Hay que echar a Rajoy y sacar las políticas del PP del Gobierno

Hace un año, exactamente el 21 de mayo, Pedro Sánchez ganaba por mayoría absoluta las primarias que se desencadenaron tras ser derrocado por el viejo aparato en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016. En este aniversario, editoriales y articulistas se apresuraban en destacar la desaparición del líder socialista de la escena política; y las encuestas  situaban al PSOE en un cuarto puesto, detrás de C’s, PP y Podemos.

El apoyo que el PSOE ha dado al Gobierno de M. Rajoy en la aplicación del 155 ha situado nuestro partido, junto a C’S, como los partidos que sostenían al Gobierno del partido más corrupto de la historia de la democracia, al partido que sirve de cobijo a cientos de imputados por corrupción, al Partido que impone recortes y amenaza con anular las libertades  y los derechos conquistados por los trabajadores durante décadas.

A pesar de todo, la decisión unánime de la Comisión Ejecutiva Federal de presentar una Moción de Censura, en escasas horas, ha levantado nuevamente la ilusión de que es posible derrotar al PP. Es la constatación, una y otra vez, de cómo las bases, dentro y fuera del PSOE, se referencian con las políticas que les son favorables a sus intereses, políticas nítidamente de izquierdas.

El Gobierno, desacreditado y sin credibilidad alguna, ha sido derrotado  por las movilizaciones de los pensionistas en dos cuestiones fundamentales. Primero, cuando decidió subir un 1,6% las pensiones y no el 0,25% como pretendía. Segundo, al retrasar el Factor de Sostenibilidad hasta 2023. Ha sido criticado por las instituciones internacionales ante la cesión hecha en las negociaciones de los presupuestos Generales del Estado.

Tan solo 24 horas después de sacar adelante los Presupuestos, la Audiencia Nacional dió a conocer la primera sentencia del caso Gürtel. El impacto causado en la opinión pública por la sentencia se ha visto multiplicado al incluir en la condena al PP y una explícita desautorización a M. Rajoy al declararlo como persona no fiable, algo que ya le había dicho Pedro Sánchez en el debate televisado de las elecciones del 2015, y por lo que fue duramente criticado por buena parte de la vieja guardia del partido y por la caverna mediática.

Los próximos días, jueves y viernes: 31 de mayo y 1 de junio, se abre la posibilidad de derrotar a Rajoy. Sin ninguna duda ni fissura, todos debemos apoyar la Moción de Censura presentada por PSOE.

¿Qué esperan los militantes y votantes socialistas de la moción de censura?

Millones de votantes y militantes socialistas quieren ver fuera del Gobierno al PP.

Quieren una solución pactada y acordada con los representantes del pueblo catalán que permita recuperar las instituciones catalanas, dar una solución democrática a las demandas tantas veces expresadas mayoritariamente y evitar la división y el enfrentamiento entre pueblos hermanos y entre el propio pueblo catalán.

Desearían avanzar en una reforma constitucional que no fuera un maquillaje para perpetuar instituciones obsoletas y que se profundizara hasta poder decidir sobre la forma de estado.

Los mismos militantes y votantes socialistas/sindicalistas que, en el acto del 16 de mayo del 2017, de la Casa del Pueblo de la Avenida de América, sede de UGT en Madrid, donde se entregó a Pedro Sánchez un documento firmado por más de mil sindicalistas de todo el Estado dando apoyo a Pedro Sánchez y pidiendo un compromiso explícito para su cumplimiento.

En dicho documento se reclamaba la defensa del Sistema Público de Pensiones garantizando el poder adquisitivo de las mismas, la derogación de la reformas laborales, la derogación del Artº. 315.3 del Código Penal que restringe el derecho a huelga y que tiene encausados a más de 300 sindicalistas por ejercerlo.

Toni Ferrer, Raisa Calvo y Roberto Tornamira, colaborador habitual de TS el primero, y miembro del comité de redacción el tercero,  que hablaron en el acto como promotores de la recogida de firmas, resumían  su apoyo a Pedro Sánchez con un deseo: » Queremos y necesitamos que gane Pedro para que eche a Rajoy y a las políticas del PP«.

Ese deseo es el que sienten hoy millones de votantes y militantes socialistas de todo el Estado español.

Comité de Redacción de Tribuna Socialista

29-mayo-2018

En defensa del Sistema Público de Seguridad Social

El pasado 10 de marzo de 2018 tuvo lugar en Madrid una Conferencia Estatal convocada tras el llamamiento de la Plataforma de Sindicalistas al que Tribuna Socialista se adhiere y apoya, y cuyo contenido podeis consultar aquí. (http://plataformasindicalistas.blogspot.com.es/).

La conferencia contó con una amplia representación de sindicalistas y socialistas de todos los pueblos del Estado. Nuestro compañero José Antonio Iniesta, militante del PSC y miembro del Comité de Redacción de Tribuna Socialista formó parte de la Mesa de la Conferencia y nos hace llegar la crónica y las resoluciones de la misma.

Para defender el sistema público de pensiones

HACE FALTA ORGANIZAR LA MOVILIZACIÓN UNIDA

Miles de pensionistas han salido a las calles en protesta contra los recortes de pensiones aprobados por los sucesivos gobiernos. La subida del 0,25%, repetida año tras año, ha desencadenado la indignación social que ha llevado a esta gran movilización. Pero el 0,25% no es el único recorte ni el único peligro que amenaza al sistema público de Seguridad Social, garantía del derecho a una pensión de jubilación.

 Quieren acabar con el sistema público de Seguridad Social, conquista fundamental de la lucha de la clase trabajadora.

Un sistema contributivo de solidaridad entre generaciones, basado en las cotizaciones sociales (salario di- ferido), organizado en una Caja Única a escala de Estado y garantizado por el propio Estado, que debe, según la Ley, aportar los fondos necesarios para pagar las pensiones en caso de bajada de ingresos del sistema. Un sistema que cubre la subsistencia del trabajador en caso de jubilación o enfermedad y la de su familia en caso de fallecimiento.

Pretenden reducir la Seguridad Social a unas pensiones mínimas que no garanticen la subsistencia para obligar a quienes tengan medios a recurrir a los Fondos privados de Pensiones (poniendo su jubilación y sus ahorros en manos de banqueros y especuladores). Como impuso en Chile la dictadura de Pinochet, con el resultado de enriquecer a los administradores de los Fondos mientras las pensiones bajan a la mitad de su valor anterior.

Quieren romper la Caja Única de la S. Social, como propone el acuerdo de gobierno PNV-PSOE-PP en el  País Vasco.

Quieren sacar las pensiones de viudedad y orfandad del sistema para reducirlas a pensiones o subsidios asistenciales, es decir, la mínima expresión.

Quieren eliminar las cotizaciones como forma de financiación del sistema y sustituirlas por impuestos (una operación que permitiría a los empresarios reducir las cotizaciones sociales y que pondría todo el sistema en manos del gobierno de turno y sometido a las prioridades de pago de la deuda).

La reforma de pensiones de Zapatero atrasó la edad de jubilación a los 67 años y aumentó el periodo de cómputo, para reducir las pensiones. La de Rajoy supone, según la OCDE, reducir las pensiones a medio plazo un 40%.

Pero la política del gobierno va más lejos en el proceso de voladura de la S. Social:

Cuando Rajoy llegó al gobierno, la Seguridad Social tenía un superávit anual y un Fondo de Reserva, la “hucha de las pensiones”, con más de 60.000 millones de euros. En 5 años, han vaciado la hucha, y dejado a la S. Social con una deuda de más de 20.000 millones (el gobierno, en lugar de aportar los fondos necesarios para cubrir el déficit como exige la ley, ha “prestado” dinero a la S. Social). En 2017 fueron casi 8.000 millones, este año se prevé que sean más de 15.000 millones.

La caída de ingresos de la Seguridad Social no es consecuencia de ningún envejecimiento demográfico, sino de las reformas laborales, y los recortes de los gobiernos, que han llevado a una bajada generalizada de salarios y, por tanto, de cotizaciones. Y el gobierno ha seguido subvencionando a los empresarios con bonificaciones y exenciones de cotizaciones, con cargo a la caja de la Seguridad Social. Más de 3000 millones cada año.

El sistema español de SS es sostenible, contrariamente a lo que dicen los que proponen cambiar el modelo. Nuestro modelo es sólido, quieren esconder que durante años los excedentes de cotizaciones (mas de medio billón de euros) no se utilizaron para reforzar las reservas del sistema con lo que ahora habría de sobre para afrontar el futuro.

Con esta política, preparan nuevos recortes de pensiones, para los cuales tienen un instrumento privilegiado:

La Comisión del Pacto de Toledo, lugar de “consenso” de la derecha económica del PP, Ciudadanos, PNV, CiU, etc con las organizaciones que hablan en nombre de la clase trabajadora. Ese pacto de Toledo ha aprobado ya muchos recortes de pensiones.

Los pensionistas, con sus movilizaciones, han dicho ¡basta! a esta situación. El gobierno ha dado signos evidentes de su debilidad y del terror que le produce la movilización. Hay que seguir en esa vía, profundizar la lucha. No basta con una convocatoria tras otra que acaben por agotar al movimiento.

Hay que acabar con el enfrentamiento entre Plataformas y Organizaciones. Hay que preparar una gran movilización, una marcha a Madrid que reúna a cientos de miles, a un millón de trabajadores y pensionistas, con sus organizaciones. Hay que continuar la lucha hasta obligar al gobierno a ceder, sin descartar la convocatoria de una Huelga General si fuera preciso.

Organizar esta movilización exige la unidad de todas las organizaciones de la clase trabajadora. La Conferencia Estatal en Defensa del Sistema Público de Seguridad Social, que ha reunido en Madrid el 10 de marzo a 120 sindicalistas, trabajadores, trabajadoras y cargos electos, haciéndose eco de la aspiración a la UNIDAD de la inmensa mayoría de trabajadores, (ya sean activos, desocupados o pensionistas), ha acordado dirigirse a todas las organizaciones que hablan en nombre de la clase trabajadora y los pensionistas, sindicatos, Plataformas, Asociaciones, Partidos… para exigir que hagan todos los esfuerzos para que se lleve a cabo la Unidad, sin imposiciones por ninguna parte, para convocar una gran movilización en Madrid y las movilizaciones que sean precisas en las distintas localidades y centros de trabajo, hasta obligar a al gobierno a retroceder, o, si es necesario, hasta echarlo, para recuperar la Caja de la Seguridad Social, para mantener el sistema solidario de reparto, para subir las pensiones según el IPC y recuperar las pérdidas de los últimos años, para derogar, en fin, las reformas laborales, los recortes de salarios y cotizaciones y los diversos recortes de pensiones impuestos por los gobiernos.

La fuerza potencial de los jóvenes

Desde hace unos cuantos meses se está poniendo de manifiesto el gran poder de movilización y convocatoria de las mujeres (sobre todo en torno al pasado 8 de marzo) y de los pensionistas. Ambos colectivos están defendiendo con fuerza y convicción sus reivindicaciones en un contexto macro económico más favorable (crecimientos del PIB por encima del 3%). Las protestas tienen una lógica explicación, sobre todo si consideramos que las mujeres han sufrido especialmente los efectos de la crisis y los pensionistas han perdido poder adquisitivo (0,25%, copago farmacéutico y medicinas fuera del sistema), al margen de que muchos han tenido que ayudar a sus familiares más cercanos: hijos y nietos, ante la necesidad de frenar los destrozos causados por la deplorable gestión de la crisis económica.

En todo caso, los jóvenes han sido muy perjudicados por la crisis. Sin embargo, y al margen de las movilizaciones y de los efectos causados en su día por el movimiento 15-M, los jóvenes, a pesar de su fuerza potencial, no se han distinguido últimamente por su capacidad de movilización, ni están representados suficientemente en los partidos políticos y sindicatos. Estos precedentes no son un buen presagio, sobre todo cuando está a punto de cumplirse el 50º aniversario de las movilizaciones del Mayo francés del 68, particularmente en París.

El miedo, el desánimo y la migración de muchos jóvenes al extranjero, en busca de un empleo, justifican esta situación, Una generación calificada  como “perdida” por algunos y que, sin embargo, en buena medida, se viene refugiando en los últimos años en el voto anti sistema (voto de denuncia y protesta). No nos debe extrañar. El desempleo y la precariedad están causando destrozos sin precedentes en los jóvenes y en otro colectivo muy sensible: los mayores de 45 años. Según UGT, la tasa de paro de los jóvenes menores de 25 años se  sitúa en el 37,5% (558.200 personas). Además, el 57% de los jóvenes de 30 años tienen un contrato temporal  (1.347.100 personas), alcanzando el 72% en los menores de 25 años (631.200).  Una situación laboral agravada por la extensión de la precariedad producida por la reforma laboral de 2.012: contratos temporales y a tiempo parcial, falsos autónomos, plataformas digitales, becarios… A lo que hay que añadir la insuficiencia (y los recortes) de nuestro sistema de protección social: baja cobertura por desempleo, ínfimas ayudas sociales,  incertidumbre por las futuras pensiones. Esto ha hecho que las personas de 16 a 29 años sean el grupo de edad con una mayor tasa de pobreza o exclusión social, el 37,9%,

Además de esta extrema precariedad laboral y de la escasa protección social, los jóvenes sufren los bajos salarios y la práctica imposibilidad de acceder a una vivienda. Con este panorama, es imposible vincular a los trabajadores jóvenes a las empresas; simplemente porque dificulta mucho su formación y su cualificación permanente y, desde luego, el desarrollo de un  proyecto familiar y con futuro. Por eso resulta provocador que la CEOE pretenda extender el contrato de formación y aprendizaje, no sólo a los jóvenes menores de 30 años, sino también a los mayores de 45 años despedidos en sectores en declive (estos contratos no tienen indemnización por despido), lo que en la práctica significa abaratar más el despido y consolidar aún más la precariedad de nuestro mercado de trabajo.

Como consecuencia, los jóvenes se ven obligados a convivir en una sociedad muy marcada por la desigualdad, la pobreza y la exclusión social; que, no lo olvidemos, tiene rostro de joven, mujer e inmigrante. La situación se agrava porque la desigual protesta y  movilización social de los jóvenes no tiene cauces eficaces de participación en organizaciones sociales ¿Qué hacer ante semejante situación?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el desempleo no es un hecho fatal e irreversible. Por eso, hay que redoblar la iniciativa  política para luchar por el pleno empleo, como el eje fundamental del pretendido “Pacto (Plan de Choque) Inter Generacional con Perspectiva de Género”. En coherencia con ello, es prioritario trabajar para cambiar nuestro modelo productivo, dimensionar las plantillas de las pequeñas empresas y apostar decididamente por la industrialización; así como por una legislación laboral consensuada (derogación de la reforma laboral y autonomía de las partes), por políticas activas de empleo, cualificación profesional, oficinas públicas de empleo eficaces (recolocación) y por buscar nuevos yacimientos de empleo.

En segundo lugar, se deben reactivar los instrumentos clásicos de la socialdemocracia: aumentar la inversión pública (política social, medioambiente, infraestructuras…), constituir una banca pública (ICO, Bankia…) con capacidad de intervenir en la economía y consolidar un parque estratégico de empresas públicas. Además de abordar a fondo la reforma de la política fiscal encaminada a que paguen todos y, sobre todo, a que paguen más los que más tienen. En todo caso, la suficiencia, la progresividad y una mayor equidad del impuesto deben estar garantizados. El propósito final debe ser incrementar los ingresos del Estado y alcanzar la media de la presión fiscal europea: España está 7 puntos por debajo de la media de la zona euro, lo que supone un déficit de recaudación de unos 70.000 millones de euros. Por estas razones, tiene especial interés la lucha contra el fraude y la elusión fiscal, recaudar más a través del impuesto de sociedades y recuperar el impuesto de patrimonio y de sucesiones, entre otras medidas. Cuando Rajoy pregunta: ¿De dónde va a salir el dinero? Hay que decirle claramente que una financiación suficiente debe ser la consecuencia final de una política fiscal que nos equipare a la UE. Esta debería ser también la preocupación del Gobernador del Banco de España, Luis María Linde, y no la de justificar el recorte a los pensionistas con argumentos absurdos e incalificables (escaso ahorro en fondos de pensiones, capitalizar la vivienda del pensionista, alargar la jubilación a los 70 años…).

En tercer lugar, hay que recuperar el ideal de lucha por una sociedad más justa y con valores: justicia, igualdad, honradez, solidaridad… Lo que nos exige a todos redoblar el trabajo con el propósito de que los jóvenes asuman los valores tradicionales de siempre, adaptados a una sociedad global, digital e intercomunicada. En clara contraposición con la ideología capitalista responsable de un consumo exacerbado, así como del control exclusivo y férreo de los medios de comunicación de masas, de la desregulación del sector financiero y de la penetración  y control de los sectores clave de la economía.

Por último, debemos impulsar la emancipación de los jóvenes por los propios jóvenes, con el propósito de que puedan organizar su fuerza potencial en los partidos políticos y en los sindicatos. No debemos olvidar que, en estos momentos, el problema de los jóvenes se confunde con el problema de nuestra sociedad y que el futuro del trabajo- seguramente digital y robotizado- dependerá exclusivamente de la capacidad y protagonismo de nuestros jóvenes. Esto sólo será posible si recuperamos las ideas socialdemócratas, superando todo tipo de nacionalismos e, incluso, de populismos extremos de izquierda y de derechas. Con estas ideas se pueden ganar unas elecciones comprometiendo y movilizando a la izquierda sociológica y a los jóvenes, sin recurrir a políticas de centro, siempre acomodaticias y nada ilusionantes. Sólo falta un partido fuerte que las defienda y las aplique con convicción y entusiasmo a todos los niveles de nuestro tejido social. Desde el convencimiento de que son las ideas más apropiadas para responder a la fuerte ofensiva neoliberal que se está produciendo en la actualidad. Y, además, las más eficaces para defender los intereses de los más desfavorecidos: jóvenes desempleados y en precario, mujeres e inmigrantes. A estos colectivos son, precisamente, a los que se debe dirigir una política de izquierdas claramente diferenciada de las rancias recetas (fracasadas) de la derecha conservadora.

Lo más grave de la presente situación es que no sólo estamos ante una crisis coyuntural. Existe una fuerte crisis estructural (y de ideas) relacionada con el empleo, la centralidad del trabajo, el desarme fiscal, el cambio climático, el drama que representan las migraciones y el desmantelamiento de la propia democracia. También una fuerte carencia de valores, cuya solución requiere un cambio radical en los modos de producir, de consumir, de vivir y de asumir los costes que implica nuestra vida personal, familiar y de relación con los demás seres humanos y con la naturaleza. Por eso, es urgente ofrecer alternativas progresistas y creíbles que generen ilusión y esperanza en los más jóvenes, lo que nos ayudará a romper el hábito de vivir exclusivamente para trabajar y obtener dinero, con el agravante de que ese dinero se emplea para consumir mucho y mal (teoría del decrecimiento), lo que representa la principal causa de nuestra desmedida huella ecológica.

En estos debates la socialdemocracia europea y los jóvenes están muy poco presentes. Por eso, la pregunta que todo el mundo se hace es: ¿Qué hacer para que los jóvenes participen activamente y con ilusión en aplicar las ideas socialdemócratas? No es fácil responder a esta pregunta, pero la palabra compromiso, en defensa del socialismo democrático, debe formar parte de la respuesta, lo que sin duda facilitará la necesaria convergencia estratégica entre las fuerzas progresistas y los jóvenes.

Por eso, los partidos y sindicatos no deben convertirse en superestructuras alejadas de la realidad social y, por su parte, los jóvenes deben reafirmar su compromiso político y sindical y exigir el funcionamiento plenamente democrático de las organizaciones políticas y sociales.

En todo caso, los jóvenes deben conocer y recordar nuestra historia reciente y la lucha de nuestros mayores y de los miles y miles de héroes anónimos, que han defendido desinteresadamente, desde hace más de cien años, las ideas progresistas; precisamente cuando en este año se celebra el 130º aniversario de la fundación de UGT. Una buena ocasión para preguntarnos de dónde venimos y a dónde queremos ir con el concurso y la participación activa de los jóvenes. Finalmente, en este viaje hacia el futuro, no debemos prescindir de una cierta utopía: nadie sin empleo, sin casa, sin abrigo, sin alimentos, y tampoco sin educación, sin asistencia sanitaria y, en coherencia con ello, sin una renta mínima de inserción, en una democracia más participativa, que haga posible una sociedad de hombres libres, iguales, honrados e inteligentes.

Antón Saracíbar

Defendamos la libertad y la democracia

La libertad y la democracia en nuestro país no han sido gratuitas. Nuestra sociedad sufrió la intolerancia y el crimen de Estado durante 40 años: exilio, persecuciones, cárcel, clandestinidad, represión, tortura y muerte. No lo deberíamos de olvidar; no para mantener rencor, sí para evitar que vuelva a ocurrir.

La democracia y la libertad se defienden practicándolas. Por tanto, al menor síntoma de retroceso o intento de cuestionar su praxis debemos ponernos en alerta y no minusvalorar los efectos de los ataques que puedan recibir.

La música, la literatura, el cine, la pintura, cualquier manifestación artística ha de ser respetada, si bien no tiene porqué gustar a todos ni ser compartida por todos. Respetar la pluralidad social que se manifiesta a través del arte es respetar la democracia. Nadie puede poner en duda que son las manifestaciones artísticas “heredadas” de las grandes civilizaciones de la historia las que nos han permitido evolucionar como humanidad civilizada; si es que bajo el sistema capitalista y su barbarie merecemos tal calificación.

El acto de censura a una obra de arte, el secuestro de un libro o la condena a tres años de cárcel para un rapero, se suman a otros síntomas de ataques a la libertad y a la democracia.

Los ataques a la libertad y la democracia no son ajenos a la “Ley Mordaza” ni a quienes la promovieron; el Partido Popular, un Partido que hace uso y abuso constantemente de las prerrogativas que les da el poder, en particular poniendo la fiscalía al servicio de su interpretación ideológica de la sociedad. Una visión más cercana a los 40 años de franquismo que a una sociedad moderna y democrática.

Tan grave como los ataques a la libertad de expresión artística son los ataques al derecho constitucional de huelga: recordemos que son más de 300 los trabajadores y trabajadoras que han sido encausados, muchos de ellos aún continúan con causas abiertas, por haber ejercido su derecho a la huelga. Hoy, día 23 de febrero sin ir más lejos, en Valladolid, se ha retenido y llevado a Comisaría a tres compañeras por pegar carteles para promocionar la huelga del día 8 de marzo; en favor de la igualdad entre hombres y mujeres.

No es ajeno a esta deriva el hecho triste de que haya personas presas en la España de hoy, por hechos políticos; la privación de libertad es para el que roba, para el que mata, para el que viola, pero nunca para el que piensa de manera distinta, aunque legalmente no tenga la razón. Es producto una vez más de la interpretación que el PP tiene de la ley y la justicia, poderes cuya separación nos pone muy difícil de vislumbrar.

Es una deriva peligrosa que no podemos dejar pasar, no podemos ser cómplices ni con el silencio.

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío.

Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.»

Poema «Cuando los nazis vinieron…»  Martín Niemöller

Roberto Tornamira

TS Madrid

Rosa Luxemburgo, mujer y socialista

En esta etapa final del invierno, en la que tras una última lucha terminará aflorando inevitablemente la primavera, se nos presenta una fecha de vital importancia en la historia del movimiento obrero, en la narración de la lucha de clases; y esa fecha no es otra que la del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un día en el que los socialistas conmemoramos que la lucha por la igualdad entre todos los hombres y mujeres sigue vigente. La firme batalla por la abolición de toda explotación del ser humano, ya sea este hombre o mujer.

Es en el preludio de este día conmemorativo donde queremos evocar la figura de una mujer que dedicó su vida por completo, en el sentido literal del término, a tan noble lucha: la compañera Rosa Luxemburgo (1871-1919). Todo un ejemplo de lo que supone ser socialista y mujer, y todo un exponente de la mejor tradición socialista, tanto a nivel práctico como teórico, aún hoy en pleno siglo XXI.

Como ella diría: “quién no se mueve, no siente las cadenas”. Un enunciado que prueba la actualidad del pensamiento y la lucha que guiaron a esta socialista hace ya más de un siglo. Y es que, la conmemoración del día 8 de marzo debe de servir para que la clase trabajadora, y en especial las mujeres, sacudan sus pies y sus manos, sean capaces de observar dichas ataduras y, finalmente, tengan conciencia de lo que suponen las mismas para su igualdad, su libertad y su emancipación de toda clase de opresión y explotación.

Por tanto, dos son los motivos por los que hemos creído conveniente escribir estas líneas.

En primer lugar por la importancia que ha tenido, y que sigue teniendo la movilización popular en la cronología de la lucha de clases, y que el día 8 de marzo se nos presentara en nuestras calles.

En segundo lugar, porque Rosa Luxemburgo observó y estudió con gran preocupación intelectual esta materia en algunas de sus obras, y por lo tanto, la lectura y examen de las mismas puede ser de vital importancia para despertar el interés de los socialistas de hoy.

En definitiva, porque nos puede servir para poder comprender mejor el mundo que nos rodea y sus problemáticas más profundas, una característica que debe imperar entre todo socialista que se considere como tal.

Puesto que, como Luxemburgo señalaría, citando unas palabras de Ignaz Auer: “Porque en esto (…) consiste la política socialdemócrata, en ver las cosas claramente como son, a diferencia de la política vulgar de otros, que se inclinan ciegamente ante cada victoria coyuntural” (2017: 48-49).

Dicho esto, podemos iniciar ya un breve pero sugestivo análisis sobre los hechos políticos relativos a la lucha de clases que han venido sucediendo en España desde hace una década, ayudándonos como no podía ser de otra forma de los escritos de la mencionada socialista.

Desde el inicio de la crisis económica mundial allá por el 2008, las movilizaciones y protestas populares no han dejado de llenar las calles de nuestras ciudades. Movilizaciones que han acontecido en algunos casos de formas ya conocidas, pero en otros muchos de maneras distintas, diversas e incluso totalmente novedosas y desconocidas hasta el momento. Las huelgas clásicas llevadas a cabo por el movimiento obrero a lo largo de la historia de su lucha parecen estar tomando otras formas.

Esta es una de las primeras cuestiones que nos pone sobre la mesa Rosa Luxemburgo, tras su análisis del periodo revolucionario ruso acaecido a principios del siglo XX y de la experiencia vivida en Alemania. Tras hacer su particular narración y análisis de los hechos terminó argumentando que “(…) las huelgas de masas (…) se presentan bajo formas tan variadas que es absolutamente imposible hablar de «la» huelga de masas, de una huelga esquemáticamente abstracta” (2015: 31). A lo que añadirá una lista amplia de tipologías en las que se desarrollarían dichas huelgas:

Huelgas económicas y políticas, huelgas de masas y huelgas parciales, huelgas de demostración o de combate, huelgas generales que afectan a sectores particulares o a ciudades enteras, luchas reivindicativas pacíficas o batallas callejeras, combates de barricadas: todas estas formas de lucha se entrecruzan o se rozan, se atraviesan y desbordan una sobre la otra; es un océano de fenómenos eternamente nuevos y fluctuantes” (2015: 57-58).

Nos encontramos por tanto, con que la movilización popular y las huelgas de masas se manifiestan de maneras totalmente diferentes: en función del contexto, las relaciones de fuerzas existentes en la sociedad, los motivos que llevan al estallido de dichos actos revolucionarios, o en base a los objetivos y necesidades perseguidas. Actos que nos dan fe de la vigencia de la lucha de clases y de los continuos intentos del pueblo por reformular las tácticas empleadas para ese fin: el fin de toda explotación y opresión de todos los hombres y mujeres.

Con un rápido vistazo podemos observar esta heterogeneidad en España, pero que confluyen en un punto común de lucha contra la desigualdad. El “15M”, las “mareas” de educación y sanidad, las protestas contra los desahucios, las protestas contra las “preferentes”, las movilizaciones de trabajadores ante el cierre de factorías, la huelga de los taxistas, la de los estibadores, etc. Y en estos momentos las movilizaciones por la defensa del sistema público de pensiones y de la Seguridad Social o las movilizaciones que se darán el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Todas ellas son momentos de la lucha de clases, que se presenta ante nosotros de formas totalmente distintas, pero con un objetivo común: acabar con los abusos y la depredación capitalista que acecha a todos los pueblos.

Pero, ¿Por qué razón estallarían dichas movilizaciones? Para Luxemburgo (2015) la explosión de estas protestas sería fortuita. Las causas de un periodo de movilización revolucionaria muchas veces ni se conocerían, o serian puramente económicas (de salarios). Y es aquí donde según ella debería de estar presente el partido.

Si traemos a la experiencia española de los últimos años las palabras de Luxemburgo, podemos argüir que “(…) el movimiento  [no] es iniciado a partir de un centro, según un plan preconcebido: se desencadena en diversos puntos, por diversos motivos y bajo formas diferentes para confluir luego” (2015: 36). Y es en esta tarea de confluencia donde tiene que afanarse el partido socialdemócrata, convirtiendo así protestas parceladas o meramente económicas en actos de protesta y acontecimientos políticos de primer orden (2015: 33-34). En sus propias palabras:

(…) la socialdemocracia está llamada a sumir la dirección política. La tarea de «dirección» más importante en el periodo de la huelga de masas consiste en dar la consigna de la lucha, en orientar, en regular la táctica de la lucha política de manera tal que en cada fase y en cada instante del combate, sea realizada y movilizada la totalidad del poder del proletariado ya comprometido y lanzado a la batalla, y que este poder se exprese por la posición del partido en la lucha (…). Una táctica socialista consecuente, resuelta, avanzada provoca en las masas un sentimiento de seguridad, de confianza, de combatividad; una táctica vacilante, débil, fundada en una sobreestimación de las fuerzas del proletariado, paraliza y desorienta a las masas” (2015: 68).

En resumen, ella ve en la espontaneidad popular y en causas aisladas (económicas fundamentalmente, es decir necesidades de vida materiales) el germen de las movilizaciones, y para que estas protestas confluyan en un postulado político de primer orden debe ser el partido socialdemócrata el que haga de estandarte para todas ellas. Puesto que por el contrario toda esa fuerza se disipará. La gente se ira al sofá de su casa, y luego nos lamentaremos de que la participación política desciende, o argüiremos como excusa que la gente simplemente no está interesada en participar activamente. Seguirá reinando la desigualdad y la barbarie creadas por el capitalismo.

En conclusión según nuestra socialista, la Socialdemocracia debe dar una consigna política y claridad respecto a los problemas políticos (2017: 143). Y el Parlamento puede ser un lugar donde dichas consignas políticas adquieran una gran resonancia (2017: 144). Sin embargo, parafraseando a Rosa Luxemburgo (2017: 112), para dicho fin, la Socialdemocracia no debe olvidar bajo ningún concepto, ni bajo ningún excusa, postergar su papel como partido político activo que representa la política de la clase trabajadora, no debe olvidar cuál es su razón de existir, cuál es su aliento vital: la lucha de clases. La lucha por el advenimiento de la sociedad socialista frente a la barbarie capitalista.

 Unai -TS Euskadi

 

Notas:  Las citas aquí recogidas forman parte de las siguientes obras:

 

LUXEMBURGO, ROSA (2015). Huelga de masas, partido y sindicatos. Madrid: Siglo XXI.

LUXEMBURGO, ROSA (2017). La crisis de la socialdemocracia. Madrid: Akal.

Los partidos socialdemócratas en la encrucijada

En los últimos años se han escrito miles de páginas sobre la  crisis de la socialdemocracia.

En Grecia, estando el PASOK en el gobierno griego empezó a aplicar y a defender las políticas de austeridad dictadas desde las instancias financieras internacionales, que nada tenían que ver con las necesidades de la mayoría social griega. En muy poco tiempo pasó de tener el 41%  al 6% de los votos.

En Francia, el Partido Socialista Francés, con Francois Hollande en el gobierno, después de levantar muchas esperanzas entre el electorado, respondió mejor a las exigencias de las entidades financieras que a las necesidades de la sociedad francesa: decretó la reforma laboral (ley El Khomri) con la oposición de los sindicatos mayoritarios y la mayoría social, provocando movilizaciones de protesta por toda Francia, y en las elecciones francesas pasó de estar en el gobierno a ocupar un lugar residual en la Cámara Legislativa francesa, con un 6% de votos.

En  El Reino Unido, el Partido Laborista, que mantiene históricamente una estrecha relación con el sindicato británico, con el gobierno de Tony Blair, dio continuidad a las políticas de Margaret Thatcher. Sus políticas neoliberales, su compromiso con el capital financiero y con los gobiernos más de derechas, se reflejó a modo de triste colofón de su mandato, en la “foto de las Azores” de quienes apoyaron la guerra de Irak, es decir junto a Bush y Aznar.

Tony Blair pasó en ocho años del 33%  al 22% de representación parlamentaria y la posterior pérdida del gobierno. Puso en peligro al propio partido, perdiendo la mitad de su militancia hasta que las bases, principalmente juventud y sindicalistas, se rebelaron contra el sector más conservador, recuperaron mas de cien mil afiliados y apoyaron a Jeremy Corbyn con el 60% de los votos, cuando éste defendía recuperar derechos perdidos, garantizar los convenios de la OIT, eliminar los contratos “cero euros” instituidos por Blair, eliminar progresivamente las tasas de inscripción en la universidad (que ascienden hoy a más de 10.000 y fueron instaurados por Blair). Es decir, Corbyn marca una línea de actuación enfrentada a la llevada a cabo por la dirección anterior, lo cual abrió nuevas posibilidades de recuperación para el Laborismo, hasta que, en cierta forma, la ambigüedad ante el Brexit vio truncadas esas posibilidades.

En Alemania, lo sucedido en el SPD es de vital importancia, por la dimensión política de Alemania  y por la influencia de este partido.

Después de meses de debate en el interior del PSD, acerca de la participación en un gobierno de Gran Coalición con Angela Merkel que ha trascendido a toda la sociedad alemana. De los 463.723 militantes que tiene en la actualidad el SPD, 239.948 han dado su voto afirmativo a la Gran Coalición, es decir el 51,74%. El 48,25% o han votado en contra o se han abstenido,  123.609 han votado no, es decir, un 10% más de militantes que en el año 2013 se ha opuesto al pacto con la derecha alemana y 100.161 se han abstenido.

En paralelo la cadena pública ARD apunta que el 52% de los alemanes se aponen a la Gran Coalición. La misma encuesta destaca que el declive del SPD se traduce en una paupèrrima intención de voto del 15,5 % .

La dirección del SPD que salía del congreso en enero con un voto formalmente mayoritario para el Sí a la gran coalición, sabía que había salido derrotada, en tanto que el No representaba un movimiento alto de las bases del partido y de la mayoría social alemana. El sí en el referéndum no saca al SPD de su crisis ni abre buenas perspectivas para el partido socialdemócrata alemán. El sí  significa un debilitamiento no solo para el SPD, sinó también para la Gran Coalición.

Los partidarios del No, sobretodo jóvenes y los sectores obreros del SPD temen que la Gran Coalición no aporte nada a la mejora de los asalariados, sino al contrario: se teme que la política del Gobierno continúe como hasta el momento, con la política de austeridad y del déficit cero, arruinando hospitales, escuelas y que aumente el déficit en los servicios públicos. Fue esta política la que provocó la derrota en las últimes elecciones y el pacto nacional, reclamado por los principales sectores financieros, hunde aún más al viejo partido socialista alemán.

En Italia, Matteo Renzi se ha visto obligado a dimitir del gobierno tras obtener un 19% de los votos. Al Partido Demócrata se le augura un futuro incierto.

En España, las bases socialistas iniciaron una autentica rebelión en apoyo a Pedro Sánchez con el “NO es NO”, que concentraba el rechazo que la mayoría social de nuestro país manifiesta hacia el gobierno de Rajoy e infundió la esperanza de recuperar el PSOE para defender todas las reivindicaciones pendientes para los trabajadores, jóvenes, autónomos y pensionistas.

Las encuestas publicadas recién acabadas las primarias reflejaban un aumento en la intención de voto y una tendencia a recuperar la confianza que durante años se había perdido. Hoy, cuando cientos de miles de ciudadanos se manifiestan en todas partes en defensa de las pensiones, en defensa de la democracia, de la libertad de expresión o contra la brecha salarial y en defensa de los derechos reales de la mujer trabajadora,  el rechazo al gobierno de Rajoy se hace todavía más evidente. Dejar en manos del gobierno de turno las pensiones, con el supuesto impuesto finalista, no supone solución alguna, ya que se entra en el juego de la reforma del actual sistema y lo debilita. El apoyo incondicional a la política que Rajoy aplica en Cataluña hace que nuestro partido no aparezca como una alternativa creíble ni en Cataluña ni en ninguna parte.

En todos los partidos socialistas mencionados ha habido y hay amplios sectores de militantes que quieren recuperar a sus partidos para defender los derechos y las libertades que nos quieren arrebatar. No quieren que sus partidos sean un instrumento más en manos de quienes imponen la reforma del Sistema Público de la Seguridad Social para acabar con las pensiones.

A la mayoría social le es difícil de entender como un gobierno minoritario sigue agrediendo con su política a la mayoría y no tiene una oposición firme y contundente que lo impida.

Comité de Redacción