¿Por qué aplaudimos?

Cada tarde, una gran mayoría de la ciudadanía, nos manifestamos aplaudiendo. Es un aplauso dirigido a: médicos, enfermeras, auxiliares, celadores y limpiadoras… de los hospitales; son los que están en primera línea parando la embestida del COVID 19.

Por qué aplaudimos, me preguntó una tarde de confinamiento mi hijo pequeño. Me paré a pensar, pues la respuesta inmediata se me hacía muy simple, y le contesté: para hacer evidente la importancia de los servicios públicos. En este momento concreto la Sanidad, sin duda alguna. Pero todos los servicios públicos son muy importantes, fundamentales.

La pregunta de un niño me ha hecho reflexionar y profundizar sobre la cuestión. Aplaudimos para manifestar la defensa de lo que anteriores generaciones nos han legado, algo que, los ancestros políticos los que hoy vociferan contra el Gobierno, no dieron con gusto ni regalaron. Hoy vemos la importancia del Estado de Bienestar con sus cuatro pilares básicos: Sanidad, Educación, Pensiones y Dependencia. Anticipamos con un aplauso la predisposición mayoritaria a defender el estado de Bienestar cuando pase la pandemia, de la forma que haya que hacerlo.

El coronavirus nos está dejando una cifra escandalosa de muertes (en el momento de escribir este artículo ya son 15.000, sin que las comunidades autónomas hayan informado aún de las cifras totales). Pero también nos está dejando la claridad descarnada de cómo están esos servicios públicos, cómo los han dejado los recortes del reciente pasado.

Es difícil expresar con palabras el drama de las residencias de mayores. Ha quedado en evidencia la crudeza de la privatización de lo público. Vemos el resultado de la entrega de residencias públicas en gestión privada, donde lo que prevalece es el beneficio empresarial. El crimen va implícito en la forma en la que se otorgan los contratos: el que menos cobra al ayuntamiento o la comunidad de turno se adjudica el contrato. Es lo que se llama “subasta al peor postor”. La Administración abarata costes y el empresario abarata en personal y en medios para garantizarse el beneficio. Ese “juego” bárbaro es lo que explica que, en general, el virus se haya cebado con los ancianos de las residencias.

Es el mismo mecanismo que se utiliza en los hospitales públicos en gestión privada, donde el beneficio prevalece a la hora de recetar, a la de contratar profesionales, etc. El coronavirus está dejando en evidencia la criminalidad del austericidio al que hemos sido sometidos en el decenio 2008/2018, con recortes año tras año en sanidad, en educación, en pensiones y en todas las partidas de gasto social.

La única duda que tengo es ¿por qué aplauden los votantes de los partidos de la derecha? Deben pensar que esto de salir a la ventana a las ocho cada tarde es un sustitutivo de la misa del domingo; salen, aplauden, y su conciencia queda limpia, como cuando se confiesan ante el cura. Que hipócrita, cuánto cinismo, qué incongruencia.

En estos días de confinamiento, no solo queda en evidencia la necesidad del Estado de Bienestar y los destrozos en él han hecho los recortes. También ha quedo clara la necesidad de servicios que han desaparecido a lo largo del tiempo o se ha reducido. Se ha hecho palpable la necesidad de Banca Pública; estamos viendo como las entidades financieras privadas utilizan los créditos del Instituto de Crédito Oficial (ICO) para colocar sus productos: seguros de vida, de hogar, entre otros. Es la consecuencia de que el Estado no cuente con una red propia de distribución del crédito.

El Estado se dota de material antidisturbios para defenderse, pero no se ha dotado de material sanitario para defender a la población de una expansión vírica. La desindustrialización nos llevó a ser un país de servicios, desindustrializando hasta negligencia; hoy tenemos empresas que podrían fabricar mascarillas, batas… pero la deslocalización ha hecho que los tengamos que importar de terceros países.

El aplauso de estos días debe servir como toque de atención de que esto no puede continuar por la senda que iba. Soy consciente de que el problema no es exclusivo de nuestro país, por ende la solución tampoco. Es el sistema económico imperante en el mundo el que impone su lógica, pero su lógica mata.

Se comienza a hablar de una reedición de los “Pactos de la Moncloa”; bienvenidos sean si es para revertir las catastróficas condiciones en las que el beneficio de unos pocos nos han situado a muchos. Ese sistema de avaros, de acaparadores y especuladores es el que está detrás de las consecuencias del virus. Es de justicia que sean los especuladores y acumuladores de dinero y propiedades quienes reconstruyan la economía. Evidentemente no albergo ninguna esperanza en que eso ocurra, si de la minoría privilegiada depende. Pero el Estado si tiene la capacidad de establecer las líneas defensivas de lo público. Lo tendrá que hacer con el apoyo de la mayoría de la sociedad, de esa inmensa mayoría que ahora salimos a aplaudir cada tarde.

Cuando la pandemia pase, que pasará, habrá que reconstruir la economía, cloro que sí, pero no desde la lógica del mercado; con espuertas de dinero para sanear empresas, como se hizo con los bancos en la anterior crisis. No vale que digan que el dinero público es para evitar despidos: a las entidades financieras se les entregó más de 60 mil millones y lo “agradecieron” despidiendo a más del 100 mil trabajadores y cerrando más de 20 mil sucursales, dejando al 50% de los municipios de España sin servicio bancario.

La experiencia la tenemos cercana, no cometamos los mismos errores.

 Roberto Tornamira Sánchez

Militante socialista  

 

Acerca de Baltasar Santos

Licenciado en Psicología, post grado en mediación, y máster en psicología forense. Curioso y en constante aprendizaje. Me encanta impartir clases, las TIC, pero sobretodo soy un apasionado de las personas. y disfruto aplicando psicología y formación para el desarrollo de personas y organizaciones. Desde 2019 tengo la responsabilidad de gestionar como regidor del Ayuntamiento de El Vendrell, los recursos humanos, la hacienda, secretaría, contratación y los departamenos de empadronament i Servei d'atenció al ciutadà.
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