El belicismo estadounidense y el llamamiento al rearme de las autoridades europeas, obedientes al mandato trumpista, amenaza con destruir las conquistas sociales nacidas de la victoria de la clase trabajadora en los frentes de batalla y en la Resistencia contra el nazi-fascismo.
Europa, desde el punto de vista geográfico, no es más que una pequeña península del gran continente euroasiático. Esta evidencia influyó decisivamente en la orientación de la defensa francesa en la segunda mitad del siglo pasado, que desarrolló una capacidad de disuasión nuclear independiente de los USA. Por ello la República francesa es hoy el único Estado miembro de la UE capaz de dar credibilidad a las medidas disuasorias, pues frente a Estados con poder nuclear el armamento convencional deja de ser disuasivo.
La creciente e impredecible agresividad de los USA, junto al colapso del régimen internacional de control nuclear, empujará a dotarse del arma nuclear a otros Estados que se sientan amenazados. El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (1968) se debilita, proyectando un futuro sombrío sobre la humanidad.
Las guerras imperialistas
La crisis ucraniana constituye un punto de inflexión en la seguridad europea. El golpe de estado de 2014 en Ucrania, auspiciado por los USA, desembocó en una guerra civil en la región del Donbás. Ocho años más tarde, el presidente Vladimir Putin ordenó la denominada “operación militar especial”, en auxilio de la población rusófona con la esperanza de frenar la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas. Lejos de estabilizar la región, la invasión constituyó una grave vulneración del “derecho internacional” y sirvió como pretexto a los USA para iniciar una guerra proxy contra la Federación de Rusia.
El envío de armas a Ucrania alimenta la guerra de Occidente contra Rusia, que no aceptará una derrota humillante ni ver sus fronteras cercadas por una OTAN amenazante.
El rearme estanca la guerra y provoca numerosas víctimas inocentes en una sanguinaria carnicería, abriendo heridas que serán difíciles de cerrar.
La paz y la seguridad global están amenazadas por los USA, que viola sistemáticamente el derecho internacional. Su creciente agresividad lo prueba: Irak, Libia, Canadá, Dinamarca (UE), Venezuela, Gaza, Cuba, Irán, etc. Asesinatos masivos, con la complicidad del ente sionista, incluidas escuelas infantiles, sin previa provocación, con la finalidad de doblegar la voluntad de resistencia de los pueblos, extendiendo su siniestro manto de terror sobre el planeta.
El móvil de tales crímenes no es otro que su voluntad de apoderarse por la fuerza del control de las fuentes de energía fósiles y de las tierras raras. Su rivalidad con la República Popular China -intentando imponer a cualquier precio su supremacía geoestratégica, tecnológica y de control de los mercados- incrementa el riesgo de una conflagración nuclear.
Similitudes inquietantes
La Historia nos advierte que los horrores del pasado pueden repetirse. El golpe militar contra el gobierno legítimo de la Segunda República española en 1936 -y la posterior guerra civil, con la implicación directa de la Alemania nazi y de la Italia fascista- anticiparon el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que desembocó en el holocausto atómico de Hiroshima y Nagasaki.
La tragedia de dos guerras mundiales, constituye una advertencia severa sobre los riesgos que amenazan, por tercera vez consecutiva en poco más de cien años, al continente europeo.
El anuncio del canciller alemán “queremos hacer de nuestro ejército el ejército convencional más grande de la Unión Europea” tampoco es muy alentador, pues llueve sobre mojado.
¿Quo vadis, Europa? La urgencia de un nuevo rumbo
Pese a su gigantesca capacidad económica, la Unión Europea seguirá siendo un actor vasallo en tanto no asuma plenamente su condición geográfica. La seguridad europea, incluida la de Rusia, es indivisible. La seguridad de uno es la seguridad de todos. Difícilmente podrá construirse una paz duradera en Europa bajo la dependencia estructural del Pentágono.
La Europa que nació sobre las ruinas de la II Guerra Mundial, con la promesa de derribar muros, parece hoy obstinada en construirlos. Al abandonar los principios de solidaridad y derechos humanos en favor de un frenético rearme, la UE corre tras el espejismo de una falsa seguridad armamentista, perdiendo la autoridad moral que una vez la convirtió en un referente global.
Los países miembros de la UE actúan hoy bajo el temor al futuro. Tienden a refugiarse en un nacionalismo que fragmenta la respuesta común ante desafíos globales como la inteligencia artificial, el cambio climático o las crisis migratorias.
La situación actual ya no admite más evasivas diplomáticas ni silencios de conveniencia. Si el proyecto europeo desea sobrevivir a las tormentas del siglo XXI, debe dejar de huir de sus propios fantasmas y regresar a la senda de sus valores fundacionales, degradados por la infamia neoliberal enemiga de los pueblos.
Porque el camino hacia el futuro no consiste en seguir avanzando a ciegas, impulsados por un irresponsable ardor guerrero, sino en tener la valentía de corregir el rumbo antes de que el horizonte termine por desvanecerse entre la niebla de la guerra.
Las bases USA en España
El uso de las bases de Rota y Morón, bajo soberanía española, dependen de un convenio bilateral firmado en plena dictadura franquista con los USA, posteriormente actualizado. Por ello el Gobierno de España, en el pleno ejercicio de la soberanía española, ha decidido que no se utilicen para participar en guerras ilegales.
Tras las delirantes e intolerables amenazas proferidas por el presidente Donald Trump contra España, y la contundente y clara respuesta de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de coalición progresista, es imperativa la denuncia del convenio, que vence en mayo, y la salida inmediata de todos los militares estadounidenses de las bases de Rota y Morón, antes de que sea demasiado tarde.
Para ello, es necesario contar con el apoyo y movilización de todos los demócratas, de todos los progresistas de buena voluntad.
Manuel Ruiz Robles
Capitán de Navío de la Armada (retirado),
miembro del colectivo de militares demócratas contra la guerra.
La violencia es consustancial al capitalismo y sus contradicciones generan guerras imperialistas (RAE: Tendencia de un Estado a extender su dominio sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política.), para aumentar su poder y su riqueza, perpetuarse y evitar su hundimiento que actualmente se ve acelerado, pero jamás ponen muertos, los muertos los ponen siempre, los trabajadores.
Hay una verdad incómoda que atraviesa la historia contemporánea como una herida abierta: las guerras no las deciden los pueblos, sino los poderosos, pero quienes pagan el precio son siempre los mismos: trabajadores, familias humildes, jóvenes sin futuro, otras razas por el mero hecho de serlo, civiles atrapados entre fronteras que no eligieron. Ese es el sentido profundo del grito que desgarra y que vuelve una y otra vez en las calles del mundo. Hay un patrón que atraviesa siglos, fronteras y sistemas políticos: las guerras las deciden los poderosos; Los capitalistas, los gobiernos, los bloques militares, las farmaindustrias, las industrias armamentísticas, de alta tecnología, las multinacionales de la energía…quienes caen bajo las bombas, huyen con sus hijos en brazos, entierran a sus muertos en silencio, son siempre los mismos: obreros, campesinos, trabajadores.
Desde las guerras mundiales hasta los conflictos actuales, la lógica se repite Las élites económicas y políticas compiten por territorios y recursos. Los complejos industriales —especialmente el militar y la especulación bursátil— se enriquecen con cada bomba lanzada. Los agresores justifican sus decisiones en nombre de la seguridad, la patria o la libertad. Hacen las guerras para imponer su “libertad” a los países victimarios.
Antes de las guerras actuales y tras dos guerras mundiales, hubo otras guerras con las mismas falsas motivaciones: Vietnam, Corea, Guerra del Golfo 1ª 1990 a 1991 2ª 2003 a 2011), Afganistán, Irak, entre otras.
Y hoy, en pleno siglo XXI, el patrón se ha vuelto más evidente y más cruel, como se ha visto en el genocidio de Israel en Gaza.
Palestina y Oriente Medio: una crisis humanitaria que no deja de crecer.
En los últimos años, organizaciones como Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han denunciado repetidamente que las operaciones militares en Gaza y Cisjordania han provocado un número devastador de víctimas civiles, desplazamientos masivos y destrucción de infraestructuras esenciales. Las acusaciones internacionales sobre violaciones de derechos humanos han sido constantes, y muchos analistas señalan que las decisiones de líderes políticos han contribuido directamente a la escalada del conflicto y al sufrimiento de la población palestina.
Mientras tanto, los niños palestinos siguen muriendo bajo los bombardeos, las familias pierden sus hogares y la comunidad internacional se limita a declaraciones tibias que no detienen la tragedia, cuando no amparan y protegen a los genocidas; recientemente el genocida Netanyahu, con una orden internacional de detención, ha estado en Alemania de forma oficial y nada le ha ocurrido, para vergüenza de los alemanes que siguen arrastrando su mala conciencia histórica.
Estados Unidos y su papel en la región.
Estados Unidos, con menos de doscientos cincuenta años de historia, es el país más genocida que nunca ha existido, y hoy, junto con Israel. Son los dos países más peligrosos para la seguridad del mundo y provocadores de la crisis humanitaria que padecemos.
Distintos gobiernos estadounidenses, incluyendo el de Donald Trump, según numerosos análisis y reportes periodísticos, han tomado decisiones que han intensificado tensiones en Oriente Medio. Entre ellas, destacan:
El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, criticado por la ONU y por gran parte de la comunidad internacional.
El aumento del apoyo militar a Israel, indispensables para el exterminio gazatí.
La retirada del acuerdo nuclear con Irán, que reavivó un clima de confrontación y justificó las sanciones que afectaron directamente a la población iraní.
Estas decisiones, según múltiples expertos, contribuyeron a un escenario más inestable y más propenso al conflicto. Y, como siempre, los que sufren no son los que firman los decretos, sino los que viven bajo ellos.
Irán: entre sanciones, amenazas y miedo.
Irán vive desde hace décadas bajo un régimen teocrático brutal y una presión internacional que golpea sobre todo a la población civil, especialmente a las mujeres, que han estado y siguen estando en la vanguardia de la lucha y la resistencia contra el régimen de los curas barbudos. Pero que su régimen sea un sistema misógino y vulnerador de derechos, no puede justificar nunca ataques contra la soberanía iraní, y lo de atacar para dar al País la libertad, es una patraña, porque el verdadero fin es apropiarse del petróleo iraní, como han hecho con Venezuela. Las sanciones económicas, decididas por gobiernos y organismos internacionales. no afectan a los dirigentes, sino a la gente común: familias que no pueden acceder a medicinas, jóvenes sin oportunidades, trabajadores empobrecidos, atraso cultural y muchas situaciones de abusos y pobreza.
A esto se suman ataques, represalias y tensiones militares que mantienen a la región en un estado permanente de incertidumbre. Una vez más, las decisiones de unos pocos se traducen en sufrimiento para millones de trabajadores y gente del común.
Ucrania: otra guerra que no eligieron los pueblos.
La invasión de Ucrania abrió una herida más en el mapa del mundo, por causas geopolíticas, estratégicas, económicas… pero las consecuencias, como siempre, son humanas: miles de civiles muertos, millones de desplazados, ciudades arrasadas, jóvenes fusilados o encarcelados por oponerse a la leva obligatoria, mientras los gobiernos discuten, negocian o se acusan mutuamente, los jóvenes ucranianos y rusos mueren a millares en los frentes, y las familias quedan destrozadas a ambos lados de la frontera.
El capitalismo de guerra: un negocio que nunca pierde.
Hay un elemento que atraviesa todos estos conflictos: la guerra es un negocio para quienes la deciden, pero no la sufren.
Las industrias armamentísticas baten récords de beneficios, los gobiernos aumentan presupuestos militares mientras recortan en servicios públicos, las potencias compiten por gas, petróleo, rutas comerciales o influencia regional. Y los grandes medios de comunicación, alineados con el sistema capitalista, moldean la opinión pública para justificar lo injustificable, a base de fakenews, mentiras y bulos de todo tipo.
Una crisis humanitaria global.
Lo que vemos hoy no son conflictos aislados, sino una crisis humanitaria global alimentada por decisiones políticas, intereses económicos y rivalidades internacionales. Desde Gaza hasta Ucrania, desde Yemen hasta Irán, y en todas las guerras africanas, millones de personas viven bajo bombas, sanciones, ocupaciones o invasiones, siendo empujadas a la emigración. Y lo más doloroso es que la mayoría de estas personas no tienen ninguna responsabilidad en las decisiones que las condenan. Porque mientras los poderosos juegan a la geopolítica, la historia se repite y da vueltas como en un carrusel de muerte.
Hasta que no se rompa ese patrón, mientras que los pueblos no puedan decidir sobre su propio destino y la vida valga menos que los intereses económicos, este grito seguirá siendo necesario, real y vigente: NO A LA GUERRA.
Miguel Sagüés Navarro
Fue abogado laboralista de CCOO
Miembro de la Junta Directiva de ASTRADE
Datos anexos
Todas las fuentes se han obtenido de Wikipedia y de IA Copilot)
ASESINADOS EN PALESTINA
1.- Palestina / Gaza desde octubre de 2023.
No existe una cifra única y definitiva, pero sí órdenes de magnitud bastante claros, muertos totales y perfiles básicos.
Muertos totales en Gaza: Distintas fuentes (Ministerio de Salud de Gaza, ONU, proyectos independientes) sitúan las muertes directas oficialmente registradas en torno a 70.000–75.000 personas desde el 7 de octubre de 2023, sin contar miles de desaparecidos bajo escombros, sobre lo que se calcula que pueden triplicar la cifra de muertos que se baraja.
Niños y niñas: En torno a 20.000 menores muertos (aprox. un tercio del total).
Mujeres: En torno a 12.000–13.000 mujeres muertas.
Son proporciones brutales: mujeres y menores suman, como mínimo, cerca de la mitad de las víctimas, pero la razón de la propia realidad se impone, asesinando mujeres, evitan nacimientos de nuevos futuros combatientes “terroristas”, asesinando niñas, evitan futuras paridoras de combatientes, asesinando niños, no llegarán a combatientes.
Personal sanitario y periodistas
Personal médico y sanitario: Registros combinados de ONU y proyectos de datos hablan de alrededor de 1.700 profesionales sanitarios asesinados.
Defensa civil / rescatistas: Al menos 140 miembros de defensa civil muertos.
Periodistas y trabajadores de prensa:
En Gaza, las cifras de autoridades palestinas y organizaciones de prensa hablan de más de 200 periodistas y trabajadores de medios muertos.
El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) documenta al menos 210 periodistas palestinos en Gaza y, en total regional (Gaza, Yemen, Líbano, Irán, Israel), más de 250 periodistas y trabajadores de medios muertos desde el inicio de la guerra.
Todo esto son cifras de muertos directos; estudios recientes estiman que, sumando muertes indirectas (hambre, colapso sanitario, agua, etc.), el coste real de vidas podría ser aún mucho mayor.
2.- Ucrania: muertos ucranianos y rusos, civiles y militares.
Aquí la opacidad es enorme: Rusia oculta datos, Ucrania da cifras parciales, y las estimaciones independientes varían mucho.
Civiles
Ucrania: La ONU y análisis como el del Council on Foreign Relations hablan de alrededor de 56.000 víctimas civiles (muertos + heridos) desde 2022; los muertos civiles confirmados son varios miles, pero se considera que están infra contabilizados.
No hay un desglose fiable por sexo y edad comparable al de Gaza, aunque se sabe que hay muchos ancianos y también niños entre las víctimas.
Militares (ucranianos y rusos)
Las estimaciones totales (muertos + heridos) para ambos bandos, desde 2022, se mueven en el rango de cientos de miles:
Estimaciones globales de bajas (muertos + heridos): Algunas fuentes hablan de entre 400.000 y 1,5 millones de bajas militares combinadas (Rusia + Ucrania) desde 2022, dependiendo de la metodología.
3.- DESERTORES (Fuente: Diario Socialista)
Ucrania
Atraviesa una profunda crisis de deserciones en su ejército, con cifras récord que revelan el agotamiento de las tropas tras casi cuatro años de guerra a gran escala contra Rusia. Según datos de la Fiscalía ucraniana, desde febrero de 2022 se han registrado cerca de 235.000 casos de ausencia sin permiso (AWOL) y casi 54.000 deserciones propiamente dichas. Estas cifras han explotado en el último año: entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, se contabilizaron 176.000 AWOL y 25.000 deserciones.
El fenómeno se acelera en un contexto de pérdidas territoriales constantes. En noviembre de 2025, las fuerzas rusas capturaron unos 500 kilómetros cuadrados, principalmente en el este del país, mientras las negociaciones de paz mediadas por Washington vuelven a estancarse. Comandantes como Valentyn Manko admiten que «solo» se movilizan 30.000 hombres al mes, cuando se necesitarían 70.000 para rellenar todas las unidades.
La legislación marcial se aplica con dureza: 24 horas de ausencia se considera deserción y puede conllevar de 5 a 12 años de prisión, y el AWOL hasta 10 años. Sin embargo, muchos prefieren el riesgo de cárcel al frente. Testimonios de desertores describen formaciones que los convierten en «carne de cañón» con pocas probabilidades de supervivencia.
Desde noviembre de 2024, el Gobierno de Volodymyr Zelenskyy decretó una amnistía para desertores primerizos, permitiendo su regreso «sin castigo». Al menos 30.000 jóvenes han vuelto. Esta medida busca mitigar la hemorragia, pero expertos como el teniente general Ihor Romanenko advierten que los números son «demasiado altos», superando incluso los de Rusia en algunos indicadores.
Rusia
Tras el anuncio de Putin de movilización parcial el 21 de septiembre de 2022, comenzó una tercera ola de emigración rusa, con estimaciones de cientos de miles de ciudadanos varones huyendo. En la primera semana después del anuncio, 98.000 rusos huyeron a Kazajistán. Solo el 24 de septiembre, más de 8.500 rusos entraron en Finlandia por tierra, un aumento del 62% con respecto al sábado anterior. Al día siguiente, se informó que «En la frontera con Georgia, las colas de coches rusos se extienden más de 30 kilómetros (19 millas)», mientras que en los puestos de control que limitan con las regiones de Kostanay y Kazajistán Occidental, «las imágenes de coches haciendo cola para salir de Rusia muestran filas que se extienden hasta donde alcanza la vista».
Solo en esta tercera oleada, casi 300.000 ciudadanos rusos habían abandonado Rusia antes del 27 de septiembre y esa cifra se acercaba a los 400.000 para el 4 de octubre.
Una estimación indica que 700.000 rusos han huido de la movilización desde que se anunció. Muchos se dirigieron a Kazajistán, Serbia, Turquía, los Emiratos Árabes Unidos, Georgia y Finlandia.
El 28 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin anunció que la movilización había concluido, aunque legalmente aún continúa. Después de eso, algunas personas siguieron emigrando por razones políticas y económicas, mientras que otras decidieron regresar a casa.
Putin firmó un decreto que introduce penas de prisión de hasta 15 años por actos cometidos en tiempos de guerra, incluyendo la rendición voluntaria y la deserción durante la movilización o la guerra.
El actor Artur Smolyaninov huyó de Rusia en octubre de 2022. Fue acusado de «desacreditar» al ejército bajo las leyes de «noticias falsas”, por hacer declaraciones antibélicas después de haber abandonado Rusia.
Destinos
Entre los destinos elegidos por los ciudadanos rusos se encuentra Turquía , con más de 100.000 rusos que buscan residencia, muchos de ellos utilizando Turkish Airlines para volar a Antalya. Georgia y Armenia también recibieron un gran número.
A principios de abril, se estimaba que 100.000 rusos habían huido a Georgia y 50.000 fueron a Armenia. En 2022, 104.000 ciudadanos rusos registraron su estancia en Serbia.
En Latinoamérica, Argentina recibió hasta enero de 2023 a más de 5.000 mujeres rusas embarazadas, quienes eligieron tener a sus hijos allí debido a la facilidad para obtener visa, la obtención automática de la nacionalidad para el recién nacido y la atención médica gratuita. En 2023, 37.700 rusos ingresaron a Argentina y 13.000 durante los primeros tres meses de 2024; de los cuales 3750 obtuvieron la residencia.
4. Ataques de Estados Unidos e Israel en Irán y víctimas civiles.
Ataques puntuales antes de la guerra abierta
Ataque israelí a instalaciones en Isfahán (abril 2024): Las versiones oficiales iraníes dicen que sin víctimas; se habrían destruido o dañado radares y sistemas antiaéreos, pero sin muertos reportados.
En otros ataques anteriores (por ejemplo, contra mandos de la Guardia Revolucionaria en Siria o Irak) sí ha habido muertos, pero suelen ser militares o mandos iraníes, y casi nunca se publica un desglose claro de mujeres y niños.
Guerra abierta EE. UU. / Israel – Irán (2026)
En la escalada más reciente:
Muertos en Irán por ataques de EE.UU. e Israel: Autoridades iraníes hablan de más de 1.300 civiles muertos por los bombardeos; medios como CBS recogen esa cifra, pero no pueden verificarla de forma independiente.
Niños y mujeres: No hay un desglose fiable y sistemático por edad y sexo publicado y verificado internacionalmente.
Periodistas iraníes: CPJ documenta al menos 3 periodistas iraníes muertos en el contexto de esta guerra, uno de ellos en ataques de EE. UU. e Israel.
Al menos 1.001 personas han perdido la vida en los ataques israelíes en Líbano y 2.584 han resultado heridas desde el inicio de la operación militar, según los datos de Ministerio de Salud del país recogidos por diferentes medios.
Según el comunicado, el número de fallecidos incluye a 79 mujeres, 118 niños y 40 trabajadores sanitarios.
GUERRAS Y GOLPES DE ESTADO DE EEUU
Desde 1850, Estados Unidos ha participado en cientos de conflictos. Aunque solo ha declarado la guerra formalmente en 5 ocasiones en toda su historia (3 de ellas desde 1850). El Servicio de Investigación del Congreso de EE.UU. ha documentado más de 469 intervenciones militares entre 1798 y 2022, de las cuales más de la mitad ocurrieron después de 1991.
Guerras y Conflictos Principales
Desde 1850, estas son las guerras más destacadas por su escala y duración:
Guerra de Secesión (1861–1865): Conflicto interno entre la Unión y la Confederación.
Guerra Hispano-estadounidense (1898): Resultó en la adquisición de Puerto Rico, Guam y Filipinas.
Primera Guerra Mundial (1917–1918): Intervención contra las Potencias Centrales.
Segunda Guerra Mundial (1941–1945): Contra el Eje (Japón, Alemania, Italia).
Guerra de Corea (1950–1953): Apoyo a Corea del Sur contra el Norte.
Guerra de Vietnam (1964–1975): Intervención prolongada que terminó en retirada.
Guerra del Golfo (1990–1991): Para liberar a Kuwait tras la invasión iraquí.
Guerra en Afganistán (2001–2021): La más larga de su historia, iniciada tras el 11-S.
Guerra de Irak (2003–2011): Invasión para derrocar a Sadam Husein.
Intervenciones y Cambios de Régimen
Además de las guerras formales, EE. UU. ha realizado operaciones militares directas en numerosos países:
América Latina: Invasiones u ocupaciones en Panamá (1989), Granada (1983), República Dominicana (1916-24, 1965), Haití (1915-34, 1994, 2004), Nicaragua (1912-33) y Cuba (1898-1902, 1961).
Asia y Medio Oriente: Operaciones en Libia (1986, 2011), Somalia (1993, 2007-presente), Siria (2014-presente) y Yemen (2002-presente).
Golpes de Estado y Apoyo a Cambios de Gobierno
EE. UU. ha estado vinculado (directa o indirectamente a través de la CIA) con el derrocamiento de diversos gobiernos, especialmente durante la Guerra Fría:
Año
País
Contexto/Resultado
1893
Hawái
Derrocamiento de la Reina Liliʻuokalani por intereses azucareros.
1953
Irán
Operación Ajax: Derrocamiento de Mossadegh para restaurar al Sah.
1954
Guatemala
Operación PBSUCCESS: Derrocamiento de Jacobo Árbenz.
1964
Brasil
Apoyo al golpe militar contra João Goulart.
1965
Indonesia
Apoyo al ejército en la masacre y golpe contra Sukarno.
1971
Bolivia
Apoyo al golpe de Hugo Banzer contra Juan José Torres.
1973
Chile
Apoyo al golpe de Pinochet contra Salvador Allende (no mencionado explícitamente en el fragmento, pero parte del registro histórico estándar de intervenciones)
Una vez más, el mundo contempla imágenes que creíamos desterradas del siglo XXI: ciudades bombardeadas, hospitales alcanzados por misiles, escuelas destruidas y poblaciones civiles atrapadas entre drones y artillería. Tras la devastación de Gaza, los bombardeos contra Irán y Líbano confirman que Oriente Medio vuelve a convertirse en el epicentro de una escalada militar con consecuencias imprevisibles.
La explicación oficial que ofrecen los gobiernos implicados suele ser siempre la misma: seguridad, estabilidad, defensa preventiva. Sin embargo, basta observar con atención el contexto geopolítico para comprender que estos acontecimientos forman parte de algo más profundo: una lucha por el control del orden mundial en un momento de gran inestabilidad internacional.
En este escenario, las palabras del presidente estadounidense Donald Trump resultan especialmente reveladoras. En un mensaje público reciente afirmó: “Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo ganamos mucho dinero.” Y añadió que su prioridad es impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear.
Detrás de esa cínica declaración se esconde una verdad incómoda: el petróleo continúa siendo uno de los ejes centrales de la política internacional. Oriente Medio es una de las zonas del planeta donde se concentran algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Controlar su estabilidad —o su inestabilidad— significa influir en el mercado energético global, y ese es el objetivo para la estrategia MAGA de Trump (Make America Great Again).
Los llamados Acuerdos de Abraham, impulsados durante la presidencia de Trump, respondían precisamente a ese objetivo: integrar a diversos países árabes en un nuevo equilibrio regional basado en el reconocimiento del Estado israelí y en la contención de Irán. Sin embargo, esa reorganización regional choca con un obstáculo que sigue sin resolverse: la cuestión palestina, convertida en genocidio del pueblo palestino. Mientras ese conflicto permanezca abierto, cualquier intento de construir una “normalización” estable en Oriente Medio seguirá siendo frágil.
Pero el tablero no termina en la región. Lo que está en juego es también la rivalidad creciente entre las grandes potencias. China es uno de los principales compradores de petróleo iraní y venezolano, lo que introduce una dimensión económica directa en los conflictos actuales. La presión militar, las sanciones y las crisis regionales se entrelazan con una competencia global por recursos energéticos, mercados y rutas comerciales. Un día Trump sube aranceles. Al siguiente, Trump rebaja las sanciones al petróleo ruso. Las bolsas y la economía mundial se tambalean a ritmo de declaración trumpista.
A esta situación se añade un riesgo que ya está teniendo consecuencias inmediatas para la economía mundial: el cierre o bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. Por ese paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Cualquier interrupción del tráfico en esa zona tiene efectos inmediatos sobre el comercio internacional, que además los especuladores del mundo entero aprovechan para aumentar su margen de beneficio.
Las consecuencias ya se notan en la vida cotidiana de millones de personas. El encarecimiento del petróleo provoca un aumento generalizado de los costes de transporte, producción y energía. Esto se traduce inevitablemente en una subida del precio de bienes y servicios que golpea con especial dureza a la clase trabajadora, tanto en Estados Unidos como en Europa y en el resto del mundo.
Europa, por su parte, se encuentra atrapada en esta dinámica. La guerra en Ucrania ha obligado a los países europeos a aumentar rápidamente su gasto militar y a reforzar su dependencia estratégica de la OTAN. El resultado es una aceleración general de la militarización internacional.
Oriente Medio no es el único foco de tensión. En distintos continentes se multiplican conflictos armados y crisis regionales: desde la guerra entre Rusia y Ucrania hasta los conflictos en Sudán, Yemen o la República Democrática del Congo. No estamos ante una guerra mundial en el sentido clásico del siglo XX, pero sí ante un escenario de confrontación permanente y fragmentado.
La consecuencia es un sistema internacional cada vez más inestable. Las intervenciones militares de las últimas décadas en Irak, Afganistán o Libia no han producido estabilidad, sino Estados debilitados, territorios fragmentados y sociedades profundamente heridas, pero eso al capitalismo le da igual. La destrucción de muchos hace ganar dinero a unos pocos.
Quienes aseguran que las nuevas operaciones militares pretenden reforzar el orden mundial olvidan una evidencia cada vez más visible: el uso sistemático de la fuerza no está produciendo estabilidad, sino exactamente lo contrario. En lugar de un orden internacional sólido, el mundo parece avanzar hacia una era de tensiones permanentes, conflictos regionales y una carrera armamentística cada vez más intensa.
En ese contexto, el mensaje que subyace tras muchas decisiones políticas resulta inquietante: cuando la economía global entra en crisis y la competencia entre potencias se intensifica, la guerra deja de ser una excepción y vuelve a convertirse en una herramienta habitual de la política internacional.
Por eso, frente a la lógica del rearme y de la confrontación permanente, resulta más necesario que nunca abrir un camino diferente. Frenar la escalada militar, detener las guerras en curso y reconstruir mecanismos internacionales de cooperación y diálogo no es solo una aspiración moral: es una condición imprescindible para garantizar la estabilidad económica, la seguridad colectiva y la posibilidad de construir un mundo en paz.
El capitalismo necesita la guerra. Los pueblos necesitan la paz.
El 24 de febrero se cumplió el 4.º aniversario de la guerra en Ucrania y solo cuatro días después, el 28 de febrero, EE.UU. e Israel abrieron la guerra contra Irán y Líbano. Han pasado 20 días y todo Oriente Medio está incendiado. El inicio de este nuevo conflicto ha traído otro crimen de guerra, cometido por Trump y su ejército, al matar a más de 165 niñas que asistían a la escuela en la ciudad iraní de Minab.
Las mentiras, bulos, tergiversaciones y todo tipo de engaños a la opinión pública ya no cuelan. Las motivaciones de estas guerras no son la defensa de la democracia, la libertad de las mujeres, ni las armas de destrucción masiva y/o atómica. La declaración que ASTRADE1 lanzó el 5 de marzo explica muy bien los objetivos de la guerra: el control de los canales y estrechos estratégicos para el comercio internacional y la energía, particularmente el gas y el petróleo.
Los intereses económicos son los que han inspirado y empujan al imperialismo estadounidense a apoyar golpes de Estado, invadir y amedrantar a otras naciones o a iniciar guerras; así ha sido a lo largo de los siglos XIX y XX y parece que la tendencia se recrudece en el presente siglo XXI. Así es como Israel ha ido ocupando y expulsando de su tierra al pueblo palestino desde 1948. La cuestión es que los intereses económicos defendidos por la vía de la guerra solo incumben a una minoría de la sociedad que cada día acumula más riqueza y perjudican a la gran mayoría social, en forma de muerte y empobrecimiento.
“En 2025, la riqueza conjunta de los milmillonarios en todo el mundo creció más de un 16%, tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores, y alcanzó un máximo histórico de 18,3 billones de dólares”. (Informe de Oxfam publicado el 19 de enero de 2026).
Hoy podemos afirmar, con más convencimiento si cabe, que la guerra en Ucrania es, en realidad, un conflicto larvado por los EE.UU. desde hace más de una década, para hacerse con el mercado del suministro del gas licuado y el petróleo a Europa, en detrimento de Rusia. -En Tribuna Socialista n.º 173, hicimos referencia a los 83 documentos que hemos publicado en estos cuatro años, con datos y argumentos, que justifican nuestra posición2-. Afirmar esto no es tomar partido por Putin; a los pueblos de Europa nos da lo mismo quién nos suministra la energía. Decimos NO a que sus chanchullos comerciales deriven en conflictos armados y a sus consecuencias para las condiciones de vida de la mayoría. Pongamos cifras a esto:
El IPC general acumulado de los años 2022 a 2025, ambos inclusive, es del 13,20%.
El IPC acumulado de los alimentos y bebidas no alcohólicas, en el mismo periodo, es del 26,87%.
El precio medio de la vivienda en alquiler ha superado el 46% desde finales de 2021.
Frente a esto:
Los salarios han tenido en esos cuatro años un incremento medio, en convenio colectivo, del 12,84%. Las pensiones han crecido un 17,10%.
El salario más frecuente de las asalariadas y asalariados se situó a final de 2025 en 1.220€/mes (por 14 pagas); poco más del 3% sobre el SMI del pasado año. Frente a los 1.322€ de 2021. Es decir, ha caído un -8,36%.
La tasa de pobreza y riesgo de exclusión social (índice AROPE) en España, a octubre de 2025, se situó en el 25,8%. Esto implica que más de 12 millones de personas sufren esta situación.
Una nueva oleada especulativa se cierne sobre las y los trabajadores, las y los pensionistas, las y los desempleados, en definitiva, sobre toda la clase trabajadora. A las pocas horas de iniciarse este nuevo conflicto las gasolineras empezaron a subir el precio de los carburantes, a pesar de que lo que estaban vendiendo lo tenían adquirido tiempo atrás. Como ocurrió en 2022, al inicio de la guerra en Ucrania, otros sectores irán haciendo lo mismo con los precios, con la excusa de la guerra -ya está ocurriendo con la luz y el gas-. Es la especulación más despiadada, la que abusa de los precios cuando más necesidad hay y más sufren los que menos tienen.
Si queremos merecer el calificativo de humanos o el de civilizados, no podemos dejar de horrorizarnos ante las cifras de muertos: La Vanguardia daba algunos datos el 28 de enero pasado3: “Entre ucranianos y rusos hay 2 millones de bajas (fallecidos, heridos y desaparecidos)”. Los desplazados y refugiados se cuentan por millones.
A pesar de las reticencias de nuestro Gobierno a incrementar el gasto en defensa por encima del 2% del PIB, nos parece un error entrar en la carrera de rearme impuesta por la OTAN, es decir, por los Estados Unidos de América, y seguir alimentando la guerra en Ucrania. El último caso es la nueva ayuda militar de España a Ucrania por valor de 1.000 millones de euros, comprometida en la visita de Zelenski a Madrid el pasado 18 de marzo; y ya son 17.000 millones lo que España ha puesto para la guerra de Ucrania desde que se inició el conflicto.
En este mismo cuatrienio hemos asistido al genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en Gaza, con más de 70.000 muertos, un 25% de ellos menores de edad. Escalofriante cifra a la que hay que añadir los miles de desaparecidos, exiliados, encarcelados y refugiados. Ataques que no han parado tras el tramposo “acuerdo de paz” impuesto por Trump y Netanyahu, por el que quieren apropiarse de la costa gazatí.
En menos de un mes más de 1.000 libanesas y libaneses han sido asesinados por las bombas de Israel, con una brutalidad similar a la ejercida contra el pueblo de Gaza. Más de un millón de personas se han visto forzadas a desplazarse hacia el norte de Líbano. ¿El objetivo de Israel es ocupar territorio libanés y colonizarlo?
En Irán, los civiles asesinados por los bombardeos estadounidenses ya superan los 2.000 y más de 7.000 heridos.
Recordemos que, en 2003, con el PP en el Gobierno, en España ya sufrimos el zarpazo de la guerra. No olvidemos a los 192 muertos en los atentados de Atocha y cercanías, consecuencia de la participación de nuestro país en la invasión de Irak.
Estas guerras atentan contra la vida y son la negación misma de la soberanía de los pueblos: Venezuela, Colombia, Cuba, Groenlandia, Líbano, Irán, Siria. Ritmos y formas diferentes en busca de los mismos fines imperialistas.
Las guerras bélicas, y la guerra social que se desarrolla como derivada de las primeras, son parte de la lucha de clases que no ha desaparecido; por mucha confusión que introduzcan los intelectuales pagados por el capital y difundida por sus medios de comunicación.
Ante este tétrico panorama vemos como saltan por los aires hasta las más leves redes de seguridad de las que se había dotado la democracia liberal: las leyes y normas que “garantizaban” los derechos humanos, la “justicia” internacional que apenas sí balbucea intenciones contra Netanyahu y guarda un vergonzoso silencio respecto a Trump, o las instituciones internacionales y quienes las lideran: la UE, la ONU o la OTAN, contradiciéndose según convenga, como las señoras Von der Leyen y Kaja Kallas o guardando silencio como herr Merz; yendo como un pollo sin cabeza, como el señor Guterres; o directamente exhibiendo un vomitivo servilismo como es el caso del señor Rutte. Instituciones que se han hecho pasar durante décadas por herramientas al servicio de la paz y la democracia, hoy se les cae la careta dejando claro que no son más que instrumentos del capital, al servicio de sus intereses.
Sin ninguna pretensión adulatoria, debemos reconocer la valentía del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al negarle a EE.UU. el uso de las bases militares de Rota y Morón. Una posición, en este contexto, que destaca más por lo oportuno que por su efecto, y que es más valorada fuera de España que en la piel de toro. Cosas de la intoxicación mediática que sufrimos. Señalamos también que la posición del Gobierno es coincidente con el rechazo del 70% de la población a los ataques de EE.UU. e Israel, según refleja el último barómetro del CIS.
Desde la Asociación Trabajo y Democracia (ASTRADE), editora de TS, llamamos a la movilización de masas contra la guerra y a participar en todas y cada una de las acciones que se convoquen para rechazar la guerra y señalar a sus responsables y a quienes les avalan.
Reafirmamos nuestro compromiso de participar con una delegación en la Conferencia y el Mitin Internacional contra la Guerra que tendrá lugar en Londres los días 19 y 20 de junio, promovido por Stop the War4.
Como en todos los procesos electorales, todos o casi todos dicen haber ganado. Veamos que dicen los números: con datos de la Junta de Castilla y León al 99,3% escrutado.
Datos cuantitativos
Comenzamos señalando que la participación ha crecido en 2,26%, al pasar del 63,44% de las elecciones del 13 de febrero de 2022 al 65,7% en las del domingo día 15 de marzo. La abstención se sitúa en estás elecciones en el 34,3%, lo que implica que, sobre un censo electoral de 2.097.792 -Censo electoral de Residentes (CER) + Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA)- 719.543 electores se han abstenido de votar.
Tenemos que destacar que Castilla y León ha celebrado estas elecciones con un CER que ha bajado un 0,87%, mientras que el CERA ha crecido un 12,52%. Es decir, que es una Comunidad en la que la población migra. Un efecto lógico en un territorio tipo de la España vaciada.
Los que crecen
El PP ha ganado las elecciones porque es el partido más votado, porque crece un 14,64% en votos y porque es el que más procuradores en Cortes ha obtenido, 33, creciendo en 2 respecto a 2022.
El PSOE crece un 3,90% en número de votos y crece también en 2 procuradores en Cortes respecto a los anteriores comicios autonómicos, alcanzando 30 escaños.
VOX crece el 8,89% en votos y pasa a tener un procurador más que hace cuatro años, situándose en 14.
Unión del Pueblo Leonés obtiene los mismos procuradores que hace cuatro años, 3 y sube un 3,38% en votos.
Los que decrecen
Soria Ya baja de 3 a 1 procurador en Cortes y tiene una caida del 44,02% en votos.
Por Ávila se queda con el único procurador que tenía, a pesar de que cae un 18,51% en votos.
Podemos-IU se presentaron en coalición en 2022, obteniendo un diputado con 62.138 votos. En las elecciones del pasado domingo se presentaron por separado, obteniendo 9.225 votos Podemos y 27.605 IU, experimentando una pérdida conjunta de votos del 40,73% en la comparativa con 2022. La consecuencia es que ambos se han quedo fuera de las Cortes de Castilla y León.
Ciudadanos también desaparece al perder el único procurador que tenía, producto de un derrumbe en votos, al perder el 92,03% de los votos que obtuvieron hace cuatro años.
Análisis cualitativo
La mayoría absoluta en las Cortes castellano leonesas se hace con 42 escaños, sobre un total de 82. Por ende, el PP se ha quedado a 9 procuradores de su objetivo y todo indica que tendrá que recurrir, como en otras comunidades, al pacto con la extrema derecha.
Se puede decir que Feijóo ha fracasado en su estrategia de distanciarse de VOX y de quebrar al PSOE. En el primero de los objetivos, hoy depende más que nunca del partido fascista de Abascal. En el segundo, a pesar de los varapalos del PSOE en Extremadura y Aragón, el Partido socialista parece resurgir. Teniendo en cuenta la campaña de acoso político que el PP puso en marcha acto seguido de las elecciones generales de 2023: denuncias y juicios prefabricados -siendo el juicio y la sentencia al ex Fiscal General del Estado el que mayor coste ha tenido para la fracción judicial del PP- o el esperpento del proceso que el juez Peinado lleva contra Begoña Gómez, por el mero hecho de ser la mujer del Pedro Sánchez, etcétera, el PSOE resiste.
Por el contrario, la izquierda alternativa al PSOE se desmorona, lo que impide alcanzar el fin último de las elecciones: el gobierno para resolver los problemas sociales.
En la misma medida que el PSOE obtiene un rebrote en estas elecciones, VOX rompe su tendencia al alza, muy lejos de las tasas de crecimiento que ha tenido en Extremadura y Aragón.
Hay prensa que traslada desanimo con mensajes del tipo “a pesar de que en 2025 ardieran 140.000 hectáreas en CyL los votantes dan su voto a la derecha”. Esto no es más que un falseamiento de la realidad. Por poner tres ejemplos de municipios en los que los incendios se cebaron el verano pasado: en Porto, Lubián y Puebla de Sanabria, tres de los municipios de Zamora próximos al Parque Natural del Lago de Sanabria, ha ganado el PSOE. Lo mismo ha ocurrido en Carucedo, pueblo leonés al que pertenecen Las Médulas.
Hay dos elementos que explican, al menos en parte, por qué a pesar de una mala gestión del PP en la prevención y extinción de incendios, consiga ganar las elecciones autonómicas:
Un elemento es que muchos electores que no se ven afectados directamente por una catástrofe, como es el caso de los incendios, no castigan a quién lo hizo mal, pues no perciben el problema como suyo. Es algo parecido al apoyo que reciben los partidos partidarios de la guerra desatada por EE.UU. e Israel en Oriente Medio, pues el conflicto se ve como una catástrofe a miles de kilómetros, sin ser conscientes de los efectos derivados en el incremento de los precios, además del altísimo coste en vidas. Esto se repite una y otra vez: el PP de Madrid ganó con mayoría absoluta, a pesar de la criminal gestión de la pandemia en las residencias, pero la percepción general es que eso es un problema de las 7291 familias que lo sufrieron. La misma lectura hacemos de la respuesta del electorado en Extremadura, Aragón y CyL respecto a la negligente y criminal gestión de la DANA, Valencia, al parecer, eso es cosa de las y los valencianos. En todos los casos, quienes tienen esa errónea percepción, son inconscientes de que nadie estamos exentos de sufrir una calamidad y que esta sea gestionada por negligentes, sobre todo cuando el negligente es el mismo una y otra vez.
El otro factor, que se cruza con el de las percepciones, es la red familiar, cuando no clientelar, en las pequeñas poblaciones, donde se vota a la persona indistintamente de lo que piense o haga.
La izquierda debería tomar conciencia de que la unidad no es un eslogan; es una necesidad, siempre que se haga en base a objetivos prioritarios comunes, sin renunciar a posicionamientos concretos de unos y otros. La defensa de la Sanidad, la educación, la dependencia y las pensiones, junto con la exigencia de una acción en favor del derecho a la vivienda y el rechazo a la guerra, son criterios con el suficiente calado como para dejar a un lado los egos y las cuestiones de forma.
Los partidos de la izquierda tienen que darse cuenta de que su fuerza está en la organización de la mayoría social, que es la que sufre en última instancia las consecuencias de las políticas que solo tienen el beneficio y el individualismo en su óptica política. Organización a través de la cercanía y la pedagogía social; pretender competir con la derecha en los medios de comunicación es como pretender competir en bicicleta en una carrera de fórmula 1.
Por María Iglesias Domínguez. Redacción Tribuna Socialista
Manifestacion 8M, Madrid 2026. (Foto de Agustín Millán)
Especial 8 de marzo 2026
Cada 8 de marzo, el Día Internacional de las Mujeres nos recuerda una verdad fundamental: la igualdad no es solo una aspiración moral, sino una exigencia democrática. La historia de los derechos de las mujeres es también la historia de la ampliación de la democracia. Allí donde las mujeres han conquistado derechos, la sociedad en su conjunto ha avanzado hacia mayores cotas de libertad, justicia social y dignidad.
El feminismo, entendido como la lucha por la igualdad real entre mujeres y hombres, forma parte inseparable de los valores del socialismo democrático. No se trata únicamente de reivindicar derechos formales, sino de transformar las condiciones materiales que perpetúan la desigualdad. La igualdad efectiva exige intervenir en la realidad cotidiana de las personas: en el trabajo, en la educación, en la política, en la cultura y en la vida familiar.
Durante décadas, las mujeres han protagonizado una profunda transformación social. Han conquistado derechos laborales, acceso a la educación, representación política y autonomía personal. Sin embargo, esa conquista no ha sido sencilla ni lineal. Cada avance ha sido fruto de la organización colectiva, del compromiso político y de la convicción de que la igualdad no se concede: se conquista.
Hoy, en pleno siglo XXI, los logros alcanzados conviven con desafíos persistentes. La brecha salarial, la precariedad laboral, la desigual distribución de los cuidados o la violencia machista siguen siendo realidades que afectan a millones de mujeres. Estas desigualdades no son simples accidentes sociales, sino el resultado de estructuras históricas que todavía condicionan las oportunidades y la vida de las mujeres.
Por eso el 8 de marzo no es solo una jornada de celebración. Es también un día de memoria, de reflexión y de reivindicación. Memoria de todas las mujeres que lucharon antes que nosotras para abrir caminos cuando parecía imposible hacerlo. Reflexión sobre los retos que aún quedan por afrontar. Y reivindicación de un futuro en el que la igualdad sea una realidad tangible y no solo un principio proclamado.
Uno de los ámbitos donde la igualdad sigue siendo una tarea pendiente es el mundo del trabajo. Las mujeres han aumentado su participación en el mercado laboral de forma extraordinaria en las últimas décadas, pero todavía encuentran obstáculos que limitan su desarrollo profesional. La parcialidad involuntaria, la menor presencia en puestos de responsabilidad o las dificultades para conciliar vida laboral y familiar son ejemplos claros de esas barreras.
La igualdad laboral no es solo una cuestión de justicia para las mujeres. Es también una condición necesaria para una economía más justa y más eficiente. Las sociedades que aprovechan plenamente el talento de las mujeres son sociedades más prósperas, más innovadoras y más democráticas.
Pero la igualdad no se limita al ámbito económico. También implica transformar las relaciones sociales y culturales que han perpetuado la desigualdad durante siglos. Significa cuestionar estereotipos, redistribuir los cuidados y construir modelos de convivencia basados en el respeto, la corresponsabilidad y la libertad.
El feminismo socialista ha defendido históricamente que la emancipación de las mujeres está vinculada a la construcción de una sociedad más igualitaria para todos. No hay justicia social sin igualdad de género, del mismo modo que no puede existir una democracia plena si la mitad de la población sigue enfrentándose a obstáculos estructurales para desarrollar su proyecto de vida.
En este sentido, el 8 de marzo también es un momento para reafirmar los valores que han guiado la lucha feminista durante generaciones: la solidaridad, la sororidad, la justicia social y la defensa de los derechos humanos. Las mujeres no reclaman privilegios; reclaman igualdad. Reclaman poder vivir libres de violencia, acceder a empleos dignos, participar plenamente en la vida pública y construir su futuro sin barreras ni discriminaciones.
Las aspiraciones de las mujeres son, en realidad, aspiraciones profundamente democráticas. Son el deseo de vivir en una sociedad donde el origen, el género o la condición social no determinen las oportunidades de cada persona. Son la voluntad de construir un mundo donde la igualdad no sea una promesa aplazada, sino una experiencia cotidiana.
El 8 de marzo nos recuerda que ese horizonte todavía exige compromiso y acción. La igualdad se construye día a día, en las políticas públicas, en el trabajo colectivo, en la educación y en la conciencia social.
Porque cada paso que damos hacia la igualdad entre mujeres y hombres es también un paso hacia una sociedad más libre, más justa y más humana. Y ese es, precisamente, el horizonte al que aspira el socialismo democrático: una sociedad donde la dignidad, la igualdad y la libertad sean derechos reales para todas las personas.
Por María Iglesias Domínguez. Redacción Tribuna Socialista
Foto Agustin Millán
Especial 8 de marzo 2026
El 8 de marzo recuerda que los derechos de las mujeres son la base de una democracia real y que la lucha por la igualdad sigue siendo una tarea urgente frente a las desigualdades, la precariedad y los discursos reaccionarios.
Cada 8 de marzo el mundo se detiene un momento para recordar una verdad que la historia ha demostrado una y otra vez: la igualdad entre mujeres y hombres no es una concesión ni un gesto simbólico, es una conquista colectiva. El Día Internacional de las Mujeres no es solo una fecha en el calendario. Es la memoria viva de generaciones de mujeres que desafiaron la desigualdad, lucharon por sus derechos y cambiaron para siempre la historia de nuestras sociedades.
La historia del progreso democrático está profundamente ligada a la lucha de las mujeres. Cada derecho conquistado —el derecho al voto, a la educación, al trabajo digno, a la autonomía personal— ha ampliado los límites de la libertad y ha hecho nuestras sociedades más justas. Allí donde las mujeres han avanzado, ha avanzado también la democracia.
Sin embargo, la igualdad no es un destino alcanzado. Es una tarea permanente. Las conquistas logradas en el último siglo conviven hoy con desigualdades persistentes que siguen condicionando la vida de millones de mujeres.
En el ámbito laboral, las mujeres han protagonizado una transformación histórica. Su incorporación masiva al mercado de trabajo ha cambiado la estructura económica y social de nuestras sociedades. Pero esa presencia creciente no siempre se traduce en igualdad real. Las mujeres siguen enfrentando una brecha salarial, mayores niveles de parcialidad involuntaria, más precariedad laboral y mayores dificultades para acceder a puestos de responsabilidad.
Estas desigualdades no son casuales ni inevitables. Son el resultado de estructuras sociales que durante siglos han relegado a las mujeres a una posición secundaria. Por eso la igualdad efectiva no puede limitarse a declaraciones de principios: requiere políticas públicas, compromiso social y voluntad colectiva para transformar la realidad.
Uno de los mayores desafíos sigue siendo la organización social de los cuidados. Durante demasiado tiempo, el trabajo de cuidar —esencial para el funcionamiento de cualquier sociedad— ha recaído de forma desproporcionada sobre las mujeres. Esta desigual distribución condiciona las trayectorias profesionales, limita oportunidades y reproduce desigualdades económicas.
Hablar de igualdad significa también hablar de corresponsabilidad. Significa construir un modelo social donde el cuidado deje de ser una carga invisible y se convierta en una responsabilidad compartida entre hombres, mujeres y las instituciones públicas.
Pero la lucha por la igualdad no se libra solo en el terreno económico o laboral. También se libra en el terreno cultural, político y social. Significa cuestionar estereotipos, combatir la violencia machista, garantizar la libertad y la seguridad de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y asegurar su plena participación en la toma de decisiones.
El feminismo ha demostrado ser una de las fuerzas más transformadoras de la historia contemporánea. No busca privilegios ni ventajas particulares. Busca algo mucho más profundo: que todas las personas, independientemente de su género, puedan vivir con dignidad, libertad y oportunidades reales.
Desde una perspectiva socialista, esta lucha está profundamente conectada con la defensa de la justicia social. La igualdad entre mujeres y hombres no puede separarse de la lucha contra la precariedad, la desigualdad económica y la exclusión social. Una sociedad que aspira a ser justa no puede tolerar que la mitad de su población siga enfrentándose a barreras estructurales para desarrollar plenamente su vida.
El 8 de marzo es también un día de memoria. Memoria de las mujeres que lucharon cuando hacerlo era mucho más difícil. Mujeres que se organizaron en fábricas, en sindicatos, en movimientos sociales y en la política para reclamar derechos que hoy parecen evidentes, pero que en su momento fueron profundamente revolucionarios.
Gracias a ellas, hoy vivimos en sociedades más libres. Pero la historia también nos recuerda que los derechos nunca están garantizados para siempre. Cada generación tiene la responsabilidad de defenderlos y ampliarlos.
Por eso el 8 de marzo no es solo una celebración. Es un compromiso. Un compromiso con las mujeres que abrieron camino antes que nosotras y con las generaciones que vendrán después.
Las aspiraciones de las mujeres son, en el fondo, las aspiraciones de cualquier sociedad democrática: vivir sin miedo, acceder a un trabajo digno, participar en igualdad en la vida pública y construir un futuro donde el género no determine el destino de nadie.
La igualdad no es una utopía lejana. Es un horizonte que se construye con cada avance, con cada derecho conquistado, con cada paso que damos hacia una sociedad más justa.
Y la historia demuestra algo con claridad: cuando las mujeres avanzan, avanza toda la sociedad.
Contra la guerra: Ni Putin ni OTAN ni Trump ni Netanyahu ni…
La Asociación Trabajo y Democracia (ASTRADE) muestra su apoyo al Gobierno en su digna postura de no permitir que las bases de Rota y Morón sean utilizadas como punto de apoyo a una nueva guerra.
La OTAN ha sido desde siempre una herramienta al servicio de los intereses de los Estados Unidos de América (EE.UU.) Lo único que ha cambiado es que la brutalidad de Trump y su ideología neofascista va más lejos y más rápido que otras administraciones que han precedido a la suya. Prueba de ello es que el secretario general de esa estructura militar se maneja como un auténtico lacayo del autócrata de la Casa Blanca. Otra prueba que hace evidente la subordinación de la OTAN a los EE.UU. es que Trump no considera las bases en España, o las que tiene en cualquier otro país, como bases de la Alianza, sino como bases suyas desde las que puede hacer lo que le dé la gana, ha dicho literalmente.
La actual agresión a Irán, que no al régimen teocrático, pues Trump ha declarado que él desea una relación con los ayatolás como la que ha impuesto en Venezuela, revela que lo que los EE.UU. buscan es un doble objetivo, al menos: controlar las reservas petrolíferas y los pasos de la navegación mundial.
• EE.UU. controla, bien directamente, bien por connivencia con satrapías o por sometimiento de los gobiernos, el 70% de los países del ranking top-10 con mayores reservas de petróleo del planeta, por este orden: Venezuela, Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, los propios Estados Unidos de América y Libia. De este top-10 no controla absolutamente a: Irán, Canadá y Rusia.
• De los pasos y/o canales estratégicos del mundo, los EE.UU. controlan el Canal de Suez, mediante el Estado sionista de Israel y el régimen militar egipcio; el estrecho de Gibraltar, con el servil Marruecos y sus bases en Rota y Morón, -por lo que el enfado de Trump va más allá del simple “no me dejan repostar”-.
Hay otros cuatro estrechos estratégicos para el control del comercio mundial, y los cuatro están amenazados, como son: el estrecho de Bering en el Ártico, -una de las motivaciones del imperialismo yanqui en Groenlandia-; el estrecho de Ormuz, ahora incendiado por Israel y los USA; y el estrecho entre Yibuti y Yemen, otra zona atacada permanentemente por Israel y los USA; y el Canal de Panamá, otro objetivo declarado de Trump.
Es evidente que el fin último del capital financiero estadounidense y de las instituciones de ese país es acorralar y cortar el comercio a Rusia y China, las otra dos grandes potencias del mundo. ASTRADE no toma partido por ninguna potencia, sea económica o sea militar: imperialistas y oligarcas nos parecen parte del mismo problema de la humanidad: la barbarie al servicio del enriquecimiento de una minoría.
La conclusión es que nos llevan al desastre, nos llevan a la tercera Guerra Mundial. Puede sonar apocalíptico, pero es una situación que el mundo ya ha vivido, en dos ocasiones en el siglo XX.
Las consecuencias ya se comienzan a notar con el incremento del precio de los combustibles que, de inmediato, se trasladará a las energías domesticas: luz y gas y a todos los productos básicos, como ya hemos vivido en los cuatro años de guerra en Ucrania. Si alguien se pregunta ¿por qué crecen el número de ricos y el número de pobres? Solo tiene que ver que la guerra es un medio y un negocio utilizado y aprovechado por los ricos para saquear a los pobres y empujar a la pobreza a los asalariados más débiles de lo que llaman clases medias, al paso que se apoderan de grandes mercados; como ha hecho Estados Unidos de América con el mercado del GNL y el petróleo en Europa.
Es vergonzosa la posición servil y colaboracionista del PP y VOX, patriotas de pacotilla que lamen las botas de dictadores y genocidas, añorando el sabor que mamaron del franquismo.
La izquierda tiene la oportunidad de cerrar filas y defender los valores que, por definición, debieran compartir. Es el momento de dar la voz a los pueblos del Estado español y que las grandes organizaciones, y las no tan grandes, llamen a movilizarse contra la guerra.
Hamid Hosseini es portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos y un activista político y social.
Antes del triunfo de la Revolución de 1979 participó, junto con millones de iraníes en las luchas contra el despotismo y contra la monarquía durante el reinado de Mohammad Reza Pahlaví, por lo que fue encarcelado. Dos años antes del triunfo de la Revolución, y como parte de la primera ola de liberación de presos políticos, gracias a presiones internacionales, fue puesto en libertad y se reincorporó a las luchas del pueblo por la libertad. Vivió de cerca las semanas y los días del triunfo de la revolución anti dictatorial iraní en 1979 junto a los luchadores progresistas.
La Revolución no alcanzó sus objetivos y, bajo el liderazgo del clero religioso, un régimen teocrático y totalitario sustituyó al régimen anterior. Tres años después del triunfo de la Revolución, debido a la persecución y detención de fuerzas democráticas y progresistas por parte del régimen recién instaurado, se vio obligado a abandonar Irán y emigró a España. Desde entonces ha continuado sus actividades políticas y de defensa de los derechos humanos, y actualmente es portavoz de la Asociación Iraní Pro Derechos Humanos.
Pregunta.- La prensa internacional informa de una gran movilización social contra el régimen y la respuesta represiva de este, ¿qué está motivando a la mayoría social iraní a salir a las calles a jugarse la vida?.
Las recientes protestas populares en Irán, que comenzaron el día 28 de diciembre en el bazar de Teherán, tenían su origen en problemas económicos y de subsistencia. Estos problemas fueron la chispa que cayó sobre un barril de pólvora compuesto por una acumulación de discriminaciones sociales y políticas que se habían ido amontonando a lo largo de 46 años de gobierno de la República Islámica.
La República Islámica de Irán, desde el inicio de su llegada al poder, redujo al 50% de la población del país —es decir, a las mujeres—, amparándose en las leyes de la sharía islámica, a seres de segunda categoría, privándolas de muchos de sus derechos básicos y humanos, siendo el más importante de ellos la privación del derecho a la libertad de elegir su vestimenta, además de muchas otras restricciones. Desde el principio, las mujeres, junto con una parte de los hombres de la sociedad, reaccionaron ante esta injusticia, pero nunca tuvieron la oportunidad de luchar de manera libre y cívica por sus reivindicaciones.
Junto a ello, las discriminaciones religiosas, étnicas, de clase, laborales y culturales mantuvieron a la sociedad en un estado de asfixia. El gobierno, durante todos los largos años de su mandato, se vio obligado, para imponer su voluntad sobre la sociedad, a cerrar la prensa libre, prohibir la actividad de los partidos políticos y someter las actividades civiles y sociales a un control severo.
El resultado de este modo de gobernar fue la instauración del totalitarismo como práctica habitual del poder y, paralelamente, la institucionalización de la corrupción en la estructura del Estado, mientras la pobreza y la miseria engullían a amplios sectores de la sociedad. Todo ello proporcionó la base material de las protestas.
Pregunta.- Desde tu punto de vista ¿Qué lleva al régimen de los ayatolás a reprimir a su pueblo con tanta violencia?
La República Islámica de Irán tiene razones suficientes para sentirse amenazada en cuanto a la continuidad de su propia supervivencia. Tras 47 años desde el inicio de un gobierno que se administra sobre la base de los mandatos coránicos, todavía no ha logrado proporcionar unas condiciones mínimas de vida digna a la mayoría de la población iraní, que asciende a 90 millones de personas. Más del 60 % de la población vive en la pobreza, el 30 % de los iraníes habita en zonas marginales, y la inflación alcanza cifras cercanas al 50%. El valor de la moneda nacional se ha devaluado frente a las divisas extranjeras y, como consecuencia, muchas personas han perdido sus ahorros. Los cortes diarios de agua y electricidad, junto con el desempleo y la falta de perspectivas claras, empujan a numerosos jóvenes a emigrar de su tierra natal.
Durante los 47 años de gobierno de la República Islámica, la población ha sido privada de participar en las decisiones fundamentales del país. Según la Constitución, la vida y la muerte de 90 millones de personas están concentradas en manos de una sola figura, denominada el valí-e faqih (guía supremo), que es el líder religioso de una parte muy reducida de la élite gobernante y de su base social. El 60 % de la riqueza nacional está bajo el control del líder del país, quien no se considera responsable ante nadie, ya que se percibe a sí mismo como representante de Dios. Desde sus inicios, este régimen ha colocado la preservación del sistema como la tarea principal de la estructura del poder y, para lograrlo, ha enviado a decenas de miles de disidentes a la horca o ante pelotones de fusilamiento. No reconoce otro lenguaje frente a sus opositores que el de las balas, la prisión y la tortura.
El lema «Mujer, vida, libertad» ha surgido del corazón de todas estas desgracias. La mujer simboliza la discriminación social. La vida representa la falta de las condiciones mínimas necesarias para la subsistencia, y la libertad encarna las presiones político-sociales que pesan sobre los hombros del pueblo. Tal vez sea difícil encontrar en el mundo un gobierno que despierte un nivel de odio tan profundo entre su propia población. Y, además de todas estas dificultades, se cierne desde hace tiempo sobre Irán y los iraníes la sombra de una guerra, proveniente de Israel y de Estados Unidos.
Pregunta.- La revolución de 1979 que derrocó a los Pahleví también tuvo como detonante las huelgas y protestas que se organizaron desde 1977, por motivos similares a los que hoy provocan el descontento social ¿Viviste aquellos acontecimientos?
En 1906, la Revolución Constitucional tuvo lugar en Irán con el objetivo de limitar las atribuciones del monarca y crear un Estado basado en la ley. Esta revolución marcó el rumbo de todos los movimientos políticos y sociales a lo largo de todo el siglo XX y del primer cuarto del siglo XXI.
La victoriosa Revolución Constitucional, en su camino hacia la estabilidad y el progreso, se enfrentó a numerosas resistencias. Finalmente, en 1921, el golpe de Estado de Reza Pahlaví, con la ayuda de Inglaterra, puso fin para siempre al reinado de la dinastía Qayar. En 1926, Reza Shah, mediante su coronación oficial, fundó la dinastía Pahlaví. Durante su reinado, Reza Pahlaví eliminó en la práctica todos los logros de la Revolución Constitucional.
El 16 de septiembre 1941, por exigencia de las fuerzas aliadas que habían ocupado Irán, se vio obligado a abandonar el país y su hijo, Mohammad Reza Pahlaví, lo sucedió en el trono. A la sombra de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Irán logró reconstruir nuevamente los valores de la Revolución Constitucional, y como resultado de ello, Mohammad Mosaddeq, un político nacionalista y liberal, llegó a ocupar el cargo de primer ministro, en 28 de abril de 1951.
Mohammad Mosaddeq impulsó la nacionalización de la industria petrolera y dio pasos importantes hacia la democratización del espacio político y social de Irán. Lamentablemente, este proceso se vio interrumpido por el golpe de Estado en 19 de agosto de 1953, llevado a cabo por Estados Unidos y el Reino Unido, junto con el propio Mohammad Reza Pahlaví, contra el gobierno de Mosaddeq, tras lo cual el sistema monárquico autoritario volvió a imponerse en Irán.
La revolución antimonárquica de 1979, en el contexto de la Guerra Fría entre los gobiernos occidentales liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, y con el objetivo de concluir la tarea inconclusa de la Revolución Constitucional y del movimiento de nacionalización del petróleo, así como de establecer un estado de derecho y democrático, derrocó a Mohammad Reza Shah Pahlaví. Sin embargo, el recién nacido que tanto habíamos esperado nació muerto.
Pregunta.- ¿En qué medida se asemeja la represión que se vive hoy y la que el pueblo iraní padecía bajo el Shah?
Quizá con audacia pueda decir que los iraníes nunca perdonaron el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno legal del doctor Mohammad Mossadegh, llevado a cabo por Mohammad Reza Shah y los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra. Los movimientos contra el despotismo y por la justicia social entraron en una nueva etapa a partir de 1963 y no se detuvieron hasta la Revolución de 1979, cuando Mohammad Reza Shah Pahlaví fue derrocado. En los años previos al triunfo de la revolución me había sumado a estas luchas y pude vivir de cerca todas aquellas magníficas protestas en las calles de Teherán.
Desde 1977, las protestas contra el gobierno ocurrían de manera continua en distintos lugares, y también se organizaban huelgas en talleres, fábricas y oficinas. A medida que pasaban los días y los meses, las protestas se volvían más multitudinarias y más grupos sociales se unían a los manifestantes; en la misma proporción, las deserciones dentro del aparato gubernamental aumentaban en todos sus sectores. En las semanas cercanas a la victoria de la revolución, muchos soldados e incluso oficiales y fuerzas del orden abandonaban sus puestos de servicio. Como culminación de este proceso, las huelgas en la industria petrolera pusieron fin a la vida del régimen dictatorial monárquico.
Debo añadir que, aunque en aquellas semanas y días tormentosos el régimen monárquico intentó controlar las protestas callejeras disparando contra los manifestantes e imponiendo la ley marcial en muchas ciudades, especialmente en Teherán, sin duda el nivel y la intensidad de la represión y de las matanzas nunca alcanzaron el grado que hoy alcanza el régimen de la República Islámica de Irán.
Pregunta.- Irán lleva mucho tiempo “sobrevolado” por potencias extranjeras: primero fue el imperio de los zares de Rusia, después el imperialismo británico, y también por el estadounidense ¿Cuál es el interés verdadero del imperialismo en Irán? ¿Qué papel juega Israel y los USA en esta crisis?
La posición geoestratégica de Irán es de gran importancia. No es casualidad que a lo largo de la historia siempre se haya mencionado a Irán como un puente de comunicación entre Oriente y Occidente.
Irán tiene fronteras terrestres con siete países y fronteras marítimas con otros ocho. El estrecho de Ormuz, situado al sur de Irán, entre el golfo Pérsico y el mar de Omán, es una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Este estrecho desempeña un papel fundamental en el transporte mundial de petróleo y gas. Cerca del 25% del petróleo que el mundo necesita pasa diariamente por este estrecho. China, el mayor rival comercial de los Estados Unidos de América, hace pasar diariamente por este estrecho el 30% del petróleo que necesita. Controlar este paso marítimo significa poner la mano y controlar el 25% del petróleo consumido en el mundo.
Irán, con una superficie de 1.648.000 kilómetros cuadrados, es poseedor de las segundas mayores reservas de gas y las terceras mayores reservas de petróleo del mundo, con una población de 90.000.000 de habitantes y más del 90% de alfabetización, es el país más fuerte del Cercano Oriente para hacer frente a las aspiraciones hegemónicas de Israel, que pretende expandir sus fronteras y actuar como gendarme de la región.
En el nuevo orden mundial, que aún está en proceso de formación y cuyos principales actores son China y Estados Unidos, dependiendo de a qué bloque se sume Irán, puede inclinar la balanza a favor de uno de estos bloques
Pregunta.- Estamos asistiendo a una ola de injerencias del imperialismo liderado por Trump sobre distintos países, a los que les subordina bajo la presión y la amenaza de la fuerza: por ejemplo en Siria, donde Ahmed al Charaa ha pasado de ser considerado un terrorista a visitar la Casa Blanca. Algo similar está ocurriendo en Venezuela y, parece que por ahí pueden ir la cosas en Cuba ¿Piensas que en Irán puede ocurrir al similar?
Quizá la opción ideal de Trump en relación con la República Islámica, después del amplio despliegue militar en las aguas cercanas a Irán, sea llegar a un acuerdo con una parte de la élite gobernante de la República Islámica que adopte posturas más moderadas respecto a los asuntos en disputa entre ambos países.
Parece que la República Islámica ha aceptado llevar a cero el enriquecimiento de uranio durante un período —por ejemplo, tres años o más—, permitir las inspecciones de los inspectores de la agencia nuclear incluso de forma diaria, enviar a un tercer país los 400 kilos de uranio enriquecido que posee o diluirlos dentro de Irán bajo la supervisión de los inspectores, detener el envío de armas a sus fuerzas proxy en la región y firmar un pacto de no agresión con Estados Unidos que incluya también a los aliados de este país. Con este pacto, deja de lado el tema de reducir el alcance de sus misiles balísticos y lo excluye de las negociaciones. Junto a todo ello, propone a Estados Unidos invertir en los recursos petroleros y gasíferos de Irán. La figura considerada adecuada para impulsar esta política es Hasan Rohaní, el expresidente, y su ministro de Asuntos Exteriores, Javad Zarif. Por supuesto, Estados Unidos, a su vez, se comprometería a levantar o reducir las sanciones económicas contra Irán.
Si las cosas avanzan de este modo, Trump lo aceptará y, para la República Islámica, también sería una vía de escape del callejón sin salida en el que ha quedado atrapada. La República Islámica aún no ha tenido tiempo de limpiar de las calles la sangre de los jóvenes y manifestantes que masacró el mes pasado y, al mismo tiempo, pretende levantar horcas en los espacios públicos para que los ciudadanos no se atrevan a salir a las calles para nuevas protestas. La República Islámica nunca había sido tan odiada por su propio pueblo como lo es hoy.
Un acuerdo con los Estados Unidos ayudaría al régimen a recomponerse frente a un pueblo al que ha mantenido encadenado durante más de 45 años y a pensar en matanzas aún mayores, para que las oligarquías gobernantes puedan seguir saqueando los recursos petroleros, gasíferos y otros recursos subterráneos que pertenecen a la nación y mantenerla en la pobreza y la miseria.
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