EUROPA EN LUCHA: MOVILIZACIONES CONTRA EL CAPITALISMO Y EL IMPERIALISMO ¿HACIA LA HUELGA GENERAL EN EUROPA?

De Madrid a Europa: cuando la dignidad se organiza

Hay acontecimientos que, por sí solos, consiguen retratar las profundas contradicciones sociales y políticas de una época.

El desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, paralítica y residente durante toda una vida en su vivienda de alquiler, ha sido uno de esos acontecimientos. Más allá de los detalles concretos de su caso, lo sucedido ha sido la chispa que ha aflorado una indignación acumulada durante años entre amplias capas de la sociedad española, pero, sobre todo, entre la clase obrera, la clase media y la pobreza expulsada del sistema.

La ciudadanía que sufre con el sistema, ha visto en aquel desahucio algo más que un conflicto entre una propiedad especuladora y una inquilina. Vieron un modelo que convierte la vivienda en un negocio abusivo, mientras miles de personas sufren inseguridad habitacional, alquileres abusivos y la amenaza constante de perder el hogar. Las protestas posteriores, las grandes manifestaciones y las tensiones vividas en las calles, reflejan que existe un malestar social mucho más profundo que no puede reducirse a un caso individual y que se vincula necesariamente con lo político y con la lucha de clases, la lucha de una ciudadanía mayoritaria por la supervivencia.

La ocupación y acampada de la Puerta del Sol por centenares de estudiantes, trabajadores, pensionistas y ciudadanos de todas las edades, recordando al 15M de 2011, representa precisamente esa realidad. La protesta comenzó alrededor de la cuestión del desahucio de Maricarmen y de la vivienda, pero pronto se convirtió en un espacio donde confluyen numerosas reivindicaciones sociales. Allí se habla de sanidad pública, de educación, de salarios insuficientes, de la precariedad laboral que afecta especialmente a los jóvenes, de la situación de los mayores, de los derechos de las mujeres, de la protección de la infancia y también del rechazo al incremento de los gastos militares y a la lógica de la guerra.

Lo significativo es que la acampada no expresa únicamente una protesta. Expresa también una voluntad de participación política directa. Personas que a menudo no encuentran cauces efectivos para hacerse escuchar, han decidido reunirse, debatir y organizarse colectivamente. Esa es seguramente la razón por la que la movilización ha despertado tanto interés y tanta simpatía entre amplios sectores de la población.

La tragedia adquiere una dimensión aún mayor si se considera que, pese al cambio de posición de la propiedad respecto al regreso de Maricarmen a su vivienda, este retorno nunca llegó a producirse debido a su fallecimiento. Para muchas personas, este desenlace se ha convertido en una dolorosa metáfora de la reacción y la lucha que debe darse, ante problemas que llevan años agravándose. Pone de manifiesto que es necesaria la movilización permanente contra el sistema.

Pero España no está sola en estas luchas. Lo que estamos viendo forma parte de un fenómeno internacionalista más amplio que recorre Europa, como pudo apreciarse en las reuniones internacionales realizadas en París en 2025 y en Londres en 2026 contra la guerra y el aumento de los gastos armamentísticos, pero donde también se habló de otros problemas como las pensiones, los salarios, la vivienda y otros.

En Francia, cientos de miles de personas han protagonizado movilizaciones contra políticas sociales percibidas como regresivas, especialmente en materia de pensiones, salarios y educación. Los estudiantes han vuelto a ocupar un papel destacado en las protestas, recordando que las nuevas generaciones no están dispuestas a aceptar pasivamente un futuro marcado por la precariedad, la incertidumbre y el debilitamiento de los servicios públicos. Las movilizaciones actuales nos recuerdan mucho a las habidas en mayo de 1968.

En Portugal, Bélgica, Alemania, Grecia, Italia, Irlanda y otros países europeos también se han desarrollado importantes movilizaciones relacionadas con el coste de la vida, la vivienda, los derechos laborales, la defensa de las pensiones, la educación pública y la oposición a las políticas de austeridad. Aunque cada país tiene sus particularidades, existe un hilo conductor evidente: millones de personas sienten que los beneficios del crecimiento económico no se distribuyen de manera justa mientras aumentan las desigualdades y la inseguridad social.

A ello se suma una creciente preocupación por el incremento de los presupuestos militares en numerosos Estados europeos y una creciente contestación a la guerra, a todas las guerras. Cada vez más ciudadanos se preguntan por qué existen dificultades para financiar hospitales, escuelas o políticas de vivienda, mientras se anuncian importantes aumentos del gasto armamentístico. Independientemente de las posiciones ideológicas concretas, este debate está ganando terreno en la opinión pública y se ha convertido en una de las grandes cuestiones políticas de nuestro tiempo: NO A LA GUERRA.

Todas estas movilizaciones no son fenómenos aislados. La ciudadanía comienza a reconocerse en luchas que tienen lugar más allá de sus fronteras nacionales. Los jóvenes franceses observan lo que sucede en Madrid. Los movimientos por la vivienda en España siguen con atención las experiencias portuguesas. Los trabajadores de distintos países descubren que comparten problemas similares y que muchas de sus reivindicaciones son comunes.

Es precisamente ahí donde surge una pregunta que hace pocos años podía parecer utópica: ¿sería posible una gran movilización europea coordinada?

Una huelga general europea puede parecer, hoy por hoy, un objetivo difícil. Yo opino que no lo es. Si fortalecemos una buena organización que lance a los trabajadores a la lucha de clases en Europa y aprovechamos el clima de crispación y contestación social que recorre la mayoría de los países europeos, podrá pararse Europa.  

Existen diferencias culturales, jurídicas y sindicales entre los distintos países. Sin embargo, también es cierto que la integración económica del continente ha generado problemas compartidos y respuestas cada vez más similares por parte de gobiernos e instituciones. Si las decisiones económicas tienen una dimensión europea, las resistencias sociales tiene que  adquirir una dimensión continental, avanzando hacia el internacionalismo.

Una huelga general europea protagonizada por trabajadores, estudiantes, sindicalistas, organizaciones sociales y ciudadanía en general, constituiría un precedente histórico muy importante. No se trataría únicamente de detener la actividad económica durante unas horas o unos días. Se trataría de enviar un mensaje claro: que la clase obrera organizada se ha puesto en marcha, que la mayoría social existe, que puede coordinarse más allá de las fronteras y que exige prioridades diferentes.

Sería una seria advertencia dirigida a los capitalistas que consideran que los derechos sociales pueden sacrificarse indefinidamente en nombre de los mercados, de la competitividad o de la geopolítica. Sería una reivindicación del derecho de los pueblos europeos a decidir que la vivienda, la sanidad, la educación, el trabajo digno y la paz ocupen el centro de las políticas públicas.

Estamos en el inicio de una nueva etapa de movilización social a escala europea, la lucha internacional se ha puesto en marcha. Desde la Puerta del Sol hasta las calles de París, desde Lisboa hasta Atenas, miles de personas están expresando una misma convicción: que otro modelo social, otro sistema, es posible y que merece la pena luchar por él.

Quizá esa sea la principal enseñanza del momento. Cuando la dignidad se organiza, cuando la ciudadanía deja de sentirse sola y descubre que comparte problemas y esperanzas con millones de personas, las protestas dejan de ser acontecimientos aislados y se convierten en una fuerza histórica. Y esa fuerza en marcha, tiene la capacidad de abrir caminos que antes parecían imposibles.

Si podemos parar Europa, paremos Europa pues, luchemos contra un sistema capitalista e imperialista cuya máxima prioridad es la guerra. Paz, casa y alquileres asequibles, trabajo digno con salarios justos que permitan superar día a día el alza de los precios, Sanidad, Enseñanza, cuidado de Mayores e Infancia, derechos de las mujeres y erradicación de la violencia en su contra, estas son las prioridades de la ciudadanía mayoritaria que se ha puesto en marcha y ha dicho ¡BASTA YA ¡

Miguel Sagüés Navarro,

Comité Redacción TS

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Autor: Tribuna Socialista

Tribuna libre de expresión. Fomentando el debate y las propuestas entre socialistas.

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