación, investigación y sanidad, y vedando una vez más que la sociedad siguiera avanzando a través del acceso de todos a las mismas oportunidades. Y lo hicieron explícitamente y sin ningún recato, anunciando y presumiendo como su objetivo fundamental la devaluación salarial y los recortes, a sabiendas que ello conllevaba atacar frontalmente la igualdad de oportunidades, limitar el crecimiento económico y ahogar el sistema de pensiones público.

Llegados a este punto, y ante el soplo de aire fresco que supone el nuevo gobierno del Partido Socialista, lo que hay que hacer, y ya se ha empezado, es aumentar los salarios y la inversión, que es  exactamente lo contrario de lo que nos dicen los economistas ortodoxos.

Incrementar los salarios, porque que es falso el mantra de que debemos competir con Europa vía mayor rebaja de costes laborales para aumentar nuestra productividad y generar empleo.

Debemos competir en calidad. Nuestro valor añadido se encuentra en precios razonables a una calidad excepcional. Ahí radica nuestra productividad. Fiar nuestro crecimiento a competir en precios baratos es estratégicamente un error porque obviamente siempre vamos a tener alguien más barato que nosotros a nuestro alrededor. Si no es Portugal será Marruecos y si no, los países del Este de Europa.

Para ello, para recuperar un nivel salarial decente y competir en calidad, es fundamental devolver a los agentes sociales su relevancia en la negociación colectiva, base no solo de nuestro desarrollo económico y social, sino también ancla básica de la calidad democrática de la que hemos disfrutado como nunca en España en nuestra reciente historia, y que debemos proteger y fortalecer dados los grandes cambios tecnológicos que van a modificar seguro nuestra forma de entender el trabajo.

Mejorar la calidad del empleo no solo nos prepara para ser más competitivos en el futuro, sino que además conlleva automáticamente un aumento de la demanda interna, y por tanto reducción el desempleo y el aumento de la recaudación de la seguridad Social.

Incrementar la inversión, porque hacer lo contrario ha sido una estrategia puramente ideológica de la derecha para privilegiar a los suyos. No hay argumento económico que sostenga la razonabilidad de los recortes que hemos sufrido no solo en los servicios públicos básicos, sino también en Investigación y Desarrollo.

Confundir como hicieron, inversión por gasto, además de aberración económica, no es más que una canallada que nos va a costar mucho tiempo levantar. La inversión pública traerá de vuelta y elevado a la enésima potencia cualquier euro que invirtamos. Nuestra productividad por tanto, dependerá también de la inversión que hagamos en sectores tecnológicos y en investigación, lo que además atraerá inversión extranjera de calidad a nuestro país, y abrirá la oportunidad a nuestros jóvenes para que puedan quedarse.

En definitiva, empleo de mayor calidad y más inversión: ¿El milagro de los panes y los peces?. No, una ventana de aire fresco de desarrollo y de igualdad de oportunidades que el Partido Socialista, en un mes de gobierno y sin mayoría, está intentando abrir.

Ante el acuerdo con los agentes sociales sobre un incremento salarial razonable, que se produce ante el reconocimiento cada vez más explícito, por fin, de los factótums del liberalismo, en que hay que subir los salarios (tanto el FMI como la OCDE lo dicen en sus últimos informes) resurgen sin embargo, machaconamente de nuevo, los mismos que defendieron la ruina de la clase media de nuestro país con sus medidas injustas, para decir que ahora han visto la luz y les parece bien que se suban los salarios, pero que eso tiene que conllevar abaratar más el despido. En otras palabras: se reconoce al menos implícitamente el error de su mantra repetido hasta la extenuación de que había que devaluar los salarios en España, pero se enmienda con otro error mayor.

La derecha española encabezada esta vez por Ciudadanos, enarbola la bandera de igualar por abajo. Es decir, como hay mucho empleo temporal, rebajamos el despido para animar a los empresarios a contratar a todos fijos, lo que no es más que un eufemismo de lo contrario. Lo que propone Ciudadanos, aplaudido por los ortodoxos, claro, es eliminar la calidad de los contratos. Todos fijos, pero con despido muy barato. O dicho de otro modo más exacto, todos temporales de por vida.

El mantra ya se ha extendido, tal y como solo nuestra derecha sabe hacerlo, y lo que debería ser una opinión reaccionaria de como minorar la temporalidad en nuestro país, se da como un hecho inalienable que no debe evitarse. Exactamente igual que cuando decían que había que rebajar los salarios.

Una vez más, toca arrebato y juntarnos desde la izquierda a decir que basta ya de empobrecernos. Una vez más, toca demostrar que las medidas que nos proponen les favorecen a ellos, pero no a la sociedad. Una vez más, toca explicar, aunque lo saben de sobra, principios básicos como que la seguridad en el empleo es un eje fundamental para el desarrollo personal de nuestros ciudadanos, que conlleva aumento, de nuevo, de demanda interna; que estamos en una pirámide poblacional invertida y que la seguridad en el empleo ayuda a revertir esta situación; que el chantaje emocional que proclama que habrá menos empleo temporal a costa de abaratar el despido no es más que eso: un burdo chantaje; que nuestro bienestar y nuestra igualdad de oportunidades se consigue igualando por arriba pero nunca por abajo, porque por abajo no hay límites y ya bien se encarga la derecha de quitarlos; que si queremos competir en calidad, hay que explicar a las empresas que el capital humano no es un gasto sino una inversión, principio básico de la economía moderna soslayado una y otra vez por esos grupos fácticos que en cuanto nos damos ligeramente la vuelta, nos destrozan.

Hay que seguir intentando aumentar la competitividad de nuestro país vía calidad,  fuera de los postulados reaccionarios instalados en nuestro país perennemente, ya que si no lo impedimos nos dejarán, una vez más, sin milagro de los panes y los peces y a la cola de Europa.

Peter W. Hauschild Rey

Economista

Sº. Organización

PSOE Villanueva de la Cañada

MADRID

 

 

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Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones.
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