La victoria de Lula pone a la derecha en su sitio

Contra el pronóstico de las encuestas, Lula ha ganado las elecciones en Brasil con una diferencia de 4.430.191 votos sobre el hijo del golpista, Bolsonaro -datos con el 99,9% del voto escrutado-. También ha ganado contra el apoyo del entorno financiero brasileño; un ejemplo de ello es el presidente BTG Pactual, André Esteves, y de Joesley Batista, poderoso millonario de la industria cárnica brasileña. Ha vencido contra las injerencias de Trump y su Administración, desde donde se ha estado chantajeando y presionando al Gobierno brasileño con rebajas de aranceles a cambio de la liberación de Bolsonaro senior, en la cárcel por intento de golpe de Estado. Incluso contra la manipulación de Meta, propiedad del tecno-oligarca Mark Zuckerberg, minimizando los contenidos de apoyo a Lula en Facebook, Instagram y Whatsapp.

Ahora, los derrotados ponen en duda el resultado que democráticamente ha obtenido Lula. No les parece suficiente una diferencia de 4,5 millones de votos. Lo ponen en duda los mismos que dieron por buena la diferencia de 50.000 votos en Perú, que le dieron la victoria a la hija del criminal, Fujimori. Son los mismo que buscan anular los votos de los descendientes de los exiliados españoles, porque piensan que el 100% de esas personas votarán a Pedro Sánchez el 29 de noviembre en España. Los mismos que arrojan dudas sobre el voto, en los Estados estadounidenses que no le son favorables al Partido Republicano, de cara a las elecciones de medio mandato que se celebrarán el próximo 3 de noviembre.

La victoria de Lula demuestra que cuando la mayoría social se pone en marcha, ni el capital, ni sus medios de comunicación, ni las groseras faltas de respeto de los fascistas que presiden naciones, ni las redes sociales, ni las negras togas tienen nada que hacer. La clase trabajadora brasileña se relajó en la primera vuelta de las elecciones, pero ha sabido reaccionar a tiempo gracias a la movilización de la juventud. Solo con movilización y organización es posible conseguir las legítimas reivindicaciones de la clase trabajadora, y esto vale para cualquier país.

Con todos los condicionantes y presiones que sufren los países que no le dicen “sí señor” a Trump, el Gobierno de Lula ha bajado el desempleo en Brasil del 8% que cerró 2023 al 6% con el que cerró 2025. En el mismo periodo, 2023-2025, el índice de pobreza ha pasado del 27,3% al 23,1%. Y la deforestación de la Amazonía brasileña ha obtenido su nivel más bajo en las últimas cuatro décadas. Son tres datos que, sin ser suficientes, indican que la orientación de las políticas de Lula son las correctas.

El apoyo y la simpatía que despierta Lula entre la mayoría social mundial, se basa en posicionamiento multilateralista, y su condena del genocidio sionista que Israel está cometiendo en Palestina. Posición que dejó clara cuando, en la Asamblea General de la ONU de 2023, condenó el exterminio de Netanyahu en Gaza, diciendo: “Esta masacre no ocurriría sin la complicidad de quien puede evitarla”.

Si las organizaciones políticas y sindicales construidas por la clase trabajadora organizan a su clase, es plenamente posible derrotar al fascismo. Albergamos toda la confianza en que esto ocurra el 27 de octubre en Israel, el 3 de noviembre en los Estados Unidos de América y el 29 de noviembre en España.

Roberto Tornamira Sánchez

Militante socialista del PSOE en Madrid

Celebrando la victoria de Lula