El 24 de febrero de 2022 tropas rusas penetraron en el territorio de Ucrania; se cumplen por tanto cuatro años de guerra. La suma de muertos, heridos, desaparecidos o desplazados se cuenta por millones1, la mayor catástrofe en bajas humanas desde la 2ª guerra mundial. A esto hay que añadir las consecuencias de la primera fase de la guerra desde 2014 con el denominado “Euromaidán” y la anexión de Rusia de la península de Crimea.
Al margen de las circunstancias políticas en las que se ha ido desarrollando esta guerra, el sufrimiento del pueblo ucraniano y el ruso ha sido y es inconmensurable. Los jóvenes de uno y otro bando se ven arrastrados a una guerra que en muchos casos no entienden o que perciben como algo ajeno, dependiente de intereses económicos y políticos; se ven obligados a huir a otros países o esconderse para no ser arrastrados al conflicto. La población civil, con las infraestructuras inutilizadas tras cuatro años de destrucción, se enfrenta a todo tipo de privaciones, sin electricidad para calentarse o imposibilitados para cubrir necesidades básicas, incluidos los alimentos. No caben “peros”, es una pelea de oligarcas que han tomado como rehenes a la población civil.
Las guerras, declaradas o no, se extienden por doquier: distintas organizaciones estatales y ONG’s hablan de 56 conflictos armados. Sin embargo, este drama va más allá de la estadística. El anhelo de paz a la que sin duda aspiran los pueblos se enfrenta a una fiebre armamentística desaforada que únicamente esconde el lucro y el ansia de poder de unos pocos. En gran parte del mundo no cabe la paz y el desarme, no es posible denunciar la guerra sin ser señalado como defensor de Putin o de la OTAN.
Con relación a la guerra ruso-ucraniana, los dirigentes de la Unión Europea, con Ursula von der Leyen a la cabeza, se rasgan las vestiduras por los ataques rusos, mientras miran para otro lado ante el genocidio palestino; el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se comporta como un quintacolumnista a sueldo de las grandes empresas de armamento; los Gobiernos incrementan sus presupuestos en defensa ante las amenazas de Trump; y todos, con el apoyo mediático, nos avisan del peligro que supone Putin para la seguridad europea. Desde que empezó esta fase de la guerra Finlandia y Suecia se han convertido en miembros de la OTAN. En España, un estudio del CIS de noviembre de 2025 indicaba un 66,2% de los españoles pensaba que España se vería implicada en una guerra en los próximos años.
Aterrorizar tiene réditos
Desde enero, Trump viene intentando justificar su intención de anexionarse Groenlandia con el argumento del peligro de que, fundamentalmente Rusia pero también China, se apoderen de la isla, poniendo en peligro la seguridad de EE.UU. Por supuesto no sirve de nada que Rusia geográficamente ya tenga un acceso privilegiado al Ártico y por tanto a Groenlandia, pero es ahora cuando ve el peligro inminente. Igualmente, su exigencia de elevar los presupuestos en defensa de los países de la OTAN al 5% encuentra justificación ante la amenaza rusa. A nadie se le oculta que este incremento del gasto militar se destinaría a compras de material a las empresas armamentísticas estadounidenses; en esto se traduce el “America First” cacareado por Trump.
En Francia, el presidente Macron justifica duplicar el presupuesto en defensa2: “La aceleración de peligros exige acelerar el esfuerzo en defensa. Para ser libres hay que ser temidos, para ser temidos hay que ser poderosos”. Pronuncia estas palabras a la vez que plantea recortes generales de los servicios públicos franceses. En Alemania, el canciller Merz anuncia la implantación del servicio militar obligatorio y el aumento en defensa, también por la amenaza “activa y agresiva” de Rusia. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer señala que “la postura de Rusia hacia el continente, incluso si se acaba la guerra de Ucrania, obliga a tomar decisiones en materia de defensa”. Italia, Países Bajos, Bélgica…, se calcula que en 2025 se ha incrementado el gasto en defensa en la Unión Europea en un 62% (381.000 millones de euros). En la Conferencia de Seguridad de Munich, que se ha celebrado este mes de febrero, los líderes europeos se comprometieron con 90.000 millones más para Ucrania.
¿Y España? Pedro Sánchez incrementó el gasto militar en 2025 en 10.000 millones de euros para llegar al 2% del PIB. Ante la presión de Trump sobre los países europeos para que sostengan militarmente la guerra en Ucrania, incrementando su aportación a la OTAN, Pedro Sánchez ha resistido argumentando que con sus previsiones actuales puede llegar a cubrir las necesidades de defensa europea, y que las peticiones de Trump ponen en peligro las capacidades de desarrollo como país y el Estado de bienestar, sin embargo Sánchez confesó que en 2025 se gastaron 34.000 millones sin pasar por el Congreso. Por su lado, Margarita Robles, ministra de Defensa señala en relación con la operación “Centinela del Ártico”3: «La colaboración va a ser la que nos pida en cada momento el Comandante Supremo Aliado de Europa (SACEUR), el mando aliado, que es el que tiene que decir a cada país de qué manera colabora y en qué misión”. Pedro Sánchez asegura que este gasto militar no va en detrimento de los servicios sociales, pero ¿no se debería dedicar ya ese dinero al mantenimiento de las infraestructuras, a salvar la sanidad, a cubrir el déficit de las universidades públicas, a crear las 100.000 plazas de FP públicas que se necesitan, a aumentar los fondos de atención a la dependencia?. En todo caso, y es obvio, esto producirá un impacto sobre el déficit público, con un beneficiario claro, la industria de defensa, y más concretamente la de EE.UU.
Mirar la Luna y no el dedo
Que las ansias de paz de la mayoría pesan más que los cantos de sirena de los señores de la guerra se manifiesta continuamente, no solo por la resistencia ante la destrucción de los servicios públicos y de los bajos salarios, motivo de continuas movilizaciones, también, subjetivamente, por la simpatía que despierta posicionarse en contra de los planes guerreros. Pedro Sánchez es alabado mundialmente cuando declara que no va a cumplir el objetivo del 5% o cuando llama “genocidio” al genocidio palestino. El pueblo español ya se posicionó claramente contra la guerra en 2003 y en la actualidad, según el CIS, un 73,9% muestra su miedo a verse envueltos en una futura guerra.
Por eso, tenemos que mirar con simpatía las movilizaciones que por todo el mundo se producen ante las agresiones a los pueblos, ya sea palestino, venezolano, cubano, o las guerras como la de Ucrania o Sudan.
En este número encontraréis una sección especial dedicada al Mitin Internacional contra la Guerra que se celebrará en Londres el 20 de junio de este año, que es continuidad del que ya se celebró en París en octubre del año pasado. Nuestra asociación cabecera, ASTRADE, se une a la campaña contra la guerra y acepta la invitación que los organizadores nos hacen para participar. Dicha sección consta del llamamiento que hacen las organizaciones convocantes, la respuesta que hacemos como asociación y una hoja, en la que figuran las primeras firmas por nuestra parte, para que todo el que lo desee pueda adherirse, enviando la hoja firmada a: astrayde@gmail.com. Invitamos a todos los lectores a leerlo, suscribir el llamamiento y a difundirlo a todos los contactos militantes y en todos los foros en que participemos.
Redacción de Tribuna Socialista
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1 Según El País (27 de enero) las bajas en los últimos cuatro años serían de 1.200.000 en el bando ruso y 600.000 en el ucraniano. Según la fuente que se consulte los datos son diferentes, y tampoco explican a qué se refieren.
La economía del armamento no responde ni a la defensa de los valores democráticos ni a satisfacer las necesidades de la clase trabajadora. Según los clásicos, responde a una exigencia económica profunda del capitalismo monopolista.
Simplificando, Lenin definía el imperialismo como la etapa en la que dominan los monopolios y el capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo entre potencias. Cuando ese reparto se agota, el sistema entra en una fase de bloqueo, donde la tasa de beneficio tiende a caer. Para compensarlo, las potencias recurren a medios artificiales, entre ellos la industria militar, que permite absorber capital sobrante, estimular el crecimiento y crear mercados forzados.
Por su parte, Rosa de Luxemburg subraya que el militarismo no sólo sirve para que existan guerras entre potencias, sino que es un mecanismo económico central, un “campo de acumulación” donde se realiza plusvalía que no encuentra salida en la economía civil.
La destrucción provocada por la economía del armamento permite reactivar ciclos económicos, como se ha comprobado analizando los periodos previos a las I y II guerras mundiales.
El soporte de los estados a la industria del armamento y el militarismo ayuda a organizar y acelerar este proceso destructivo.
Si hacemos un análisis actual de los párrafos anteriores podemos concluir que las tesis clásicas de Lenin y Rosa de Luxemburg que definen el armamentismo como una necesidad estructural del capitalismo imperialista— no puede aplicarse hoy de forma mecánica, pero sigue teniendo una base empírica fuerte en varios aspectos contemporáneos.
¿Qué elementos siguen siendo válidos hoy?
a) El gasto militar como motor económico
Los datos actuales son contundentes y verificables:
Gasto militar mundial 2024: 2,44 billones de dólares (máximo histórico). Fuente: SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), 2024.
EE. UU.: 916.000 millones; China, Rusia, India y Arabia Saudí completan el top 5.
La industria de defensa se integra en cadenas globales de alto valor (microchips, IA, ciberseguridad, sector aeroespacial).
Todo ello, encaja perfectamente con la idea de que el sector del armamento es un sector estabilizador en épocas de incertidumbre económica. La fabricación y venta de armas es un valor «refugio» para el capital y los fondos de inversión.
b) Estados que sostienen y expanden la industria militar
El diagnóstico leninista sobre la intervención del Estado es sorprendentemente actual:
-Subvenciones masivas a empresas de defensa (Lockheed Martin, Raytheon, Airbus Military).
-Programas plurianuales de rearme aprobados por parlamentos (OTAN 2% PIB). -Fondos europeos de defensa (FED, EDF) creados para impulsar el rearme sistemático.
En España: El «Plan de Industria y Desarrollo Tecnológico para la Seguridad y la Defensa» del gobierno de Pedro Sánchez es un plan aprobado en abril de 2025 con una inversión de 10.471 millones de euros para alcanzar el 2% del PIB en gasto de defensa en 2025. Los objetivos incluyen modernizar los equipos de las Fuerzas Armadas, mejorar las condiciones laborales del personal militar y potenciar el desarrollo tecnológico en áreas como la ciberseguridad, la biotecnología y la inteligencia artificial.
El Estado sigue actuando como garante, financiador y cliente.
c) Competencia imperial y tensiones geopolíticas
La lógica de “reparto del mundo” se refleja hoy en varios puntos de conflicto. Entre otros:
La rivalidad estratégica EE.UU.–China en su pugna por la dominación del Indo-Pacífico, la fabricación de microchips o el control de las rutas marítimas).
Guerra en Ucrania: disputa por el control energético, los cereales y las tierras raras.
Los conflictos persistentes en Oriente Medio, con intereses en Petroleo, nuevos mercados inmobiliarios (como «la nueva palestina» de Trump) y rutas comerciales).
El control de Venezuela por EEUU con intereses en el mercado del petróleo…y en el mercado de las drogas.
No es el reparto colonial clásico, pero sí un proceso de competencia entre grandes potencias con dimensión militar.
¿Qué elementos NO son directamente aplicables?
a) El capitalismo hoy no está “cerrado” como en 1914. La globalización ha provocado que los mercados mundiales entén interconectados. La expansión ya no depende exclusivamente de la expansión territorial y las colonias. Los «aranceles de Trump» vienen a provocar una especie de «nacional-capitalismo» en el que los estados se vuelven proteccionistas de sus propios capitalistas.
b) La innovación no proviene solo del sector militar, o como mínimo no como se entendía en el siglo XX. Es más grave aún: existe gran inversión en innovación en sectores civiles como la tecnología, el software, la IA, la investigación sobre el cerebro, la genética…sectores que en principio no tienen que ver con la industria de la guerra…pero solo en principio, porque juegan un doble papel: el de ser sectores que pueden hacer avanzar la ciencia para el beneficio colectivo, también son instrumentos útiles para el espionaje, el control de la información y las «guerras modernas», que necesitan otras herramientas más allá de las bombas y los tanques.
En resumen, las teorías clásicas, aunque no son deterministas, sí que en explican en buena medida algunas de los fenómenos a los que hoy estamos asistiendo:
El gasto militar como salida económica para el capital.
El papel central de los Estados que sostienen y alimentan con fondos públicos la acumulación de capital vía armamento.
La relación estructural entre armamento y geopolítica.
El análisis de la teoría clásica marxista sigue siendo útil para entender por qué el rearme crece, por qué los Estados lo financian y por qué las tensiones globales se militarizan.
Veamos como toman forma en diversas economías mundiales.
El complejo militar–industrial (CMI) de EE. UU
En su discurso de despedida en 1961, el presidente Dwight D. Eisenhower, advirtió del peligro de una alianza estructural entre:
El Pentágono (Departamento de Defensa).
Las grandes empresas contratistas de defensa.
El Congreso, cuyos distritos electorales se benefician del gasto militar.
Los datos oficiales actuales le dan la razón:
Presupuesto militar 2024: 916.000 millones de dólares Fuente: U.S. Department of Defense Budget FY2024; SIPRI 2024.
EE. UU. representa casi el 40% del gasto militar mundial.
La economía de defensa implica más de 3 millones de empleos directos e indirectos. Fuente: Aerospace Industries Association, 2023.
El CMI no es un sector más: es uno de los motores económicos más estables del país.
Entre las principales contratistas:
Lockheed Martin (F-35, misiles Patriot, HIMARS)
Raytheon/RTX (misiles, radares, sistemas de guiado)
General Dynamics (submarinos nucleares, carros Abrams)
Estas compañías dependen en más del 70% de sus ingresos del Departamento de Defensa.
El CMI está diseñado para ser estable e imbatible: con presupuestos plurianuales, contratos cost-plus (el Estado cubre gastos y sobrecostes), lobbies formales y ex-generales incorporados a los consejos de administración… y el congreso remando a favor.
El Congreso aprueba año tras año aumentos del gasto militar. Cada distrito electoral alberga fábricas, proveedores o centros de I+D, lo que convierte el presupuesto militar en una máquina de redistribución territorial de empleo y contratos.
Es un mecanismo casi blindado: recortar el gasto militar es políticamente impopular y económicamente costoso en los estados implicados.
El “Revolving Door” o las puertas giratorias mediante la que muchos altos cargos del Pentágono pasan a empresas militares y viceversa. Fuente: Project on Government Oversight (POGO), 2023.
El CMI actúa como:
Absorbedor de capital en un sistema financiero hi–pertrofiado, y como un estímulo anticíclico durante las crisis (2001, 2008, 2020).
Por ejemplo, durante la crisis financiera de 2008, mientras el PIB caía, el gasto militar siguió creciendo.
En cuanto a la relación del CMI con la política exterior, la doctrina militar estadounidense está estrechamente vinculada a su economía de defensa:
Presencia de más de 750 bases militares en el mundo (incluyendo las españolas) Fuente: Department of Defense Base Structure Report, 2023.
Liderazgo estratégico en la OTAN.
Intervenciones o apoyos armados en Oriente Medio, Asia y África.
Capacidad de condicionar la política industrial europea (chips, 5G, defensa conjunta).
Las guerras de Iraq y Afganistán implicaron contratos valorados en billones de dólares para el CMI (Halliburton, KBR, etc.).
En cuanto a la innovación tecnológica derivada del CMI, casi toda la tecnología estratégica estadounidense tiene raíz militar:
Internet (DARPA) fue una inversión militar.
Los GPS una invención del Departamento de Defensa.
Drones
Sistemas de posicionamiento y sensores
Mucha tecnología espacial
Hoy, la IA militar, los sistemas autónomos y la ciberguerra marcan la nueva frontera.
El CMI no solo produce armas: crea tecnologías que luego colonizan la economía civil.
En resumen, el complejo militar–industrial de EE. UU. no es un accidente histórico: es la columna vertebral del capitalismo estadounidense contemporáneo, fusionando economía, tecnología, política exterior y poder estatal.
¿Qué pasa con China?
El caso de China es diferente. China no copia el modelo militar-industrial de EE. UU.: construye otro
China no busca replicar el complejo militar–industrial estadounidense. Su estrategia es integrar la economía civil y militar en un único sistema nacional de innovación y producción.
Este modelo se denomina oficialmente: «Fusión civil-militar” (Military-Civil Fusion, MCF) y fue aprobada como estrategia de Estado en 2015 por el gobierno de Xi Jinping.
Su objetivo, no es otro que convertir a China en una potencia militar, tecnológica y económica autosuficiente, reduciendo la dependencia exterior y preparando al país para conflictos de alta intensidad en el siglo XXI.
Fuentes oficiales: Libro Blanco de Defensa de China 2019; “Made in China 2025”; U.S.–China Economic and Security Review Commission.
China articula su estrategia sobre tres ejes:
a) Romper el cerco tecnológico y militar de EE. UU. Sin embargo, el Indo-Pacífico se ha convertido en el epicentro de la competencia global. Estados Unidos lidera una red de alianzas con Japón, Corea, Filipinas, Australia, diseñada explícitamente para limitar la expansión china, proteger las rutas marítimas, y sostener la hegemonía militar estadounidense.
La respuesta china combina diplomacia, al tiempo que se refuerzan en armamento y lideran la economía mundial, en especial las materias primas y se ha convertido en la fábrica del mundo desde la que controlan la economía y los mercados no financieros.
b) Construir una capacidad militar capaz de negar el acceso a EE. UU.
China sabe que no puede igualar el poder global estadounidense, así que opta por una estrategia distinta: defenderse de EEUU, desarrollando tecnología y armamento capaz de impedir que EE. UU. entre en el espacio militar chino (Mar del Sur de China, Taiwán).
Esas defensas incluyen: misiles hipersónicos DF-17, misiles antibuque de largo alcance DF-21D (llamado “carrier-killer”), la expansión de la armada (ya la mayor del mundo en número de barcos, según el Pentágono, 2023), construcción de bases navales y aéreas en el Mar del Sur de China, desarrollo intensivo de drones, inteligencia artificial y ciberguerra.
Su objetivo es hacer demasiado costosa para EE. UU. cualquier intervención a gran escala.
c) Convertirse en superpotencia tecnológica y manufacturera
La ventaja estructural de China no es militar sino industrial: controla alrededor del 30% de la manufactura mundial.
Lidera en 5G, vehículos eléctricos, ferrocarril de alta velocidad e infraestructura global.
La estrategia militar se apoya en esta base industrial gigantesca, igual que Estados Unidos apoya su poder militar en su potencia tecnológica.
Además, China cuenta con el proyecto “Made in China 2025”, que es un Plan estratégico para reducir la dependencia exterior en sectores clave como la robótica, la aeronáutica, los chips, la IA, la defensa avanzada, la biotecnología o los materiales estratégicos.
Este plan es uno de los motivos principales de las tensiones comerciales con EE. UU, además del conflicto por Taiwan, clave en la cadena global de chips (TSMC concentra más del 60% de la fabricación avanzada).
China persigue una estrategia nacional coherente: rearmarse para negar el dominio militar estadounidense, controlar sectores tecnológicos clave, expandir su influencia económica global, reducir vulnerabilidades estratégicas, estar preparada para un escenario de conflicto en el Indo-Pacífico.
A diferencia de EE. UU., su poder militar no es el centro del sistema: es la prolongación de su poder económico-industrial.
El papel de la OTAN
La OTAN nació en 1949 como alianza militar contra la URSS. Tras 1991 (fecha de desaparición de la URSS, la OTAN NO desaparece, sino que se redefine.
Su función teórica es constituir un bloque militar occidental que sirva como mecanismo de integración estratégica de Europa bajo liderazgo estadounidense,
No es un club de defensa simétrico: EE. UU. aporta aproximadamente el 70% de las capacidades militares de la alianza. Trump lo sabe, y exige ampliar la compra de armamento a EEUU.
Pero la estrategia del líder de la OTAN, es decir EEUU siguió tras la caída del muro un camino peligroso: se expande hacia el este y provoca la ruptura con Rusia
Tras la caída del Muro, lejos de disolverse, la OTAN se amplía en seis oleadas:
Para Rusia, esta expansión viola los entendimientos políticos de 1990, desestabiliza su perímetro de seguridad, favorece la aparición de conflictos en su vecindad.
Para EE. UU. y la OTAN, las bases de la OTAN consolidan un “cordón sanitario” frente a Moscú, aumenta la interoperabilidad militar occidental y encierra a Rusia en una profunda dependencia estratégica de China.
Desde 2022, ante el conflicto de Ucrania, la OTAN ha entrado en una fase nueva:
a) Rearme masivo en Europa:
Alemania crea un fondo especial de 100.000 millones de euros (2022).
Polonia planea duplicar su ejército y alcanzar el 4% del PIB en gasto militar.
Países bálticos y nórdicos aceleran la compra de sistemas estadounidenses.
b) Europa vuelve a depender de EE. UU.
El 90% de los sistemas enviados a Ucrania proceden directa o indirectamente de EE. UU.: HIMARS, Patriot, misiles aire-aire, artillería, drones, inteligencia satelital.
La guerra ha reforzado exactamente lo que EE. UU. buscaba: recentralizar la arquitectura militar europea bajo su mando.
c) Restauración de la función original de la OTAN.
La guerra de Ucrania le da un nuevo propósito: contener a Rusia en el flanco oriental y preparar al bloque para posibles conflictos de alta intensidad.
OTAN y China: el desplazamiento al Indo-Pacífico
Aunque China no está en el Atlántico Norte, aparece por primera vez en el Concepto Estratégico 2022 de la OTAN, porque China desafía la supremacía tecnológica occidental, controla sectores críticos de la manufactura mundial y alinea su estrategia con Rusia en los planos militar, energético y diplomático. Además, la OTAN ve que la Marina China crece más rápido que cualquier otra en el mundo.
Aunque la OTAN no puede desplegarse directamente en Asia, sí que está coordinando estrategias con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, para cerrar el cerco geoestratégico a China.
En definitiva, ese anacronismo que es la OTAN está experimentando una evolución que choca con los objetivos de la Unión Europea de construir una “autonomía militar estratégica”.
La realidad es otra:
Más del 60% del armamento europeo comprado desde 2022 procede de EE. UU. Fuente: European Defence Agency, 2023.
Los ejércitos europeos dependen de satélites, inteligencia y logística estadounidenses.
Las industrias de defensa de Francia, Alemania e Italia compiten entre ellas sin un verdadero mercado común, como se vio con la venta de submarinos a Australia.
En conclusión: lejos de presevar la Europa social del estado de bienestar, Europa se ha convertido en un “cliente estratégico” del complejo militar–industrial de EE. UU (CMI)
Por esa razón, la OTAN fija el objetivo del 2% del PIB en gasto militar, con el consecuente enfado de Trump ante la negativa aparente de Pedro Sánchez.
Sin embargo, más de 20 países ya han alcanzado ese umbral en 2024 (récord histórico).
La mayor parte del dinero se canaliza hacia empresas estadounidenses: Lockheed Martin, Raytheon/RTX, Boeing Defence, Northrop Grumman.
La OTAN no sólo es una alianza militar, es un mercado permanente para la industria de defensa estadounidense, y además cumple a la perfección de instrumento para la sumisión de Europa a EEUU en sus intereses geopolíticos, al subordinar la política exterior europea a la lógica atlántica, y los intereses contra China.
La economía rusa de guerra.
Desde la caída del muro, el poder de las oligarquías rusas ha provocado que la economía rusa se haya transformado en una especie de modelo híbrido de capitalismo estatal militarizado, donde el gasto militar es el motor del crecimiento, el Estado dirige sectores clave, la industria está reconvertida para un conflicto largo, y en el que las sanciones han generado un giro estructural hacia Asia, especialmente China y Corea del Norte.
En otras palabras. Rusia ha reconstruido una economía de guerra funcional capaz de sostener un conflicto largo, pero a costa de hipotecar su desarrollo civil y su autonomía estratégica frente a China. ¿hasta cuándo?
Rusia ha convertido la defensa en el motor principal de su crecimiento económico. Fabrica actualmente más proyectiles de artillería que toda la OTAN junta, gracias a la reconversión de fábricas y al apoyo de Corea del Norte y (en menor medida) Irán en drones y munición.
El crecimiento del PIB ruso en 2023–2024 (entre 2% y 3%, según el Banco Central de Rusia) se debe casi exclusivamente al gasto militar, a pesar de las sanciones económicas de Europa.
Por ejemplo, las fábricas civiles (automoción, maquinaria, metalurgia) han sido reconvertidas parcial o totalmente en producción militar.
Uralvagonzavod: tanques y vagones) ; las fábricas electrónicas de Kaliningrado y San Petersburgo producen componentes para drones y misiles y las empresas privadas están obligadas por ley a aceptar contratos estatales de defensa.
A diferencia de EE. UU., donde el complejo militar-industrial es privado, en Rusia el Estado es el núcleo organizador.
Las grandes corporaciones (Rostec, Almaz-Antey, United Aircraft Corporation, Rosoboronexport) son estatales o paraestatales y funcionan como consorcios de guerra.
Más de 3 millones de rusos trabajan en la industria de defensa.
Como punto débil de Rusia: su dependencia tecnológica. Rusia sufre carencias críticas en microchips, maquinaria de precisión, óptica avanzada, componentes aeronáuticos… y para cubrirlas, recurre a importaciones indirectas a través de Turquía, Emiratos, Kazajistán, Kirguistán, y una cooperación reforzada con China.
La economía rusa, hoy, crece porque está en guerra. Si la guerra terminara, entraría en recesión.
Viejas teorías de radiante actualidad
Acabo este artículo concluyendo que las viejas teorías que alertaban de la industria de la guerra sería el refugio del capital en tiempos de incertidumbre, y que la militarización y las guerras sostendrían la economía, son claramente de actualidad analizando los ejemplos desglosados en estas páginas.
Por tanto, si las guerras, la muerte y la destrucción son las bases de la nueva economía, un nuevo mundo no solo es posible, sino absolutamente necesario.
«La guerra nunca conducirá a la paz: restituir a los pueblos su derecho a la autodeterminación»
Publicamos a continuación un llamamiento, también publicado en L’Insoumission. Lo firman conjuntamente militantes rusos y ucranianos que, en unidad, denuncian a los promotores de guerra de ambas partes, y llaman a la paz entre los pueblos. Este llamamiento tiene enorme importancia en el momento actual.
Es infinitamente ingenuo creer que la guerra conduce a la paz. Ni Putin, ni Trump, ni Zelenski, ni los dirigentes europeos han sido capaces de aportar lo esencial a los pueblos: la paz. Los cálculos basados en una victoria militar se han venido abajo, así como los intentos de «toma y daca» entre dirigentes a costa de los pueblos. Hoy, no solo la izquierda, sino cualquier fuerza democrática debe unirse, pero no en torno a un programa de militarización y violencia, sino bajo lavandera de la paz inmediata.
Nosotros, militantes pacifistas rusos y ucranianos, hemos sido privados de nuestra patria por esta guerra. Cientos de miles de compatriotas nuestros han muerto, hay millones de mutilados, decenas de millones reducidos a la desolación y privados de esperanza. Esta carnicería multiplica cada día el sufrimiento y nos arrebata, a nosotros y a nuestros países, cualquier futuro. Se encarcela a nuestros compañeros y se reprime con brutalidad cualquier disidencia. Conocemos el precio de la guerra: nos ha privado de nuestra voz y del derecho a decidir nuestro destino. La única posibilidad de poner fin a esta pesadilla es devolver a nuestros pueblos ese derecho, el derecho a la autodeterminación.
La dictadura de Putin, que desencadenó la guerra, se sustenta en el miedo, la violencia y la desigualdad para transformar a decenas de miles de pobres en carne de cañón en nombre de sus ambiciones imperiales. Pero no se puede derrotar a esta monstruosa máquina con sus mismos métodos. En Ucrania, se abate sobre los pobres una verdadera caza del hombre: son detenidos, golpeados, enviados a la fuerza a las trincheras. ¿En nombre de la «independencia»? Pero el gobierno de Zelenski firma acuerdos leoninos con Trump que entregan todas las riquezas nacionales a una potencia extranjera. ¿En nombre de la «libertad»? Pero Ucrania cuenta con centenares de presos políticos. Las ideas comunistas están prohibidas, y cualquier disidencia puede implicar represión o violencia de la extrema derecha. ¿En nombre de la «dignidad»? Pero mientras que los pobres mueren en el frente, los funcionarios y hombres de negocios afines al poder se revuelcan en la corrupción y el lujo.
La dictadura de Putin amenaza a todos los pueblos de Europa. Pero la guerra hace a los países occidentales similares a la Rusia de Putin. Los dirigentes europeos firman con Trump acuerdos humillantes y desiguales, transformando sus países en apoderados de Washington, igual que Putin ha convertido a Rusia en instrumento de la política china. Los gobiernos se preparan abiertamente a sacrificar el modelo social en el altar de la economía de guerra, exactamente como los ha hecho el dictador del Kremlin. Los responsables políticos alemanes y franceses lamentan que Europa pueda convertirse en víctima de un mercado entre Trump y Putin, pero olvidan que ellos mismos han sido los arquitectos de esta catástrofe. Por un lado, durante años han considerado al régimen ruso como un «colaborador socialmente próximo» en la carrera neoliberal por el beneficio; por otro, han alimentado con entusiasmo la mecánica de la dominación atlántica. Esta impopular política de desigualdades y militarización trae consigo el retroceso de los derechos democráticos: gobiernos y medios de comunicación persiguen a los disidentes y se niegan a reconocer los resultados electorales. ¿Dónde está la diferencia con el putinismo?
Un ejemplo palmario de esta persecución es la crítica injustificada que se abate sobre Jean Luc-Mélenchon y LFI desde su discurso del 22 de agosto. Mélenchon formuló unas tesis a las que nos adherimos plenamente, e incluso consideramos evidentes: la política de Francia y de Europa debe perseguir la paz y no la victoria militar; una paz duradera es imposible sin una profunda democratización, sin la participación directa de los pueblos en la decisión de su destino; la voluntad y la determinación de los pueblos priman sobre las fronteras trazadas por dictadores o políticos; es impensable resistir a la dictadura con métodos dictatoriales; Ucrania y Europa precisan profundas transformaciones democráticas; en lugar de un tributo pagado al complejo militar-industrial estadounidense y de la construcción de una economía de guerra, Francia necesita reformas sociales y reducción de desigualdades; Ucrania y Rusia necesitan garantías de seguridad, y la OTAN ha desempeñado un papel trágico en la transformación autoritaria de Rusia y en la legitimación de la política de Putin; una vuelta al derecho internacional exige el abandono de la lógica de los bloques y de las pretensiones imperiales a la hegemonía occidental, etc. En respuesta, hasta los medios de comunicación de izquierda han acusado a Mélenchon de «campismo» y de «utilización de narrativas putinistas». No se trata solo de la vergonzosa atribución de etiquetas infamantes a sus oponentes (¡una técnica de propaganda muy apreciada por Putin!), es también una manipulación evidente. Podría hablarse de campismo más bien en el caso de los que llaman a «la guerra hasta la victoria final», los que exigen la victoria de «su» campo sobre el campo enemigo. El campismo niega la complejidad interna de una sociedad, sus contradicciones, y lo reduce todo a una lucha entre Estados y coaliciones de Estados. Mélenchon llama precisamente a rechazar este marco conceptual, devolviendo a los pueblos la posibilidad de actuar, en vez de a políticos corruptos y desconectados, que especulan sobre los «intereses de los pueblos».
Los que atacan a Mélenchon y a LFI de manera tan injusta son infinitamente ingenuos. Creen que puede ganarse la guerra inyectando más y más miles de millones en la industria militar. Pero no es otra cosa que legitimar el mismo enfoque del bando enemigo. Creen poderse refugiar tras fórmulas constitucionales y especulaciones periodísticas, proclamando la integridad democrática del régimen ucraniano. Sus palabras no podrán frenar a decenas de miles de ucranianos que desertan del frente. Millones de ucranianos no quieren combatir y no sienten que su país les pertenezca. Si queréis fortalecer su ánimo, ayudadles a reencontrar su voz, su derecho a decidir, y sí, devolvedles su igualdad social.
Todos los que desean la caída del proyecto imperialista de Putin deben reflexionar sobre el modo en que puede vincularse su causa con la de cientos de miles de soldados rusos, y la de millones de trabajadores rusos en la retaguardia. Ya que en definitiva, es en sus manos donde se juega el destino del Kremlin. Ahora bien, lo que proponéis hoy son solo bombas y una guerra sin fin. Jean-Luc Mélenchon ha sido el primero en invitaros a una conversación de igual a igual. Y para la dictadura de Moscú eso es más peligroso que los misiles y obuses de la OTAN.
Liza Smirnova, activista de izquierda rusa.
Andrii Lebediev, activista de izquierda ucraniana.
Viktor Sydorchenko, activista de izquierda ucraniana.
Andrii Konovalov, activista de izquierda ucraniana.
Aleksei Sakhnin, activista de izquierda rusa.
Alexander Voronkov,activista de izquierda,
miembro del movimiento «Las izquierdas post-soviéticas».
Declaración de la Asociación Trabajo y Democracia “ASTRADE”
No se trata de celebrar ni rememorar. Nuestra intención es la de volver a tomar posición sobre una guerra que fue impuesta, por los mismos que ahora pretenden imponer la paz a Ucrania, incluso sin contar con ella, y cobrándole a un alto precio la ayuda recibida y haciendo negocio también con la reconstrucción.
En nuestra participación en el Comité para la Alianza de Trabajadores y Pueblos (CATP), venimos compartiendo el rechazo a esta guerra bajo el lema “Ni Putin ni OTAN”. En estos tres años nos hemos sumado a manifiestos contrarios a la guerra en general y a esta en concreto, hemos participado en actos y, en Tribuna Socialista, se han publicado editoriales y artículos argumentando nuestra posición. En los debates públicos y en los comentarios en redes hemos escuchado cosas como que teníamos una posición de equidistancia. No somos equidistantes. Nos situamos con el pueblo ruso y el pueblo ucraniano que rechazan esta guerra. Nos oponemos a tomar partido por la oligarquía rusa que defiende Putin o por los intereses de las multinacionales de la energía que defienden Trump, Zelensky y la Comisión Europea.
Suponemos que hoy, viendo la jugada de los USA y la salida que quiere darle al conflicto, es más fácil entender que no es lo mismo equidistancia ante una situación de guerra que el rechazo a unos y otros.
También hemos recibido opiniones de quienes tomaban partido: unos, en pro de Putin, manteniendo que es continuador de la Revolución de 1917 y, por ende, que poco menos que pretende reconstituir la URSS. Otros en contra, con un argumento similar, que Putin representa el neo comunismo y que quiere invadir Europa y que Ucrania es un primer paso.
“Ni Putin ni OTAN” significa que no asumimos la propaganda, ni de unos ni de otros; conscientes de que la primera víctima de la guerra es la verdad.
Se acaba de cumplir un mes de la toma de posesión de Trump como presidente de los Estados Unidos. Treinta días en los que la ola de exabruptos y provocaciones pretende establecer una ceguera colectiva, de hecho, para eso es la polvareda. Sin embargo, hay cosas que se ven claras, a poco que nos fijemos. Una es que Trump es continuador de las administraciones estadounidenses que le han precedido. Veamos.
Trump no es el iniciador en la presión a los países miembros de la OTAN para que incrementen sus presupuestos en Defensa. Fue Obama, en abril de 2016, en una reunión que mantuvo con Ángela Merkel, en Hannover (Alemania), previa y preparatoria de la cumbre de la OTAN de aquel año, cuando fijó el objetivo de destinar el 2% del PIB para gastos militares. Con esto no pretendemos blanquear a Trump ni ofender a Obama, sencillamente queremos establecer que esto es una estrategia del aparato de Estado de los USA, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
Esto sería lo de menos, pues cada nación tiene el derecho, o debería tenerlo, a organizar sus presupuestos como mejor convenga a las necesidades y prioridades de su pueblo. La cuestión que nos debemos plantear es ¿por qué Estados Unidos propone esto?, al margen de que Obama y Biden lo proponían con palabras educadas y Trump lo exige con chantajes incluidos.
No obstante, no podemos dejar pasar que elevar del 2 al 3% la partida en Defensa significa para el Estado español destinar 48.000 millones de euros a gastos militares, y que de hacer caso al incremento del 5% que propone el actual Secretario General de la OTAN, portavoceando los deseos de Trump, sería destinar 80.000 millones de euros cada año. Dinero que habría que restar de los ya de por sí recortados presupuestos de Sanidad, Educación, Pensiones y Dependencia.
Para no quedarnos en meras opiniones, establezcamos algunos datos que nos pueden ayudar a entenderlo:
En junio de 2007 del Real Instituto El Cano, informaba que las importaciones de gas ruso de los países de Europa, variaba entre el 15% y el 50%:
– Un 15%: Bélgica, Irlanda, Luxemburgo, Holanda, Portugal, España, Suecia, Suiza y Gran Bretaña.
– Entre un 20 y un 40%: Francia (23,5%), Italia (31,7%) y Alemania (40,3%).
– Más de un 50%: Austria, la República Checa, Grecia, Hungría, Polonia, Rumania, Eslovenia y Turquía.
En agosto de 2016, el Observatorio Económico del BBVA para los Estados Unidos, emitía un informe de “Análisis Sectorial”, en el que decía:
“Esta situación está provocando que los exportadores estadounidenses diversifiquen y busquen más allá de los mercados asiáticos. En este contexto, Europa se ve como una alternativa viable, dado el tamaño de su mercado, interés en la diversificación y su relativamente bien distribuido sistema de terminales de importación. En 2014, el gas natural suministró 21% del total de las necesidades energéticas de los 28 países de la UE. Cerca del 66% del consumo interno tuvo que importarse y ocho países europeos importaron el 100% del gas consumido. Asimismo, existían 23 terminales de importación en el continente con una capacidad de procesamiento de 7.1 Tcf. Estas terminales operan con una capacidad muy baja (25% en 2014), lo que sugiere que existe margen para absorber el GNL estadounidense”.
A cierre de 2023, la situación ya se había dado la vuelta. Las compras de gas ruso de los países europeos, en los dos primeros años del conflicto cayeron al 8%, en promedio. Mientras que las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) desde Estados Unidos pasaron del 18,9% de 2021 al 56,2% de 2023 (Fuente: Comisión Europea a partir de ENTSO-G y Refinitiv). -a pesar de ser extraído por la técnica del “Fraking”, recordemos el “drill baby, drill” de Trump- triplicándose en estos últimos tres años. A esto hay que añadir que el gas estadounidense se ha comprado un 40% más caro que el gas ruso, siendo en buena medida lo que inició la ola inflacionaria que ha afectado a todos los países del continente europeo desde el inicio de las hostilidades, lo que por ha provocado la grave crisis que sufre la industria alemana, con repercusiones en toda Europa.
Más allá de lo que nos cuentan las partes interesadas, lo que es evidente es que la confrontación por el suministro de GNL y petróleo a Europa viene planificándose desde hace años. Las tremendas inversiones de los EE.UU., en las infraestructuras portuarias que hacen posible el transporte de Gas licuado a Europa no se han hecho en dos días. Y parece obvio que a Putin y a los oligarcas que él protege, lo que les preocupa es la pérdida de ese mercado, y no tanto la apropiación de territorio ucraniano.
Desde que comenzó el conflicto, la UE ha facilitado más de 134.000 millones de euros a Ucrania https://www.consilium.europa.eu/es/policies/eu-solidarity-ukraine/#economic Estados Unidos por su parte, por las cifras que aportó Zelensky el 19 de febrero, ha aportado unos 66.000 millones de dólares en ayuda militar. Las cifras de gasto en GNL que dan las webs de los principales operadores, dicen que EE.UU., facturó unos 44.000 millones de euros a la UE en 2024. Es decir, que en tan solo un ejercicio y medio la Administración estadounidense ha amortizado su “inversión”.
Estos son los datos de los negocios, al servicio de los cuales está la política. El problema es que, como dijo Clausewitz: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”.
El problema para la humanidad y para la democracia es que la guerra, y por tanto esta política, tiene consecuencias nefastas para los pueblos y las personas que los componemos: Se habla de un millón de muertos entre ambos bandos, algún día sobremos las cifras concretas. A ello hay que sumar los millones de desplazados de sus hogares, dentro y fuera del territorio en conflicto. Y no podemos olvidar que esta guerra ha desatado una guerra social, a base de especulación de precios, que está empobreciendo a las sociedades europeas. Además de la desestabilización política que sufren países como Alemania, sin duda, producto de toda esta situación.
Los datos ayudan a entender el shock que ha supuesto para las instituciones europeas que Trump pretenda dar carpetazo a la Guerra, dejando fuera a quien acató las órdenes de los USA, dictadas a través de la OTAN,; a los gobiernos europeos que se han mostrado sumisos al imperialismo estadounidense y han colaborado alimentando la guerra. Y por supuesto se entiende el disloque que sufre Zelensky, al que se le pretende imponer una paz leonina.
Para Putin, la propuesta de Trump es una salida a una guerra que se le está atragantando; consigue territorio, aunque no fuese su prioridad, salva, de momento, que la OTAN se asume a su frontera oeste, y se frota las manos con la guerra arancelaria que abre Trump.
Lo único positivo de la situación actual es la posibilidad cierta de que acabe la guerra y con ello que se ponga fin a la barbarie que está desangrando a la juventud rusa y ucraniana.
La editorial del Tribuna Socialista de octubre (nº 159) llevaba por título «Tiempos convulsos» y describía brevemente los distintos focos bélicos en el mundo, y la relación de causa efecto entre las economías de guerra que la mayoría de estados adoptan, aumentando el gasto militar en detrimento del gasto dedicado a cubrir las necesidades de la mayoría social.
El aumento del gasto militar va en detrimento de las necesidades de la mayoría social en Europa
En 2019, el PSOE se convirtió en la principal fuerza de izquierdas integrada en el grupo socialdemócrata del Parlamento Europeo y promovió el nombramiento de Josep Borrell como Alto Representante de la UE, es decir el máximo responsable de la diplomacia europea y de defensa, aunque las decisiones en materia de PESC (Política Exterior y de Seguridad Común) deben ser adoptadas por unanimidad de los 27 estados miembros.
Cuando Borrell asumió en 2019 en cargo de Mr PESC, la agenda estaba marcada por la relación Rusia-Ucrania, la relación UE-EEUU y la situación en oriente próximo
Su «mandato» de cinco años se inició con una reunión de ministros de asuntos exteriores de la UE con trestemas importantes en el orden del día:
1.- La relación Ucrania-Rusia: una relación tensa, que desembocó hace 1000 días en la invasión de Rusia a Ucrania. La historia de este conflicto no nace en 2022, sino que viene precedida de una lucha entre oligarquías, con intereses en la energía, la agricultura y la salida al mar Negró. También es fundamental para entender el conflicto, la instalación de bases de la OTAN en los países de influencia rusa.
La respuesta de la UE a dicho conflicto ha sido la de apoyar económica y armamentísticamente a Ucrania, y como dice el propio Josep Borrell al final de su mandato, «En Ucrania las cosas van peor, no podemos estar satisfechos de cómo van las cosas», pero sin embargo marcha de la UE con el mensaje de que hay que seguir apoyando a Ucrania porque sino la guerra se acaba con la victoria de Rusia, sobre todo ahora que parece que Trump dejará de apoyar a Ucrania.
«En Ucrania las cosas van peor. No podemos estar satisfechos de cómo van las cosas».
Josep Borrell. Noviembre 2024
2.- La relación UE-EEUU: En 2019, gobernando Trump en EEUU, la UE se planteaba otro tipo de relación con los USA. Sin embargo, la respuesta de la UE ha sido la política de seguidismo de la OTAN, incluso aumentando el gasto militar de los estados miembros de la UE, tal como comenzó pidiendo Obama, continuó pidiendo Biden y ahora, de nuevo, también Trump. Así las cosas, Borrell ha defendido hasta la saciedad el aumento del gasto en defensa y los distintos estados de la UE han obedecido aplicando las economías de guerra en sus presupuestos con las consecuencias que apúntaba en el primer párrafo.
La sumisión de Europa a los intereses de la OTAN, y por ende de Estados Unidos ha sido clara durante el mandato de Borrell
3.- Oriente próximo: La intervención de Europa en Oriente próximo ha sido de tolerancia con la actuación de Israel. Incluso ante el genocidio de palestinos, y aunque Borrell haya mostrado su apoyo a la ruptura de relaciones de la UE con Israel, su propuesta no ha salido adelante, y la Unión Europea prefiere mantener las relaciones con Israel intactas. Es lo que en la práctica podemos calificar como una «omisión de ayuda a Palestina y la paz en oriente medio»
La Unión Europea ha rechazado la propuesta de Borrell de romper relaciones con el estado sionista de Israel
Por su parte, la nueva flamante «Alto Representante de la UE», la estonia y anti rusa Kaja Kallas, cargo que empezó a ejercer el pasado lunes dos de diciembre, no solo va a seguir una línea continuista de la seguida por Borrell, sino que va más allá: defiende el aumento del gasto de guerra que están aplicando y tendrán que aplicar de forma creciente todos los estados miembros, y defiende la guerra contra Rusia. De hecho, la nueva Miss PESC, encargada de la diplomacia europea se ha despachado en sus primeras horas en el cargo con declaraciones tipo: «Los ciudadanos rusos deben pagar un precio por la guerra en Ucrania». ¡Los ciudadanos rusos!, ¡no Putin ni quienes mandan a sus pueblos a la guerra, sino los ciudadanos rusos!. ¡La nueva máxima diplomática de la UE arremete contra los ciudadanos rusos!.
«Los ciudadanos rusos deben pagar un precio por la guerra de Ucrania»
Kaja Kallas. Nueva Alto representante de la diplomacia europea. Diciembre 2024
Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha calificado a la nueva Miss PESC como «la persona que hace falta para la diplomacia europea» a la que le espera un mandato de «Guerras, conflictos y sufrimiento» en Ucrania, Oriente Medio y África; una situación ante la que «Europa debe desempeñar un papel más importante». Por tanto, más guerra y más sufrimiento para los pueblos en guerra, y para todos los ciudadanos europeos que las sufragamos y soportamos.
Úrsula Von del Leyen ha anunciado que Europa afronta un mandato de Guerras, conflictos y sufrimiento
Presidenta de la Comisión
Política de confrontación y guerra es a la que nos aboca la Unión Europea. Nos anuncian más guerra contra Rusia, y ponerse de perfil ante el conflicto de oriente medio, dejando hacer a la ultraderecha sionista de Israel.
Mientras tanto, los ciudadanos europeos hacen frente al aumento del coste de la vida, la crisis industrial, y el deterioramiento de los servicios públicos, santo y seña de la Europa social, que se diluye a pasos agigantados. Y ante este escenario, la respuesta es «guerra, conflictos y sufrimiento».
Invertimos en guerra para proteger justo lo que estamos perdiendo por dedicar fondos a sufragar las guerras
¿Alguien se puede extrañar de que crezca el mal llamado antieuropeismo cuando la respuesta a las necesidadesde los trabajadores de la UE es la guerra? ¿Cómo no va a crecer la desconfianza en la UE? Invertimos en guerra para proteger justo lo que estamos perdiendo por dedicar fondos a sufragar las guerras.
Las voces contra la guerra se alzan cada vez más fuertes en España, Europa, Rusia, EEUU y en el resto del mundo
Como explicaba Vicent Garcés en el número 160 de Tribuna Socialista: «Las voces contra la guerra se alzan cada vez más fuertes en España, Europa, los EE.UU. y el resto del mundo. Esas voces y lo que representan han de crecer frente a las que están creando las condiciones para la guerra (…) La necesaria lucha contra el cambio climático, contra el hambre y la pobreza y contra las desigualdades es incompatible con el desplazamiento de las ingentes cantidades de recursos humanos y económicos hacia la guerra que se está produciendo». Sin embargo, lo que nos depara la UE es más de lo mismo, y en cantidad:
Poco a poco, los Gobiernos y los medios de comunicación nos van preparando para una guerra generalizada. Hace unos días el señor Biden, al que le quedan pocas semanas de presidencia, decide que Zelenski puede utilizar los misiles de largo alcance suministrados por los Estados Unidos contra la Federación Rusa. Pronto fue secundado por Starmer en Gran Bretaña y Macron en Francia. Putin responde amenazando con la posibilidad de utilizar armas nucleares tácticas. Alemania ha elaborado un plan de contingencias, de 1.000 páginas, para la guerra. Suecia, Finlandia y Noruega preparan a su población. Los tambores de guerra suenan por todo el mundo, incluyendo el Pacífico, donde Japón ha botado su primer portaaviones desde la II Guerra Mundial. Al mismo tiempo crece la indignación entre las poblaciones de todos los países. El 80% de la población alemana se opone a la guerra, tanto Zelenski como Putin se enfrentan a crecientes dificultades para reclutar jóvenes soldados y multiplican los mercenarios…
Y en materia de relaciones comerciales, además de la negativa de romper relaciones con Israel, la UE, por medio de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde anuncia comprar más a EEUU para evitar que Trump lance una guerra comercial con la UE.
Paralelamente, la UE firma el acuerdo de libre comercio con MERCOSUR, que implica la eliminación de aranceles, y la entrada en Europa de productos procedentes de países cuyas políticas medioambientales y de sostenibilidad de los recursos naturales es muy inferior a la europea, lo que en la práctica significa que la ganadería y agricultura europea juegan en desventaja.
Importar más productos de EEUU y el tratado de libre comercio con MERCOSUR es un nuevo lastre para el campo europeo por mucho que se defienda el papel geoestratégico de esas decisiones
De hecho, la UE defiende mayor autonomía respecto a Rusia, China y EEUU, pero en la práctica, todo apunta a que la economía europea será cada vez más dependiente de terceros.
La lucha contra la guerra, contra la guerra social y contra el genocidio está más que nunca relacionada con la lucha por las reivindicaciones sociales y políticas. El No a la guerra debe extenderse entre las filas socialistas, frente a los que defienden lo contrario, entre la mayoría social.
Baltasar Santos Comité de redacción TS 1er Secretario PSC-El Vendrell
El 24 de febrero se ha cumplido el segundo año de guerra en Ucrania, desde que Putin invadió territorio ucraniano. Y el 6 de abril se cumplirán diez años desde que el Estado ucraniano iniciase una guerra civil contra la población ruso parlante del Dombás, en la región del Donestk.
Los antecedentes de este conflicto tienen largo recorrido en el tiempo pasado. Como he leído otros artículos publicados en Tribuna Socialista y también en las editoriales de esta revista, intentaré ni repetir argumentos que están escritos.
El hecho constatable de estos dos años de guerra es que el comercio del gas y el petróleo ha cambiado de manos. Eso, dicho así, no es bueno ni malo, pero si miramos el precio de ese cambio de manos del jugoso mercado de la energía, veremos que esta guerra es una aberración que está costando mucha sangre:
Entre abril de 2014 y enero de 2022, en el este de Ucrania se produjeron 14.000 muertos, 30.000 heridos, 1,4 millones de desplazados y 3,4 millones de población necesitada de ayuda humanitaria (datos de swissinfo.ch a 26 de enero de 2022). Todas las víctimas ucranianas.
Desde el 24 de febrero de 2022, en la guerra entre la Rusia de Putin y la OTAN de Biden se han producido, al menos, 70.000 muertos y 120.00 heridos, de los que 9.200 son civiles (datos publicados por la BBC el 30 de agosto del pasado año 2023, citando fuentes estadounidenses y de la ONU).
Desde el inicio de esta guerra, 4.274.440 ucranianos y ucranianas permanecen bajo protección de la UE, en distintos países de la Unión, pero son más de 8,2 millones los ucranianos que han tenido que huir de su país, por la Guerra. (datos del Consejo Europeo, actualizados a noviembre de 2023). A los que hay que sumar los más de 5 millones de ucranianos que se han visto desplazados de sus viviendas, dentro del propio territorio de Ucrania.
20.000 hombres han huido de Ucrania para evitar la guerra (datos publicados por la BBC a 17 de noviembre de 2023).
Sirva este bloque de datos para tener una dimensión de la barbarie en la que el imperialismo del s.XXI nos ha metido. Como se ve por la fecha de la información recopilada para este artículo, no son datos actualizados; es más bien difícil acceder a datos actualizados y fiables sobre el desastre de la guerra en Ucrania. Hay cifras que hablan de 500.000 muertos en los frentes de batalla, entre las bajas ucranianas y rusas. En todo caso, cientos de miles de vidas de jóvenes malgastadas por las luchas de interés entre oligarcas, multinacionales, oligopolios, etc., de un lado y de otro.
El resultado económico también es cuantificable:
Desde la llegada del primer buque de Gas Natural Licuado (GNL) estadounidense al puerto portugués de Sines en abril de 2016, las importaciones en la UE de gas natural licuado de los EE. UU., han pasado de cero a 2.800 millones de pies cúbicos diarios. (Comunicado de prensa de la Comisión Europea del 9 de agosto de 2018).
El 25 de julio de 2018, reunidos en Washington, el presidente de la Comisión Europea, Juncker y el presidente de los USA, Trump, acordaron reforzar la cooperación estratégica UE-EE UU en materia de energía (contenido en el mismo comunicado de prensa anterior 9ago18).
La exportación de Gas Licuado (GNL) desde los EE.UU.,a Europa ha tenido la siguiente evolución:
Entre 2016 y 2017, Europa comienza a recibir 2.800 millones de pies cúbicos diarios de GNL estadounidense
En 2021 la cantidad de millones de pies cúbicos diarios creció hasta 6.956
En 2022 la cifra alcanzó los 11.200 millones de pies cúbicos diarios
Y 2023ha cerrado con 11.600 millones de pies cúbicos diarios
En 2021, en la antesala de la invasión del ejército de Putin, el precio del gas se incrementó un 361% respecto a 2020, al pasar de 10,25 €/MWh a 47,31 €/MWh en promedio, sin ninguna explicación razonable para los consumidores.
El 25 de marzo de 2022, la UE y los EE.UU., crearon un Grupo de Trabajo sobre Seguridad Energética, que garantizó «volúmenes adicionales de gas natural licuado para el mercado de la UE de al menos 15.000 millones de metros cúbicos en 2022, con aumentos previstos en el futuro«. (publicado por InvestigateEurope, el 8 de enero de 2023).
Es decir, que, en escasamente 7 años, los Estados Unidos de América han pasado de vender a la UE un 314% más de Gas Natural Licuado (GNL). ¿Aún alguien se pregunta quién tenía un móvil o motivación para hacer saltar por los aires los gaseoductos Nord Stream?
Se trata de un negocio de miles de millones de euros/dólares anuales que se está consiguiendo a sangre, fuego, destrucción y pobreza, cuyo alto coste estamos pagando los pueblos de Europa, todos los pueblos del continente.
La mayoría de la sociedad debería exigir el ¡Alto el Fuego, incondicional!, a Putin y a la OTAN, tal como exigía el Manifiesto Internacional contra la Guerra que se desarrolló el paso año. Sería de esperar que las organizaciones mayoritarias, políticas y sindicales, en los distintos países europeos, organizasen esas protestas, como lo hicieron en 2003, contra la guerra de invasión de Irak.
Lo hemos explicado en anteriores editoriales y lo han abordado los colaboradores de Tribuna Socialista en diferentes artículos, aportando datos precisos: ¡la Guerra en Ucrania tiene un alto coste para los ciudadanos de los países de Europa! Es lo que venimos llamando “La guerra social” que se desarrollacontra todos los pueblos del continente europeo.
Nos referimos a los efectos económicos de la guerra, pues la sociedad ucraniana y la rusa están sufriendo la guerra en su sentido más dramático: desde el 24 de febrero de 2022, más de 7 millones de ucranianos han tenido que buscar refugio en otros países y 5,4 están desplazados de sus casas en el interior de Ucrania (datos facilitados por ACNUR en diciembre de 2023); en estos casi dos años de guerra, se han muerto 10.000 civiles, de entre ellos 560 niños y niñas, y 18.500 civiles han resultados heridos (datos de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU).
A lo anterior hay que añadir la sangría en vidas de jóvenes, ucranianos y rusos en los frentes: En agosto del paso año, “The New York Times” citaba datos facilitados por instancias oficiales de EE.UU., según las cuales los soldados muertos y heridos se acercan a los 500.000 entre ambos contendientes. Un auténtico drama.
No es posible hacer comparaciones de quién está sufriendo mayormente esta guerra. Pero no por ello debemos normalizar y asumir los efectos económicos que se están cebando con los pueblos de Europa, de los que se están aprovechando las grandes corporaciones y oligopolios.
Esta guerra estalla en su forma actual con la invasión del territorio ucraniano por partedel ejército ruso. Esto es indiscutible. Pero no se puede negar que ocho años antes, el 21 de febrero de 2014, la Rada Suprema (nuestras Cortes) destituyó a VíktorYanukóvich de sus funciones de presidente de Ucrania. Fue el acto final de una crisis que se había desencadenado unos meses antes, el 21 de noviembre de 2013, cuando Yanukóvich suspendió la firma del Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea, lo que desembocó en las protestas del “Euromaidan”. Tras estos hechos lo que había eran negociaciones económicas que no cuajaron: la UE ofrecía 600 millones de euros a Ucrania, y el gobierno ucraniano consideró la oferta una humillación, además de acusar al FMI de falta de apoyo económico que compensase la ruptura de relaciones comerciales con Rusia, por parte de Ucrania. Lo siguiente fue, queen abril de 2014, estalló el conflicto interno, ucraniano, conocido como la guerra del Dombás.
Una vez más tenemos que citar al militar y filósofo prusiano Karl von Clausewitz:
“La Guerra constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad. Es la continuidad de la política por otros medios”
Las desavenencias económicas entre la UE y Rusia están azuzadas por los EE.UU., pues el Acuerdo de Asociación de Ucrania y la Unión Europa no es más que una pieza de la partida que se viene jugando desde la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989. Quien desee profundizar sobre esta cuestión y la expansión de la OTAN hacia el Este, recomendamos recuperar la lectura del artículo de nuestro compañero Roberto Tornamira, publicado en TS-145, de junio de 2023, “Ucrania: Alcanzar la paz y el desarme nuclear”.
Llegados a este punto, resulta una ligereza decir que la guerra actual es única y exclusivamente por la ocupación del territorio este de Ucrania por parte de las tropas de Putin. Quién no vea una secuencia de hechos es por que está ciego o porque ha tomado partido. Lo que había detrás de los movimientos políticos y de las negociaciones económicas era ver quién se hacía con el negocio de la Energía en Europa, en concreto del mercado que Rusia tenía como suministrador de gas y petróleo. Negocio que ha cambiado de manos y ahora son los EE.UU., quienes suministran gas licuado a Europa, eso sí a precio mucho mayor que el gas que nos llegaba de Rusia a través de los gaseoductos Nord Stream, “reventados por nadie”.
Las cifras disponibles hablan de que los EE.UU., han aportando más de 75.000 millones de dólares a Ucrania, al margen del coste de los equipamientos militares (hay que recodar que el presupuesto militar total de los Estados Unidos para 2023 fue de 857.900 millones de dólares, el mayor de todo el planeta). Hoy, la ayuda estadounidense para Ucrania en 2024 está sin aprobar por parte del Congreso y el Senado, por la oposición de los republicanos.
Para comprender de qué va todo esto, hay que saber que los EE.UU., facturaron, en en el periodo marzo 2022 a septiembre de 2023, 66.700 millones de euros en concepto de Gas licuado, lo que significó un incremento del 360% respecto a 2021. Ya han trincado el negocio y ahora comienzan a pensarse si la inversión ha sido suficiente, pues el mercado está “asegurado” para muchos años.
La Unión Europea, por su parte, a mediados de 2023, tenía comprometidos más de 77.000 millones de euros en ayuda a Ucrania. Es decir, que la UE, subordinada militar y económicamente a la USA, comparte los costes de la aventura militar de los estadounidenses y además paga la factura que supone el diferencial de precio del gas y el petróleo, por las sanciones contra Rusia. Sin contar con el coste de riesgo para la paz en el conjunto del continente.
Ante estas evidencias, Tribuna Socialista participamos del Manifiesto Internacional contra la guerra de Ucrania, por el Alto el Fuego inmediato e incondicional, cuyos firmantes mantenemos la máxima de ¡Ni Putin ni OTAN!
El problema es que Europa, y principalmente la UE, se ha visto arrastrada -con el beneplácito de los gobiernos- a una situación comprometida, cuyos efectos estamos pagando la mayoría de la sociedad, los de siempre. Una de las consecuencias más directa y evidente es la ola inflacionaria que nos está esquilmando los salarios y las pensiones desde hace dos años: alimentos, gas, luz, hipotecas, gasolina…El incremento de los precios de los combustibles está provocando las lógicas protesta de los agricultores en las dos principales potencias europeas: Francia y Alemania.
El gobierno alemán ha recortado el subsidio al diesel, medida que no afecta solo a los campesinos, y ha introducido un impuesto a los vehículos agrícolas. Parece que al Gobierno semáforo de Alemania (SPD + FPD + Los Verdes) no le cuadran las cuentas y su Tribunal Constitucional les ha emendado la plana por 60.000 millones de euros. Todo ello, a pesar de que el ministro Agricultura, Cem Özdemir, advertía en diciembre que las medidas del Gobierno “superaban el umbral de dolor”del sector agropecuario, pero el resto del Gobierno hizo caso omiso.
En lugar de explicar que el gobierno alemán, acatando las presiones de la OTAN, decidió destinar 100.000 millones a gasto militar para poyar a Ucrania, de ahí el agujero fiscal que arrastran, lo pretenden resolverdiciendo que los campesinos están influidos por la extrema derecha. Seguro que hay campesinos que votan a AfD (Alternativa para Alemania) el equivalente a VOX en nuestro país. Pero apelar al “lobo” es una simpleza.
En Francia está ocurriendo algo similar, los agricultores protestan por el incremento de los precios de los combustibles y por de abuso que los mayoristas en la imposición de los precios de los productos agrícolas.
En otros países de la UE hay situaciones de tensión con los productos agrícolas, concretamente en Polonia los agricultores llevan varios meses denunciando el “dumping” de precios del cereal respecto al precio de los cereales ucranianos.
Las grandes multinacionales y los cárteles de hecho u oligopolios son los grandes beneficiados, quienes incrementan los precios de manera brutal y sin ningún control de los precios por parte de los gobiernos; un ejemplo de esto en España es el tremendo incremento del precio del aceite de oliva, sin que nuestro Gobierno haya hecho otra cosa que justificar y comprender a los productores, por la subida del precio de los fertilizantes desde el estallido de la guerra en Ucrania. ¿Quién comprende a las familias trabajadoras cuando ven doblarse y triplicarse el precio de un producto alimenticio básico, pero su salario crece por debajo del IPC?
Para finalizar, Borrell, el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, tienen razón cuando dice que “Europa no puede reemplazar a Estados Unidos en la ayuda a Ucrania” Él tiene datos y elementos para decir eso, sin duda.
Los esfuerzos de la UE no deberían estar centrados en la guerra, sino en la paz. Sería muchos más rentable económica y socialmente.
Esta última Editorial que despide 2023, no es un balance del año que termina, es una reflexión sobre lo absurdo de un sistema económico que destruye la humanidad.
El 24 de febrero se cumplió el primer año de guerra en Ucrania; en un par de meses se cumplirá el segundo aniversario. En agosto pasado, The New York Times daba la cifra de 500.000 víctimas rusas y ucranianas, entre muertos y heridos, datos facilitados por funcionarios estadounidenses anónimos. A esas víctimas hay que sumar los más de 5 millones de ucranianos desplazados más los 6,3 millones de refugiados, repartidos por el mundo, procedentes de Ucrania (datos de ACNUR de mediados de este año).
El 7 de octubre se desató el conflicto en Palestina. Más de 1200 muertos en los asentamientos y kibutz y más de un centenar de rehenes aún hoy en manos de Hamás. De manera inmediata, la reacción del Gobierno de Netanyahu ha tomado la forma de exterminio del pueblo palestino, con más de 20.000 muertos en la franja de Gaza, incontables heridos, la destrucción total de los hospitales en el norte de la franja y el sometimiento de la población a la hambruna en el sur. Además, de los cerca de 400 palestinos muertos en Cisjordania, a manos de colonos judíos y el ejército israelí. Las víctimas están siendo, principalmente mujeres y niños.
Estos son los datos de que disponemos. Pero, ¿Cuáles son los motivos?
En Ucrania, lo fácil, obvio e indiscutible es decir que Rusia ha invadido territorio ucraniano. Sin embargo, esta guerra, como la práctica totalidad de las guerras habidas en la historia y como en los más de 30 conflictos abiertos en el mundo actualmente, hay un trasfondo que no es tan evidente.
Lo que se dirime en Ucrania es el control del abastecimiento energético a Europa: nos suministran los oligarcas rusos protegidos de Putin o nos abastecen las multinacionales estadounidenses escudadas tras la OTAN. Esta es la disyuntiva que se disputa en territorio ucraniano; principalmente en el Este del país, donde antes de la invasión de las tropas de Putin ya había una guerra civil entre el Estado ucraniano y la población ucraniana ruso parlante del Donbass. Este conflicto fue provocado a su vez por la lucha de intereses entre la oligarquía rusa, en alianza con una parte de la oligarquía ucraniana, y las multinacionales occidentales en alianza con la otra parte de oligarcas ucranianos, a los que representa Zelensky. Estados Unidos, con la OTAN como punta de lanza, decidió hace ya tiempo colonizar todos los mercados mundiales, de ahí el avance de la OTAN hacia el Este de Europa; el problema es que ha llegado a la frontera con Rusia.
Lo de Palestina es distinto, sí. Pero con un trasfondo similar. No es necesario retrotraernos al Tratado de Versalles (1920), tras la primera Guerra Mundial, por el que se establecieron los protectorados que diseccionaron Palestina: gestión realizada por la entonces Sociedad de Naciones. Tampoco es preciso que profundicemos en el plan de partición de Palestina propuesto por la ONU, en 1947, apoyado por el trío: Churchill, Roosevelt y Stalin para dividir Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe. Si se profundiza un poco en esas decisiones impuestas al pueblo palestino se entenderán a la perfección las palabras de António Guterres, secretario general de la ONU, “los ataques de Hamás no vienen de la nada”. Siendo cierto, es curioso que lo diga el representante del organismo internacional que participó y tomo decisiones que han derivado en la situación actual. Como también llama poderosamente la atención que se insista en que la solución pasa por dos estados, cuando esta fórmula ha llevado al pueblo palestino al exilio, a ser preso en su propia tierra, y ahora masacrado.
La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué actúa así el Estado de Israel? Porque es la forma en la que el imperialismo estadounidense se garantiza el control de una zona que tiene el petróleo por castigo, entiéndase la ironía. De ahí el apoyo incondicional de la Administración Biden a este crimen de lesa humanidad contra la población civil palestina, frente a lo que los gobiernos de las naciones occidentales, subordinadas a los USA, solo están oponiendo palabrería en el mejor de los casos -es el caso del gobierno de coalición, progresista, del Estado español-. El derecho a la legítima defensa no legitima, en ningún caso, la masacre de un pueblo.
Las consecuencias aún no han aparecido completamente. De momento se amplía el conflicto al Mar Rojo, donde las fuerzas hutíes de Yemen han decidido tomar partido por Palestina atacando los barcos que transiten por sus aguas, con bandera de países aliados de Israel. Hay que recordar que en Yemen se libra un conflicto desde 2015, en el que están implicados y confrontados Arabia Saudí e Irán: una monarquía sátrapa y un Estado teológico criminal que ocupan el 2º y 3er puesto, respectivamente, en el rankig de países con mayores reservas de petróleo.
En paralelo a los conflictos armados se desarrolla una “guerra” cuya munición son las decisiones políticas y económicas que toman las instituciones económicas internacionales, como el FMI, el BCE y la Comisión Europea, los gobiernos y las grandes corporaciones empresariales. En esta guerra las víctimas también son civiles; víctimas que sufren empobrecimiento, explotación… De esta guerra no escapa ninguna sociedad, ningún pueblo.
Uno de los casos más extremos lo sufre el pueblo argentino. Todos los gobiernos, tanto radicales como peronistas, han defendido el mercado libre y han dejado Argentina en una situación lamentable. Ahora, para “arreglarlo”, llega Milei, quién a nombre de la “libertad carajo” va a privatizar Argentina. De momento, para tener las manos libres, carajo, quiere arrasar con todas las leyes laborales y con los derechos de los trabajadores, como la seguridad social, el derecho a huelga y manifestación…
Milei se inspira en los Estados Unidos, está incluso decidido a sustituir el peso argentino por el dólar estadounidense -dolarizar la economía-. Su inspiración es ese país en el que caer enfermo es una ruina, en el que “4 millones de niños no tienen cobertura sanitaria, en el que un vial de insulina costaba hace ocho años 140 dólares y en el que muchas personas se medican con antibióticos para peces porque son los únicos que pueden pagar” (cita del libro “Esclavos Unidos, la otra cara del dream”, de Helena Villar).
El caso argentino es el más extremo en sus formas, pero nada tiene que envidiar al ultraliberalismo privatizador de la señora Ayuso en Madrid, a las decisiones de mister Sunak en Gran Bretaña o a las últimas decisiones anti inmigración de Monsieur Macrón en Francia.
La resistencia del pueblo palestino es vital para todos los pueblos del planeta, para toda la clase trabajadora. Si Israel aplasta al pueblo palestino cualquier gobierno se sentirá legitimado a reprimir salvajemente, incluso a su propio pueblo. Es por ello que cientos de miles de personas se han echado a las calles de las ciudades del mundo a decir «Alto al Genocidio”, “Palestina vencerá”. Movilizaciones que no han contado con el empuje de las grandes organizaciones de los trabajadores: políticas y sindicales, que han hecho tímidos gestos de apoyo, pero que en realidad están guardando un vergonzoso silencio.
De la misma manera, estamos expectantes a la respuesta que la clase obrera organizada del Argentina comienza a dar a las tropelías que prepara el Gobierno de Milei, a quién se abrazaron con entusiasmo los Abascal, Bolsonaro, Zelensky y otros invitados de “honor” en su toma de posesión.
Todo vale para salvar la economía, aunque se hunda la humanidad. Prueba de ello, por si lo dicho hasta aquí no es suficiente muestra de barbarie, es cómo el modelo de producción está destruyendo el planeta, por mucho que nos quieran convencer de que todos, la humanidad, somos culpables. No, los culpables son esa minoría social a la que pertenecen los que viajan a las “cumbres del clima” en sus jets privados y toman decisiones que les hacen aún más millonarios de lo que ya son.
Invitamos a reflexionar si verdaderamente merece la pena tanto sufrimiento y si es esto lo que deseamos dejar en herencia a las generaciones venideras.
La mayoría de la sociedad tiene la posibilidad de cambiar el rumbo, solo tiene que organizarse y tomar las riendas de su legítimo destino.
El 31 de mayo tuve el gusto de participar en el acto “Ucrania: alcanzar la paz y el desarme nuclear”, en formato de charla-coloquio, organizado por el Club de Amigos de la Unesco de Madrid (CAUM). Fui invitado por el doctor en Psicología (UNED) y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (UCM). Ambos somos firmantes del Manifiesto ¡Alto a la Guerra! ¡Alto el fuego inmediato, sin condiciones! El acto estuvo presentado por la periodista, Teresa Aranguren.
Se abordó el problema de la guerra desde el punto de vista histórico, así lo enfocó Rafael Fraguas, Periodista y doctor en Sociología, recodando los antecedentes desde la disolución de la URSS y los compromisos adquiridos por occidente de no expandirse hacia el Este, más allá de Alemania, y a cambio la URSS cedía en la adhesión a la OTAN de la Alemania unificada. El acuerdo se fraguó, en febrero de 1990, entre el canciller de la Alemania Federal, Helmut Kohl, el secretario de Estado de los USA, James Baker III y el jefe de Estado de la URSS, Mijaíl Gorbachov, en los siguientes términos:
“La OTAN es el mecanismo para asegurar la presencia estadounidense en Europa. Si la OTAN se liquida, no habrá tal mecanismo en Europa. Entendemos que no sólo para la Unión Soviética sino también para otros países europeos es importante tener garantías de que, si Estados Unidos mantiene su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, ni un centímetro de la actual jurisdicción militar de la OTAN se extenderá en dirección al este”
El acuerdo se cerraría en julio de 1991, cuando el secretario General de la OTAN Manfred Woerner aseguró a Boris Yeltsin que “con el apoyo de 13 de los 16 países miembros de la OTAN se comprometían a no expansionar hacia el Este la OTAN”.
Es evidente que “hombre blanco volvía a hablar con lengua de serpiente”.
En marzo de 1999, República Checa, Hungría y Polonia se incorporaron a la OTAN. Entre 2004 y 2020, se han incorporado: Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Albania, Croacia y Montenegro. Desde antes de 2014 se lleva fraguando la incorporación de Ucrania. Y por la vía urgente se ha aprovechado para la adhesión de Suecia y Finlandia.
Es como si China o Rusia conformasen una estructura militar similar a la OTAN y a esta se adhiriesen Méjico y Canadá ¿Cuál sería la reacción de los EE.UU.?
En mi intervención, como miembro del CATP, estuve de acuerdo con que todo este devenir histórico es así y prueba que las distintas administraciones de los Estados Unidos, desde la que presidió George H.W. Bush, hasta la actual con Joe Biden, han incumplido sistemáticamente sus compromisos. Pero qué se puede esperar de una nación que ha mentido tantas veces a lo largo de la historia para justificar guerras en pro de los intereses económicos de su minoría social: el 15 de febrero de 1898 hundieron el Maine en el puerto de La Habana, matando a sus propios marineros; el 4 de agosto de 1964 provocaron el incidente naval del golfo de Tonkín, para justificar su implicación total en la guerra de Vietnam; y en 2003, se inventaron las “armas de destrucción masiva en Irak”, a pesar de las inspecciones de Naciones Unidas sobre el terreno, para invadir y destruir aquella nación. Sin embargo, todos estos antecedentes y evidencias no justifican la invasión del territorio ucraniano por parte de las tropas de Putin.
Tras estos movimientos diplomáticos, políticos y bélicos siempre se ha escondido un interés económico acompañado del geoestratégico. Detrás del avance de la OTAN hacia el Este, lo que hay es una lucha encarnizada por el mercado de la energía. Hay que saber que, en 2012, la UE compraba a Rusia gas y petróleo por valor de 157.000 millones de euros anuales. Antes de comenzar 2022, esa cifra había caído un 31,2%. Mientras que en 2020 el 43% del gas provenía de Rusia, en noviembre de 2022 han descendido al 12,9%. El gran beneficiado de este trasvase de suministro energético está siendo Estados Unidos.
El plan de reemplazar a Rusia como suministrador de energía se elaboró antes de la invasión. El 25 de julio de 2018, en Washington D.C., Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y Donald Trump, presidente de los USA, acordaron un “Área de la energía”. Desde aquel momento, la venta de Gas Natural Licuado (GNL), desde los USA a Europa, se incrementó en un 181%, hasta marzo de 2019. En los cuatro primeros meses de 2022, las exportaciones de GNL estadounidense se incrementaron en un 117%.
Estados Unidos está teniendo dificultades para suministrar todo el GNL que se le demanda, tanto es así que la compañía de GNL Cheniere, la mayor de los USA, se ha embarcado en la construcción de un macro puerto en Corpus Christi (Texas), para atender la demanda futura. Si a la ingente cantidad de millones de dólares que supone la construcción de un puerto de estas características le añadimos el presupuesto para gasto militar que el Senado de los EE.U., ha aprobado para 2023: 858.000 millones de dólares, entenderemos que esta guerra va para largo y por qué cualquier propuesta de alto el fuego y negociación de paz es rechazada desde el lado atlantista, ya proceda la propuesta de China o de Brasil. Putin no se ha quedado atrás, ha comprometido “todo el dinero que haga falta para hacer frente a estas maniobras militares especiales (Guerra)”.
Unos y otros defienden el negocio: unos, los USA, el de sus multinacionales del armamento y la energía; otros, Putin, los intereses de los oligarcas que se apropiaron de los sectores estratégicos de la extinta Unión Soviética. En medio de esta lucha de por el control de los suministros está el pueblo ucraniano y todos los pueblos de Europa que sufrimos, de distintos modos y gravedad, las consecuencias desastrosas del conflicto armado.
Como conclusión, solo cabe que los pueblos en masa se alcen contra la guerra y contra los gobiernos que la sustentan y alimentan.
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