Hace ya mucho tiempo, que estoy convencido que nuestra sociedad está muy enferma, las cosas que ocupan nuestro tiempo, no son ni mucho menos las que deberían, los principios éticos y morales están desapareciendo, perdemos miserablemente el poco tiempo que tenemos, en observar con insana atención y criticar el comportamiento de los demás, sin tratar de detectar y corregir el nuestro que en ocasiones es vergonzante e indigno de seres pensantes, la creciente ausencia de solidaridad y de empatía con los que sufren es desesperante, la casi total ausencia de critica exigente, para conseguir una sociedad justa es frustrante, solo se moviliza esta sociedad cuando Ronaldo o Messi, deciden ir a enriquecerse a otro país, o para impedir la salud de nuestras gentes con un negacionismo brutal, nadie mueve un dedo por unas pensiones justas, o por una educación con valores o por unos salarios acordes con el coste de la vida, o por una sanidad de calidad, o por una investigación científica puntera.
Pero si la sociedad está enferma, en mi opinión aun lo está más esa parte de la sociedad que son los medios de comunicación, antes, el amarillismo en la información estaba en unos escasos medios dedicados a ello, pero es que ahora todas las cadenas generalistas explotan este morbo de alcantarilla, es inmoral, soez, insoportable e imperdonable, que con las tormentas que están cayendo, de constantes e importantísimos eventos críticos para la vida de las civilizaciones, los informativos en las horas punta de máxima audiencia de todas las cadenas, abran con noticias como la de que a un prepotente multimillonario tenista negacionista, se le impide ejercer su chulería negándole la estancia en un país mientras no se vacune, siguiendo las más básicas normas que deberían regir nuestras vidas.
Tampoco sé cómo calificar, que en esos mismos informativos de las cadenas generalistas sea portada, varios días seguidos que una pareja de delincuentes por muy “Reales” “Principescos “o “Nobles” que sean, deterioren su relación íntima, saliendo con otras personas distintas, al margen de su matrimonio, o si uno de nuestros actuales reyes huido de la justicia, debe volver a su palacio o no. Mi pregunta es ¿esos temas tan “vitales” les interesan realmente a esta sociedad?, Si realmente la respuesta es que si, entonces la enfermedad de esta sociedad es aún mayor de lo que yo pensaba, y los valores éticos y morales inexistentes, si la respuesta es que no, que a la inmensa mayoría de los ciudadanos no nos interesa esta basura, entonces confirmo que son los medios de comunicación los que están gravemente enfermos
Cuando veo toda esta podredumbre, en una profesión tan digna como es el periodismo, no puedo dejar de pensar como padre de periodista, lo mal que lo debe estar pasando mi hijo, ya que me consta que lo suyo desde muy pequeño es vocacional, y sé muy bien los valores que tanto su madre como yo les hemos inculcado, a él y a los demás.
Estoy ansioso, por leer o escuchar o ver que los medios generalistas de información, me informen por ejemplo, de lo que la gestión de los responsables políticos a todos los niveles destruye nuestro planeta, tampoco me informan de lo poco que los gobiernos hacen por mejorar la vida de los más desfavorecidos, ni de las promesas incumplidas por mejorar la vida de nuestros sanitarios, ni siquiera me informan del brutal aumento de la pobreza, al tiempo que aumenta desmesuradamente el numero de millonarios, tampoco me informan de que cada vez premeditadamente se deteriora más la educación en valores, en cultura, en historia veraz, para evitar que la sociedad piense. A mí, y quiero pensar que a mucha gente más, no me interesa con quien pasean de la mano o se meten en la cama, los delincuentes, o los miembros o exmiembros de la Casa Real, sin embargo seria interesante saber, si nuestros dirigentes políticos de todos los colores ocultaron o no, todas las conductas ilegales de nuestro monarca. En lugar de eso nos siguen haciendo creer que salvo a la patria.
¿Porque los gobiernos de forma directa o indirecta, siguen financiando a estos medios de un mal disimulado amarillismo? ¿será porque a cambio ocultan las corruptelas del poder o se encargan de disimular soezmente los incumplimientos programáticos? Todo esto gracias al conformismo de una sociedad sin criterio y sin capacidad de análisis, ebria de cotilleos, que prefiere la frivolidad a la veracidad.
Solo espero y deseo, que un día estos medios desinformativos, desaparezcan por la falta total de audiencPaco Ascón
Xares, 21 de febrero de 2022ia, y el periodismo serio veraz e independiente, sea el que impere y el que la sociedad valore de verdad y que los medios de cotilleo amarillo sean residuales.
Me despierto, entre guitarras heavys y aflamencadas, música de cine quinqui y una canción de Los Canarios (Get On Your Knees) que me lleva a finales de los sesenta y a los setenta. Es lunes y se celebra el día dedicado al amor tras un fin de semana consagrado a dos aficiones, que junto a los libros forman el triángulo mágico de mi vida. Ayer, Día Mundial de la Radio, el anterior, la entrega de los Premios Goya del cine español. No me imagino sin alguna de las tres cosas, si nombrara la cuarta pata de mi banco diría la música. La gala tediosa, larga, aburrida, salvo gloriosas excepciones, pero así debe y tiene que ser por su propia naturaleza. Empezaré por lo que más me impresionó.
En la obligada sección de In Memoriam, muy bien acompañada musicalmente por una Luz Casal contundente, con la tristeza y el sentimiento requerido, siempre aparecen nombres que me sorprenden, me entristecen. Este año han sido varios, pero sobresalieron dos, nacidas con un año de diferencia: una en 1921 y la otra 1922 y muertas el año pasado (no eches cuentas, 99 y 100 años), las dos con una vida laboral activa que comenzó en los años 40 y terminó junto a sus vidas. Sin más preámbulos les presento a: Matilde Vilariño y Juana Ginzo. Como no quiero quedarme sin páginas os pido que busquéis sus biografías en la Wiki, os sorprenderéis, solo resaltaré que las dos se dedicaron de forma destacada a ser actrices de doblaje o de voz en el cuadro de actores de Radio Madrid (Cadena SER).
Matilde fue y será siempre la voz que me acompañó en mi más tierna infancia cuando escuchaba la serie Matilde, Perico y Periquín. Yo sentado en el comedor de mi casa, junto a mi madre y al pan y el par de onzas de chocolate o lo que hubiera de merienda, pero leed su historia o escuchad su voz, para cada uno de vosotros será alguien conocido y os llevará a donde siempre querréis volver y esto le pasará a quien le hagáis repetir esa operación.
Juana por su parte os podrá sonar más, sobre todo si tenéis algunos años (muchos). Actuó en muchas pelis, pero sobre todo porque tuvo a toda España pegada a la radio durante años, en unos tiempos en que los que ella era el aparato soberano en la cocina o el salón. Fue la principal protagonista del serial Ama Rosa, del genio del género Guillermo SautierCasaseca (si tienes la suficiente edad lo habrás pronunciado como sonaba a través del altavoz). Ambas resonarán aún muchos años en nuestros tímpanos y en nuestros corazones.
Hubo otros momentos señalados en la gala: el Goya a Sacristán, el de Chichón, el Venancio y sus ajos son ya famosos. Celebración a toda su carrera y a su voz, que desde aquella chillona en falsete de sus primeros papeles a la de ahora ha sufrido la misma evolución que su capacidad actoral, se ha hecho profunda, sugerente, entonada, magistral. Me emocionó (siempre lo hace), con independencia del resultado (que mayores estamos Joaquín), volver a ver a Sabina, acompañado a la guitarra por Leiva. Me gustó C Tangana y su acompañante (no la conocía) Rita Payés (montaje escenográfico digno de la ocasión, Puchito será ilcapo dentro de nada). En la parte negativa el número musical de apertura del evento, desastroso. ¿Quién cantó peor de las tres? Difícil contestación, dura pugna.
Se lleva la palma en el lado oscuro la intervención del pretencioso Roures, que bien podría llamársele ‘El buen patrón’ (¿Se ha basado en él Fernando? ¿Ha producido la peli con lo no pagado a los trabajadores despedidos de Público o de cualquiera de sus empresas?). Qué manera de sacar pecho y mostrar su satisfacción, con esa medio sonrisa de lobo (le imaginé negociando y ganando siempre), enfrente de Agustinín. Parecía una pelea de gallos, en el peor garito de free style, entre él y sus adversarios, el clan de los Almodóvar, reunidos en torno a su patriarca derrotado, parapetado tras su sardónica sonrisa y sus gafas negras. Separadas ambas tribus por el no man’s land del pasillo y por el matrimonio fronterizo y mestizo de Penélope y Javier. Me importa un pito que el Roures (seguro que piensa de sí mismo que es un humanista, librepensador de izquierdas) haga el 25% de su discurso en catalán (por mí lo puede hacer en swahili), pero es que pese a entender una mica y hablar una miqueta menos el precioso idioma occitano-romance-nororiental, me enteré muy poco de lo que dijo, él se lo pierde. Lo siento, no me creo su discurso en favor de la cultura y lesquatre barres en el lomo, le veo el brillo del euro en los colmillos y por detrás de las orejas.
Por lo demás, celebro la calidad de las pelis que se han nominado este año. No hay más que repasar la lista y sentarse a verlas. La competencia en muchas de las categorías ha sido una auténtica locura. Me declaro de acuerdo, pese a las dudas, con muchas de las elecciones de los académicos y del resultado de las votaciones. Prefiero el universo narrativo y los recursos fílmicos de Aranoa que los de Almodóvar, Bardem apabulla, Portillo impresiona, Mediterráneo duele, Monkey sorprende, Josefina entristece, María Cerezuela emociona, Chechu inquieta, Urko atormenta. Los chimpancés de Mama y yo somos primos hermanos, soy de los que siempre se apunta a Otraronda divertida y en aquellos años fulgurantes respeté Las leyes de la frontera.
Gracias por todo Maestros. Salud Compañeros.
Epílogo: Madres paralelas me aburre y Pene me dice poco. Veremos qué hacen los yankees, de momento han dejado fuera al Buen patrón, se ve que Jaume no tiene aún ni voz, ni voto en Disneylandia. El poder delperro no me hizo ladrar de emoción, me gustó muy poco.
Una canción de los años de la protesta, en los que muchos, pero no la inmensa mayoría nos rebelamos contra la dictadura y sus últimos coletazos. La compuso Luis Eduardo Aute contra la pena de muerte y la cantó por primera vez Rosa León, que la incluyó en un disco del mismo nombre publicado en 1975. En una actuación la cantante se la dedicó a los que días después serían los últimos fusilados del franquismo, por lo que desde entonces se convirtió en un himno y una de esas Canciones con Poder. En ningún momento se hace de manera explícita mención a tema político alguno, para la censura de la época debió pasar como una macabra canción de amor. Me atrevo a ir un paso más allá y extenderla (como los buitres sus alas, que considero una alegoría de las aviaciones fascistas y nazis durante la retirada republicana) a las madrugadas en las que los que partían al exilio por las fronteras con Francia sentían que las estrellas, que veían por última vez desde España, les herían y cómo la luna sangraba, además presentían que tras la noche vendría la noche más larga de la historia de la democracia en nuestro país y comenzaría un día con hambre atrasada, tan atrasada que aún devoraría miles de muertos más en España por la represión franquista y millones en todo el mundo a consecuencia de la II Guerra Mundial.
Tras la crisis económica de 2008 que afectó a todos los sectores de la economía mundial y muy especialmente al sector financiero y a cuyos devastores efectos se ha unido la pandemia producida por la Covid-19 y el consecuente confinamiento de la población en la mayoría de los países del mundo; la drástica limitación de la movilidad no sólo entre países, sino entre localidades de una misma provincia e incluso entre barrios de una misma ciudad; la paralización de gran parte de la producción industrial; la escasez de materias primas; la caída del consumo de productos de no primera necesidad como el del textil de temporada; el cierre de centros de enseñanza, colegios, institutos y universidades, museos, centros culturales, bibliotecas, teatros, cines, conciertos, festivales de música o de cine, grandes eventos deportivos, gimnasios, etc., y la casi desaparición de la actividad económica en sectores clave para nuestro país como la hostelería y el turismo.
Los efectos de esta segunda crisis ha podido ser paliada en gran parte por el exitoso instrumento de los ERTE puesto a disposición de empresas y trabajadores por el Gobierno de coalición, pero que también ha traído de la mano novedades en el ámbito laboral como el teletrabajo, que antes de la crisis era una opción minoritaria y que desde los primeros confinamientos obligatorios se ha consolidado como una realidad que va a ser cada vez más habitual y vista con normalidad para un gran porcentaje de trabajadores y trabajadoras. En algunos casos esta opción se vive como una obligación no deseada y en otras como un derecho que ya regulan algunas normas de tipo legal.
Las consecuencias de todo lo que hemos vivido desde el inicio de esta distopía pandémica con el terrible balance de muertes, enfermedad y sufrimientos de tantos millones de personas en el mundo, están marcando un presente y un futuro sólo en parte previsto por los poderes económicos y políticos del mundo. Entre estas consecuencias destacan lo que se viene denominando con el sustantivo “brecha”, término al que se le suele añadir varias adjetivaciones que describen situaciones en las que se produce un efecto común: la desigualdad de oportunidades, la desigualdad de derechos sociales, políticos o económicos en virtud de la edad, el género, la desigualdad territorial, el nivel educativo alcanzado o el acceso a servicios sociales básicos como la sanidad, la educación, la dependencia o a los servicios de las entidades financieras. Muchas personas comparten a la vez varias de las brechas mencionadas y una de las más recurrentes es la brecha en los conocimientos informáticos que sufren no sólo las personas de mayor edad sino también las de mediana edad, en muchos casos.
La exclusión financiera que vivimos en esta época de crisis globales contrasta con una tradición económica que ahora se vive como una rémora pero que creó, adaptadas a cada momento histórico, una relación económica entre trabajo, producción, financiación y crédito que empezó a configurarse ya en el siglo XV en Italia donde se crearon entidades como los llamados “pósitos”, almacenes de grano, trigo o centeno, que prestaban estos productos con réditos moderados a agricultores que hubiesen tenido malas cosechas por inundaciones o sequías y que impedían el abandono de tierras cultivables y la caída de la cantidad de grano cosechada que era necesaria para evitar hambrunas y mantener la actividad económica de las poblaciones afectadas.
Más tarde, entre los siglos XVII y XVIII, aparecen en España, siguiendo los modelos franceses o italianos, los Montes de Piedad como sucesores naturales de los Pósitos y que se constituyen como una de las propuestas económicas más positivas que puso en marcha la Ilustración en toda Europa y que trajo profundos cambios culturales y sociales como la Revolución Francesa, la fe en el progreso económico y social, la preeminencia de la razón y la búsqueda de la felicidad.
De estos Montes de Piedad surgieron las Cajas de Ahorro, que continuaron la labor de integrar a las capas sociales más empobrecidas del campo y de las incipientes industrias que fueron sustituyendo a los tradicionales productos artesanales que surtían necesidades de consumo de las mismas localidades donde se producían.
Así pues, las cajas de ahorro fundadas por entidades sociales de carácter benéfico, por ayuntamientos, diputaciones o la propia Iglesia Católica, tuvieron desde el principio la intención de lograr la inclusión en la economía de las clases populares que no tenían acceso a créditos avalados en sus precarios ingresos y sólo podían conseguirlos empeñando los aperos de labranza o las pequeñas posesiones domésticas.
La evolución posterior de estas entidades hasta su desaparición, daría para otro artículo que iría desde el papel integrador en la economía de trabajadores, obreros y campesinos facilitando créditos y préstamos al consumo o a la adquisición de tierras, locales para comercios o hipotecas para vivienda habitual a intereses moderados y asequibles al nivel económico de esas clases populares, a la mala gestión política y económica que las llevó a su desaparición de la mano de la corrupción y del acoso y derribo a las que las sometió la gran banca privada porque las cajas suponían un 52% del sistema financiero español y eran un gigante que se les escapaba de las manos.
Además, las cajas no eran entidades propiamente públicas, pero tampoco privadas al modo que lo son los bancos, las primeras eran propiedad de sus impositores y eran gestionadas por representantes políticos y sociales elegidos democráticamente y cumplían una labor social de una importancia indiscutible para un tejido social y económico muy centrado en las necesidades locales y los segundos, los bancos, son entidades privadas centradas en el beneficio propio, sus propietarios son los accionistas, sean particulares o grandes empresas y cuya labor social brilla por su ausencia aparte de su postureo publicitario.
Toda esta introducción viene a cuento del fenómeno, que ya es viral en la prensa y en las redes sociales, incluida peticiones de firmas en la plataforma change.org, de la exclusión financiera que están sufriendo las personas mayores, pensionistas en su gran mayoría, pero también de todas las edades que viven y trabajan en pequeños o grandes pueblos, que tienen abiertos pequeños negocios de venta de productos de proximidad y personas de mediana edad que no tuvieron acceso no ya a la enseñanza media sino a la primaria y a las que les resulta imposible utilizar con soltura los medios informáticos necesarios para gestionar su economía sin la ayuda de familiares o vecinos.
El cierre de las denominadas oficinas, agencias o sucursales, la caída del empleo en las entidades financieras a través de los ERE, despidos masivos encubiertos, prejubilaciones cada vez en peores condiciones económicas y el consiguiente cierre de esas sucursales que eran atendidas por esas personas despedidas y que hace una década estaban presentes en cada barrio de las ciudades y de cada pueblo incluso en muchas aldeas o pedanías a través de la figura de los corresponsales o corsarios, es la causa del abandono de la atención personal a los clientes no sólo de la llamada España vaciada, sino también de muchos barrios de ciudades y pueblos de mayor población. Al hilo de este desmontaje de lo que fue una banca presente en el territorio y atenta a las necesidades de los clientes particulares y la pequeña y mediana empresa, también están desapareciendo los cajeros automáticos que estaban asociados a las oficinas bancarias y también los que se encontraban en grandes centros comerciales.
Como dislate total se está barajando una idea que apoyan algunos despistados o malintencionados medios de comunicación que consiste en que los ayuntamientos, por su cuenta y riesgo, o la empresa pública de Correos instalen cajeros en poblaciones de la España vaciada o en barrios del extrarradio de las ciudades más pobladas donde se han cerrado sucursales de bancos y sobre todo de las extintas cajas de ahorro. Esta “genial” idea encierra una nueva mordida de la banca a las cuentas públicas.
En esos cajeros automáticos no sólo se retira dinero, también se realizan ingresos en efectivo y en talones o cheques. Se pagan recibos de suministros, multas de tráfico, impuestos locales, regionales o estatales. Y todo ese movimiento genera beneficios en forma de comisiones para las entidades financieras que los gestionan.
A su vez, el mantenimiento de esos cajeros genera un gasto considerable en movimiento de fondos a través de empresas de seguridad, mantenimiento técnico y recarga y retirada diaria de efectivo.
Es decir, que la instalación y gestión de esos cajeros los pagarán los ayuntamientos o una empresa pública y los beneficios limpios irán a la buchaca de los bancos a los que les importa un bledo la exclusión financiera no sólo de las personas de edad avanzada sino a las de menor edad y a las capas más desatendidas y más precarias como son los trabajadores pobres, las mujeres y los emigrantes.
Es como si la apertura de las sucursales de antaño con todos sus gastos, como alquiler o compra de locales, instalaciones técnicas, ordenadores, cajas fuertes, sistemas de seguridad y también los cajeros automáticos y su mantenimiento fueran a cargo del dinero público y los beneficios a las empresas privadas. Se ahorran todos estos gastos además de los salariales, pero sus beneficios crecen a costa de sus mal atendidos clientes y del abandono a su suerte de muchas pequeñas empresas familiares.
La gran banca ya hace al menos una década que empezó a planificar lo que para ellos era un cambio paradigmático para adaptarse a un mundo que se iba a regir por las nuevas tecnologías, apps para teléfonos móviles y tabletas, las redes sociales, las plataformas de streaming, o los servicios on line o virtuales de empresas y organismos públicos. Este proceso es imparable, y en parte positivo, pero lleva dentro el germen de la deshumanización en las relaciones humanas, económicas, laborales, sociales o políticas. Y mientras no haya contrapesos ideológicos y políticos que regulen los efectos negativos de estas experiencias globales, todos pagaremos el precio.
Hay que luchar por una ley que obligue a las entidades financieras a asumir los costes de la digitalización despersonalizada que ya se ve que no puede pararse y obligar a una atención personal (una ley ad hoc ya está en trámite pero se queda corta) a los clientes que lo requieran.
Los bancos y antiguas cajas de ahorro ya han despedido o prejubilado a casi 200.000 trabajadores y trabajadoras desde el comienzo de la crisis del 2008 y esas mismas entidades fueron rescatadas con más de 60.000 millones de euros del dinero público (ahora habrá que añadir a esa cifra los 35.000 millones de euros de la SAREB, el banco malo creado por Rajoy y De Guindos que no iba a costarnos ni un euro) y con el vaciado inmisericorde de la hucha de las pensiones que dejó el Gobierno socialista de Zapatero.
Tal vez si una banca pública creada con los restos de las cajas de ahorro, una vez saneadas a fondo en lo económico y político, hubiese sido posible, su sola existencia y presencia en ese segmento del mercado financiero habría ejercido una competencia fortísima sobre esas empresas que han olvidado su responsabilidad social con el conjunto de la población española y no habrían provocado este desbocado fenómeno de exclusión financiera que ni siquiera beneficia a la economía española y que también excluye a un gran número de pequeñas y medianas empresas.
El pilar básico de un Estado del Bienestar, de una sociedad que se precie de ser moderna, desarrollada y con visión solidaria, es disponer de un firme sistema de salud público, universal y gratuito. Es incuestionable (aunque desgraciadamente muchos no lo creen) que todos, todas, debemos tener una sanidad pública de calidad, que garantice una atención básica a nuestros posibles problemas de salud.
El gran problema es que ese “pilar básico” se está viniendo abajo en Andalucía. Todo indica que el gobierno de las derechas del Partido Popular con Ciudadanos, apoyado por la ultra derecha de Vox, está dejando caer el sistema de la sanidad pública, apoyando la privatización de este derecho básico.
No lo digo por criterios subjetivos, que también los tengo, ya que llevo un par de meses queriendo “ver” a mi médico de atención primaria y es imposible. Lo digo por criterios objetivos, de esos que son irrefutables, y que los puedo resumir en los tres siguientes.
En primer lugar, recordar que hace solo dos meses, el Gobierno de la Junta de Andalucía dejó en la calle a más de 8.000 profesionales del Servicio Andaluz de Salud, con el argumento de que ya había pasado el COVID-19 y que no tenían presupuesto para sus contratos. Mentira que haya pasado los efectos de la pandemia (obvio) y mentira que no haya presupuesto, ya que hace unas semanas presentaban el mayor presupuesto que nunca haya tenido la Junta de Andalucía.
En segundo lugar, la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, órgano independiente, señaló hace unos días en su informe anual, que Andalucía es la segunda Comunidad Autónoma con menor inversión sanitaria por habitante, por detrás de la Comunidad de Murcia y por delante de la de Madrid, a propósito, todas ellas gobernadas por el Partido Popular. Mientras que el gobierno andaluz dedicará en 2022 unos 1.388 euros por habitante en gasto sanitario, en Castilla León, Extremadura, Navarra, Asturias o Euskadi, superarán los 1.800 y 1.900 euros por persona, es decir un 35% más. Es una evidencia indiscutible.
En tercer lugar, porque el lumbrera de turno (Consejero de Salud), apoyado por el Gobierno PP-C`s, no tienen otra idea para solucionar el colapso del sistema sanitario andaluz, que pedir la incorporación de jubilados sanitarios para paliar el despido de los 8.000 profesionales. Esa estrategia, digna de alguien que no tiene ni idea de la realidad que gestiona, logra que solo se incorpore un médico jubilado (al que habría que hacerle un monumento en la puerta del hospital al que se incorpore), y falla en el 99,99% de sus estimaciones, convirtiendo a Andalucía en el hazme reír de toda España. Inaudito. En cualquier otro lugar dimitiría por honestidad o ética, debido a su ineptitud, en Andalucía el gobierno de las derechas lo apoya.
Todo es demasiado vergonzoso, demasiado triste, demasiado trágico, pero lo peor de todo es que es verdad … y no pasa nada.
Los valores y avances en todos los órdenes, y en especial, los sociales, culturales, educacionales y democráticos que aportó la II República, con el establecimiento de la laicidad y el respeto absoluto a la libertad de conciencia y el libre pensamiento, siguen vivos.
La II República fue truncada por la violencia de la oligarquía española, representada por el ejército, la iglesia y el poder económico, pero supuso un hecho sin precedentes, el acontecimiento social y democrático de mayor trascendencia acaecido en siglos, en España.
Pero me quiero referir ahora, brevemente y a modo de pincelada, al avance que supuso la II República en los derechos sociales.
La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, supuso en lo social, la constitucionalización del derecho laboral español, su consolidación como materia jurídica y procedió a sustituir el modelo corporativo de la dictadura.
La Constitución Republicana de 1931 estableció por primera vez en la historia constitucional española el derecho de libre sindicación y de libre asociación. El bienio reformista supuso una etapa de gran actividad parlamentaria y en materia de leyes sociales hubo muchas proposiciones de ley, llegando algunas a aprobarse, como ahora veremos, siendo Ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero.
Las reformas más importantes fueron la ley del Contrato de Trabajo de 1931, que derogó el Código de Trabajo de 1926 y la Ley de Jurados Mixtos.
En 1931 se crearían también el Tribunal Central de Trabajo y la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. Y se dotaría a todas las provincias de Inspectores de Trabajo.
Las primeras reformas en este campo fueron acordadas por el Gobierno Provisional a propuesta del Ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero, a la par líder de la UGT, que continuó con el mismo cargo en el Gobierno de Azaña.
Las dos piezas básicas de su proyecto de regulación de las relaciones laborales, la Ley de Contratos de Trabajo y la de Jurados Mixtos, fueron muy contestadas tanto por la CNT como por los patronos.
El número de huelgas y de incidentes violentos a consecuencia de ellas (que crearon graves problemas de orden público) se fue incrementando a lo largo del primer bienio de la República, a causa fundamentalmente de la negativa de la CNT a utilizar los mecanismos oficiales de conciliación.
Lo que estaba en juego eran dos modelos sindicales: socialista y anarcosindicalista, casi opuestos, que además seguían teniendo una presencia diferente en las diversas regiones, pues si los socialistas eran preponderantes en Madrid, Asturias y el País Vasco, los anarquistas lo eran en Andalucía, Valencia y Cataluña.
Los patronos también se movilizaron contra la reforma socio-laboral de Largo Caballero. Así, a finales de enero de 1933, en plena crisis política por los sucesos de Casas Viejas, la Confederación Patronal Española dirigió una carta abierta a Azaña en la que señalaba la “vertiginosa rapidez” con que iba siendo aprobada la nueva legislación social y se quejaba de los Jurados Mixtos que prácticamente siempre daban la razón a los obreros, gracias al voto del representante del Ministro de Trabajo que deshacía los empates. En parecidos términos se expresó la Unión Económica, que agrupaba a empresarios y economistas, que se quejó de las tendencias “socialistas” del Gobierno. Estas movilizaciones confluyeron en una asamblea económico-social celebrada en Madrid en julio de 1933, en la que se pidió la salida de los socialistas del gobierno, a los que hacían responsables de la «ruina de la economía» por el aumento de los costes (a causa de los incrementos de los salarios) y de la intervención obrera (la «socialización en frío» la llamaban) y por su ineficacia para detener y reducir el número de huelgas y garantizar la paz social.
Así pues, las primeras reformas en este campo fueron acordadas por el Gobierno Provisional a propuesta del ministro de Trabajo, el socialista Francisco Largo Caballero, cuyo proyecto consistía en crear un marco legal que reglamentara las relaciones laborales y afianzará el poder de los sindicatos, especialmente de la UGT, en la negociación de los contratos de trabajo y en la vigilancia de su cumplimiento.
Su fin último respondía al proyecto socialdemócrata que pretendía «otorgar a los trabajadores, a través de sus sindicatos, la posibilidad de aumentar paulatinamente su control sobre las empresas y, en definitiva, sobre el conjunto del sistema económico y de relaciones de clase.” Con ello se avanzaría hacia el logro de una sociedad socialista, pero gradualmente.
En resumen, se trataba de un proyecto que, coherente con la inspiración marxista del socialismo español, no renunciaba a la transformación revolucionaria de la sociedad, pero que pretendía alcanzarla por cauces fundamentalmente reformistas. El modelo sindical capaz de obtener tal resultado no podía ser otro que el que encarnaba la Unión General de Trabajadores”.
La Ley de Contratos de Trabajo, de 21 de noviembre de 1931, regulaba los convenios colectivos (negociados por los representantes de las patronales y de los sindicatos por períodos mínimos de dos años y que obligaban a ambas partes) Contenía, además, normas sobre los salarios, y dictaminaba las condiciones de suspensión y rescisión de los contratos. Además establecía por primera vez el derecho a vacaciones pagadas (7 días al año) y protegía el derecho de huelga que, bajo ciertas condiciones, no podía ser causa de despido.
La Ley de Jurados Mixtos, de 27 de noviembre de 1931, extendía el sistema de jurados mixtos (aprobado en mayo para el sector agrario) a la industria y a los servicios. En el fondo se trataba de una reforma de la organización corporativa de la Dictadura de Primo de Rivera, en la que se ampliaban las atribuciones de los comités paritarios (en los que había participado la UGT en representación de los trabajadores). Su composición era la misma, representantes de los empresarios elegidos por las asociaciones patronales y representantes de los trabajadores representados por los sindicatos obreros, más un funcionario del Ministerio de Trabajo que era quien presidía el jurado mixto. Su misión era también: mediar en los conflictos laborales estableciendo un dictamen conciliatorio en cada caso, que si era rechazado por una de las partes el Jurado lo podía remitir al Consejo Superior de Trabajo, que era la última instancia mediadora.
En el apartado de los seguros sociales, el equipo de Largo Caballero dio un considerable impulso a su obligatoriedad y universalización,apoyándose en las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y en la labor organizativa del Instituto Nacional de Previsión. El Seguro obligatorio de Retiro Obrero pasó de tres millones y medio de trabajadores a cinco millones y medio. Asimismo, un Decreto de 26 de mayo de 1931 estableció el Seguro de Maternidad con carácter obligatorio y garantizó la asistencia sanitaria por maternidad al conjunto de las trabajadoras asalariadas. Y una Ley de octubre de 1932 estableció el seguro de accidentes de trabajo, que fijaba la cuantía de las indemnizaciones.
Pese al efecto beneficioso de todas estas medidas, la paz social, uno de los objetivos del reformismo republicano, estuvo casi siempre ausente en las relaciones laborales del período. Los mecanismos de control y arbitraje establecidos por el equipo ministerial reducir la conflictividad, encauzando las disputas laborales a través de los organismos oficiales y la representación corporativa. Por ello no se realizó una reglamentación específica del uso del derecho a la huelga, que siguió rigiéndose por la restrictiva ley de 1909, parcialmente modificada por la de Jurados Mixtos de 1931. El recurso a la huelga sólo podía utilizarse una vez fracasados todos los mecanismos de mediación, previa notificación y dejando transcurrir un plazo desde la convocatoria. Toda huelga obrera o «lockout» patronal que no se ajustase a estas normas era ilegal y, por tanto, tratable por la autoridad como problema de orden público.
En definitiva, la República supuso para el derecho laboral, su entronque con el derecho internacional y la constitucionalización del mismo, además de un gran avance social, con reducción de jornada en la minería, establecimiento de la jornada máxima de 8 horas (era el 8/8/8 que reivindicaba Pablo Iglesias) avances en igualdad y en derechos sociales en general.
La II República Española aportó y consolidó derechos fundamentales para los trabajadores, muchos de los cuales, en la actualidad, y por mor de sucesivas reformas laborales involucionistas, se han recortado y se vuelve a luchar por su recuperación por considerarse derechos fundamentales y vigentes.
La II República, supuso, pues, la constitucionalización del derecho laboral español y su consolidación como materia jurídica.
Iniciamos 2022 con una nueva propuesta para la sección de Cultura de Tribuna Socialista. A lo largo del año, traeremos canciones e himnos con los que la clase trabajadora se ha identificado a lo largo de los tiempos; en algunos casos desde hace siglos, en otros, décadas, pero que, todos, han quedado instalados en la memoria musical de generaciones y generaciones.
No había otro modo de comenzar que no fuese con la internacional. Como en este caso, cada número de Tribuna Socialista contendrá una canción y unas pinceladas de su origen, contexto en el que fue escrita e historia.
Espero que esta iniciativa que ponemos en marcha sea de vuestro interés y que os aporte algo más de lo mucho que estas letras, ya históricas, han aportado a nuestra clase social.
Roberto Tornamira
Miembro del Comité de Redacción de TS
La letra original, en francés, pertenece a Eugène Pottier, quien la escribió en 1871, dentro de su obra Cantos Revolucionarios. Pottier, fue un obrero francés, del gremio del textil, que participó en la revolución de 1848; fue miembro del consejo de uno de los municipios y las barricadas de la Comuna de París.
En 1888 Pierre Degeyter la musicalizó por encargo Gustave Delory, dirigente del Partido Obrero Francés en la ciudad de Lille (Francia), para el repertorio de la coral del partido. Fue interpretada por primera vez por la Lira de los Trabajadores, en la taberna La Liberté de la rue de la Vignette de Lille.
Durante algunos años sólo fue conocida por los obreros franceses. En 1892 fue aprobada por la II Internacional como el himno oficial de los trabajadores. Luego la letra ha sido modificada según el país y la corriente política que la cantara.
¡Hola Juanito! Perdona que te trate con esta familiaridad, pero es que hace 50 años que nos conocemos. Bueno, hace 50 años que te conozco, aunque tú también me conoces. A ver, cómo te lo explico… Primero, felicita a quien haya diseñado tu caja recopilatoria (me la regalaron mis tres hijos por Nadal, entre tú, mi madre, nacida en Golmés a causa de la guerra y Merlí, me habéis hecho medio catalán), pues felicita al de la caja negra, porque es lo que es, la Caja Negra de mi vida, ahí dentro está registrada toda mi vida. Mis amores y desvaríos, mis amigos, mis sueños, mis ansias de libertad, mi infancia, mi juventud, mi madurez, mi vejez, mi tiempo.
Por eso decía que tú también me conoces, no serías capaz de describirme y contarme como lo haces si no me conocieras. Y no me refiero a aquella tarde en el año 89 ó 90 en que en una entrega de premios (yo trabajaba en la revista medioambiental Quercus) te acercaste al grupo de amigos que charlábamos con uno común, Joaquín Araujo, y él te presentó. Estrechamos la mano, no pude articular palabra (mejor así, en esos casos suelo hacer el ridículo, tartamudeo, me salen gallos por los nervios). ¡Había conocido a SERRAT! Habrá mucha gente que no me entienda, pero sé que muchos millones si lo hacen. No quiero, ni puedo, necesitaría muchas páginas, nombrar o comentar tus ¿30, 40?, mejores canciones, solo mencionaré algunas de tus ¿30, 40?, otras mejores canciones.
Te contaré una cosa. (Mi mujer y yo) Hemos hecho recientemente un viaje al Ampurdá. (Un inciso) Siempre que paso a menos de 100 kilómetros de Camprodón siento la imperiosa necesidad de ir a visitarte, como se hace cuando estás cerca de la casa de un viejo y querido amigo, pero logro contenerme y además me imagino frente al ayuntamiento del pueblo (a cualquier hora del día o de la noche), mirando desalentado a mí alrededor, intentando adivinar dónde vives, pues imagino que si pregunto al primer viandante que me encuentre llamará a los loqueros y no quiero seguir imaginando lo que sería la llegada a tu casa, si consiguiera sortear aquel primer obstáculo. (Vuelvo al viaje) Hemos hecho la subida y la bajada a La Vajol, sabes a la que me refiero, y la entrada en Coillure escuchando el disco dedicado a Machado. La vuelta a Madrid, desde Girona, 700 km, escuchando otros de los años 70, 80, 90… Tanto a ella como a mí nos gustas (a mí más), pero eso no es extraño, también le gustas a mis tres hijos (30, 26 y 18 años) y a millones de personas en todo el mundo. Según íbamos escuchando los discos nuestra memoria entresacaba dos o tres canciones (las más conocidas, las mejores), pero salían otras que en ese preciso momento saltaban a la cabeza (a la mía más), venían las letras a los labios de manera automática, sin pensarlo (yo más). Decíamos: ‘Hostias, esta es buenísima’. Llevaba 30, 40, casi 50 años sin escucharla. Pero era impresionante, bellísima, con una música y una letra que nos hacía sentir nostalgia, ternura, recordar el primer amor, o el último, los años dorados de la amistad y la juventud, nos hacían reír por la crueldad y la justicia con la que tratas a esa muchacha típica, a esos impresentables ciudadanos ejemplares, contra los que tenemos algo personal. Nos recuerdas a Badalona y su carné de identidad, o al que vive marcado a hierro de paleta, a la aristocracia del barrio, te vuelves a enamorar de Irene y te preguntas como has podido estar tantos años sin recordarla columpiándose en los alambres. Me venía a la cabeza mi amigo Juanito (quién no tiene un amigo que se llame Juanito), su santa madre se lo decía: ‘¡Cuídate mucho, Juanito!, de las malas compañías’ y me señalaba con el dedo, yo siempre he sido de esas malas compañías. Y así una detrás de otra. Con muchas de ellas también de manera imprevista e imparable empezaban a brotar en nuestros ojos las lágrimas (en los míos más veces).
Son tus otras mejores canciones, esas que nunca serán olvidadas. La prueba está en que los labios las recuerdan y las repiten, que siguen impresionando al corazón y llora, que las escuchamos y nos decimos: ‘nadie es capaz de escribir esto como Joan Manuel’. Entramos en Madrid con Miguel Hernández, con sus letras, con tus músicas, con tu forma de cantarlas y gritamos que ‘aún tengo la vida’. Nos compadecimos de todos los niños yunteros y sentimos más la muerte de algunos amigos que nuestra vida. No sé quién de los dos morirá antes, si tú o yo, pero te juro una cosa, compañero, intentaré estar en el entierro de los dos (eres mayor que yo), si el mío es el primero, faltaré a tu cita, espero que no me lo tengas en cuenta, pa’ mí la amistad es lo primero, pero no habré podido disimular.
Gracias Maestro. Salud Compañeros.
Epílogo: Esta carta se titula ‘Carta abierta a Juanito’, pero bien podría llamarse ‘Carta de amor a Joan’ y utilizo esta columna de ‘Tribuna’ porque si en el sobre hubiera puesto ‘Joan Manuel Serrat- Camprodon-Girona’ estoy seguro de que aún estaría dando vueltas por las tripas de Correos.
2º Epílogo: Esta carta está escrita en noviembre de 2021, casi un mes después Serrat anuncia que en diciembre de 2022 se retira de los escenarios con una gira mundial para despedirse de todos nosotros, sus enamorados escuchadores.
3º Epilogo: A fecha de editar esta columna las localidades para sus conciertos nacionales están prácticamente agotadas a los pocos días de salir a la venta, pese a haber ampliado fechas. Tengo entradas para verle en Zaragoza y en Madrid.
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