Crecen las protestas por la deriva autoritaria de Trump

El segundo mandato de Trump no está siendo un camino de rosas, sino de espinas, para los norteamericanos que comienza a reaccionar por el estancamiento de la economía, los despidos masivos en la administración pública, los recortes en los servicios públicos, la caza indiscriminada de inmigrantes y por su deriva autoritaria. Trump, hasta ahora, no está cumpliendo con su promesa de hacer grande a América de nuevo, lema que expresa su visión etnocéntrica del mundo y el reconocimiento, implícito, de que EEUU va a la baja como primera potencia mundial frente a China.

En el primer trimestre de 2025 la economía se contrajo un 1,8%, contracción que según los economistas seguirá en 2026 en porcentajes que rondarán el 1,7%. El déficit público, la deuda en manos de inversores y otros países (China en primer lugar), va camino de situarse en el 5% el máximo desde el término de la II Guerra Mundial. Y el paro ha aumentado hasta el 4,5% confirmando el desplome del mercado laboral. Datos alarmantes que la Reserva Federal intenta contener bajando en su reunión de este mes los tipos de interés que quedan entre el 4% y 4,25%, para reducir la inflación situada en el 2,9%, y prevenir el posible estancamiento económico por su errática guerra arancelaria que ha dislocado el comercio mundial.

En cuanto a los despidos masivos en la administración pública, ejecutados por Elon Musk y justificados en la necesidad de eliminar la maleza burocrática, existe una nebulosa sobre el número total de funcionarios despedidos que, según la mayoría de analistas y medios de comunicación podría rondar, o superar, los 200.000 trabajadores, muchos de los cuales conocieron su despido a través de un mensaje pregrabado enviado a su móvil conminándoles a abandonar su puesto de trabajo en treinta minutos. Despidos que han desmantelado varias Agencias Federales consideradas no esenciales, reduciendo al mínimo sus plantillas. Entre ellas la que supervisa la financiación pública de los medios de comunicación (VOA), para reducir el control del gasto de dinero público destinado a ellos. Otras Agencias desmanteladas están relacionadas con las ayudas sociales como el Consejo Interinstitucional para personas sin hogar, el Fondo para el Desarrollo Comunitario o la Agencia para el Desarrollo de Empresas Minoritarias. Medidas que afectan a los más pobres: ¡sálvese quien pueda!

Recortes y despidos que le han enfrentado con algunos jueces federales que han tirado para atrás algunos de ellos en el sector público. Como otros jueces han invalidado algunas de las detenciones y deportaciones de inmigrantes, con o sin papeles, que diferentes medios norteamericanos cifran en 350.000 personas. Deportaciones efectuadas por sorpresa con razias policiales en oficinas federales, empresas o en la calle, que rompen familias asentadas desde hace años en territorio USA, en una demostración más del matonismo que aplica a todo lo que toca. Como la eliminación —censura— que exige a los medios de comunicación de los profesionales críticos con su gestión que ha supuesto la supresión de dos Late Night de gran audiencia a la que se han plegado dos cadenas, expandiendo la autocensura por miedo a perder el puesto de trabajo. Alarde de poder que como toda persona insegura sublima con actuaciones teatrales con las que adorna sus actos, como la circense firma en el despacho Oval de sus muchos decretos siempre ampulosa y con rotulador negro para reafirmar su autoridad.

Matonismo que aplica a las relaciones internacionales con la amenaza de movilizar a su ejército o imponer sanciones económicas a los países que no doblen la cerviz ante sus dictados, siempre sujetos a lo primero que se le pasa por la cabeza en la creencia de que medidas estrambóticas de un liberalismo radical hacen grande a América. Como la defensa de los ricos que financiaron sus campañas electorales refrendando que son los poderosos los que le interesan, como el poderosísimo lobby judío encantado con su gustoso apoyo al genocida de Netanyahu, sin importarle el exterminio que ejecuta con delectación sobre el pueblo palestino. Las personas no importan, solo el negocio de la reconstrucción futura.

Tras diez meses de mandato los problemas y las protestas comienzan a emerger porque el ciudadano medio comprueba que Trump no consigue que la economía USA crezca, porque sus medidas económicas no están dando los resultados deseados por él ni por sus seguidores. La imposición de los famosos aranceles, medida estrella para hacer crecer el empleo y la riqueza del país se ha convertido en un magma en el que ya no se sabe cuáles o no están en vigor ni en qué porcentajes, por lo errático de su política económica—que no atiende a los efectos inmediatos sobre la ciudadanía—; de ahí que entre los inversores de Wall Street se haya popularizado la que denominan estrategia Taco, para significar que las inversiones bursátiles sobre el impacto de los aranceles deben realizarse contando con que Trump acaba dando marcha atrás: se acobarda (Trump Always Chickens Out). 

Ante este panorama en el que la economía camina hacia el estancamiento, y su influencia no consigue acabar con las guerras en curso como prometió (Gaza y Ucrania), Trump vuelve la mirada hacia casa con una serie de decisiones que refuerzan el autoritarismo de su Gobierno, apoyadas en la mentira y la tergiversación de la realidad, fundamento de la estrategia populista de la que es el primer Pope. Medidas que justifica en un pretendido e inexistente aumento de la inseguridad en las principales urbes del país de población mayoritariamente demócrata, a las que envía a la Guardia Nacional para vigilar sus calles con un alarde de armamento innecesario, que crea en los ciudadanos la sensación de vivir en un estado de sitio, por las detenciones irregulares y arbitrarias que realizan. La población de Washington es la primera en sufrir este recorte de libertades ciudadanas, pero la intención de Trump es hacer lo mismo en Nueva York, Chicago, Los Ángeles o Boston.

Medidas a las que se oponen los Alcaldes y Gobernadores donde se ubican esas urbes y varios jueces federales, en especial los de la capital federal, como la jueza de instrucción Zía Faruqui, que ha condenado públicamente la legalidad de los arrestos y registros de la Guardia Nacional por la brutalidad en su ejecución carente, ha afirmado: de la dignidad humana más básica. Decisiones autoritarias de Trump, que comienza a encontrar respuesta en la sociedad con el aumento de las manifestaciones de protesta contra su gestión. En sus dos últimas apariciones públicas, en la final del Open USA de tenis, y en su salida a cenar a un conocido restaurante de la capital, Trump fue abucheado en una reacción espontánea, acusándole de ser el Hitler de nuestro tiempo. Crítica social que replica acusando a los que protestan de izquierdistas peligrosos a los que responsabiliza, sin ninguna prueba, del asesinato del propagador de los mensajes ultraderechistas más extremos Charlie Kirk.

Autoritarismo que polariza como nunca a la sociedad. Según las encuestas recientes el 56% de los norteamericanos desaprueban su gestión frente al 42% que la respalda. Confirmación de lo caótico de sus políticas que dan pábulo a quienes piensan que Trump no está haciendo grande América, sino convirtiéndola en un régimen autoritario como su potencia rival China.

Vicente Mateos Sainz de Medrano.

Periodista, profesor universitario y

Doctor en Teoría de la Comunicación de Masas

En el 36 incendiaron España, ahora dejan que se queme

Los herederos del franquismo están dejando que gran parte de nuestro territorio quede arrasado por las llamas. Que las pantallas de humo que nos ponen con sus rifirrafes en redes y sus cínicas justificaciones no nos impidan ver la triste realidad.

Si una vez ocurre una desgracia se puede achacar la inadecuada respuesta a la inexperiencia, la sorpresa o a una injustificable imprevisión. Este no es el caso de los incendios en territorios como Galicia o Castilla y León.

Entre junio y agosto de 2022 tuvieron lugar dos incendios en la Sierra de la Culebra (Zamora). El fuego arrasó más de 60.000 hectáreas entre ambos incendios. La respuesta fue la misma que en los incendios actuales: lentitud en reaccionar por parte de las autoridades competentes de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

Hace tres años se puso en evidencia algo que conocen muy bien los habitantes de los pueblos de todas las zonas rurales en las que hay bosque en el Estado español: la insuficiencia de equipos de extinción, cuyos trabajadores están mal pagados y sufren una precariedad laboral brutal. A lo que hay que añadir la escasa o nula acción preventiva.

Esta situación, lejos de solucionarse y tomar medidas para prevenir y reducir el riesgo de incendio, además de no invertir en mejores dotaciones para la extinción, se ha agravado por las políticas económicas de estas comunidades gobernadas por el PP y/con el apoyo de VOX:

  • Según Asociación Nacional de Empresas Forestales, la inversión del Estado en prevención, incluidas las comunidades autónomas, se ha reducido en un 51%, en el periodo 2009 a 2022, pasando de 364 a 175 millones de euros (2022: último año con datos completos disponibles).
  • En el caso concreto de Castilla y León, la inversión en prevención de incendios forestales ha pasado de los 10 millones de euros de 2009 a tan solo 1,4 millones en 2022.
Editado por la Cadena SER en 13/8/2

Con los datos en la mano, no caben excusas ni palabrerías. Es inaceptable el debate sobre la responsabilidad, pues es claramente de las autoridades autonómicas a quienes los números delatan.

Estamos ante el mismo problema una y otra vez, consistente en que las prioridades de los gobiernos son opuestas a las necesidades de los pueblos. Ha ocurrido en la DANA en Valencia, ocurrió en la gestión de la pandemia de COVID en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid, ocurrió con el accidente del Prestige en Galicia, en 2003… y está ocurriendo ahora con esta ola de incendios, provocados intencionadamente en la mayoría de las ocasiones.

No es casual que los herederos ideológicos de quienes arrastraron a España a una guerra fratricida en 1936, en defensa de los intereses de la minoría privilegiada de entonces, sean los negacionistas de hoy, quienes con sus políticas de recortes abocan a la inmensa mayoría de la sociedad al desastre la el atraso; todo para defender a la misma minoría social de ayer y de hoy.

Que no se extrañen quienes tienen por costumbre pasearse para hacerse fotos en las zonas afectadas si los que han perdido sus casas, sus animales incluso a algún ser querido les reciben con barro, como en Paiporta, o con troncos calcinados.

Espero que, algún día, los corderos le muerdan las manos al matarife.

Roberto Tornamira
Presidente de ASTRADE

El azar y la necesidad. Parte 2


Por Manuel Ruiz Robles
(exmiembro de la Unión Militar Democrática)

Hace ya ocho años, en la primavera de 2017, pasaba unos días apacibles junto a mi compañera Rosa en la costa de la Axarquía. El azar cambió repentinamente el curso de los acontecimientos. A medianoche sentí un malestar intenso y decidimos acudir al hospital comarcal más cercano, en donde una doctora amabilísima realizó un diagnóstico previo. Era la madrugada del 15 de mayo.

Esperamos pacientemente la llegada de un joven cirujano, que, a la vista de los síntomas, ordenó mi traslado inmediato al quirófano. Tras firmar el preceptivo consentimiento informado el anestesista procedió a “dormirme”. Tres horas después, ya operado, desperté de la anestesia. La biopsia dictó el diagnóstico definitivo: se trataba de un cáncer de colon. Mi probabilidad de seguir vivo cinco años, en la mejor de las hipótesis, era del 50 %.

De regreso a nuestro domicilio en la Comunidad de Madrid, unos días después, se inició mi tratamiento en un hospital público. Durante un interesante cuestionario, voluntario y anónimo, se me pidió responder a la siguiente pregunta: ¿Prefiere ponerse en manos de Dios o en manos de la Ciencia?

En manos de la Ciencia

No soy religioso, por tanto no dudé en apostar por la Ciencia. Así que di mi consentimiento al tratamiento: seis meses de quimioterapia y cinco años de seguimiento hospitalario exhaustivo (RMN, TAC, PET, análisis.). Pese a todo, no abandoné mi activismo político, que me vincula radicalmente a los seres humanos, y me esforcé a la vez en alcanzar mi completa curación, como así ha sido, gracias a la Ciencia, al excelente personal sanitario que me atendió y al apoyo de mis seres queridos.

A lo largo de la historia, la humanidad se ha planteado: ¿Cuál es la finalidad del Universo? ¿Tiene sentido la vida? ¿Pervive la conciencia después de la muerte? Estas cuestiones han sido abordadas en el pasado por las religiones, pero la ciencia moderna ha posibilitado un enfoque radicalmente distinto. Uno de los momentos más significativos fue la publicación en 1970 de la obra de Jacques Monod, El azar y la necesidad.

En este modesto artículo intento explorar la vertiente científica y filosófica del pensamiento de Monod, contrastándola con la visión religiosa del mundo.

Azar, necesidad y objetividad

Jacques Monod (1910-1976), uno de los fundadores de la biología molecular, premio Nobel de medicina (1965) y miembro de la resistencia francesa durante la ocupación nazi, desarrolló en El azar y la necesidad una visión profundamente científica y existencial del mundo. Su tesis central es que la diversidad de la vida es producto del azar (mutaciones aleatorias en el ADN) y la necesidad (las leyes de la física y la química que rigen el comportamiento de los sistemas biológicos) junto a la presión selectiva del medio, que implica adaptación o extinción. No hay propósito, ni diseño, ni intención: solo una estructura regulada por las leyes de la materia.

Monod defiende el principio de objetividad como base teórica de la ciencia. Este principio exige que el conocimiento científico se base exclusivamente en observaciones verificables, sin recurrir a finalidades ocultas, principios sobrenaturales o valores morales impuestos desde fuera del sistema. En este sentido, afirma que la ciencia ha llegado a una conclusión filosófica fundamental: que el universo no tiene propósito, que la vida no tiene sentido intrínseco y que el ser humano es un producto accidental de procesos ciegos.

La religión no es simplemente un error epistemológico (parte de la filosofía que trata del origen del conocimiento científico, de cómo se obtiene y de su validez), sino una forma ancestral de pensamiento que responde a pulsiones humanas muy potentes: la búsqueda de sentido, el miedo a la muerte, la necesidad de cohesión social. La mente humana -evolucionada para interpretar el mundo en términos de causa y efecto- tiende naturalmente al pensamiento teleológico: asignar propósitos a los fenómenos, imaginar intenciones donde no las hay.

Para el científico, la única postura coherente es aceptar la verdad científica en toda su crudeza: somos el resultado de un proceso ciego y sin propósito. Esta aceptación, lejos de deshumanizarnos, debería ser el punto de partida para una ética basada en la libertad y la responsabilidad.

Materialismo dialéctico

Aunque Monod no se vincula explícitamente al materialismo dialéctico, e incluso toma cierta distancia, hay elementos comunes entre su enfoque y ciertos principios de este método filosófico. El materialismo dialéctico, formulado por Marx y Engels, parte de la premisa de que la materia es la realidad última, que los procesos naturales y sociales están en constante cambio y contradicción, y que el conocimiento surge de la interacción práctica con el mundo.

Ambas visiones -la de Monod y la del materialismo dialéctico- comparten un rechazo a toda metafísica trascendental y una confianza en el conocimiento científico como guía para transformar la realidad. El materialismo dialéctico no concibe al universo como producto de un ser creador, sino como resultado de procesos objetivos e históricos, regidos por leyes materiales. Del mismo modo, Monod describe la evolución biológica como un proceso regulado por leyes físicas, sin dirección ni propósito.

Ética sin trascendencia: la libertad como imperativo

Uno de los aportes más importantes de El azar y la necesidad es su propuesta ética. Si la vida no tiene un sentido intrínseco, si no hay un dios que dicte el bien y el mal, entonces los seres humanos son radicalmente libres. Pero esa libertad conlleva una responsabilidad: la de construir valores, instituciones y normas que no estén basadas en la obediencia a un ente superior, sino en el consenso racional y en el respeto a la dignidad humana.

Aquí, Monod se alinea con el humanismo ateo, confluyendo con los pensadores existencialistas de su época: Albert Camus, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir; también con la tradición marxista que ve en la emancipación del hombre -tanto de la religión como de la explotación material- un objetivo histórico. En ambos casos, se trata de superar la alienación: la religiosa, que atribuye nuestros destinos a una voluntad divina; y la económica, que reduce al ser humano a un objeto de producción.

Esta ética sin trascendencia no es relativista, sino que se funda en el principio de objetividad, en la necesidad de construir una moral que no se base en dogmas, sino en el conocimiento científico, en la cooperación social y en la autolimitación racional.

El conflicto ideológico

A pesar de los avances científicos, el conflicto entre ciencia y religión no ha desaparecido. En muchas regiones del mundo, el creacionismo se enseña en las escuelas; se niega la evolución; se rechazan vacunas por motivos religiosos; se legisla basándose en dogmas y no en evidencias. La racionalidad científica sigue siendo, para amplios sectores, una amenaza a valores tradicionales profundamente arraigados.

Monod advertía que esta resistencia no era meramente intelectual, sino política: la religión es una fuerza social que articula identidades, poderes y privilegios. Por eso, el conflicto entre ciencia y religión no es solo una disputa de ideas, sino una lucha por el control del imaginario colectivo. Y en esa lucha, la ciencia, por más poderosa que sea en el plano teórico y práctico, sigue siendo vulnerable.

La persistencia de la religión no se debe solo a una inercia cultural, sino también a condiciones sociales que la reproducen: desigualdad, ignorancia, alienación. La emancipación de la humanidad, entonces, requiere no solo educación científica, sino transformación estructural.

París, 14 de agosto 2025

Capitulo anterior: El azar y la necesidad. Parte 1

¿Quienes son los delincuentes?

Los hechos que han tenido lugar este mes de julio en Torre Pacheco (Murcia), son un anuncio de lo que la extrema derecha está dispuesta a hacer, bajo la plácida mirada del PP y su entorno mediático, económico e institucional. Unos hechos que recuerdan los pogromos sufridos por la población judía en noviembre de 1938 que sirvieron de introducción al fascismo nazi. Cabe esperar que el Gobierno y la Justicia persigan y tiren del hilo de quienes alentaron, organizaron y participaron en esos criminales episodios de odio y violencia.

La excusa utilizada para lanzar una cacería de magrebíes fue la agresión a un señor de 68 años, por parte de tres jóvenes. El hecho es absolutamente deplorable, pero no vale como justificativo de la acción fascista organizada y jaleada por VOX.

Cuando en julio de 2021 Samuel Luiz fue asesinado a patadas por un grupo de odiadores nadie organizó la cacería de homófobos, lo cual tampoco hubiese estado justificado. Ni cuando cada semana, por término medio, una mujer es asesinada a manos de su pareja o ex pareja a nadie se le ocurre organizar cacerías indiscriminadas de hombres como reacción.

Es evidente que la propuesta ideológica de la extrema derecha es la imposición de su proyecto político, aunquevsea eliminando físicamente a quienes sean distintos a ellos, aunque solo sea por la apariencia: gais o lesbianas, inmigrantes particularmente por cuestión de raza­ o sedes de partidos de la izquierda, incluyendo a sus militantes.

Son patrones que se repiten y copian de los fascismos de la primera mitad del s. XX: cuestión de raza y su concepto de pureza, ideas políticas diferentes a las suyas… ¿qué diferencia hay con el yihadismo fanático que persigue a muerte a quienes profesen una religión diferente a la suya?

Los energúmenos que fueron a Torre Pacheco, quienes les alentaron y quienes, como el Sr. García Albiol, actual alcalde de Badalona, del PP, les justificaron, piensan exactamente lo mismo, aunque les cueste guardar las formas.

Los fascistas que se desplazaron a la localidad murciana, y quienes coinciden con ellos en su idea de la política, actuaron exactamente igual que los falangistas que masacraban a inocentes en la retaguardia del frente franquista: mataron a mujeres, ancianos y niños/as por el mero hecho de ser familiares de afiliados a un sindicato o a un partido de izquierdas.

Veamos quienes son los delincuentes:

El convenio colectivo del sector de Empresas Cosecheras y Productoras del Tomate para la Región de Murcia, fijaba para 2021 un salario diario para la categoría de Peón, de 49,82 €/día (jornada de 8 horas), sin embargo, la realidad es que en muchas ocasiones se está utilizando a trabajadores y trabajadoras sin papeles a quienes se les paga, en el mejor de los casos, el 50% del SMI, es decir, unos 28 € por una jornada de 8 horas.

¿Quiénes son los delincuentes? Sin ningún lugar a dudas quienes se quedan con la mitad del salario de los trabajadores, abusando de que no tienen papeles. Además de defraudar a la Hacienda Pública y a la Seguridad Social, pues ni pagan el IRPF ni cotizan para la pensión del trabajador.

En un escalón superior están los especuladores de la alimentación, las grandes superficies, quienes pagan 0,50 céntimos de euros por kilo de tomate al agricultor, pero lo veden a 1,77 €/kg en el supermercado: 3,54 veces su precio en origen ¿Quiénes son los delincuentes?

Un delincuente concreto es el candidato de VOX en Huete (Cuenca), Manuel López Filgueiras, quien estafaba y explotaba a un camarero al que pagaba 40 € semanales y falsificó la documentación del trabajador para cobrar el Ingreso Mínimo Vital en su lugar. En este caso debo decir que, por lo pronto, ese patriota está detenido. Estos auténticos delincuentes son los que se permiten propagar la falsa idea de que cualquier inmigrante recibe una “paguita” por el mero hecho de poner un pie en territorio del Estado español.

En los escalones más altos de la delincuencia se encuentran los corruptos y corruptores como Zaplana, Rato… y ahora también Montoro. Esos que llegan a la política para forrarse y lo hacen de la mano de las grandes corporaciones; se forran con los buenos sueldos que la ley establece para que los servidores públicos no se corrompan, pero evidentemente para esta chusma nada es suficiente. Mientras están en los altos cargos se dedican a favorecer los intereses de las oligarquías; Rato y Aznar favorecieron a la construcción y la banca con su Ley del Suelo de 1998, aquella que desembocó en la burbuja inmobiliaria, y en la ruina de cientos de miles de ciudadanos honrados. Zaplana se dedicó a favorecer los intereses de la familia Cotino, en el sector de las ITV. Y Montoro, acabamos de saber que, mientras en este país un 10% de los hogares sufren pobreza energética, él se dedicaba a las amnistías fiscales y a legislar para favorecer los intereses de las empresas suministradoras de Gas.

Cuando estos prendas terminan su periplo en la política podrida ­hay otra política, pero esa no la practican­ los corruptores les siguen pagando con las llamadas “puertas giratorias”.

¿Quiénes son los delincuentes? Evidentemente estos depredadores del dinero público, pues que nadie dude que las mordidas que los corruptores pagan a los corruptos las terminamos pagando los consumidores en el precio de la energía, los carburantes, la alimentación, etc.

Por supuesto que la escalera de la delincuencia está coronada por un último peldaño, pero de ese que ahora está en Abu Dabi y de su familia ya he hablado mucho en otros artículos, y los jueces y fiscales también han hablado; exonerándoles de responsabilidades y dando por prescritos sus delitos fiscales.

Termino diciendo que los que agredieron al ciudadano de Torre Pacheco también son delincuentes, pero eso no hace delincuentes a millones de personas honestas, que se vieron obligadas y empujadas: por la guerra, el hambre y/o la miseria extrema a abandonar su país y su familia para migrar a otros países, donde son explotadas.


Roberto Tornamira
Militante socialista

El azar y la necesidad

Somos náufragos braceando en un mar embravecido. Nuestras vidas están regidas por el azar y las contradicciones sociales: trágica realidad en la que vive buena parte de la gente en el Estado español.

La ola reaccionaria: síntomas deuna crisis de régimen

La ola reaccionaria no es un fenómeno aislado. Responde a una crisis de régimen que viene gestándose desde hace más de una década. La incapacidad del Estado para responder de forma justa a la crisis económica de 2008, el estallido del procés catalán y el agotamiento del bipartidismo han socavado los frágiles pilares de la monarquía parlamentaria.

La corrupción sistémica, el descrédito de las instituciones y la dependencia de poderes no electos (como la judicatura, el IBEX 35 o la monarquía) han minado la legitimidad democrática del Pacto de la Transición, negociado en los años 70 del siglo pasado entre las organizaciones políticas antifranquistas y los poderes de la dictadura.

Muchas organizaciones antifranquistas lucharon heroicamente contra la dictadura, entre ellas el influyente PCE: incluso tras la muerte del dictador genocida Francisco Franco (20/11/75). Una lucha intrínsecamente peligrosa, afrontando a menudo la cárcel, la tortura y la muerte. Se cumple este año el 50 aniversario de los últimos presos políticos ejecutados por el franquismo

(27/09/75). A esa lucha valerosa se sumó, en septiembre de 1974, la Unión Militar Democrática (UMD).

La necesidad de una alternativa

En este escenario de crisis múltiple ­social, económica, territorial y ecológica­ se hace más necesario que nunca construir una propuesta política que vaya más allá de la mera resistencia. Es urgente articular un frente amplio, unitario, democrático y popular: un Frente Plurinacional Republicano que actúe como dique de contención frente a la reacción, pero también como fuerza motriz de una transformación real del Estado.

Tal frente no puede ser un simple pacto electoral entre partidos; debe ser un proceso constituyente desde abajo, que articule fuerzas políticas, sindicales, sociales, feministas, ecologistas y del ámbito cultural en torno a un programa común y una visión compartida de país. Su objetivo no debe ser únicamente impedir el avance de la derecha, sino ofrecer una esperanza real a millones de personas que hoy se sienten huérfanas políticamente.

República como horizonte democrático

Hablar de República hoy no es una cuestión nostálgica ni simbólica: es una necesidad democrática. La monarquía española, reinstaurada por la dictadura (1947,1969,1978), no solo es una institución inviolable aunque delinca (artículo 56), anacrónica y hereditaria, un obstáculo más, sino que el

MASUFA (artículo 62) representa la ultima ratio (estas son mis razones: mis cañones), el último bastión del poder oligárquico en España. Es el anclaje del régimen del 78, el escudo de las élites ante cualquier intento de transformación social.

Una república no es solo cambiar al jefe del Estado; es una oportunidad para redefinir el contrato social. Es abrir un proceso constituyente que permita repensar el modelo económico, los derechos sociales, el sistema judicial, el reparto de poder territorial y los mecanismos de participación ciudadana. Es garantizar una democracia real, no supeditada a los mercados ni a los dictados de Bruselas.

¿Qué fuerzas pueden integrarlo?

Un Frente Plurinacional Republicano inclusivo y abierto, sin hegemonismos ni tutelas. En él deberían confluir, al menos, las fuerzas que se relacionan a continuación, que bien podría liderar el socialista Pedro Sánchez, que obviamente no es Superman, pero ha dado pruebas de ser una persona de gran talla política, audaz y resiliente, que goza aún de un apoyo social muy amplio:

Partidos soberanistas de izquierda, como Esquerra Republicana, EH Bildu, el BNG o Compromís, que ya han demostrado capacidad de incidencia en el Congreso y tienen una base territorial sólida.

Fuerzas de la izquierda estatal, como PSOE, PODEMOS, PCE, Izquierda Unida, Anticapitalistas o los Comunes, que deben dejar atrás viejas disputas y asumir la necesidad de coordinación estratégica.

Sindicatos combativos como la CGT, CNT, LAB, CIG o sectores de CCOO y UGT con conciencia de clase, que aporten una mirada desde el mundo del trabajo y el conflicto social.

Movimientos sociales y plataformas ciudadanas, que luchan diariamente en defensa de los servicios públicos, la vivienda, las pensiones, el feminismo, el NO a los presupuestos de guerra, la ecología o los derechos LGTBI+.

Este frente debe nacer desde la base, con mecanismos participativos, primarias abiertas y elaboración colectiva del programa. No puede ser una suma de siglas ni una imposición desde arriba.

Un programa de urgencia democrática y social

El programa del necesario Frente Plurinacional Republicano debe responder a las urgencias del presente sin renunciar a un horizonte transformador y revolucionario. Algunas medidas clave podrían ser:

Proceso constituyente hacia una república plurinacional y feminista. Derogación efectiva de la Ley Mordaza y reforma democrática del poder judicial. Eliminación de la Justicia Militar en tiempos de paz. No a la guerra y el rearme. Salida de la OTAN y extinción de los acuerdos militares (1953) con EE.UU. Plan de emergencia contra la desigualdad: sanidad y educación públicas, salarios, pensiones, renta básica, control de precios, inversión pública. Transición ecológica justa: nacionalización de sectores estratégicos y fin de subvenciones a los combustibles fósiles. Garantía del derecho a la vivienda, con expropiación de grandes tenedores. Coeducación, feminismo, memoria democrática y laicidad como pilares del sistema educativo. Derecho a decidir y reconocimiento efectivo de las naciones del Estado.

¿Evolucióno revolución?

Es evidente que unas elecciones generales en el contexto actual no son el mejor terreno para el cambio estructural. El marco institucional es profundamente hostil. Sin embargo, renunciar a disputar ese terreno es dejar el campo libre a las fuerzas reaccionarias. La clave está en convertir las elecciones no en un fin, sino en una herramienta más en un proceso de ruptura democrática más amplio.

El Frente Plurinacional Republicano debe servir no solo para sumar votos, sino para construir poder popular, generar comunidad política y ensanchar los límites de lo posible. Debe ser la semilla de una nueva mayoría constituyente, que no se conforme con resistir, sino que aspire a gobernar para transformar.

Frente al naufragio individual, solo cabe la organización colectiva. Si nuestras vidas están regidas por el azar y las contradicciones sociales, es hora de actuar conscientemente para cambiar las reglas del juego. La tormenta reaccionaria que se abate sobre nuestros pueblos no amainará si no construimos un dique firme, amplio y solidario.

Un Frente Plurinacional Republicano no es una utopía: es una necesidad urgente. Solo desde la unidad en la diversidad, desde la lucha común de los pueblos y las clases populares, podremos levantar una alternativa democrática a la altura del desafío. Ya no basta con bracear en soledad: es hora de remar juntos hacia otro horizonte.

Manuel Ruiz Robles
exmiembro dela Unión Militar Democrática.

Resituar el derecho de información y la libertad de expresión

El proceso de cambio acelerado de modelo comunicativo al que asistimos de analógico —de uno para todos o comunicación de masas— a digital —de todos entre todos o comunicación masiva— rompe las barreras de tiempo y espacio, y ha quitado el patrimonio de la información circulante a los grupos de poder mediático que decidían qué noticias se trasladaban o no a un destinatario anónimo, sin práctica capacidad de réplica y elección. El efecto de este cambio es una ruptura de los convencionalismos metodológicos a la hora de recibir y gestionar información merced al uso bastardo de las redes sociales. Información, mensajes, que hoy fluyen y circulan prácticamente sin restricciones, porque cada ciudadano con sus meninges y un coste muy pequeño respecto al de un medio convencional, crea sus canales de recepción y distribución de contenidos sin límites espacio temporales.

Este hecho no debería despistarnos e inocularnos la creencia de que el uso espurio de las redes sociales es un mal endémico de internet, en la idea de que la tecnología es incontrolable y tiene vida propia fomentada con interés por quienes rechazan el avance social. La tecnología, la tecno ciencia, depende siempre del uso que hagamos de ella, porque cada avance es un catálogo de oportunidades para ampliar el conocimiento y hacer humano. Y esto es bueno recordarlo porque no se puede olvidar qué por la red global, por internet, circula de manera constante e ingente más información útil que inútil. Información que ha ampliado y extendido el conocimiento práctico y teórico en todas las ramas del saber y la cultura a sociedades que de otro modo no tendrían acceso a esos saberes.

De nuevo nos topamos con el certero proverbio de Confucio: cuando el sabio apunta a la Luna el necio mira el dedo. Hoy los necios son los que utilizan esta nueva libertad de acción para confundir a la ciudadanía al objeto de atacar y destruir el modelo de convivencia democrático con su uso disruptivo, que busca acabar con el sistema de libertades para implantar regímenes autoritarios, la denominada Democracia Iliberal: modelos de gobierno que no son democracias plenas ni dictaduras convencionales. Una democracia sin derechos en la que, como afirma el autor de El pueblo contra la democracia, Yascha Mounk, la voluntad popular es la ley suprema del país … (argumento tergiversado para justificar la) falta de respeto por las instituciones independientes y los derechos individuales. Mensaje que es la base del discurso populista que arde en las redes sociales y pseudomedios digitales que utilizan con una clara intencionalidad política.

Este uso espurio de las redes sociales arrancó desde la creación del primer referente del nuevo modelo en 2004: Facebook. Después vinieron YouTube (2005), Twitter —ahora X— (2006), WhatsApp (2009), Instagram (2010), o TikTok (2016), entre las de mayor uso e influencia social.

Es en la segunda década del nuevo siglo cuando estas plataformas muestran todo su potencial como herramientas de trasmisión de un nuevo tipo de mensaje comunicativo, caracterizado por su linealidad y simpleza. Hecho que volvió a revalidar lo que apuntó en 1964 el teórico de la comunicación Marshall McLuhan en su obra Comprender los medios: las extensiones del hombre (Understanding Media: The Extensions of Man), donde expuso que cada medio de comunicación determina un tipo de mensaje informativo que afecta a la percepción de la realidad del destinatario: el medio es el mensaje.

Por eso las redes sociales, por la limitación de espacio que imponen, favorecen la simplicidad para dar respuesta a problemas sociales complejos. De ahí que se hayan convertido en un filón para difundir todo tipo de teorías irreales, alocadas o acientíficas, merced a la renuencia de sus creadores y gestores a establecer controles que impidan, por ejemplo, que se pueda actuar en ellas con un nombre inventado, justificada en una falaz concepción de la libertad de expresión. Se llega así al desiderátum de que insultar, mentir, atacar agresivamente a las personas, invadir su privacidad o destruir su imagen pública se hayan convertido en moneda común, al amparo de una idea libérrima del derecho a la información y la libertad de expresión. Derechos básicos del sistema democrático que, por este descontrol, se han desdibujado haciendo necesaria su re significación, su actualización acorde al momento presente, con el objetivo de contener una deriva que socava la base conceptual e institucional en la que se asienta el sistema democrático.

Así, el derecho a la información se ha convertido en una carta blanca para que circulen sin barreras y se pueda acceder a ellas, informaciones cuyo sentido ya no se asienta en su veracidad, que pasa a un segundo plano, por la velocidad a la que fluyen que impide certificar su carácter veraz. De éste modo se da pábulo a informaciones falsas, a bulos, cuyo objetivo es confundir al destinatario—por un interés político— haciendo pasar por verdaderos hechos infundados o mentiras que debilitan, que resquebrajan, el sistema democrático de libertades. Lo mismo sucede con el derecho a la libertad de expresión convertido en un pimpampum ideológico, que ha difuminado su límite que se sitúa en el respeto a la libertad del otro, para decir, para afirmar una idea o una opinión, sin agredir, insultar o intimidar.

El acuerdo de la Mesa del Congreso —que deberá ser aprobado por el Pleno— de crear un Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria es un paso imprescindible, para establecer una serie de controles y sanciones al uso perverso del derecho a la información y la libertad de expresión por parte de supuestos profesionales del periodismo que se amparan en ellos, para desarrollar una acción política disruptiva y acosadora de los periodistas, para entorpecer e impedir que la información veraz aflore y circule. Su aprobación definitiva es un primer paso necesario para resituar el sentido de ambos derechos, que no se pueden usar para dar cobertura a elementos que buscan derruir el sistema de libertades.

Derechos que son principios básicos en los que se fundamenta la democracia que, por este mismo motivo, son los primeros a los que recurren los propagadores de los discursos populistas y generadores de odio, conscientes de que es muy difícil de contrarrestar el mensaje de libertad irrestricta que espolean y no se les cae de la boca a sus más significados heraldos, del que IDA es uno de los mayores exponentes. Éste uso ilegítimo del derecho a la información y libertad de expresión, es la base ideológica de los defensores de la idemocracia, que la democracia, que los demócratas, deben combatir redefiniendo, recuperando, los valores conceptuales que les dieron origen.

El derecho a la información no ampara, ni debe amparar nunca, la difusión y el acceso a informaciones falsas que buscan estimular la vena emocional del receptor y anular su capacidad reflexiva, porque adocenan, desinforman y orientan la mente hacía visiones y percepciones interesadas de la realidad. Del mismo modo, la libertad de expresión no puede amparar jamás la censura de las opiniones críticas en base a criterios morales, religiosos, supuestos valores patrios o respeto a las instituciones que representan y simbolizan el Estado. Su límite debe ser la infamia, el insulto, el acoso a la intimidad, la propagación del odio y la violencia.

Vicente Mateos Sainz de Medrano

El madrileñísmo de Ayuso no es Madrid ni España

Ante el Congreso Nacional del PP, del cinco y seis de julio, IDA lleva ya semanas segando la hierba bajo los pies de Feijóo, como quedó demostrado, de manera evidente, en la reunión de Presidentes de Comunidades Autónomas celebrado en Barcelona, y en la concentración del pasado día 8 en Madrid, para exigir al Presidente del Gobierno que convoque elecciones: ¡ya!, como si tuvieran en su mano la capacidad imperativa para imponer su deseo. Se van a cansar de tanto repetir lo mismo y van a cansar a la ciudadanía, ya saturada, del mensaje simplón que el PP ofrece como proyecto para España. Reunir a cien mil personas después de una campaña de tres semanas animando a la militancia a asistir poniendo autobuses gratuitos, es un magro resultado para las expectativas creadas. Incluso dando por buena esa cifra, que dobla la facilitada por la Delegación del Gobierno que reduce la asistencia a la mitad.

Más allá del número, lo mollar es la pugna abierta entre dos maneras de entender el liderazgo y el proyecto que debe plantear el PP a la ciudadanía tras su Congreso. Feijóo quiere un conclave plano, como es él, donde las disputas no se conviertan en ruido mediático, por eso lo plantea como una revisión somera del proyecto archiconocido basado en la reducción de impuestos y del gasto en el estado del bienestar para beneficiar al sector privado en detrimento del público. El objetivo: que el encuentro se convierta en una aclamación de su figura política como único líder de la derecha con capacidad para ganar, esta vez sí, piensa él, la Moncloa. El problema de Feijóo es su falta <<punch>>, de la garra que le exigen los más radicales que le impide desarrollar un discurso y proyecto propio; por eso vive al albur de los acontecimientos y las presiones que recibe.

Reclamar para sí la centralidad política, no pasa de ser una afirmación discursiva que se contradice con los acuerdos suscritos con Vox, para sacar adelante los presupuestos en Comunidades Autónomas, que implican aceptar las propuestas más radicales y antidemocráticas de la ultraderecha. No se puede estar en misa y repicando, como quedó claro en su discurso en la concentración de la Plaza de España, cuando tuvo que salir al paso de las afirmaciones previas de Ayuso, al señalar que en su partido hay maneras distintas de hacer política, para rebajar el mensaje beligerante y extemporáneo de la lideresa madrileña, lanzada a dar la batalla ideológica contra el proyecto socialdemócrata, izquierdista comunista, que representa el Gobierno de coalición.

Batalla ideológica que azuzan los mentores de Ayuso, la ex lideresa Esperanza Aguirre, que en declaraciones al diario El País se quitó la careta al punto de defender que, a la larga, la dictadura fue mejor que la II República. Declaración que apuntala el revisionismo auspiciado por las notas periódicas que publica FAES —el think tank (tanque de pensamiento) del gurú de la derecha más rancia, JM Aznar— para blanquear la dictadura franquista y hacer olvidar que fue fruto de un golpe de estado contra el poder legítimo obtenido en unas elecciones democráticas. El sentido de este discurso mendaz y antidemocrático, es equiparar el actual momento político a una dictadura encabezada por el sátrapa de Sánchez.

Ésta es la situación en la que IDA se desenvuelve como pez en el agua como elemento disruptivo, deliberado y sin tapujos, como quedo claro en sus últimas declaraciones en las que señaló que España no es un estado plurinacional, término que no figura como tal en la Constitución que sí reconoce en su articulado la existencia de nacionalidades y regiones dentro de la nación española. Negar la existencia de una pluralidad de lenguas y tradiciones seculares que conforman lo que entendemos como España, es desconocer la historia y negar, por una mera razón ideológica anclada en el franquismo más medieval, que el Estado de las Autonomías del que nos hemos dotado democráticamente, con diferentes niveles de competencias, es la demostración palmaria de que vivimos en una sociedad legítimamente plural en identidades, tradiciones y culturas. Realidad que no encaja con la visión homogénea y encorsetada de la sociedad que anida desde siempre en el nacionalismo reaccionario español, del que Ayuso enarbola la bandera como su principal adalid.

Éste es el trasfondo del debate ideológico que se cuece entre bambalinas en el PP, que Feijóo quiere esconder y Ayuso propalar a los cuatro vientos, desde el convencimiento de que eso es lo que quieren y piensan los españoles de bien que, según los organizadores, son las personas que asistieron a la concentración en la Plaza de España de Madrid. Dos maneras de entender el proyecto político que debe llevar adelante el PP, aunque en el fondo el alma de estas dos caras es la de siempre; defender los privilegios de los ricos y poderosos por la vía de rechazar cualquier tipo de reconocimiento de derechos y mejoras en la vida del ciudadano medio.

De ahí que el debate no esté en oponerse a la subida del salario mínimo, de las pensiones, a la intervención del mercado del alquiler, a la reducción de la jornada laboral, al reparto equilibrado de los emigrantes que llegan en pateras y otras vías huyendo de la guerra y hambre en sus países, o a todo lo que suponga reducir el desequilibrio entre las clases ricas y adineradas, y las medias y populares. El debate es cuál debe ser la estrategia para llevarlo adelante y con qué modelo de liderazgo, terreno en el que Feijóo naufraga, como se lo hicieron ver los que asistieron a la concentración madrileña al corear tú sí que vales, cuando Ayuso subió a la tribuna. Ingrato momento para Feijóo. que ya la había oído decir que ella es partidaria de primarias para elegir al líder del partido.

Griterío que no debe sumergirnos en la idea de que Ayuso es la llamada a llevar al PP a la Moncloa, porque lo que ella representa es la derecha filo franquista que anida en su entorno, haciéndola creer que liberará a España del comunismo bolivariano. Trampantojo que no la deja ver ni pensar que su discurso contra la diversidad cultural que conforma España no gusta, sino que disgusta, no solo a una mayoría de los barones autonómicos de su partido —que no la secundaron en su patochada en la reunión de Presidentes—; sino a la mayoría silenciosa de españoles que viven y se sienten a gusto con un sistema democrático que reconoce y da carta de naturaleza política y cultural, a sus peculiaridades.

Mayoría que no comparte las locuras y excentricidades de Ayuso, que solo buscan el enfrentamiento en lugar de la concordia que supone aceptar la diversidad de la sociedad española. Por eso, no pasa nada nada si Ayuso llega a hacerse con las riendas de su partido como pretende, porque su españolismo rancio y radical genera, fuera de su entorno de palmeros, anti madrileñismo y el rechazo social de lo que representa: la rémora mental que provocó el golpe de Estado contra la II República, que condujo a una guerra cruel y degeneró en una dictadura asesina que ha dejado heridas aún sin cerrar.

Vicente Mateos Sainz de Medrano.
Periodista, profesor universitario y
Doctor en Teoría de la Comunicación de Masas

Los de siempre vuelven a atacar al PSOE

En estas semanas, en las que el gobierno de Pedro Sánchez ve cuestionada su legitimidad, vale la pena recordar que quienes la cuestionan son los mismos que la llevan cuestionando desde el primer día.
Recordemos: Pedro Sánchez no era la primera opción de nadie. Tampoco la segunda. Era un rostro joven, alto, elegante, con un currículum académico respetable y una trayectoria institucional discreta, casi anodina. Pero en 2014, cuando el PSOE agonizaba tras el derrumbe electoral en las europeas —un 23% de los votos y la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba—, Sánchez fue el hombre que emergió de entre la niebla. Ganó las primarias internas sin ser el favorito del aparato ni de las federaciones más poderosas. Fue una elección de las bases, no de las élites. Y esa ha venido siendo la constante de su biografía política: el conflicto entre la militancia y la mal llamada vieja guardia del PSOE.
Apenas dos años después, en 2016, Pedro Sánchez fue derribado por el comité federal. El problema de fondo fue que Sánchez se negó a facilitar un gobierno del Partido Popular, como pedía buena parte de la vieja guardia socialista, y prefirió mantener su “no es no” a Mariano Rajoy, incluso a costa de una repetición electoral. El Comité Federal del PSOE, tras una dura batalla interna, lo obligó a dimitir. Salió derrotado y humillado, mientras una gestora tomaba el control del partido y lo relegaba al ostracismo. Las bases socialistas se movilizaron en plataformas de apoyo a Pedro Sánchez (algunos de los miembros de TS participamos activamente) haciendo del «No es No» un lema bajo el que el partido se reconstruyó, con el liderazgo de Pedro Sánchez.
En mayo de 2017, ganó las primarias con una holgada mayoría frente a Susana Díaz, la candidata del aparato,(que hoy es la primera en pedir la dimisión de Pedro), apoyada por barones territoriales, expresidentes y casi toda la estructura tradicional (que hoy vuelven a pedir la cabeza de Pedro). Su victoria fue una insurrección interna: por primera vez, un líder caído regresaba al timón del partido impulsado por las bases, no por la élite.
Un año después, el 24 de mayo de 2018, la Audiencia Nacional hizo pública la sentencia del caso Gürtel. La trama de corrupción que implicaba a altos cargos del Partido Popular —y que llevaba años manchando la política española— culminaba con una condena contundente: el PP había operado una estructura institucional para financiarse de forma ilegal. Por primera vez, una sentencia judicial establecía la existencia de una caja B en el partido que gobernaba España. Era un terremoto político. Pedro Sánchez, desde la oposición, supo leer la magnitud del momento.
Tan solo un día después, el PSOE presentó una moción de censura contra Mariano Rajoy. Lo que parecía un gesto simbólico se convirtió en una jugada maestra. Sánchez logró, en menos de una semana, sumar el apoyo de Podemos, Compromís, PNV, ERC, PDeCAT y Bildu. Un bloque ideológicamente diverso, incluso contradictorio, pero unido por una causa común: la regeneración democrática tras años de corrupción sistémica.
El 1 de junio de 2018, Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno con solo 84 diputados socialistas en el Congreso. En sus primeras palabras como presidente, Sánchez prometió “dignificar la vida pública” y “rescatar el diálogo institucional”.
Aunque logró aprobar decretos sociales (como la subida del salario mínimo o medidas feministas), fracasó en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. La negativa de los partidos independentistas a apoyarlos —en un clima marcado por el juicio del procés y la crispación territorial— obligó al presidente a disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas.
Las elecciones generales del 28 de abril de 2019 marcaron un hito para Pedro Sánchez. El PSOE se impuso como primera fuerza con 123 diputados, una victoria clara pero insuficiente para gobernar en solitario. España entraba de lleno en el ciclo de la fragmentación política. A la izquierda, Unidas Podemos resistía con 42 escaños. A la derecha, el PP sufría un desplome histórico, y emergían con fuerza Ciudadanos y Vox, este último entrando por primera vez en el Congreso.
Sánchez rechazó de inicio un gobierno de coalición con Unidas Podemos —alegando falta de confianza y diferencias programáticas— y exploró una investidura en solitario, apelando a la “geometría variable” del Congreso. Pero la operación fracasó. En julio de 2019, la investidura fue rechazada, y las negociaciones se enquistaron durante meses.
La repetición electoral de noviembre de 2019 dió lugar a una estrategia diferente. En apenas 48 horas tras las elecciones, firmó un acuerdo con Pablo Iglesias para formar el primer gobierno de coalición en democracia desde la Segunda República. Fue un giro histórico. Dos líderes que meses antes no se soportaban, ahora compartían gabinete. Unidas Podemos obtenía cinco ministerios, incluida la vicepresidencia segunda para Derechos Sociales. El nuevo ejecutivo se autodefinía como “progresista, feminista y ecologista”.
El pacto no estuvo exento de tensiones. El propio PSOE vivía con recelo la entrada de Iglesias en el Consejo de Ministros. El establishment económico, judicial y mediático alertaba de una deriva radical. Pero Sánchez defendió su alianza como un ejemplo de responsabilidad institucional. “No hay dos gobiernos”, declaró, “sólo uno, el Gobierno de España”.
La coalición arrancó con la intención de inaugurar un nuevo ciclo reformista. Pero a los pocos meses, el mundo cambió. La pandemia del COVID­19 sumió a España en la mayor crisis sanitaria, económica y social desde la Guerra Civil. El 14 de marzo se decretó el estado de alarma. El país quedó confinado, las calles en silencio, los hospitales desbordados, y el miedo se apoderó de la vida cotidiana.

Pedro Sánchez se convirtió en el rostro de la gestión de la pandemia: conferencias de prensa maratonianas, apelaciones a la unidad, decretos urgentes. El gobierno asumió una centralización sin precedentes, con competencias excepcionales en sanidad, transporte y seguridad., pero al mismo tiempo estrenó un mecanismo fedderal en la toma de decisiones, reuniendo a los presidentes autónomicos (con mayorìa del PP) para las decisiones importantes.
Durante esta etapa el gobierno logró importantes acuerdos con sindicatos y empresarios para implantar medidas sin precedentes: los ERTE el ingreso mínimo vital, moratorias de hipotecas y alquileres, blindaje de suministros básicos. Lo llamaron “escudo social”.
Se impulsaron medidas progresistas, como la subida del salario mínimo, el control de precios del alquiler y la protección de trabajadores precarios. Pero las tensiones eran constantes. Iglesias, más combativo, reclamaba mayor valentía política; Sánchez, más institucional, buscaba estabilidad y control. Las diferencias se hicieron insostenibles.
En marzo de 2021, Pablo Iglesias dejó el gobierno y su salida permitió el ascenso de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, dialogante, firme, feminista, con gran capacidad de negociación. Sánchez supo ver en ella una aliada estratégica. Juntos sacaron adelante una de las reformas clave de la legislatura: la reforma laboral de 2021, pactada con patronal y sindicatos, que eliminaba elementos lesivos de la legislación de 2012, reducía la temporalidad y apostaba por contratos fijos.
A la vez, el gobierno aprobaba leyes de gran calado:
­La Ley de Eutanasia, que convirtió a España en uno de los pocos países del mundo en legalizarla.
­La Ley de Educación (LOMLOE), que revertía aspectos de la LOMCE.
­La Ley Trans y LGTBI, impulsada por Irene Montero, con fuerte oposición interna y externa.
­El compromiso con la transición ecológica, con Teresa Ribera al frente. Sánchez también gestionó la llegada de los fondos europeos Next Generation EU, logrando más de 140.000 millones de euros para modernizar la economía española. Fue un éxito diplomático que elevó su perfil internacional.
Pero los intentos de desestabilización eran notables. La gestión de la pandemia fue utilizada políticamente por las comunidades autónomas del PP. El Tribunal Constitucional tumbó aspectos del estado de alarma. Los bulos y la desinformación aumentaron. La interpretación judicial de la aplicación de la ley del «solo sí es sí» redujo penas a agresores sexuales ya condenados. El escándalo fue mayúsculo. Por otra parte, el PP había bloqueado la renovación del CGPJ y utilizaba la justicia para rebatir las decisiones del gobierno y el parlamento.
La polarización se intensificaba, y el gobierno vivía bajo asedio constante. Mientras otros gobiernos europeos caían, el gobierno de Pedro Sánchez resistía, convocando elecciones generales para el 23 de julio de 2023.
Contra todo pronóstico, el PSOE resistió. Pedro Sánchez tenía, una vez más, la posibilidad de revalidar su mandato a través de pactos parlamentarios. En septiembre, Feijóo fracasó en su intento de investidura. En noviembre, Sánchez fue investido de nuevo presidente del Gobierno con el apoyo del bloque progresista, nacionalista e independentista. La clave de esta investidura fue el acuerdo para normalizar la vida institucional y política con la aprobación de la ley de amnistía que estos días, el Tribunal Constitucional ha aprobado.
La aprobación inicial de la ley de amnistia fue seguida de manifiestaciones de la derecha, la ultraderecha y la vieja guardia del PSOE.
Las sedes socialistas fueron atacadas, y los jueces y prensa franquista no cesaban de cuestionar la ley y se rebelaron contra su aplicaciòn.
Sánchez defendió la amnistía como un paso hacia la “reconciliación y la convivencia”.
Uno de los momentos culminantes fue la presidencia española del Consejo de la Unión Europea en el segundo semestre de 2023. Sánchez utilizó esta plataforma para impulsar tres ejes clave:
Reforma del Pacto de Estabilidad para hacer más flexible el gasto público tras la pandemia.
Autonomía estratégica europea en sectores como energía, defensa y tecnología.
Transición ecológica y digital, en línea con los fondos Next Generation EU.
América Latina y África: Sánchez ha reivindicado constantemente los lazos con América Latina. Ha visitado Argentina, Colombia, México, Brasil y Chile, defendiendo una “alianza progresista global”. Durante la Cumbre UE­CELAC de 2023, impulsó acuerdos sobre inversión verde y cooperación cultural. También ha aumentado la proyección de España en África, con especial interés en Senegal, Mauritania y Guinea­Bissau, en parte por razones migratorias y energéticas.
Reconocimiento del Estado palestino: En mayo de 2024, en plena escalada del conflicto entre Israel y Gaza, el gobierno español reconoció oficialmente al Estado palestino, junto a Irlanda y Noruega. Fue una decisión valiente y simbólica, que colocó a España en el centro del debate internacional. El gobierno israelí llamó a consultas a su embajadora y acusó a Sánchez de “alinearse con el terrorismo”. El presidente respondió que “la paz no es posible sin justicia para el pueblo palestino”.
Este gesto consolidó el perfil internacional de Sánchez como líder comprometido con el derecho internacional, aunque también aumentó su aislamiento frente a gobiernos conservadores y a la derecha israelí y estadounidense.

Begoña Gómez: la figura silenciosa en el centro del huracán

Desde el inicio de su mandato, la esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, ha sido objeto de ataques políticos y mediáticos, especialmente por su actividad profesional en el ámbito universitario y empresarial. En 2024, una denuncia anónima presentada por el pseudocolectivo “Manos Limpias” desencadenó una investigación judicial contra Gómez por presunto tráfico de influencias, acusación que no fue acompañada por ninguna prueba pero que fue amplificada por ciertos medios y sectores políticos.
La situación alcanzó un punto límite cuando, el 24 de abril de 2024, Pedro Sánchez publicó una carta a la ciudadanía, suspendiendo su agenda pública durante cinco días para “reflexionar” sobre su continuidad como presidente del Gobierno. Fue una decisión inédita en la historia democrática española. En esa misiva, Sánchez se preguntaba si “merecía la pena” continuar liderando un país mientras su familia era objeto de “acoso sin límites”.
Sánchez ha intentado mantener a sus hijas fuera de los focos. Siempre ha sido reservado con su vida personal. Pero a medida que el clima político se endurecía, esa barrera simbólica se fue debilitando. Las redes sociales se llenaron de ataques anónimos. La violencia verbal se naturalizó. La crispación dejó de ser un fenómeno institucional para volverse personal.
En la carta mencionada, el presidente hablaba de su “dolor íntimo” como ciudadano, como esposo y como padre. Ese tono humano, poco habitual en la política española, fue aplaudido por algunos y tachado de victimismo por otros. Pero mostraba algo real: el coste subjetivo del poder en una época de polarización brutal.
Sánchez ha sobrevivido a dimisiones, vetos internos, mociones de censura, elecciones fallidas, pandemias, crisis diplomáticas y campañas de difamación.
Y ahora, la traición que suponen los casos de corrupción de Ávalos y Santos Cerdán, más las actitudes misóginas y machistas que han salido a la luz tras la investigación de la Guardia Civil, ha dado rienda suelta para que los de siempre vuelvan a atacar.
Lo que más duele es que las Susana Díaz, Felipe González y García Page se vuelvan a poner del lado de la derecha y la ultraderecha, acompañando a PP, a VOX y a la Iglesia católica en su petición de dimisión y exigencia de convocatoria de elecciones.
Cegados por la gravedad de los hechos, algunos cuadros del partido vuelven a agitar las voces de petición de congreso extraordinario, y de convocatoria de elecciones.
Hace unos días manifesté públicamente que lo que sobra en este partido son lameculos cuando la cosa va bien y cobardes cuando las cosas van mal.
La corrupción hay que atajarla, desde el gobierno. ¿o alguien espera que un gobierno PP­VOX luche contra la corrupción?.
La lucha contra la corrupción y en favor de la regeneración democrática ha de ser una prioridad para el PSOE y para el gobierno de progreso. Se han de endurecer las penas contra los corruptos, pero se han de endurecer las penas contra los corruptores también.
¿Saben ustedes que Acciona y la familia Entrecanales se forraron con las obras y pantanos de Franco? ¿han leído algo sobre las alianzas y relaciones entre las familias Entrecanales Franco y la descendencia de Primo de Rivera y la propia monarquía?. Pues busquen.
¿Han investigado ustedes si la empresa Levantina Ingenieria y construcción (otra de las que pagan comisiones) fue perjudicada por el posicionamiento de España sobre el Sáhara y las tensiones con el gobierno de Argelia?. Pues así fué.
Por tanto, hay muchos intereses en acabar con la vida política de Pedro Sánchez y entregar el gobierno a la derecha franquista. Así que lo que necesita la mayoría social en este país no es un cambio de presidente ni de gobierno. Al menos, no ahora.
Lo que necesita la mayoría social de este país, es acabar con la corrupción, perseguir a los corruptos y corruptores, pero sobretodo acabar de aprobar la agenda social para la que este gobierno fue elegido.
Garantizar los servicios públicos, las pensiones, el poder adquisitivo de los salarios, la normalidad política e institucional, avanzar hacia el federalismo real, y sobre todo liderar un modelo diferente al que el mundo parece abocarse: el del rearme, la guerra, la especulación y la destrucción.
Hoy día, en el que los populismos y la extrema derecha se adueñan del mundo y promueven la guerra, a la socialdemocracia no nos sobran referentes que planten cara a Trump o a Netanyahu, aunque sea de forma tímida.
Hoy día, defender la socialdemocracia es defender al partido y al gobierno socialista de Pedro Sánchez frente a los que siempre le quisieron fuera de la ecuación.
Por ello, apelo a la movilización de las bases para defender la honestidad de sus militantes, para echar a los corruptos y a los que defienden la gran coalición con el PP y sus políticas antisociales.
Y apelo a las bases del resto de fuerzas políticas que dieron soporte a la investidura para que fuerzen a sus direcciones a mantener un gobierno que gobierne para la mayoría.

Baltasar Santos
Primer Secretario PSC el Vendrell
Miembro del Comité de redacción de TS

Manifiesto del Consejo Político del PSOE de Salamanca en apoyo a Pedro Sánchez

El Consejo Político del PSOE de Salamanca ha aprobado, por unanimidad, un manifiesto de apoyo a Pedro Sánchez y a las políticas sociales y económicas progresistas que desde el Gobierno se están ejecutando.
El Consejo Político del que forman parte:
Francisco Alonso Rincón, Felipe Canillas Martín, Carmen García Rosado, Andrés A. Gómez Pérez, Cipriano González Hernández, Jesús M. González Rivas, Concepción Hernández Vicente, Jesús Málaga Guerrero, Inocencio Martín Clemente, Francisco Martín del Molino, Julia Pareja Corzo, Concepción Pérez Escamilla, Toribio Plaza Galán, María Luisa Puente Canosa, Francisco Javier Rodríguez Ruiz y José Miguel Sánchez Estévez.
Manifiestan su firme apoyo a Pedro Sánchez y su contundencia en defensa de las políticas de igualdad, solidaridad y bienestar.
«Nuestro deseo de seguir avanzando en la justicia social, derechos de los más desfavorecidos y el compromiso firme en defensa de las libertades y la democracia.
Estamos muy orgullosos de pertenecer al PSOE, defender sus políticas nacionales e internacionales y a su Secretario General.
Criticamos con contundencia los comportamientos corruptos, que en absoluto nos representan, a la vez que alabamos la contundencia, rapidez y firmeza en la respuesta dada desde la Comisión Ejecutiva Federal.
Señalar que el PSOE, su Gobierno y la Comisión Ejecutiva Federal cuentan con todo nuestro apoyo y deseo que sigan trabajando con eficacia por la igualdad, libertad y mejora de vida de todos los ciudadanos y muy especialmente de los más desfavorecidos», concluye el comunicado oficial.

La asamblea de militantes del Vendrell (Tarragona) resuelve apoyar a Pedro Sánchez

El pasado 17 de junio, la asamblea de militantes del PSC del Vendrell (Tarragona), reunida en convocatoria extraordinaria, analizó los acontecimientos acaecidos y publicitados a través del informe de la UCO, y resolvió:
Primero. Mostrar la desolación colectiva de los militantes del partido tanto por los casos de corrupción detectados como por los audios machistas y misóginos incompatibles con los valores del partido.
Segundo.- Mostrar el apoyo a Pedro Sánchez para seguir al frente del gobierno del país con medidas de lucha contra la corrupción y por la regeneración democrática, así como completar la agenda social.
Tercero.- Apoyar las medidas tomadas para depurar responsabilidades internas y reforzar los mecanismos de control internos y externos de los cargos electos y los cargos de confianza.
Cuarto.- Abordar la separación de responsabilidades orgánicas e institucionales.
Quinto.-Reforzar los mecanismos de lucha contra la corrupción a nivel legal, tanto contra los corruptos como contra los corruptores.
Sexto.- Instar a que se convoque una conferencia socialista de lucha contra la corrupción y por la regeneración democrática.
Séptimo.- Instar a que se investigue la independencia de los informes de la UCO con respecto a los intereses partidistas de los partidos politicos de la derecha franquista.