El viaje que les debemos

Por Martín Lozano

Hace poco he viajado a un sitio que me debía y se lo debía. Fue retrasado durante años, unas veces por motivos personales y las más recientes, pandémicos. Entre febrero y marzo de 1939 salieron de nuestro país al exilio un número inimaginable de personas. No voy a entrar en cifras, creo que no es importante saber exactamente cuántas y tampoco lo es que mi abuelo fuera una de ellas.

Las sorpresas comienzan en Lleida, para mí una perfecta desconocida, siempre vislumbrada desde la autopista. El mascarón pétreo de la Seu me impresiona por su tamaño, su belleza, su porte, su antigüedad y por el ejército de migrantes que la rodean, cerco ruidoso y pacífico de una parte de los exiliados de nuestra época, que siguen sufriendo, como siempre, la injusticia, la desigualdad, la falta de libertad y democracia en sus países, expatriados como los nuestros, pero de otro color. ¡Ah! Qué no se me olvide, las bravas y las tapas del Bar Roma en la zona universitaria me han hecho cautivo, he trasladado a su barra la cabina del desaparecido peaje.

Desde allí, huyendo de la autopista de Barcelona, me interné en la carretera interior que va pasando por sitios y paisajes que nunca había conocido, aunque fuera desde la ventanilla del coche. Un buen consejo me obligó a parar en Besalú, joya medieval y románica, con un puente y unos rincones que merecen una parada que siempre será corta. Las visitas hicieron que la llegada a Figueres fuera doce horas después de la salida. Como, por cuestiones económicas, el hotel escogido está a las afueras, Figueres nos recibe con su cara más fea de polígono comercial e industrial, igual a cualquier otro, en cualquier otra ciudad.

A la mañana siguiente nos desmiente la primera impresión con su barrio de piedra, alrededor de la Casa Museo Dalí y esa misma noche andando su Rambla, mirando al cielo embobados viendo las fachadas de las casas de la burguesía catalana. María Luisa, mi inseparable compañera de correrías, ha visitado el espectacular edificio del loco genial; a ella le maravillan sus relojes líquidos y me convence de que detrás de su impostura hay un verdadero maestro de la pintura y un precursor único de la vanguardia artística, y yo, que soy un inculto, debo creerla.

Yo fui al Museo del Exilio, en La Jonquera. Está bien, pero demasiado envoltorio para tan poca chicha. Los museos están musealizados (sé que es un problema mío, lo siento. Hay que verlos, pero estoy acostumbrado al de la Batalla del Jarama, donde el contenido te apabulla y desborda la instalación).

Ya juntos visitamos el Castillo de Figueres, donde se celebró la última sesión de las Cortes republicanas en España. Las caballerizas son impresionantes es imposible imaginarlas hasta que no las ves con tus propios ojos. Algo que me ocurrió durante todo el viaje. Por la tarde en Pont de Molins pagué una deuda que adquirí en un anterior viaje. Era el lugar donde fusilaron al coronel Rey d’Harcourt, jefe militar de la Plaza de Teruel.

El lunes, día previsto para el gran Tour, empezamos por subir a La Vajol. Todos los días nos ha acompañado una Tramuntana que ha variado de fuerte a muy fuerte con rachas de impresionante, tirando a huracanada, lo que nos ha dado unos días radiantes de cielos limpios. Pese al retraso sobre el horario previsto coronamos el Coll de Lli, lugar exacto por el que Azaña, andando como nosotros, acompañado por Negrín, salió para el exilio del que nunca regresó. Durante su estancia en Francia fue perseguido por la policía franquista y por la Gestapo nazi que le robó la bandera republicana, arriada por última vez en ese precioso pueblo ampurdanés. (El no poder llegar hasta su tumba en Montauban es una de las causas de que nos hayamos juramentado para repetir el viaje con mucho más tiempo).

A horradme el describiros las sensaciones que sentí al verme allí arriba, rodeado de castaños y con el suelo tapizado de hojas llevadas en volandas por el ventarrón. Los erizos con sus pequeños tesoros marrones aún escondidos dentro, comparten la vereda con pequeñas bellotas de algunos quercus que abundan en los densos bosquetes. En el momento de coronar y con el horizonte abierto por el vendaval, se ve el Mediterráneo y parte de la costa española, algo que supongo no vio Don Manuel, pues en aquellos días llovió a mares. Imagino que cuando arriba se volvió y vio la senda que nunca más se ha de volver a pisar, sintió una amarga y profunda tristeza, viniéndole las lágrimas a los ojos. Igual que a mí recordándole allí y al ver el cartel de Le Perthus, yo también apurado por un gendarme francés para que entrara «Vite, vite» a su país. O en la arena de Argelès sur Mer, no imaginarás su tamaño hasta pisarla. Los ojos se vuelven a humedecer al entrar en el cementerio de Colliure y ver en primer plano, separada del resto, la pequeña tumba, donde duerme el imperecedero, el inmenso Machado y su minúscula madre, a los que solo tres días eternos separaron sus muertes.

En el retorno a España seguimos escuchando los versos de Machado en boca de Serrat, para muchos el que mejor los canta. Port Vendres, Banyuls sur Mer, Cerbère y tras descollar Belitres, entre los aullidos inmisericordes del viento, vemos a nuestros pies Portbou y la tierra que aún sigue sin dar reparación a los miles de enterrados en sus cunetas, ni resarciendo a los que tuvieron que huir por defender las libertades, los derechos y tuvieron el sentido moral, la vergüenza, el miedo y el valor suficientes para no quedarse en un sitio en el que habían perdido todo menos la vida.

Gracias Maestros. Salud Compañeros.

Epílogo. No voy a epilogar esta columna, por lo menos mientras quedemos uno solo de nosotros que les recordemos, les admiremos y sigamos reivindicando su memoria.

Epílogo 2. No he querido cambiar este texto pero la actualidad me lleva a terminar esta columna con la mención de otro exilio, esta vez el de miles de ucranianos (van más de tres millones), que nos hacen revivir las mismas imágenes del horror y el sufrimiento de siempre. Otra vez un pueblo soporta la invasión y la guerra en su suelo ante el ataque por parte del Ejército de un dictador, sus aliados y sus cómplices activos y pasivos.

Autor: Tribuna Socialista

Tribuna libre de expresión. Fomentando el debate y las propuestas entre socialistas.

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